Ángeles Espinosa

Dubái se ahoga en un vaso de agua

Por: | 09 de marzo de 2016

20160309_173101

Una calle de Dubái en las inmediaciones del centro comercial Ibn Battuta. / Á. E.

Rayos, truenos y lluvia. Ha sido un día raro en Dubái. Como la víspera, ha amanecido cubierto, pero las nubes no han dejado paso al sol como suele, sino que han descargado su agua sin contemplaciones. Con un clima desértico y una precipitación media anual no suele llegar a los 100 mm, los 240 mm caídos este miércoles han sembrado el caos. Numerosas calles se han inundado y las filtraciones han obligado a cerrar escuelas y comercios. En la vecina Abu Dhabi, incluso la Bolsa ha suspendido la sesión. Muchos colegios volverán a cerrar el jueves.

Semáforos apagados, balsas de agua sobre las que los coches parecían navegar más que rodar, accidentes de tráfico… Pero lo más llamativo era el ejército de camiones bomba que no daba abasto a achicar el agua estancada. Dubái no tiene un sistema de alcantarillado y, por inusual que sea un día de lluvia, no es la primera vez que se inunda por cuatro gotas. Filipinos y otros trabajadores del sureste asiático, acostumbrados a los monzones, mostraban su incredulidad por el desbarajuste.

En una ciudad que se precia de su modernidad y sus instalaciones a la última, resultaba tercermundista ver los sacos de arena colocados a la entrada de los centros comerciales para evitar que entrara el agua y los cubos improvisados con cestas de la compra y bolsas de plástico para recoger la que se filtraba del techo. En algunos garajes hacían falta botas de goma para llegar al coche. La imagen de un hombre que intentaba alcanzar su vehículo subido a un carrito de la compra en el aparcamiento de un supermercado se ha hecho viral.

Es comprensible que un país en el que luce el sol 360 días al año, esté más preparado para las altas temperaturas que lo castigan que para el chaparrón ocasional. Aunque me temo que tampoco es el caso. El uso de materiales aislantes es demasiado caro para el sistema de enriquecimiento rápido que predomina. En el piso en el que vivo, el agua se colaba por la pared que da a la fachada hasta encharcar el suelo. No es la primera vez que sucede. A pesar de que las torres donde se encuentra se anuncian como “lo más de lo más”, no dejan de ser unos edificios de aspecto soviético y cercanos por sus materiales a las viviendas de protección social. En verano, la misma pared quema, no en sentido figurado, sino literalmente.

Hay 0 Comentarios

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal