Ángeles Espinosa

A vueltas con el velo (y 2)

Por: | 25 de agosto de 2016

Tras una anterior entrada tratando de aclarar los diferentes tipos de velo que usan las musulmanas, dejé pendiente hablar de su significado. Como resultado de la oleada de refugiados que han llegado a Europa en el último año y de los atentados con sello islamista que se han producido en el continente, la presencia de mujeres veladas, total o parcialmente, incluso en algunas playas, ha desatado un debate, a menudo pasional, sobre si aceptar o prohibir esa forma de presentarse en público.

El conservadurismo que sugiere el uso el velo islámico, en especial el que cubre la cara, se ha asociado de forma instintiva no sólo con las interpretaciones más rigoristas del islam, sino incluso con el radicalismo violento de los grupos terroristas que se atribuyen dicha etiqueta. Sin distinciones, ni matices. Además de hacer el juego a esos sectores intransigentes, la ausencia de un análisis más equilibrado está convirtiendo a las mujeres musulmanas (y a su ropa) en terreno de una batalla ideológica que las ignora.

¿Qué significa el velo con el que se cubren muchas musulmanas? ¿Es obligatorio, impuesto, o una elección personal? ¿Constituye una barrera para su integración en las sociedades occidentales? ¿Debe prohibirse?

Defender que el Estado, cualquier Estado, no debiera interferir en cómo se visten sus habitantes, sean del sexo que sean, es una obviedad que ha quedado enterrada bajo el desconocimiento y el miedo.  Tan irritante es oír a los dirigentes iraníes criticar la falta de libertad por la prohibición del velo en la escuela francesa (cuando ellos precisamente lo imponen), como a políticos europeos que, por motivos populistas, proponen leyes restrictivas contrarias a las libertades individuales tan arduamente conquistadas.

Para muchos europeos, y occidentales por extensión, especialmente entre las mujeres, resulta sin duda difícil de entender el apego al pañuelo de las musulmanas cuando ellas han luchado para librarse de velos y corsés. Ven en el hecho de cubrirse una imposición patriarcal que, salvo lavado de cerebro, ninguna mujer libre aceptaría.

Iran team

El cambio en el vestir de las iraníes tras la revolución, en sendas imágenes del equipo nacional de voleibol.

Más allá de la cuestión teológica de si el islam exige que sus seguidoras tengan que cubrirse y cómo deben hacerlo, algo sobre lo que hay opiniones para todos los gustos, el problema es que hay muchos velos (y no me refiero aquí a los distintos estilos de hiyab con que las musulmanas de distintos países  buscan cumplir con el precepto religioso).

He conocido a egipcias que utilizaban el pañuelo porque su situación económica no les permitía gastar en peluquería; a afganas que tras el derribo de los talibán, seguían usando el burka para evitar las miradas y comentarios obscenos de sus vecinos; a cristianas iraquíes que se cubrían ante la inseguridad que reinaba en la calle, y a abuelas palestinas, sirias o paquistaníes que lo hacían por costumbre. Pero, durante tres décadas viajando por países de mayoría musulmana, también he encontrado a muchas piadosas que se cubrían por convicción. 

Mientras que en Irán la imposición legal hace que el pañuelo no nos diga mucho sobre la religiosidad de su portadora (aunque sí la forma de colocárselo), al otro lado del golfo Pérsico, en las petromonarquías árabes, la abaya es con frecuencia un signo de distinción que separa a las mujeres autóctonas de las inmigrantes; no hay leyes que obliguen a usar ese sayón negro, aunque en algunos entornos, sobre todo en Arabia Saudí y Yemen, existe presión social para hacerlo.

Ahí radica gran parte del problema. Desde afuera, asumimos que siempre existe coacción para cubrirse, e incluso un proyecto político detrás. La experiencia reciente tampoco ayuda. A raíz de la revolución iraní de 1979, una ola de islamismo se extendió por todos los países de mayorías musulmanas. Las imágenes del antes y después, no sólo de Irán sino de otros países, son significativas. Allí donde antes había cabelleras al aire y faldas a media pierna, ahora (casi) sólo hay pañuelos y pantalones largos.

Una vuelta a la religiosidad, argumentan los adeptos. Tal vez. Pero también una reacción al laicismo impuesto durante el colonialismo o por los dictadores posteriores, como Ataturk en Turquía, Saddam Husein en Irak o la familia Al Asad en Siria. Y, no nos engañemos, la ayuda de los petrodólares.

Durante los años que viví en Egipto, de 1990 a 1992, fui testigo de cómo se popularizaba el niqab, un velo integral sin arraigo previo en el país. Mi entonces secretaria me contó que  los Hermanos Musulmanes pagaban el equivalente a 50 dólares a las universitarias que optaban por ese atuendo. Con o sin ese estipendio, lo cierto es que la atención que la cofradía prestaba a los más desfavorecidos (totalmente olvidados por el Estado) alentaba el cubrirse. Evoluciones similares se han vivido en otros países donde la predicación de los islamistas saudíes ha radicalizado el islam local, como Afganistán o Pakistán.

