La batalla Valenciana

Blog de Adolf Beltrán desde la Comunidad Valenciana

Sobre el blog

El atractivo de la batalla valenciana del 27m reside en que la izquierda disputa al PP una pieza clave del tablero autonómico. Además, ofrece el morbo del duelo entre Rita Barberá y Carmen Alborch por la alcaldía de Valencia.

Autores

Adolf Beltran (Valencia, 1958), debido a su trabajo en la redacción de El País, lleva años observando con atención la realidad valenciana. Aunque ha escrito novelas (Les llunes de Russafa), ensayos (Els temps moderns. Societat valenciana i cultura de masses al segle XX) y libros de reportaje, la suya es fundamentalmente la mirada de un periodista, oficio que ejerce desde mediados de los años ochenta.

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28 mayo, 2007 - 10:55 - EL PAÍS

Goleada final

El 27 de mayo deparó lo que, en términos futbolísticos, puede calificarse como una goleada antológica. Como indicaba la encuesta del CIS, al final no hubo pelea; apenas la resitencia de Etelvina Andreu en Alicante frente al alcalde Luis Díaz Alperi (a quien tuvo a tiro en todo momento) y el ascenso de Juan Maria Calles en Castellón, insuficiente para derrotar a Alberto Fabra porque el Bloc perdió uno de sus dos concejales. Tampoco el nuevo estilo de Carmen Alborch consiguió hacer mella en Valencia a una alcaldesa Rita Barberá que desbordó sus mejores registros. La derecha aguantó la endeble ofensiva de la izquierda y goleó sin contemplaciones. Ni corrupción, ni urbanismo salvaje, ni nada de nada. Una mayoría social muy amplia se movilizó en bloque y dio un salvoconducto indiscutible a la política, prepotente y demagógica pero también muy contundente y efectiva, de los populares valencianos.

Francisco Camps obtuvo los mejores resultados en 25 años de historia autonómica. Superó, incluso, los niveles de voto de 1983, cuando Joan Lerma ganó las primeras elecciones a la Generalitat en el momento en que el PSOE cabalgaba la cresta de la ola del cambio. El PSPV de Joan Ignasi Pla, incapaz de hacer frente a la agresividad y la falta de complejos del PP en la defensa pública de sus propuestas, ha quedado aniquilado en la brega. Su liderazgo está hecho añicos y la estructura de la organización pide una completa reforma de caras, programas, actitudes e ideas.

La coalición Compromís pel País Valencià, por otro lado, que era la gran esperanza de la izquierda para arañar la mayoría absoluta al PP, no dio la talla. Especialmente grave es la situación para uno de sus componentes, Esquerra Unida, que ha perdido su representación municipal en todas las capitales de provincia. La utilización del debate sobre la negociación del acuerdo electoral con el Bloc para ventilar la lucha de poder interna, que ganó Glòria Marcos con muchas víctimas, y la incapacidad de trasladar al ámbito municipal el pacto han pasado una factura importante. No tanto al Bloc, que entra en las Cortes y, aunque ha visto mermada su presencia en algún ayuntamiento, conserva casi intacto su poder municipal (hoy los nacionalistas son, sin lugar a dudas, la tercera fuerza política valenciana en ese ámbito).

Como vaticinó el periodista Ximo Ferrandis en un libro, L'esquerra al sofà (editorial Bromera), que la mayoría de los dirigentes valencianos se ve que no han leído, "las tres legislaturas de gobierno del PP en el País Valenciano (además de los cuatro mandatos consecutivos en ciudades clave como Valencia y los dos en España) han dado tiempo a la izquierda para sentarse en el sofá y repensarse. A veces con propuestas que se adelantaban a su tiempo y otras, la mayoría, con iniciativas que llegaban tarde a demandas de la sociedad. Unas asincronías que han sido provocadas, casi siempre, por una visión excesivamente orgánica de la política, demasiado pendiente de las luchas internas de los partidos, y por la incapacidad para conectar con las principales inquietudes de la ciudadanía". Concluía Ferrandis en su ensayo que el 27 de mayo de 2007 marcaría la continuidad o el cambio de un escenario político que va más allá de la Comunidad Autónoma Valenciana, "un escenario en el que la izquierda que conocemos estará obligada a reinventarse".

Al final, el PP conserva una de sus piezas más valiosas, junto a Madrid, en el tablero autonómico, lo que dibuja un panorama reñido entre Rodríguez Zapatero y Rajoy para las próximas elecciones generales.

26 mayo, 2007 - 00:51 - EL PAÍS

Votar importa

Hoy, víspera electoral, conviene dedicar unos minutos a releer los manuales. Por ejemplo, los libros de Robert Dahl, que ha constatado los límites de la democracia pluralista al destacar que contiene un conjunto de centros de poder y de autoridad no siempre controlados por la ciudadanía. Por ello la noción de democracia no asume fácilmente "la frecuente pasividad, desinterés o desconocimiento de muchos votantes ante la esfera de la política, amén de la existencia de numerosos ciudadanos que no votan".

Y el caso es que las elecciones democráticas tienen unos objetivos bien relevantes, como "producir representación -trasladando a las instancias políticas una muestra de las demandas y expectativas sociales-, producir gobierno -seleccionando a quienes dispondrán de capacidad para intervenir coactivamente en la regulación de los conflictos sociales-, y, finalmente, producir legitimidad -haciendo aceptable para la comunidad ciudadana esta intervención coactiva" (Diccionario de Sociología, Salvador Giner, Emilio Lamo de Espinosa y Cristóbal Torres, eds.).

Por tanto, uno puede tener dudas sobre la opción a la que debe prestar su apoyo, incluso sobre la conveniencia de hacer un voto estratégico o sincero, pero debe saber que "el voto, como mecanismo de participación política es la actividad más generalizada entre los ciudadanos, la que menos iniciativa requiere y la que comunica una menor información específica sobre sus preferencias. En cambio, el impacto de los resultados electorales en la selección de los líderes partidistas y en el contendio de las políticas públicas proporciona al voto una importancia difícilmente exagerable".

Pues eso, que votar es un ejercicio de ciudadanía tan imperfecto como imprescindible.

25 mayo, 2007 - 10:21 - EL PAÍS

La desaladora como emblema

Son buenas para suministrar agua a los ciudadanos de Baleares y de Canarias, a poblaciones del litoral valenciano como Xàbia y a macrourbanizaciones como Marina d'Or, pero resultan completamente contraproducentes si han de reemplazar los aportes que preveía el trasvase del Ebro. El discurso del Gobierno de Francisco Camps en materia de política hídrica ha sido así de incoherente toda la legislatura. Y el PP valenciano le ha extraído todo el jugo a un planteamiento tan demagógico en defensa de la política que en su día trató de sacar adelante el Ejecutivo de José María Aznar, con España dividida en dos mitades.

Por eso tenía ayer un contenido simbólico la visita de Adrián Baltanás, director general de la empresa pública Acuamed, a las obras de la planta desalinizadora de Torrevieja, que ha de suministrar, a partir de 2008, entre 80 y 120 hectómetros cúbicos anuales para dos millones y medio de ciudadanos y unos 65.000 agricultores. El Gobierno de Rodríguez Zapatero y singularmente la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, han tenido que recurrir al Tribunal Constitucional para superar las trabas (barrera quitamiedos incluida, en la carretera, para impedir el acceso de camiones a la construcción) que ha puesto el Consell a ese proyecto del programa Agua. Esta semana, la Unión Europea ha rechazado el recurso que pretendía paralizar la obra por sus efectos ambientales presentado por el Gobierno de Camps y ha ratificado que la desaladora recibirá fondos comunitarios (cosa que no logró, por cierto, el derogado proyecto del trasvase del Ebro).

A un paso de las elecciones, pues, la encarnizada batalla planteada por los populares a propósito de la política hidrológica (¿se acuerdan de aquella macroconcentración en Valencia, con paella gratuita y abundantes fondos públicos, bajo el lema "Agua para todos"?) se dehincha. Como escribe hoy Sara Velert en El País, La guerra del Ebro hace aguas.

Hay muchos argumentos para oponerse a esas grandes obras de ingeniería que son los trasvases. La nueva cultura del agua hace tiempo que camina en sentido contrario (también en Europa), apoyada en las nuevas tecnologías de reutilización, depuración, desalación y, sobre todo, racionalización y ahorro. El patriotismo hídrico ha sido siempre una lacra de peligrosa utilización política. Curiosamente, a los nacionalistas de Convergència i Unió el apoyo inicial al trasvase del Ebro les acabó costando, en buena medida, el poder en Cataluña. El PP valenciano no ha dudado, en cambio, en radicalizar hasta lo absurdo su manejo porque eso le permitía reforzar su poder autonómico, con una altanera sacralización de todo (hasta del trasvase interno valenciano entre el Júcar y el Vinalopó, cuya modificación en el trazado ha anatemizado sin piedad el partido de Camps). Desde luego, la moderación y el sentido común encuentran poco oxígeno en políticas tan enfáticas.

24 mayo, 2007 - 01:03 - EL PAÍS

¡Oh! ¡Dios mío! ¡Han matado a Kenny!

No me viene a la cabeza ningún valenciano a quien no guste la mascletà, esa exhibición tremenda de ruido y pólvora. Puede decirse que es uno de los escasos elementos de consenso de que disponemos. Pues bien, la campaña electoral se parece a una mascletà. Y ya ha entrado en su fase final, también conocida como "bombardeo". El ruido ensordecedor de los partidos y coaliciones quemando los últimos petardos hace imposible distinguir nada. Por tanto, sólo queda esperar a que llegue la carcasa final y suenen, al fin, los aplausos para el pirotécnico.

Sin embargo, hay rincones recónditos donde el estrépito de la pólvora gruesa todavía no impide distinguir músicas y colores. Por ejemplo, en Internet. Hasta aquí no han llegado las limitaciones que impone la junta electoral y en el ciberespacio se despliega, además de una cantidad ingente de basura completamente prescindible, cierta variedad de formas de crítica y de contestación, de expresiones imaginativas orientadas a la protesta o la polémica. Malva-rosa Connnection, un blog crítico y perspicaz sobre la actualidad valenciana, apunta que la creatividad audiovisual ha demostrado un nivel sorprendente en este periodo preelectoral, y pone como ejemplo uno de tantos vídeos colgados en YouTube. Se titula East Park , es militantemente anti-PP y utiliza evidentes referencias a South Park para caricaturizar a Bernie Ecclestone y su Fórmula 1, Rita Barberá, Francisco Camps y quien se ponga por delante. La banda sonora, en un estilo inefable de cachondeo sarcástico, revela bastante talento humorístico.

El del humor es un asunto clave. Pese a la fama de ingeniosos y de excepcionalmente dotados para la sátira que el tópico de las Fallas nos adjudica, en nuestra vida colectiva conformamos los valencianos una sociedad muy quisquillosa y controlada, llena de tabúes y de sacralizaciones. ¿Quién puede imaginarse en nuestra televisión autonómica Canal 9 programas de coña tan ácidos y contudentes con los políticos y los gobernantes como Las noticias del Guiñol, de Cuatro y de Canal +, o como Polònia, el espacio que presenta y dirige Toni Soler en la televisión de Cataluña TV3? Estoy convencido de que no poder reírnos de nuestros personajes públicos nos convierte, a los valencianos, en seres estreñidos e irritables, un tanto acomplejados. Por eso, poner en antena un programa de humor sin cortapisas ni censuras debería ser una de las propuestas principales para Canal 9.Southpark Por higiene pública, más que nada.

Imagino con dificultad, en la línea del vídeo de animación del que he hablado antes, un South Park valenciano. Y eso que la serie más gamberra y políticamente incorrecta de dibujos animados de la historia de la tele ofrece un buen filón. ¿Quién sería Kenny Mccormick, que siempre se está muriendo? ¿Quién haría de Stanley Marsh para exclamar, invariablemente "¡Oh! ¿Dios mío! ¡Han matado a Kenny!"? ¿Quién podría pasar razonablemente por Eric Cartman o por Kyle Brofslovsky? Tal vez la crudeza de la serie, -que crearon, por cierto, a principios de los noventa, dos estudiantes de Colorado al hacer un humilde corto navideño del todo irreverente-, fuera demasiado para una escena política e institucional tan beata y sobreprotegida como la valenciana. ¿Y unas bromas a lo Andreu Buenafuente? 

23 mayo, 2007 - 01:34 - EL PAÍS

La batalla de la agenda

Hay una escena de la famosa película de Alan Pakula Todos los hombres del presidente en la que Bernstein y Woodward, representados por Robert Redford y Dustin Hoffman, escriben frenéticamente en la redacción del Washington Post nuevas revelaciones sobre el caso Watergate mientras la televisión retransmite la ceremonia de toma de posesión de Nixon, acabado de reelegir. Pocas imágenes expresan con mayor eficacia la diferencia entre la agenda electoral y la agenda de la opinión pública cuando experimentan graves contradicciones.

¿Quién establece hoy la agenda electoral? ¿Y en qué se parece a la agenda hipotética de las preocupaciones ciudadanas? No me refiero, es obvio, al calendario de mítines y actividades sino a los asuntos que ocupan el centro de atención. Soledad Gallego Díaz escribe hoy en El País que el PP ha centrado en el terrorismo su campaña y que los socialistas han ensayado varios temas. Es verdad. ¿Y qué tiene que ver ese debate con los gobiernos autonómicos y municipales?

Con la mirada puesta en las próximas elecciones generales, los populares tensan en estos comicios de menor nivel la cuerda de su oposición desmesurada a Zapatero en el terreno de la política democrática frente la violencia en el País Vasco. El ex presidente Aznar, tan desmelenado desde que la foto de las Azores descompuso su figura de estadista, llegó a decir ayer que cada voto que no vaya al PP contribuirá a la presencia institucional del terrorismo.

Las exageraciones van que vuelan y la línea dura de choque de la derecha las convierte en el lenguaje cotidiano de una oposición hiperbólica. Pero también el PP reina en algunos sitios, como en las instituciones valencianas, y aquí el catastrofismo tiene perfiles de prepotencia gubernamental. Bien remojados por un chaparrón a media tarde, los populares celebraron con Rajoy un acto multitudinario en la plaza de toros de Valencia e insistieron en viejos argumentos de supuestas traiciones a una identidad enfática (de la que se consideran guardianes en exclusiva) y de un anticatalanismo grosero (el más viejo y sobado de los recursos de la reacción indígena). El objetivo es nítido: que ni un voto de los sectores más ultras del cuerpo electoral se escape de la enorme fuerza gravitatoria de su partido. ¿Se puede llamar a eso marcar la agenda o es más bien un institivo mecanismo para delimitar el territorio propio?

Por la izquierda, la insistencia creciente en los casos de corrupción que afean desde hace tiempo al partido de Francisco Camps se ha redoblado, con Carlos Fabra y su segundo, Francisco Martínez, en el centro de la diana. Ambos, el presidente y el vicepresidente de la Diputación de Castellón, que se han enriquecido de forma asombrosa en el ejercicio de sus cargos, estaban sentados en el albero de la plaza de la calle de Xàtiva con sus chubasqueros puestos, acompañados de otros como Luis Díaz Alperi y Alfonso Rus bajo los paraguas.

Mucho ruido, por tanto, en el ambiente de campaña y muy poca atención a otros aspectos, más domésticos o más abstractos, que tienen que ver con la estructura territorial del poder en España y con su eficiencia doméstica, desde la necesaria asunción de competencias en materia de política económica y bienestar social por parte de los ayuntamientos hasta a la suciedad recurrente de ciertas calles alejadas del centro (hay un blog de título muy expresivo sobre el acuciante problema de los excrementos caninos en las aceras de la capital que no me resisto a citar: Valencia es un cagadero).

