A vueltas con España

Sobre el blog

Este blog tiene por objeto el análisis económico y político, combinado con la aportación de claves informativas de la realidad española. Su autor es un convencido de esa máxima que dice que periodismo es todo aquello que los poderosos no quieren que se sepa y que lo demás es propaganda. En este oficio de contar las cosas, el modo de hacer periodismo puede cambiar pero su esencia siempre es la misma.

Sobre el autor

José Luis Gómez

, gallego de Brión (A Coruña), es columnista de El País y OTR/Europa Press, así como colaborador de TVG, Radio Galega y La Región. Es editor de Mundiario. Fue director de La Voz de Galicia, Capital y Xornal de Galicia, cuya versión digital fundó en 1999. También fue director editorial del Grupo Zeta. Es autor y coordinador de varios libros de economía, entre ellos 'Cómo salir de esta'.

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Los rescates en España y las elecciones en Galicia

Por: | 29 de agosto de 2012

Feijóo ha tomado la decisión menos mala para los intereses del PP en España y en Galicia

El presidente Feijóo anticipó las elecciones autonómicas de Galicia para hacerlas coincidir con las vascas, el próximo 21 de octubre, día de San Bertoldo, sinónimo de ilustre y brillante. Según él, lo hace en interés de España y, por supuesto, de Galicia. La oposición, en cambio, no observa valores tan nobles en la convocatoria. El PSdeG-PSOE tiene prisa por volver al poder y solo habla ya de cambio, y el BNG ve la mano de Rajoy detrás de la esperada decisión del presidente de la Xunta, cuya buena imagen personal parece más difícil de combatir que su modesta tarea de gobierno, más eficiente en el control del gasto que en el impulso del crecimiento y el desarrollo del bienestar. En resumen, que en ocho semanas toca votar y decidir si debe volver a gobernar el PP o si, por el contrario, socialistas y nacionalistas merecen otra oportunidad de gestionar este pequeño país, cada vez más pequeño en habitantes, muchos de ellos atemorizados por la crisis.

De entrada, la convocatoria tiene su lógica —gallegos y vascos ya votaron juntos la última vez, en marzo de 2009— pero también tiene su pequeña historia. O grande, según como se mire. Vista con perspectiva española, esta decisión de Feijóo le despeja el camino a Rajoy, ya que, una vez celebradas las elecciones vascas, tendrá dos años sin citas electorales en los que podrá gobernar sin darle tantas vueltas a las cosas, lo cual no quiere decir que ahora no gobierne ya con dureza. Pero podrá sentirse menos condicionado por el qué dirán los votantes con una papeleta en el bolsillo, que no es lo mismo que con una pancarta en la mano. De este modo, entre el 21 de octubre y finales de 2014, Rajoy estará sin condicionantes electorales, ¡Qué alivio!, pensará el político pontevedrés.

Rajoy no solo despeja así la pista para su máquina de ajustes sino que evita que el 21 de octubre su partido salga del todo mal parado esa noche electoral, como hubiera sucedido de celebrarse solo elecciones en el País Vasco. Cuando menos, en Galicia ganará; otra cosa es que sea o no con mayoría absoluta. Pero de cara al exterior podrá decir que ha ganado, aunque, si hay margen para ello, socialistas y nacionalistas le arrebaten el poder.

La fecha no solo es la mejor para Rajoy sino también para Feijóo. Y en el peor de los casos, es la menos mala. La batería de medidas económicas pendientes de ejecución, sumadas a otras que se derivarán del segundo rescate, va a derivar en menos servicios públicos, peores salarios y más impuestos, lo que hace temer un terrible arranque del año 2013, con presupuestos más bien cicateros. Si a ello se le suman los riesgos de impago de las participaciones preferentes, la posible desaparición de Novagalicia Banco, probables dificultades con las primas del sector eólico y la crisis en los precios agrarios, con cifras de paro subiendo, nadie en el lugar de Feijóo elegiría fechas así para presentarse a unas elecciones. Porque, en el mejor de los casos, lo único que tendría es más cerca el horizonte de la salida de la crisis, pero estaría tan lejos que solo los muy iniciados podrían verlo con prismáticos. Es una situación de emergencia, como admitió en algún momento el propio Feijóo al justificar su adelanto electoral.

