Ángeles Espinosa

Irak, 30 años después

Por: | 15 de junio de 2015

Desde el aire, Irak resulta poco atractivo. En especial si, como me ha ocurrido esta vez, se llega desde el sur. Tras dejar atrás el golfo Pérsico, no se ve más que arena y polvo. Mucho polvo. Ni siquiera el hilillo de verde que serpentea junto al Tigris era visible en mi lado del avión. Sólo de vez en cuando, algunos villorrios con casas de bloques, rodeadas de más polvo. Desde las pantallas de televisión, es aún peor. Coches bomba, asesinatos sectarios, milicias de una u otra confesión que imponen su ley…

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Jóvenes y familias iraquíes junto a la estatua al poeta Al Mutannabi, en Bagdad. / Á.E.

Hace 30 años, Irak fue el destino de mi primer viaje como periodista. Y como el primer novio, eso es algo que no se olvida. Sadam Husein había embarcado a su país en una guerra con Irán (jaleado por unos vecinos árabes que temían el contagio de la revolución islámica). A diferencia de Teherán, Bagdad se mostraba poco inclinado a mostrar sus víctimas a la prensa extranjera. Daba los visados con cuentagotas. De repente, llegó a la redacción de EL PAÍS una carta de la Embajada iraquí en la que se invitaba a un reportero a acudir al Mirbad, un festival de poesía.  La entonces jefa de Internacional, Mariló Ruiz de Elvira, pensó que era una buena oportunidad para acceder a la antigua Mesopotamia y, de paso, empezar a bandear a la redactora novata que era yo.

Así aterricé en Bagdad en diciembre de 1985, tras un vuelo directo de Iraqi Airways desde Madrid que pronto iba a dejar de existir. Encontré un país que intentaba disimular el esfuerzo de la guerra, como si el conflicto no estuviera haciendo mella en cientos de miles de familias y en las arcas estatales. Cuando tres años más tarde, después de ocho de combates y un millón de muertos de ambos bandos, se firmó el armisticio, del agujero económico que dejó el esfuerzo bélico surgió la inquina que llevó al dictador a invadir Kuwait y a la comunidad internacional a castigar después a los iraquíes con un duro régimen de sanciones económicas que terminó de arruinarles, económica y socialmente.

El embargo convierte a Irak en una nación sin futuro titulé una de las crónicas que envié durante un viaje en 1998. Cinco años después, un pretexto que luego se reveló  falso sirvió para que Estados Unidos derribara al tirano con la promesa de un nuevo Irak que aún no se ha materializado. Si cambiara “el embargo” por “la corrupción”, hoy podría escribir una crónica con el mismo encabezamiento.

A veces me pregunto cómo los iraquíes no salen corriendo y dejan que el desierto se lo coma todo. A muchos ya les gustaría si no fuera por las dificultades que encuentran para obtener un visado, e incluso para refugiarse en una provincia vecina cuando los brutos del Estado Islámico toman sus pueblos y ciudades. En cualquier caso, para 36 millones de iraquíes, éste es su hogar (la mitad han nacido en las tres últimas décadas). Para ellos, me cuentan Rihab y Ammar, Irak son también recuerdos de amores juveniles, bodas, nacimientos, reuniones familiares o travesuras infantiles, como en el resto del mundo. Sólo que a menudo esos recuerdos están salpicados de explosiones, secuestros y penurias que los demás apenas alcanzamos a imaginar.

Hay 6 Comentarios

The Independent 'Saudi Arabia is teaching Isis a lesson in cruelty, yet the UK continues to defend them'

Esta es la madre del cordero....

Yo no había tenido la oportunidad de leer tu experiencia. Hasta ahorita que la encontré. Habrá alguna forma inteligente de ayudar a este país?

Para Ángeles Espinosa: Te felicito por esta información tan detallada de lo que esta pasando en este país tan lleno de historia. Aquí nació la humanidad. Por favor síguenos informando...Desde México.

Faltó espacio para seguir viendo Irak con ojos de alguien que ha estado ahi dentro...faltaron más renglones!!!

Es una lástima todo lo que ha pasado y está aun pasando la gente de este país.

Magnífico artículo.
Cuando Saddam era nuestro "h de p", trabajaba para nosotros (EEUU y Arabia Saudita), y nos hacía el trabajo sucio contra IráN. Incluso le permitíamos utilizar armas químicas contra los chiítas. Después se volvió "díscolo", amenazó a nuestra petromonarquía amiga, invadió a otra y cambiaron los planes.
El imperio del CAOS atacó y destruyó su país, acabando con su régimen y con el estado, pero se quedó con su petróleo. Ahora, centenares de miles de muertos después, el territorio está en gran parte en manos del IS, seguro que por casualidad.
No fue muy diferente a lo que se hizo en Libia por lo que los resultados no podían ser muy diferentes.
¡Pobre país, pobre gente!, cuanto daño y cuantos crímenes comete el imperio de nuestro tiempo. Menuda herencia les ha dejado a los que vengan detrás.

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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