Así las cosas, la campaña entra en su recta final y en el sprint se pierden los pocos matices que la han adornado. Al fin y al cabo, la agenda pública es un bloc de notas en el que todos intentan escribir, pero la agenda electoral, como se ha visto, suele convertirse en un cuaderno lleno de tachaduras. Ese es el nivel.

22 mayo, 2007 - 03:02 - EL PAÍS

La decadencia del voto útil

Las elecciones del próximo domingo, por lo que se refiere a los valencianos, van a ser sin duda las más "útiles" de la democracia; al menos en términos de representación del voto realmente ejercido (siempre queda la incógnita de las abstención, que otorga mayor o menor legitimidad a los comicios). Esta vez encontrará acomodo en el Parlamento autonómico el abanico más amplio de voluntades. Sólo hay que comparar lo ocurrido hace cuatro años con lo que aventuran las encuestas y con lo que, razonablemente, se puede esperar.

En 2003, un 89,9% de los votantes vieron representadas las siglas de su elección en las Cortes Valencianas que surgieron de las elecciones. Quedó fuera un 9,1% (al margen de los votos en blanco y nulos), con el singular caso del Bloc, que no obtuvo escaños pese a sus 114.122 sufragios (4,8%) como consecuencia de la barrera del 5% exigida para acceder a la representación. Ahora, para el 27-M, los sondeos oscilan en sus previsiones entre un 93,5% y un 97,5% de voto que se traduciría en presencia parlamentaria, lo que reduce el espacio extraparlamentario a porcentajes mínimos, entre el 2,5% y el 6,5% de los votantes.

Esa nueva aritmética electoral viene generada por dos causas fundamentales. De un lado, el enorme apoyo de la derecha, en todos sus matices, que ha conseguido aglutinar el PP y que, de acuerdo con las previsiones, podrá mantener. De otro lado, por la constitución de la coalición Compromís pel País Valencià, que suma en el cómputo los apoyos electorales del Bloc, desperdiciados en tantas convocatorias anteriores. Se trata de una novedad aritmética que influirá sobre los resultados pero que ya repercute en la textura misma de la campaña porque, aquí y ahora, prácticamente todos los votos serán útiles. Será útil para la derecha votar al PP y será igualmente útil para la izquierda votar al PSPV o a Compromís. De ahí que haya perdido su antigua virtualidad la polémica sobre el "voto útil" entre las formaciones grandes y las minoritarias.Corts3

Hoy por hoy, la utilidad que se arrogan los candidatos, por tanto, se centra en sus objetivos políticos. Francisco Camps proclama que votarle permitirá a los valencianos seguir por las senda de la felicidad. Joan Ignasi Pla explica que apoyarle propiciará el cambio de la actual política de gestos y falsedades. Glòria Marcos, en fin, alega que sus votos serán imprescindibles para desalojar a los conservadores del poder. Pero todos esos argumentos no son otra cosa que una expresión coherente de sus opciones.

La decadencia del voto útil como instrumento dialéctico para arañar sufragios a los partidos pequeños abre una expectativa de gran concentración y de gran polarización en el arco parlamentario. Una concentración y una polarización que, paradójicamente, no empobrecerán el colorido de un hemiciclo donde, sea como sea, habrá más partidos representados que en la legislatura que se acaba (sin llegar a la marca de otros tiempos, cuando llegaron a sentarse en los escaños diputados del PSPV-PSOE, el PP, Esquerra Unida, Unitat del Poble Valencià, Unión Valenciana y el CDS). La democracia, pese a los obstáculos, tiene esas cosas. Tal vez estemos ante un síntoma de maduración de nuestro sistema de partidos, tal vez ante un nuevo periodo en el que la cultura de la negociación y el pacto diluya, poco a poco, las rigideces y los sectarismos. Tal vez haya llegado la hora de la política. ¿Quién sabe?