No hace falta insistir mucho más en los problemas que tiene Feijóo, que deja en el limbo la investigación de las cajas, la democratización de los medios públicos e incluso otras cosas que a él parecían interesarle más, como la controvertida reducción del número de diputados. Todo eso o bien es historia o volverá a aflorar con un nuevo Gobierno, ya con una etapa política más adaptada a la crisis. Nada volverá a ser igual, porque el escenario de hoy en día no tiene nada que ver ni siquiera con el del año pasado. La crisis lo devora todo a su paso y lo que se impone es dar alternativas en unas elecciones abiertas. En ese sentido, la izquierda tiene un reto no menos complicado que Feijóo. Si desea realmente gobernar deberá presentar las bases de un posible acuerdo y superar la etapa de la crítica por la de la esperanza. Ni el PSdeG-PSOE ni el BNG —y menos aún otras fuerzas que también aspiran a entrar en el Parlamento— pueden gobernar en solitario, por falta de votos suficientes, de modo que aunque mantengan sus programas deberían ser capaces de elaborar una mínima estrategia común. Por cierto, con los pies en la tierra. @J_L_Gomez

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Artículo publicado en la edición de El País en Galicia.

Collarte toma el relevo de Fabra

Por: | 27 de agosto de 2012

El dipuado Collarte, del PP, tiene una peculiar visión de la crisis

El diputado del PP Guillermo Collarte gana unos 5.100 euros al mes y dice que las pasa “bastante canutas”, por lo que se supone que dimitirá de inmediato para pasarlo mejor. El verano de las ‘boutades’ que abrió Andrea Fabra (la del “que se jodan”) lo cierra ahora Guillermo Collarte, en una disparatada carrera de dirigentes populares que a este paso terminarán por minar la credibilidad del propio presidente Mariano Rajoy. No solo están sobre la mesa este tipo de comentarios impropios de políticos decentes, sino también los comportamientos de ministros que se enfrentan públicamente en defensa de intereses económicos de las empresas energéticas, como hicieron Soria yMontoro. Alguien debería poner orden en el Gobierno y en el PP, no ya solo por su propio bien, sino por el interés general de un país gobernado por un partido con mayoría absoluta. En el caso de Collarte es verdad que el PP lo ha descalificado y que él ha pedido disculpas, pero la clave sigue estando en si dimitirá o no un diputado que, según él mismo deja entrever, estuvo llamado a entrar en el Gobierno.

Rajoy, a todo esto, sigue enfrascado en la gestión de la crisis, donde las cosas pintan mal cada vez que el presidente español intenta minimizar el coste del presumible segundo rescate. Digamos que el Gobierno y el PP están complicándose la vida en el peor momento. Lo mejor que tienen casi es la Oposición, que sigue desdibujada, camino de Rodiezmo.

Algunas de estas cosas no pasan de la categoría de anécdotas en medio de la que está cayendo, pero el problema es que distraen la atención y cabrean al personal, sobre todo a quienes más sufren la crisis, cuya superación llegará cuando las reformas hayan culminado y el país esté menos apalancado, para lo cual también será necesario ocupar el espacio que dejó el hundimiento del sector inmobiliario. España solo podrá recuperar su posición de potencia intermedia en Europa y en el mundo sin deudas y con un nuevo modelo productivo. Hablamos, por tanto, de años; tal vez demasiados, aunque suficientes para que la España de entonces pueda prescindir de políticos como Fabra y Collarte, entre otros. @J_L_Gomez

Los 400 euros: una palanca contra la pobreza

Por: | 26 de agosto de 2012

El Gobierno aprobó la prórroga de la ayuda social de 400 euros al mes

Tras marear un poco la perdiz, el Gobierno de Rajoy aprobó finalmente la prórroga de la ayuda de 400 euros al mes para aquellos ciudadanos que después de agotar todas las prestaciones por desempleo siguen en paro, un mal que aqueja a cada vez más españoles y que es toda una amenaza para la cohesión social. Pero no todo sigue como estaba con Zapatero, ni mucho menos.

