La batalla Valenciana

Blog de Adolf Beltrán desde la Comunidad Valenciana

Sobre el blog

El atractivo de la batalla valenciana del 27m reside en que la izquierda disputa al PP una pieza clave del tablero autonómico. Además, ofrece el morbo del duelo entre Rita Barberá y Carmen Alborch por la alcaldía de Valencia.

Autores

Adolf Beltran (Valencia, 1958), debido a su trabajo en la redacción de El País, lleva años observando con atención la realidad valenciana. Aunque ha escrito novelas (Les llunes de Russafa), ensayos (Els temps moderns. Societat valenciana i cultura de masses al segle XX) y libros de reportaje, la suya es fundamentalmente la mirada de un periodista, oficio que ejerce desde mediados de los años ochenta.

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22 mayo, 2007 - 03:02

La decadencia del voto útil

Las elecciones del próximo domingo, por lo que se refiere a los valencianos, van a ser sin duda las más "útiles" de la democracia; al menos en términos de representación del voto realmente ejercido (siempre queda la incógnita de las abstención, que otorga mayor o menor legitimidad a los comicios). Esta vez encontrará acomodo en el Parlamento autonómico el abanico más amplio de voluntades. Sólo hay que comparar lo ocurrido hace cuatro años con lo que aventuran las encuestas y con lo que, razonablemente, se puede esperar.

En 2003, un 89,9% de los votantes vieron representadas las siglas de su elección en las Cortes Valencianas que surgieron de las elecciones. Quedó fuera un 9,1% (al margen de los votos en blanco y nulos), con el singular caso del Bloc, que no obtuvo escaños pese a sus 114.122 sufragios (4,8%) como consecuencia de la barrera del 5% exigida para acceder a la representación. Ahora, para el 27-M, los sondeos oscilan en sus previsiones entre un 93,5% y un 97,5% de voto que se traduciría en presencia parlamentaria, lo que reduce el espacio extraparlamentario a porcentajes mínimos, entre el 2,5% y el 6,5% de los votantes.

Esa nueva aritmética electoral viene generada por dos causas fundamentales. De un lado, el enorme apoyo de la derecha, en todos sus matices, que ha conseguido aglutinar el PP y que, de acuerdo con las previsiones, podrá mantener. De otro lado, por la constitución de la coalición Compromís pel País Valencià, que suma en el cómputo los apoyos electorales del Bloc, desperdiciados en tantas convocatorias anteriores. Se trata de una novedad aritmética que influirá sobre los resultados pero que ya repercute en la textura misma de la campaña porque, aquí y ahora, prácticamente todos los votos serán útiles. Será útil para la derecha votar al PP y será igualmente útil para la izquierda votar al PSPV o a Compromís. De ahí que haya perdido su antigua virtualidad la polémica sobre el "voto útil" entre las formaciones grandes y las minoritarias.Corts3

Hoy por hoy, la utilidad que se arrogan los candidatos, por tanto, se centra en sus objetivos políticos. Francisco Camps proclama que votarle permitirá a los valencianos seguir por las senda de la felicidad. Joan Ignasi Pla explica que apoyarle propiciará el cambio de la actual política de gestos y falsedades. Glòria Marcos, en fin, alega que sus votos serán imprescindibles para desalojar a los conservadores del poder. Pero todos esos argumentos no son otra cosa que una expresión coherente de sus opciones.

La decadencia del voto útil como instrumento dialéctico para arañar sufragios a los partidos pequeños abre una expectativa de gran concentración y de gran polarización en el arco parlamentario. Una concentración y una polarización que, paradójicamente, no empobrecerán el colorido de un hemiciclo donde, sea como sea, habrá más partidos representados que en la legislatura que se acaba (sin llegar a la marca de otros tiempos, cuando llegaron a sentarse en los escaños diputados del PSPV-PSOE, el PP, Esquerra Unida, Unitat del Poble Valencià, Unión Valenciana y el CDS). La democracia, pese a los obstáculos, tiene esas cosas. Tal vez estemos ante un síntoma de maduración de nuestro sistema de partidos, tal vez ante un nuevo periodo en el que la cultura de la negociación y el pacto diluya, poco a poco, las rigideces y los sectarismos. Tal vez haya llegado la hora de la política. ¿Quién sabe?

Comentarios

Paradigma Camps

Desde que en marzo de 2004 el PSOE ganó las elecciones y, en aplicación de su programa, implementó políticas distintas al trasvase del Ebro para garantizar el suministro de agua para la Comunidad Valenciana, el gobierno valenciano del PP ha actuado como ariete contra el gobierno de Zapatero.

Zaplana, por el resultado de las urnas, pasó de ministro de Trabajo a portavoz del PP en el Congreso, y centró su estrategia en decir que el gobierno de Zapatero “era débil e inestable” y que no había otra alternativa más que “las elecciones anticipadas”. Observen ahora donde está Zaplana (desaparecido en la Comunidad valenciana por su discípulo) y dónde el gobierno Zapatero.

Camps, el discípulo de Zaplana, se armó con una pistola de agua y en tres años no ha dejado de disparar contra la política hídrica del gobierno socialista, atemorizando a la población con el desierto, justificando los males en la ausencia de ejecución del trasvase del Ebro por el ministerio de Cristina Narbona, trasvase que, por otra parte, los gobiernos de Aznar no realizaron en ocho años. Aliado con su homólogo de Murcia, Camps pedía “agua para todos” al tiempo que se oponía con uñas y dientes a la desaladora de Torrevieja que la ministra Narbona sí fue capaz de activar.

Ahora, Camps promete, entre otras promesas de campaña, “garantía del suministro de agua para toda la Comunidad”.
¿Cómo lo va a cumplir, si ganara? ¿Con su pistola de agua? ¿Fiándolo todo a la hipotética victoria de Rajoy en 2008 y con la ejecución del trasvase del Ebro? ¿Trayendo en garrafas el agua del Ebro en sus ratos libres?

Si en tres años sólo se ha dedicado a atacar al gobierno de Zapatero, sin hacer absolutamente nada, sino todo lo contrario, para “garantizar el suministro de agua a la Comunidad” ¿cómo es posible que piense que podemos creerle ahora? ¿Sólo porque desde el PP nos piden “confianza en el futuro”?
Hay algunos que, teniendo en cuenta el número de imputados en sus listas, ya leen el lema de campaña de los populares con un significado bien distinto “con fianza en el futuro”.
Tiene guasa que nos pidan que confiemos en ellos.

¿No se puede apelar al voto útil? Esta vez quizás no a nivel País Valencià pero a nivel municipal si puesto que los pactos cambian de las autonómicas a las municipales. En Valencia posiblemente EU se hunda definitivamente por el perfil de su candidatura y en Alicante existe la psosibilidad de que algunos miles de votos que puedan ir a parar a ese nuevo partido que se supone también de izquierdas y reste fuerza al PSPV.

No hablemos de todos los partidos independientes, centristas, socialdemocrátas, etc, que se presentan en multitud de ciudades y ueblos del País.

En todo caso esperemos que el 26 por la noche no nos quede a alguno la sensación de que exista el voto inútil.

Un saludo.

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