A los gobernantes, tampoco les viene mal. Cubrir el cuerpo de la mitad de la población es una forma de control social y político. A este respecto, resulta interesante comparar la evolución de Irán (donde a raíz de la revolución se impuso el velo) y Turquía (donde Ataturk lo prohibió en los espacios públicos). Mientras en el primero, sirvió para permitir que muchas mujeres de familias conservadoras accedieran a la educación y el trabajo (y en numerosos casos terminaran cuestionando su obligatoriedad), en el segundo, muchas se han sentido frustradas por tener que elegir entre sus convicciones religiosas y sus estudios (o viajar fuera para cursarlos, a menudo a escuelas islámicas de Siria que eran las únicas que se podían pagar).

Se trata pues de un fenómeno complejo con muchas variantes locales. ¿Y en Europa? ¿Qué se debe hacer con quienes se tapan la cara o quieren bañarse en burkini? La respuesta rápida sería, nada.

Es decir, respetar la elección individual. Dado que el nivel de derechos y libertades alcanzado en las sociedades occidentales es mayor que el de cualquiera del medio centenar de países que forman parte de la Organización para la Cooperación Islámica (que agrupa a los Estados de confesión musulmana), asumamos que quienes se cubren lo hacen por su propia voluntad. O al menos consultemos a las interesadas.

Si realmente se quiere evitar su segregación, se debe trabajar para evitar los barrios-gueto en las ciudades, asegurarse de que los velos no llevan a la marginación de niñas y mujeres en la educación, el ejercicio físico y el empleo, y arbitrar los medios para que quienes se sientan presionadas para cubrirse por sus familias o comunidades puedan encontrar ayuda y refugio.

En el caso del velo integral (niqab, burka o similares), existen sin duda argumentos de seguridad para requerir que muestren el rostro ante los funcionarios públicos, en operaciones bancarias y donde necesario probar la identidad.  Pero ¿realmente el puñado de mujeres que optan por esta cobertura extrema justifica dictar leyes y multas difíciles de aplicar? ¿No será más útil dejar de obsesionarnos con los pañuelos y quitar argumentos a unos islamistas que explotan nuestra fijación con esa pieza de tela?

Hay 14 Comentarios

En España nos escandaliza mucho el sometimiento de las mujeres musulmanas y el hecho de que hasta para bañarse en la playa muchas de ellas deban cubrirse la mayor parte del cuerpo, pero al parecer el sometimiento y explotación de las miles y miles de mujeres que, en España, practican la prostitución no nos causa tanto estremecimiento.

Que al asesinato de mujeres a manos de sus maridos, parejas o ex parejas se le siga llamando violencia "doméstica" nos suena hasta bien.

Como nos parece bien, normal, que sean mayoritariamente hombres quienes, en España y fuera de España, se dediquen a dirigir el negocio del petróleo y la gasolina, el negocio del ladrillo, el negocio de las finanzas y la banca, el negocio mediático, el negocio de las armas, el negocio del automóvil, el negocio del fútbol y del deporte en general, etc., todos esos negocios que, vaya por dónde, determinan nuestro modo de vida y el del resto del mundo.

Que los cuatro principales candidatos a presidente del gobierno, en nuestro país (democracia avanzadísima donde las haya), sean varones tampoco nos llama especialmente la atención. Que sistemáticamente los premios científicos, artísticos, culturales, etc., o los galardones institucionales suelan premiar mayoritariamente a varones y solo a unas pocas mujeres tampoco nos resulta chocante.

El catolicismo es la confesión religiosa más extendida y practicada de España, y no nos llama la atención que las mujeres, dentro de esa confesión, tengan prohibido alcanzar el sacerdocio. Que sean solo varones quienes establecen la doctrina católica y el modo de aplicarse e interpretarse nos parece obvio: siempre ha sido así. Discriminar así a más de la mitad de los miembros de esa iglesia nos parece de lo más normal. Nada que objetar.

Que se hagan escraches en las puertas de las clínicas abortivas nos parece un sano ejercicio de libertad de expresión y reunión.

Que las mujeres en España cobren menos que los varones por realizar trabajos similares tampoco nos llama la atención. Que casi todo el trabajo no remunerado que se realiza en el país (tareas domésticas, cuidados, etc.) esté a cargo de mujeres tampoco es razón de escándalo.

Miopes para las discriminaciones propias e hipersensibles para las discriminaciones supuestamente ajenas.

@Ángeles Espinosa No es una cuestión de pasaportes. No me sea simplista.

Respetemos las costumbres y religiones orientales que tanto importa a occidente la vestimenta musulmana, en que le afecta? Que a alguna no le guste usarlo no quiere decir que sean la mayoria.que fijacion con el mundo musulman, preocupence primero en eliminar la hambruna ,la pobreza y la explotacion del mundo.