Rajoy ha introducido cambios que afectan a la cuantía -50 euros más para desempleados con más de dos personas a su cargo- y al acceso a las ayudas, de modo que la conclusión salta a la vista: habrá menos beneficiarios y un poco más de dinero para los que superen estrictas condiciones, que perjudican a los parados que hayan tenido que regresar al domicilio de sus padres. Además, el Gobierno exigirá buscar trabajo durante 30 días antes de pedir los 400 euros, que se orientan a los parados de larga duración o con cargas familiares.

En teoría, estas ayudas para el Programa de Recualificación Profesional de las personas que agoten su protección por desempleo son para promover la transición al empleo estable y la recualificación profesional de las personas desempleadas. En la práctica, constituyen un salvavidas social, la última red de seguridad durante seis meses para aquellos parados que agotan todas las prestaciones y subsidios posibles. De hecho, la propia vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría definió esta medida como "ayuda de última instancia". Traducido, una palanca contra la pobreza, en un país donde, según Cáritas, hay más de 11,5 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social.

¿De qué dimensión social estamos hablando? De los casi seis millones de parados, un tercio no cobra ninguna prestación y solo alrededor de 200.000 perciben actualmente los 400 euros, lo cual supuso que desde marzo de 2011 hasta mayo de 2012 se consumieran más de 1.000 millones de euros, por encima del presupuesto. Hasta julio de 2012, el programa benefició a 500.859 personas, la mayoría de Andalucía, y menos de un 6% de los parados logró encontrar trabajo gracias a ese plan llamado Prepara, que al final es una ayuda social.

Un Estado de la dimensión del español debería ser capaz de mantener esta mínima política social. Hablamos de mil millones, el 0,1% del Producto Interior Bruto o el 0,5% del total de los ingresos fiscales. @J_L_Gomez 

Rajoy, en busca de un rescate razonable

Por: | 22 de agosto de 2012

Banca

Mariano Rajoy ultima el verdadero rescate de España. Pero Rajoy, que es precavido y astuto, ha echado a Guindos por delante, que es más osado y habla inglés. Tan sagaz y cauto es Rajoy que, yendo por delante, da la impresión de que quien lo hace es el audaz Guindos. También es astuto Rajoy porque, a pesar de llevar malas cartas, es hábil para evitar el engaño y meter baza. Guindos, por el contrario, va de cara, sin reparar mucho en los valores de su presidente, de modo que un día dice una cosa y al siguiente la contraria, creyendo que no pasa nada, pero pasa: el ministro está cada vez más desgastado y a Rajoy le costará poco poner ahí a otro Guindos. Por algo se ha reservado para él la presidencia de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, lo que convierte a Guindos en ayudante.

Podemos seguir a Guindos, en las últimos días muy activo hablando de calendarios y del papel del BCE, pero debemos no perder de vista las palabras de Rajoy a primeros de agosto: “Quiero conocer -había dicho- las medidas no convencionales que tomará el BCE, qué significan, qué pretenden y si son adecuadas. Entonces, a la vista de las circunstancias, tomaremos una u otra decisión”. La petición de activar el mecanismo europeo para comprar deuda pública española parece ya inevitable, pero lo que es evitable es pagar lo que no está en los escritos. Rajoy lleva varias piedras en su zapato y eso es siempre molesto, y más todavía cuando el zapato de por sí ya es malo. Una de esas piedras que le aprieta es la devolución de vencimientos por valor de casi 30.000 millones en unas diez semanas, aproximadamente.

