Ángeles Espinosa

A vueltas con el velo (1)

Por: | 17 de agosto de 2016

Hiyab, burka, chador, niqab… A raíz de la polémica sobre el burkini, se ha reavivado en Europa el debate sobre el velo que tradicionalmente usan las mujeres musulmanas, y los medios de comunicación se han llenado de palabras extrañas. En las sociedades occidentales existe un gran recelo hacia ese fenómeno. Así que, en lugar de aclarar las cosas, tales términos, a menudo usados sin rigor, alientan la confusión y la desconfianza sobre quienes utilizan dichas prendas.  

Más allá de si el islam exige que las mujeres se tapen, cuánto y de qué forma, si les obligan sus padres o maridos, o si lo hacen voluntariamente (algo que dejo para otro post), voy a intentar aclarar el asunto de los distintos tipos de velos. 

Burqas Minab

Mujeres con máscara en Minab (Irán). / JMS

Solemos traducir hiyab, palabra árabe que se usa en todo el mundo musulmán, como “pañuelo o velo islámico”, pero hiyab es velo en un sentido genérico, no se refiere a una prenda concreta. Así, cuando mencionan el precepto de que las mujeres se tapen, los musulmanes hablan de “observar o respetar el hiyab” con el significado de “adoptar la decisión de cubrirse” (lo más visible, el cabello, pero también las formas del cuerpo). Los musulmanes del subcontinente indio emplean purdah (literalmente cortina) para referirse al mismo concepto.

A partir de ahí, el hiyab no es un tipo de pañuelo o toca, sino una pauta religiosa que luego adopta formas diversas en distintos países o entornos culturales, y cuyas prendas conocemos con los nombres que les dan en esos lugares.

Con la revolución iraní de 1979, se popularizó en la prensa internacional el término chador, el rectángulo de tela negra con la que se envolvían las iraníes más piadosas. Más recientemente, la guerra de Afganistán generalizó burka (también trascrito como burqa), para referirse a esa especie de tienda de campaña con una pequeña rejilla a la altura de los ojos que impusieron los talibanes, pero que era tradicional entre los pastunes tanto de Afganistán como de Pakistán y que allí se llama chadri, una variación de la palabra persa chador.

No he logrado averiguar por qué en Occidente se le ha llamado burka, un vocablo de origen turco que en los países árabes ribereños del golfo Pérsico se emplea para denominar las máscaras con las beduinas se cubrían la cara para protegerse del sol y la arena, y que son anteriores y distintas a los velos ahora promovidos por los islamistas. (Aún pueden verse mujeres que utilizan esas máscaras en algunos emiratos y en la costa iraní).

En los países de la península Arábiga, las mujeres también se cubren con una tela negra que a ojos del visitante no difiere del chador, pero que los árabes llaman abaya. Me atrevería a retar a quien encuentre alguna diferencia entre el chador de las iraníes (y otras musulmanas chiíes de los países vecinos) y la abaya de las suníes iraquíes de la provincia de  Al Anbar. Más allá de que en algunos países se diseñen abayas de lujo, no soy capaz de ver diferencias en el modelo base.

Debajo de esas capas, las mujeres se visten de acuerdo con sus gustos y su economía. En los entornos más modestos o tradicionales, predominan las túnicas. Entre las pastunes afganas y paquistaníes es habitual la camisa larga (casi un vestido) con pantalones flojos. En Irán, el estándar es maqnae (una especie de toca que oculta cabello y cuello) o pañuelo, bata y pantalones. Pero también puede encontrarse ropa occidental debajo del chador.

En Arabia Saudí y países vecinos, herencia de las máscaras beduinas o fruto de la doctrina wahhabí (la estricta rama del islam suní que rige en el reino), muchas mujeres también se tapan la cara. Para ello, o bien utilizan el pañuelo rectangular con el que se envuelven la cabeza (shayla) y dejan caer por encima de los ojos, o bien una tela que tiene una apertura a la altura de estos y se ata detrás de la cabeza con un lazo (niqab o nekab, según cómo se transcriba); a veces los dos. La influencia de la predicación wahhabí ha extendido esta costumbre a otros países como Somalia, Egipto o Bangladesh.

Si nos alejamos de Oriente Próximo, los nombres y las prendas cambian. En Pakistán, sigue siendo mayoritario el shalwar kamiz (bombachos y blusón) con dupata (un gran pañuelo rectangular que permite cubrir el cabello y envolver la parte superior del cuerpo). Galabeya en Egipto, chilaba en el Magreb o yilbab en Indonesia, son variaciones para referirse a una túnica amplia hasta los pies que junto a un pañuelo largo o toca constituyen la base de la mayoría de las combinaciones. Esa toca, llamada tundug en Malaysia o khimar en otros lugares, se ajusta a la cabeza y cubre hasta la cintura, por encima de la túnica; se trata de una adaptación de la abaya / chador que deja las manos libres.

En definitiva, los distintos estilos y nombres no son indicativos de diferencias doctrinales o de culto. Existen casi tantas formas de hiyab como musulmanas. Para no liarnos, podemos simplificar en “velo o pañuelo islámico” para aquellas que se cubren la cabeza dejando visible el óvalo de la cara, y “velo integral” para las que se tapan la cara, sea cual sea el estilo que adopten.

Hay 1 Comentarios

Detrás del velo de las mujeres árabes existe toda una retahíla enorme de diferencias culturales e históricas con la cultura occidental, tanto sociales como personales en las mujeres como en los hombres.
Tirando para atrás, vemos la cultura árabe marcada por el clima áspero del desierto que obliga a cubrirse bien para poder sobrevivir.
Solapada esta tradición de la indumentaria con la religión del Islam, cuando ésta aparece proclamada por Mahoma en donde se refuerzan todas las virtudes religiosas con el respeto a las tradiciones populares.
Por lo que muchas costumbres devinieron en normas de obligado cumplimiento, uniendo lo divino y lo humano en un conglomerado homogéneo.
Partiendo de una cultura basada en la tradición oral, es a partir de la época moderna cuando se empieza a discutir las diferencias entre tradición costumbrista y fundamentos reales basados en la doctrina.
A la luz de los avances culturales en todo el mundo, y en los países de cultura árabe, hay costumbres que están muy arraigadas que se consideran honorables.
Como es la de taparse el rostro las mujeres ante la presencia de los extraños.
Que hoy se considera en gran parte del pueblo musulmán como un signo de identidad y tradición.
Sin embargo el desafío de los avances tecnológicos y científicos de la globalización mundial nos ponen a todo el mundo ante un hecho incuestionable, el de la igualdad ante el desafío de la inseguridad que se da.
Desde el respaldo de las leyes democráticas y el respeto de las personas y sus creencias personales.

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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