Tenemos la obligación de defender los cimientos sobre los que se edifica la sociedad democrática.
Es estéril centrar el debate en la libertad (defensa de la libertad personal o restricción de esta por razones de seguridad), porque cualquier persona tiene derecho a vestir como quiera, pero ¿qué ocurre con la igualdad?
La recomendación del velo [Sura 33: (59) «¡Oh, Profeta! Dile a tus mujeres, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran [todo el cuerpo] con sus mantos; es mejor para que se las reconozca y no sean molestadas.» ( http://www.nurelislam.com/coran/scr/033.htm)] señala claramente que la mujer «decente» debe cubrir su cuerpo (por exclusión las que van descubiertas son indecentes)
Y añade «y no sean molestadas»
Este es otro cantar Implícitamente asume que yendo descubierta invitas o provocas que te molesten Algo tan inadmisible como la conocida (y detestable) sentencia de la minifalda
Además carga sobre la mujer la obligación de defenderse frente a los molestadores que podría ser tanto como exigir que los niños eviten a los pederastras

@Ángeles Espinosa Deduzco entonces que usted no cree que los países que integran Europa tienen unos valores comunes, bien alejados de lo que proyecta el Islam y que es lo que está produciendo este llamado...choque cultural?

Me gustaría saber si a usted la islamización de Europa (es algo indiscutible) le produce satisfacción, indiferencia, preocupación... teniendo en cuenta que en pocos años serán mayoría con este ritmo demográfico.

Seguramente el debate "burkini sí, o burkini no" nos producirá bastante risa. A los hombres claro, vosotras no tendréis debates que valgan, para eso Alá os considera lo que os considera y estaréis donde los hombres bien machos y devotos consideren oportuno.

Lo unico...divertido? de todo esto será ver la reacción del hembrismo imperante (y no lo digo por la autora, por supuesto) ante esto que ahora por eso de seguir lo de "el enemigo de mi enemigo...".

@fdez Olvida usted que los musulmanes europeos, además de musulmanes, son tan europeos como usted o como yo.

Esta periodista comete, en mi opinión, un gran error. Nosotros no tenemos porque debatir si es un velo u otro EN EUROPA. Nosotros no tenemos porque tener este debate de hecho EN EUROPA. Me parece perfecto la clase de pañuelos que haya y las motivaciones de cada una de ellas para llevar esto y lo otro EN SU CASA. Lo que es inadmisible es que hayamos trasladado esto a nuestra sociedad y aún más inadmisible que no seamos capaces de zanjarlo de raíz por culpa de tanto bobø útil a una causa completamente repugnante.

Es evidente que el tal "Ore" es impermeble a cualquier corriente de opinión que vaya en contra del rebaño. Como el resto de las ovejitas repite el mismo mantra que le enseñan los mass media, no vaya a ser que le miren y le señalen por la calle. Y claro, así nos va. Europa se deshace gracias a ejemplos de guardianes de la moral. Parecía que era algo que se iba a quedar en la mente de Orwell, pero no, este tal "Ore" nos demuestra que la realidad siempre supera a la ficción. Gracias, una vez más, por destruír nuestros valores. Ahora vaya usted corriendo a hacer campaña sobre micromachismos para completar el tópico de la hipocresía reinante!

Por qué no ha de cubrirse un varón? Acaso Mahoma, entre refriega y refriega, no barajó la posibilidad, por mínima que esta fuera, de que los hombres homosexuales, ante la visión de un torso masculino desnudo y húmedo en una playa "sufrirían" una tentación al pecado?

Seguramente este comentario no será publicado.
En el último párrafo donde preguntas ¿realmente el puñado de mujeres que optan por esta cobertura extrema justifica dictar leyes y multas difíciles de aplicar? ", la respuesta sería más JUSTA si realmente ese "puñado"(aunque bastaría con que sólo fuera una) lo ELIGIERAN y no se lo IMPUSIERAN. Cualquier mujer/hombre/ser humano debe ser libre de vestir como le de la gana!!!.
Y esto sin tener en cuenta la subordinación que implica ocultar te. Porque la identidad de estas mujeres simplemente desaparece.

Es evidente que el tal "hablemos claro" no es que no se haya enterado del contenido del artículo, sino que es impermeable a sus prejuicios e ideas preconcebidas. De nada vale intentar explicárselo. Y así nos va, que es precisamente lo que cuenta con acierto la autora.

Muchísimas gracias por este escueto repaso en algunas historias y por defender lo que hemos logrado con sangre y sudor como lo comenta el lector anterior.

Muchas gracias por informarnos, sin pasión y con criterio, en los dos post sobre el velo.

Se complica en exceso la autora, porque decir lo políticamente incorrecto pero que sería lo más obvio para la tranquilidad y seguridad de los ciudadanos Europeos está perseguido por los guardianes de la moral (es curioso que la izquierda haya perdido su esencia, y defienda la misoginia y la homofobia si proviene de un grupo siempre rechazado por la derecha más rancia...): Lo más útil sería prohibir no el burka, ni el velo, ni ninguna prenda de vestir, si no el ISLAM, como se prohiben las sectas. Pues esta lo es y además atenta contra todo lo conseguido gracias a nuestros antepasados con sudor y y sangre. Nos estudiarán en el futuro, como se estudia ahora la caída del Imperio Romano. Y hay que dar las gracias a "expertos" y "modernos". Gracias por permitir esta invasión y este suicidio democrático. Saluden a la historia!

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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