Es lógico que Rajoy se plantee como reto un rescate razonable, sabedor de que tampoco tiene otra alternativa, salvo la de irse del euro, que a día de hoy cuenta poco. Hay prisa por frenar la sangría que supone la prima de riesgo en el pago de intereses pero al mismo tiempo se sabe que esto va para largo. Volver a la normalidad consumirá años, probablemente unos cinco, por lo que hasta el 2015 o 2016 no se alcanzará un nivel normal de endeudamiento, con la repercusión negativa que eso tiene en términos de inversión y de crecimiento; léase empleo. En resumidas cuentas, antes de volver a invertir habrá que pagar lo mucho que se debe, no solo por parte del Estado, sino, sobre todo, del sector privado. @J_L_Gomez

El monte rentable no se quema

Por: | 19 de agosto de 2012

Tractor andante finlandés

La Gomera, Galicia, Comunidad Valenciana, Navarra… Los incendios se suceden en casi toda España, a veces se llevan vidas humanas por delante y siempre causan graves daños medioambientales y mucha desolación. Los distintos gobiernos se lanzan reproches pero no aportan soluciones; a lo sumo, cuidados paliativos. Si lo hicieran, tendrían que ponerse todos de acuerdo, porque la alternativa a los incendios es una verdadera política forestal y algo así requiere no menos de 25 años de desarrollo, como demuestran las exitosas experiencias en los países nórdicos. La solución, como en tantas otras cosas, no puede ser sólo represiva. El monte arde por muchos motivos, pero sobre todo se quema porque no está limpio. Si en el pasado no ardía tanto, no era porque hubiese muchos hidroaviones, sino porque los campesinos tenían sus montes limpios y, como los explotaban, los cuidaban. El problema es más estructural de lo que se le quiere hacer ver a la gente. Las leyes forestales vigentes siguen siendo insuficientes ante el estado de abandono de los bosques, cuyo deterioro sólo se superará mediante políticas agrarias e incentivos.

Vaya por delante que los incendios son hoy una tragedia casi humana pero yendo a un análisis más general, la reflexión no solo puede ser evocadora, ni menos aun melancólica, sino que debe ser económica. Porque el monte rentable no se quema. Así de rotunda debería ser toda la clase política cuando España arde por los cuatro costados, ya que los montes no se queman solos. Lo normal es que se quemen solos un 5%, como sucede en los países donde el monte es rentable. Por tanto, ¿es posible acabar con los incendios? Sí. Y así lo demuestra la silvicultura finlandesa, que eliminó prácticamente los fuegos en el monte, como certifica Kullervo Kuusela, profesor del Instituto Finlandés de Investigaciones Forestales. Para ello España debería analizar y describir la intensidad de la producción maderera, la composición por especies que desea y la diversidad de paisajes, y una vez hecho ese trabajo debería afrontar algo que requiere, sin duda, un amplio consenso político: cambiar la estructura de la propiedad del monte, encaminándola a su explotación y poniendo coto al minifundio. Ya no basta con las brigadas, la represión y la regulación ecológica del material combustible. Ojalá el problema fuese solo de coordinación.

Los tiempos no pueden ser mejores para buscar ese consenso. Acabado el modelo del ladrillo y sin que nadie conozca todavía cuál debe ser la alternativa, el monte ofrece unas posibilidades económicas envidiables, que podrían enriquecer la estructura social y empresarial del país. Hablamos de un proceso histórico, pero los procesos comienzan en algún momento. Convertir España en una potencia maderera mundial, con más robles y menos eucaliptos y una industria asociada, capaz de aportar valor añadido, sería la mejor manera de decir nunca más a los incendios. De verdad.

En Finlandia arden ahora como mucho 500 hectáreas al año, menos de las que se han quemado en el incendio de las fragas del Eume, en A Coruña. ¿Por qué no copiamos su modelo, cueste lo que cueste a quienes desempeñan el papel de perro del hortelano? Desde el punto de vista financiero, una operación así es evidente que demanda muchos recursos, por lo que el único modo de costear la reforma será dedicar a la producción de madera una elevada proporción del bosque, a base de talas finales suficientemente intensivas, regeneración y medidas silvícolas. Es lo que hacen en Finlandia, como explica el profesor Kuusela, y por lo que se ve no les va mal. @J_L_Gomez

 

Más ajustes, menos sueldos y más impuestos

Por: | 12 de agosto de 2012

Viñeta de Forges al comienzo de la crisis. Parece que no pasa el tiempo

Los países del euro están adentrándose en una nueva recesión que amenaza a toda Europa e incluso a la economía de Estados Unidos, donde el presidente Barack Obama tiene pronto elecciones. Para Alemania, echarle una mano a España y a Italia, mediante una rebaja de los tipos de interés, tiene un precio, pero aun siendo alto puede ser inferior al de contaminar la eurozona y Estados Unidos, cuya interdependencia es grande. De hecho, Obama ya urgió en varias ocasiones a los líderes de la UE a que tomen medidas para controlar la crisis económica, y de ese modo evitar que se contagie a otras zonas del mundo. Lo cierto es que a estas alturas se da por probable la recesión en Francia y es evidente que Alemania crece cada vez menos.