18 mayo, 2007 - 01:28 - EL PAÍS

Partidos en el tercer entorno

Apenas había concluido el mitin de Zapatero, anoche, en el pabellón Pitiu Rochel, de Alicante, donde el presidente (que parece dispuesto a multiplicar sus esfuerzos en territorio valenciano) arremetió contra la corrupción urbanística y los "patriotas" que destrozan las ciudades, antes de apoyar con calor a la candidata socialista a la alcaldía, Etelvina Andreu, cuando la foto del acto ya estaba colgada en la página web del PSPV.PSOE. La agilidad del "tercer entorno", como bautizó Javier Echevarría el nuevo mundo que ha creado la red, permite a los partidos toda una gama de formas de difundir sus mensajes que tratan de utilizar con más o menos acierto y, en general, no demasiada imaginación.

Explorar los sitios de las diversas formaciones es descubrir, intuitivamente, un poco su idiosincrasia, que es algo más profundo que su ideología o sus programas. La de los socialistas valencianos, por ejemplo, es una página en tonos rojo y azul suaves que ofrece noticias de la campaña y vínculos a la página orgánica del partido, a su actividad institucional y, destacado con gran relieve, al sitio de su candidato, Joan Ignasi Pla, donde un vídeo trata de explotar los perfiles humanos de un personaje alejado del glamour de la candidata a la alcaldía de Valencia, Carmen Alborch, cuya web, en los mismos tonos sobrios del partido, contrasta con el colorido y la modernidad del sitio de su plataforma de apoyo, Si Tu Vols, un lugar de internet que revela cómo ha reclutado entre sus voluntarios a gentes del diseño y la cultura gráfica.

La página del PP de la Comunidad Valenciana, en tonos azul y naranja fuertes, sorprende al visitante por dos cosas. De un lado, por la fotografía que, a modo de cabecera, presenta a Francisco Camps con Rita Barberá y algunos de sus colaboradores bajo el lema "molt ben fet", muy adecuado al énfasis triunfalista de su campaña, y de otro lado, por la proliferación de mensajes y fotografías protagonizadas por los dos principales dirigentes de la "cocina" de la organización, Adela Pedrosa y Ricardo Costa, como si quisieran dejar claro que ese es todavía el dominio del "aparato". Hay también un vínculo a la página del candidato Camps que, sintomáticamente, resalta su imagen junto a la de presidente nacional del PP, Mariano Rajoy, en un claro mensaje de que los dos trabajan codo con codo por España. El visitante no podrá encontrar referencia alguna a Eduardo Zaplana, que fue tan importante y se ha convertido en el gran ausente de este periodo electoral.

La coalición Compromís pel País Valencià tiene una web de tonos rojos donde se amontonan las cosas con una cierta improvisación, como ocurre en la propia plataforma política que se asoma al ciberespacio a través de ella. Más coherentes son las webs de las dos formaciones principales que la integran: Esquerra Unida, cuya web revela enseguida su condición de madre originaria de la anterior, no demasiado atractiva, y la del Bloc, la más moderna de las webs de los partidos que entrarán el 27 de mayo en las Cortes valencianas, en la que destacan algunos vídeos de animación muy conseguidos.

De todas maneras, la chispa de la campaña, las consideraciones ingeniosas, los debates acalorados y las aportaciones más o menos brillantes circulan por una constelación de portales, sitios, foros y blogs alejados de las rigideces que establece el marco orgánico de los partidos. Como en la vida real, para la world wide web que Tim Berners-Lee desarrolló hace tres décadas en el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN) de Ginebra, también vale aquello de que "la verdad está ahí fuera".

