Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

Los hombres que no daban la mano a las mujeres

Por: | 30 de mayo de 2016

Advertencia: También hay mujeres que no dan la mano a los hombres, pero yo sobre eso no tengo experiencia directa.

Después de tantos años viajando por el mundo islámico, estaba convencida que ya había pillado el punto al asunto de los saludos. Una no da la mano a un clérigo musulmán, a un barbudo con aspecto de ser muy pío, ni tampoco a un fanático talibán. Aunque con los miembros de los Hermanos Musulmanes es más complicado. Algunos sí, otros no. En caso de duda, se espera un instante a ver qué hace el interlocutor.

Pues la semana pasada, me ha fallado. No una, sino dos veces. La primera, durante una conferencia sobre Palestina en los Medios Internacionales celebrada en Estambul. Uno de los encargados de la coordinación, un palestino-libanés muy bien trajeado, se acercó amable a preguntarme si todo estaba en orden y si necesitaba algo. Instintivamente le tendí la mano y, por primera vez en mucho tiempo, sentí el corte de no ser correspondida. Me dio la impresión de que el hombre se sintió tan azorado como yo, aunque no pronunció ninguna de las excusas habituales, ni recurrió al gesto de llevarse la mano al corazón con la que intentan compensarte los funcionarios iraníes.

La negativa de algunos musulmanes a dar la mano a interlocutores del sexo opuesto ha alcanzado cierta notoriedad en las últimas semanas debido al caso dos alumnos sirios que rechazan saludar así a sus profesoras en un instituto de Suiza. Se trata sin embargo de una actitud muy puritana que, en mi experiencia, no es mayoritaria. El islam prohíbe el contacto físico con personas del sexo opuesto con las que no exista un parentesco directo. Los más estrictos, tanto entre los suníes como entre los chiíes, interpretan que esto incluye el normal apretón de manos.

(Aclaración: También hay algunas sectas judías, hindúes y budistas que prohíben ese contacto.)

En general, es una opción personal, más frecuente entre las personas muy religiosas, aunque he conocido clérigos que dan la mano sin problemas. Sin embargo, en Irán, desde el triunfo de la revolución islámica, se ha convertido en una norma de obligado cumplimiento para todos sus funcionarios. Fue allí donde me quedé por primera vez con la mano extendida y perpleja ante la situación embarazosa que la había creado a mi interlocutor. Me pareció raro, pero donde fueres, haz lo que vieres, que me aconsejaba mi madre.

Con el tiempo, aprendería que el asunto era más complejo. Al tratarse  en ese país de una imposición política, una misma persona, en este caso un diplomático amigo, me saludaba con la mano en el pecho y una ligera inclinación de cabeza en las funciones oficiales, me daba la mano cuando nos encontrábamos en un restaurante y me plantaba dos besos en la mejilla cuando venía a visitarnos a casa.

Así que no voy a decir que me extrañé cuando estando en el foro de Doha fui testigo de cómo dos diplomáticos iraníes saludaban con un apretón a la embajadora de Venezuela. Lo que me sorprendió fue que lo hicieran en un lugar público. Uno de ellos, el que parecía más veterano, lo hizo a iniciativa propia, con gran soltura, al ir a sentarse a la mesa donde estaba la representante venezolana; el otro, sólo renuentemente, cuando al ser presentado, ésta le tendió la mano. Respecto a las consecuencias del gesto, cabe recordar que al ex presidente reformista Jatamí, los ultras le formaron un escándalo cuando ya abandonado el cargo dio la mano a unas mujeres durante una visita a Italia. Incluso su sucesor, Ahmadineyad, recibió un rapapolvo por besar la mano de su anciana maestra durante una ceremonia para homenajearla.

Vídeo en el que se ve al expresidente Jatamí dando la mano a varias mujeres en la ciudad italiana de Udine (a partir del minuto 4.04).

Todo lo cual me lleva a mi segunda metedura de pata. En el mismo foro, me encontré con un ex alto funcionario iraní a quien hacía tiempo que no veía. Me acerqué, y siguiendo las reglas del juego de su país, limité el saludo a una inclinación de cabeza; charlamos animadamente durante un rato y, cuando al despedirnos volví a repetir el gesto de la cabeza, él me tendió la mano con mucha naturalidad. Me pilló desprevenida.

El País

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