En este contexto recesivo, el Banco Central Europeo (BCE) ha recomendado a España, país con una alta tasa de paro, sometido a severos recortes sociales, que prosiga reduciendo los salarios y las indemnizaciones por despido. La recomendación -¿indicación?-  de moderar los sueldos la hace Mario Draghi, que gana la ‘moderada’ cifra de 378.857 euros al año al frente del BCE, más del doble que el estadounidense Ben Bernanke en la Reserva Federal. Cuando menos, una curiosa manera de predicar con el ejemplo. Draghi también propone acotar los márgenes de beneficio excesivos y liberalizar las profesiones cerradas, así como reorientar el gasto público hacia la educación y la investigación, pero todo esto parece estar en un segundo plano. La réplica de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue de libro: la disminución salarial aumenta las exportaciones pero deprime el consumo interno, lo que lastra el crecimiento y el empleo.

La idea de Mario Draghi, de facto, ya está aplicándose por parte del Gobierno de Mariano Rajoy, que mediante la reforma laboral impulsa la negociación salarial en cada empresa, con una probable rebaja de sueldos, y abarata y simplifica las contrataciones, del mismo modo que los despidos, hasta dar lugar a una especie de devaluación encubierta, de manera que lo que antes se hacía con la moneda se hace ahora con los sueldos. ¿Qué le impide a España, de nuevo abocada a otra caída del PIB, seguir el ritmo de recuperación países como Alemania o Estados Unidos? Entre otras cosas, la falta de competitividad y su elevada deuda, sobre todo la privada, que se multiplicó por tres en la década del 2000.

¿Por qué el BCE sugiere reducir el salario mínimo, relajar las leyes de protección laboral, permitir la negociación salarial a nivel de empresa y abolir la interrelación entre salarios e inflación? ¿Y por qué lo hace sabiendo que ese tipo de política fracasó en Irlanda, sin ir más lejos? La clave sigue estando en la devaluación interna que precisa hacer España, un ajuste mucho más duro y más lento que a través de una devaluación del tipo de cambio cuando se tiene una moneda propia. El economista Guillermo de la Dehesa suele explicar que una devaluación convencional -recordemos las de Carlos Solchaga- se decide en una noche y afecta de inmediato a todos los ciudadanos y empresas, mientras que una devaluación interna requiere negociar y pactar los aumentos necesarios de productividad y las reducciones de salarios reales, y además obliga a ceder márgenes de beneficio para que no sean solo los trabajadores los que paguen la devaluación.

En este tipo de escenarios, la conclusión, según el Nobel Paul Krugman, es que muchas empresas ajustan plantillas, recortan salarios, reducen costes e incluso bajan los precios. Los sindicatos alertan de que esta política puede generar tensión; máxime cuando la subida salarial apenas llega al 0,5% en los nuevos convenios en un país donde la inflación, por encima del 2%, acentúa la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, castigados a su vez por importantes subidas fiscales. ¿Conclusión? Para España toca empobrecimiento o cambio de modelo en la política europea. @J_L_Gomez

 

El interés de la conexión Washington-Sanxenxo

Por: | 06 de agosto de 2012

Obama llamó a Rajoy para hablar de la situación de España y de Europa.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha llamado por teléfono al jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, que está de vacaciones en Sanxenxo (Pontevedra). Ambos han hablado, eminentemente, sobre la situación económica de España y la Unión Europea. ¿Es tan extraño el interés de Obama? No. ¿Puede tener que ver con el reciente apoyo del FMI a España? Sí.