17 mayo, 2007 - 00:48 - EL PAÍS

'Too much, too much'

¡Oiga! ¡Increíble! El Ayuntamiento de Valencia cede súbitamente, en medio de la campaña electoral, todas sus competencias en cuanto a la ordenación de actividades y la concesión de licencias en la ciudad al Gobierno de Rodríguez Zapatero o, más concretamente, a su ministro Joan Clos (que, para más inri, es catalán, el hombre). ¡Como lo oye! Según la alcaldesa Barberá, la culpa de que en el barrio de Patraix funcione la subestación eléctrica que sufrió el martes una explosión y soliviantó a unos vecinos bastante escaldados es del Ministerio de Industria. La secretaria general del PP valenciano, Adela Pedrosa, lo ha explicado bien clarito (me encantan sus notas de prensa, he de reconocerlo): "Pla tendrá que comer rabos de pasas para recuperar la memoria que ha perdido definitivamente, ya que el propio ministerio, tras una pregunta realizada en las Cortes, recordó que la autorización es totalmente válida salvo que sea anulada por sentencia judicial".

Too much, too much hypocrisy...

El alcalde de Alicante, arrebatado por la indignación, le montó un pollo a Carles Francino porque en su Hoy por hoy de la cadena SER, que emitió en directo desde la ciudad, había comentado que Luis Díaz Alperi está imputado por dos supuestos delitos.

Too much, too much morality...

La juez de Nules ha ordenado que se investiguen las cuentas, las tarjetas de crédito y las cajas de seguridad de Carlos Fabra y toda su familia. Al mismo tiempo, ha indicado que se remitan los cuestionarios correspondientes a tres ex ministros del Gobierno de Aznar que tienen algo que decir sobre las "gestiones" del presidente de la Diputación de Castellón para agilizar autorizaciones de productos fitosanitarios por las que, según la acusación, supuestamente cobraba de las empresas.

Too much, too much promiscuity...

La Generalitat anuncia que el Consell que preside Camps aprobará de inmediato el pago de las indemnizaciones a las víctimas contagiadas de hepatitis C por el anestesista Juan Maeso. Llevan una década sin ver un euro (cuatro se han muerto por el camino) y el fiscal que ha llevado el caso, Javier Carceller, declara en El País que la Consejería de Sanidad, si hubiera actuado a tiempo ante las irregularidades detectadas en el frenético encadenamiento de intervenciones que desplegaba el médico en hospitales públicos y privados, habría evitado una buena parte de los contagios.

Lo canta Manu Chao: "Too much, too much hypocrisy, can drive to calamity...".

16 mayo, 2007 - 00:57 - EL PAÍS

Matrix en Burjassot

"Ha tenido que ocurrir esto para que Canal 9 envíe aquí sus cámaras", clamaba ayer por la mañana un vecino del barrio de Patraix en Valencia, donde una explosión en el interior de la subestación eléctrica inaugurada hace sólo seis meses sobresaltó a la gente. Se refería a que hace mucho tiempo que hay manifestaciones en el barrio contra la instalación eléctrica y la televisión autonómica nunca se había dado hasta ahora por enterada (a causa de ello y de la acumulación de equipamientos poco agradables en ese espacio del sur de la ciudad de Valencia, me cuesta entender que el ayuntamiento goce de apoyo popular en la zona -sólo hay que recorrer el tramo entre el cementerio y la estación del metro de Jesús para echarse las manos a la cabeza sobre el caos en que puede convertirse un distrito completo de una ciudad que dice ser "referencia mundial" de no sé cuantas cosas).

Así empezaba el día, con la noticia de la condena a 2.000 años de cárcel de un anestesista que contagió la hepatitis C a 275 personas en hospitales de esa "envidia del mundo" que dirige la señora Barberá y con el clamor del vecindario de Patraix contra una instalación a la que se han opuesto los vecinos con determinación y les han impuesto con el argumento de que era supuestamente inocua (hasta que ha explotado algo en sus entrañas).