Tanto EE UU como el FMI están apoyando a España y no precisamente por solidaridad, sino por su propio interés: la eurozona está adentrándose en una nueva recesión que amenaza a la economía de EE UU, donde Obama tiene pronto elecciones. Forzar a Alemania a echarle una mano a España y a Italia, mediante una rebaja de los tipos de interés, tiene un precio, pero aun siendo alto puede ser inferior al de contaminar la eurozona y EE UU, cuya interdependencia es muy grande. Como recuerda David Alandete en El País, Obama ya urgió en varias ocasiones a los líderes de la UE a que tomen las medidas necesarias para controlar la crisis económica, y de ese modo evitar que se contagie a otras zonas del mundo. En mayo, en un discurso durante la reunión del G-8, Obama dijo que “si una compañía quiebra en París o en Madrid, eso significa menos negocio en Pittsburgh o en Milwaukee”.

Contextualicemos la situación. El profesor Antón Costas ha resumido en un artículo publicado en El País los grandes problemas de España en pocas palabras. El primer problema es el elevado endeudamiento, cuya causa inicial fue más el sector privado que el sector público; el segundo, el sobrecoste o prima de riesgo que el Tesoro español está pagando para financiar ese endeudamiento en los mercados privados de capitales, y el tercero, la débil competitividad de España en el mundo. La combinación de todos esos males es lo que limita la capacidad de crecer y, por tanto, de crear empleo, que es lo que le preocupa a la gente.

Mejorar la competitividad depende de los españoles, pero las demás cosas no solo de los españoles: también de la eurozona, es decir, de Alemania, que controla el Banco Central Europeo como si fuese suyo. Dicho de otro modo: hay una parte de la prima de riesgo que corresponde a España y otra al conjunto de la eurozona, por las propias debilidades del euro. Si el BCE asumiera esto debería aliviar la financiación de España, cuya economía en recesión no puede soportar durante mucho tiempo costes financieros del 6-7%. Pero, de momento, se resiste a hacerlo y cuando habla de echar una mano parece más bien una mano al cuello del moribundo. En palabras del  presidente del BCE, Mario Draghi, a España le aguarda una condicionalidad "estricta y efectiva", que se suma a la asociada a la línea de crédito de hasta 100.000 millones para sanear y recapitalizar el sistema financiero. Traducido: más ajuste y, en consecuencia, más recesión. Pero por ahí no se llega a ninguna parte, por mucho que haya un segundo rescate.

Ante esa tesitura, el Gobierno de Rajoy debe escoger entre más sacrificios de sus ciudadanos para seguir en el euro o salir del euro. Para lo primero apenas hay margen -la naranja está tan exprimida que suelta poco zumo- y de lo segundo nadie quiere hablar, temiendo consecuencias terribles en términos de empobrecimiento general de España, fruto de lo que sería una devaluación sin precedentes.

¿La solución para España? Alemania. ¿Una clave a favor? Los intereses de Estados Unidos, para evitar que la recesión de la eurozona dañe su economía en un contexto electoral. En ese sentido, España es una pieza importante del tablero y ahora puede que interese que no caiga. De entrada, el mercado ya apuesta por el rescate de España y los bonos a dos años mejoran por la expectativa de que el Gobierno pida la ayuda y Alemania dé vía libre al BCE para comprar deuda española. Veremos qué pasa. @J_L_Gomez


El ajuste sin incentivos se llama más recesión

Por: | 05 de agosto de 2012

Ferran10062010

Ferran Martín, en lainformacion.com

Inmerso en un aluvión de críticas, en los medios y en las redes sociales, por su política de ajustes, el presidente Rajoy decidió comparecer ante los periodistas, poco antes de salir hacia Galicia para relajarse un poco. Sin las reformas, hubieran intervenido España, había dicho el jefe del Gobierno en junio, el día que arrancaba el Mundial, cuando evitó hablar de rescate, a diferencia de la prensa internacional. Pero pocas semanas después el rescate vuelve a estar encima de su mesa. Distinto de los de Grecia, Portugal e Irlanda, pero rescate al fin. La razón no es otra que los problemas de España para financiarse en el mercado a un tipo de interés razonable, que su economía pueda pagar. En definitiva, España como país rescatado deberá demostrar que cumple a rajatabla la política fiscal que se le 'aconseja' desde Bruselas y que al menos en sus grandes líneas parece resumirse en esos 102.000 millones de ajuste programado de aquí a 2014. Si Rajoy hace los deberes al gusto de Merkel –se pronostica en La Región-, Draghi abrirá el grifo del dinero, como ya parecen estar descontando los mercados. De lo contrario, habría que ir pensado en salir del euro, algo que casi nadie quiere en España.

Rajoy arrancó bien en su conferencia de prensa del viernes, incluso fue didáctico y claro; se enredó a mitad de camino, puede que en parte a propósito; en el turno de preguntas mareó la perdiz, para reconocer a su manera que habrá un segundo rescate, y finalmente se fue sin comentar una palabra del plan de ajuste de los 102.000 millones hasta 2014, lo cual cuando menos resulta sorprendente.

Cien mil millones es el 10% del PIB, una cifra que requiere no solo una conferencia de prensa, sino varias conferencias de presidentes, si es que el Gobierno pretende realmente sacar adelante semejante propuesta de ahorro. Solo, sin las autonomías, tampoco podría conseguirlo, y menos todavía con un equipo de gobierno que empieza a estar 'tocado'. Pero vayamos por partes, partiendo de lo más inmediato. Todo parece indicar que habrá un segundo rescate, a la espera de conocerse las condiciones del BCE, y que solo las pensiones parecen estar a salvo de lo que pueda pasar, que en cualquier caso será grave. Todo lo demás queda a expensas de las exigencias de Bruselas, que en pronunciamientos anteriores sí había deslizado su interés por alargar la edad de jubilación, una cuestión que no debe pasar inadvertida, como informó El País. Por eso el Gobierno prometió a Bruselas elevar la “edad efectiva” de jubilación y encargó a Hacienda que endurezca las prejubilaciones.

Las condiciones sobre el probable segundo rescate estarán en función de la credibilidad que Bruselas y el BCE le otorguen al plan del presupuesto bienal. Y, de entrada, el plan no parece consistente, por falta de realismo y de concreción. Un botón de muestra: hay una partida -nada menos que de casi 20.000 millones- que es tan genérica como decir que habrá una reestructuración completa del sector público autonómico, que se irá dejando notar con mayor intensidad en 2013 y 2014. También cuesta creer la proyección del crecimiento previsto para 2014, tras recesiones tan profundas en 2012 y 2013, pero es verdad que eso dependerá precisamente de cómo se hagan los ajustes y, sobre todo, de sus políticas de acompañamiento -léase incentivos-, de las que nada se sabe. Lo que sí se ve es que es tanto lo que se pretende recortar y tan poco lo que se va a ingresar, debido a la recesión, que la reducción del déficit seguirá haciéndose durante años a costa del Estado del bienestar. @J_L_Gomez

 

 

Un ajuste de 102.000 millones hasta 2014

Por: | 03 de agosto de 2012

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante la rueda de prensa ofrecida para hacer el balance del curso político.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hizo un amplio resumen de su gestión y del estado de las cuentas públicas de España, materias sobre las que se sometió a algunas preguntas en la Moncloa. Ni en su intervención ni en el diálogo con la prensa hubo una sola palabra sobre el nuevo plan bienal, que es lo que cuenta, porque ahí se ponen números y no solo palabras. Poco después llegó por escrito a través de la web de la Moncloa, con errata incluida en su titular. En ese documento que detalla los recortes en gasto social, las subidas de impuestos y otras medidas como la supresión de la paga extra a los funcionarios, la reducción de permisos sindicales, el ajuste de los ratios de alumnos y el incremento de la jornada lectiva, Rajoy propone un ajuste de 102.000 millones hasta 2014. Una cifra equivalente al 10% del PIB y al importe del rescate bancario.