Por la noche, el simulacro en Canal 9 ofreció un ejemplo de lo que entiende hoy el poder autonómico por discusión democrática. Francisco Camps (PP), Joan Ignasi Pla (PSPV-PSOE) y Glòria Marcos (Compromís pel País Valencià) enlazaron una colección de monólogos (el formato estaba deliberadamente organizado deCamps  esa manera) donde las alusiones estaban limitadas para evitar, supongo, que ningún golpe dialéctico magullara la bronceada mandíbula del president. Aun así, quedó claro que él vive en un país luminoso y radiante (dijo que de pequeño vivió en el triste, gris y mediocre ambiente de la época socialista, y no seré quien le desmienta, aunque me atrevo a apuntar que una buena parte de sus potenciales votantes apoyaron aquel proyecto "fundacional" de la autonomía que nos sacó del provincianismo más paupérrimo), mientras Pla le recriminaba todas la mentiras, las trampas y las ficciones y Marcos destapaba una y otra vez la hedionda caja de la corrupción y los abusos.

Fue curioso. Por unos instantes, desde el centro de producción de programas de Canal 9 en Burjassot saltaron a las ondas unas interferencias que desdibujaron la postal idílica. Los espectadores más acérrimos de la televisión pública valenciana debieron sentir un leve destello de perplejidad ante unas cosas de las que nunca han visto imágenes ni han oído hablar en los informativos, como si se desprogramara fugazmente una simulación, una realidad artificialmente creada. Se abrió, de repente, una brecha en el paraíso catódico. Desde luego estáMotes  claro que Joan Ignasi Pla no es Keanu Reeves (el Neo de la película), que Glòria Marcos no es Carrie-Anne Moss (la Trinity valerosa), pero tuve mis dudas sobre el papel del agente Smith y no sabría decir si, en el Matrix televisivo, Francisco Camps se parecía a Hugo Wearing o el papel correspondía a Lluís Motes, moderador superfluo de un debate sin debate.

15 mayo, 2007 - 00:29 - EL PAÍS

La despolitización de la política

Ayer quedó vacío el sitio de Rita Barberá en el debate de la Cadena SER sobre la ciudad de Valencia. Con Carmen Alborch, la candidata socialista, y Amadeu Sanchis, el candidato de Esquerra Unida (en las tres capitales valencianas la coalición Compromís pel País Valencià no se presenta y el Bloc lo hace en la lista del PSPV en Valencia) sentados en el estudio, el periodista Bernardo Guzmán atribuyó al miedo su ausencia y recordó muy oportunamente a la alcaldesa afirmaciones anteriores en las que defendió con ardor la bondad del contraste de ideas y programas.

Tampoco el presidente Francisco Camps se ha prestado al contraste de opiniones. Por lo visto, esta campaña sólo nos deparará (hoy mismo en Canal 9), un simulacro de discusión política pautado y sin réplicas entre los aspirantes a la Generalitat (mañana, entre los candidatos a la alcaldía). Si tenemos en cuenta que hace meses que Camps no se deja preguntar por los periodistas en la mayoría de los actos en los que comparece, no es exagerado decir que algo sustancial se está hurtando a la opinión pública.

Ya dejó claro en su día Hannah Arendt, esa filósofa cuyo pensamiento no hace más que revalorizarse en los últimos tiempos, que el espacio público, ámbito de realización de la ciudadanía, no tiene sentido sin deliberación, sin confrontación de posturas y propuestas. De alguna manera, asistimos a un proceso inexorable de despolitización de la política. Los dirigentes del PP rehuyen el cara a cara y se agazapan tras la propaganda oficialista, el mensaje de partido y la nota de réplica (normalmente muy burda, como demuestran a diario Adela Pedrosa y Ricardo Costa, secretaria y vicesecretario regionales de los populares) para preservar su hegemonía.

Anida en esa actitud una descalificación del adversario, la laminación de los actores políticos y sociales discrepantes, lo que contribuye a apuntalar ese maniqueísmo que niega a los "otros" cualquier legitimidad (es importante observar la creciente tendencia de la derecha a tratar como valencianos imperfectos o inauténticos a quienes contradicen, o sencillamente no comparten, sus principios).

Si insertamos esta tendencia en el viciado panorama de los medios de comunicación autóctonos, más que de un empobrecimiento, estaremos hablando de un expolio. No es un tema menor. Aunque las elecciones lo acentúan con toda su gravedad, infecta desde hace tiempo el funcionamiento cotidiano de nuestra vida pública.

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