Entre aumento de ingresos –léase más impuestos- y recorte de gastos, nada menos que 39.000 millones en 2013 y otros 50.100 millones en 2014, lo que traerá consigo otra reducción de 5.000 millones adicionales en sanidad y educación en dos años. A los 65.000 millones conocidos hace apenas tres semanas, Rajoy suma ahora el ajuste de autonomías y ayuntamientos, en el marco del llamado Plan Presupuestario de 2013 y 2014, un documento exigido por la Comisión Europea –el órgano ejecutivo de la UE-, a cambio de aplazar un año el objetivo de déficit. Hay ajustes que parecen estar hechos un poco a ojo. Por ejemplo, los 19.000 millones de una reestructuración completa del sector público autonómico hasta 2014, que no se sabe bien en qué puede consistir.

Simultáneamente, Rajoy decidió pedir por carta a Van Rompuy una reunión urgente del Eurogrupo que suena a preparativo de la petición de rescate, al hilo de una próxima reunión del Eurogrupo. Madrid considera que el avance hacia una supervisión única de la banca debe hacerse de forma rápida, de manera que el nuevo esquema esté aprobado antes de diciembre de 2012, mientras que respecto a la unión fiscal no se propone un horizonte temporal tan concreto. En general, es normal que España tenga prisa, ya que una economía en recesión no puede soportar durante mucho tiempo costes financieros del 6-7%.

¿Conclusión de la rueda de prensa del presidente? España emplaza al BCE a definir su plan de compra de bonos antes de decidir sobre el rescate, que ya no se descarta. Rajoy dice que no tiene tomada una decisión sobre la ampliación del rescate porque aun tiene que ver bien lo que quiso decir Draghi, a cuyo mensaje sobre la necesidad de eliminar las diferencias de las primas de riesgo le concede mucha importancia. En resumidas cuentas: se está preparando a la opinión pública para un segundo gran rescate, tras el bancario; por cierto, pendiente de formalizarse.

España sostiene que los ajustes solo darán resultados si se eliminan las primas de riesgo por tipo de cambio (riesgo de ruptura del euro) y de liquidez (riesgo de impago), para lo cual apela al FMI, que ha señalado que las primas de riesgo deben ser coherentes con los fundamentos de la economía. Pero lo único cierto a día de hoy es que la prima de riesgo sigue muy alta, aunque bajó un poco tras la rueda de prensa de Rajoy. Mientras hablaba el presidente estaba en 575,6, al terminar la rueda de prensa en 567,8, y al final de la jornada en 542 puntos básicos.

¿Qué debería pasar entonces en Europa? Básicamente, tres cosas: una, que bajen los tipos de interés, de modo que España pueda financiarse en los mercados: dos, como reclama Rajoy, que se apliquen cuanto antes las medidas financieras, empezando por la recapitalización de bancos como Bankia o Novagalicia, y tres, que se vaya devaluando el euro, hasta niveles de 1,15 o incluso 1,10 con respecto al dólar. Si eso sucede, tanto Europa como España podrán recuperarse exportando más, no solo a Estados Unidos, sino a todas las áreas dominadas por el dólar; es decir, la mayor parte del mundo, salvo Rusia y África. La recuperación vendrá del exterior y terminará por germinar en el interior, cuyo mercado está ahora bajo mínimos. Si se dan esas circunstancias también cabe esperar que España exporte más, que importe menos y que reciba más turistas con dólares en la mano. ¿Sin costes a cambio? No. La otra cara de la moneda traerá menos salidas de turistas al exterior y un petróleo más caro. En realidad, no solo en España, sino en toda Europa, aunque con excepciones, porque Reino Unido o Noruega, que son productores de crudo, apenas se ven afectados por la revalorización del dólar.

Según las nuevas previsiones del Gobierno español, la economía volverá a crecer en 2014 a un ritmo del 1,2%, lo que permitirá crear empleo, aunque eso habrá que verlo, ya que en España no suele crearse empleo neto con un crecimiento tan bajo. Sí reconoce un entorno macroeconómico claramente adverso durante este año y plantea una leve caída del PIB del 0,5% en 2013, que se tornará en crecimiento en 2014.

"El que pueda, feliz verano", dijo Rajoy para terminar e irse de fin de semana a Galicia. @J_L_Gomez 

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