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Lola Huete Machado

"¿Cómo es aquello? ¿Cómo es realmente África?"

Por: | 05 de enero de 2012

Cuando llegas a España tras pasar por primera vez una temporada en el África subsahariana, los amigos siempre se te quedan mirando como evaluándote y luego te preguntan: "Bueno… ¿y cómo es aquello? ¿Cómo es realmente África?"

Es una cuestión demasiado amplia, claro. África es un continente enorme en todos los sentidos -como precisamente decimos en la introducción a este blog-, más grande que Europa y con una mayor diversidad cultural y lingüística, por compararlos de alguna forma. Es como si -por ejemplo- quisiéramos que alguien que vuelve de Corea del Sur nos hablara de toda Asia. O mejor, como si un keniano le preguntara sobre Europa a otro que sólo ha estado en Finlandia y esperara que éste le hablara también de España, Grecia y Reino Unido y de toda Europa.

Pero uno de los lugares que yo sí puedo describir es Nairobi, la capital de Kenia y, con unos tres millones de habitantes, la mayor ciudad y centro económico y comercial de toda el África oriental.

Algo que suele sorprender a los que vienen por primera vez es el centro de Nairobi. Está coronado por varios rascacielos, algunos con nombres de bancos, y a su alrededor crecen cada vez más edificios modernos llenos de oficinas acristaladas. Hoteles con nombres históricos compiten por los turistas y hombres y mujeres de negocios que visitan la ciudad: Hilton, Sheraton, Intercontinental… Las calles y avenidas del centro financiero están absolutamente repletas de gente a todas horas durante el horario laboral. Y es el mismo tipo de gente que uno se encontraría en la misma parte de la ciudad en Madrid, Londres o París. Son hombres y mujeres -en buena parte jóvenes- que caminan rápidos y decididos, enfundados en trajes, en una mano el maletín y junto a la oreja la BlackBerry o el smartphone o el ‘manos libres’ o los auriculares del mp3 o el dispositivo Bluetooth. Esta parte del centro de Nairobi no desentonaría en cualquier país occidental. Quizá mucha gente no pensaría precisamente en Nairobi al ver una fotografía de su 'skyline', del perfil de sus edificios recortados contra el horizonte.

Nairobi_skyline

Parte del centro de Nairobi durante la noche (imagen en el dominio público)

Si acaso, lo que podría llamar la atención si el centro de Nairobi se encontrara en una ciudad europea sería el tráfico. Asombra el número de personas que recorren sus aceras pero asusta más la cantidad de vehículos que se pelean por sus calles. Un reguero interminable de coches nuevos y muy viejos, ruidosos 'matatus' (furgonetas que hacen de minibuses) y autobuses enormes y desvencijados, de los que en ocasiones aún hay quien baja o sube en marcha. Por suerte, en Nairobi hay casi más árboles que personas y en el centro hay dos grandes espacios verdes, el Uhuru Park (Parque de la Libertad) y el Central Park. De lo contrario, y debido a los humos de los taxis y coches ajados y de los matatus y de los buses, sencillamente no se podría respirar.

Aunque otra cosa: el clima aquí es casi perfecto. Templado todo el año, no llega a hacer demasiado calor ni frío. Los pocos cambios vienen dados por las dos temporadas de lluvias, más o menos entre marzo y mayo y luego entre octubre y diciembre. Y como la ciudad está muy cerca del ecuador, amanece y anochece a la misma hora durante todo el año: se hace de día sobre las 6.00 de la mañana y anochece entre las 18.30 y las 19.00 de la tarde.

Nairobi sigue teniendo mal nombre y una mala fama de ciudad peligrosa. Claro que hay partes de ella que conviene evitar, sobre todo por la noche, pero lo mismo ocurre en Madrid, Londres o París o en cualquier otra gran ciudad. Y quizá también haya quien tema extrañas enfermedades tropicales que acechan. Pero tampoco sueler ser el caso y, por ejemplo, en Nairobi no hay malaria. Lo que es realmente peligroso, insisto, es el tráfico. Algunos de los del centro son los únicos semáforos que la gente suele respetar pero incluso ahí y sobre todo más allá, el tráfico es una jungla en la que rige la ley del más fuerte o del más temerario. Las vías de varios carriles y las rotondas son circuitos de competición. Por la noche la iluminación es mínima o nula fuera del centro y la mayoría de las calles están aderezadas con agujeros y baches de los que el ayuntamiento parece estar orgulloso, ya que lleva años sin repararlos.

Eso sí, en los últimos meses Nairobi ha iniciado un ambicioso plan de desarrollo de su red de calles y carreteras y varias circunvalaciones y pasos elevados están alzándose -o ya lo han hecho- alrededor del centro y a las afueras para intentar aliviar los embotellamientos y evitar que los camiones de mercancías tengan que atravesar la ciudad.

También es cierto que el centro no es todo rascacielos de cristal y jóvenes trajeados con iPhones. Tom Mboya Street, que corre paralela a Moi Avenue hacia el oeste pero aún en el mismo centro, ya muestra otra cara más desaliñada, más ruidosa, más sucia también, en la que los edificios son viejos y más bajos y albergan tiendecillas y puestos en los que es posible comprar casi de todo. Esta cara es más bulliciosa y aglutina aun a más gente; a primera vista puede parecer algo amenazante, pero también es más viva y sus habitantes más cercanos.

River_road
River Road, parte del 'otro' centro de Nairobi (Foto: Matthias Kihr / Flickr)

Más allá del centro, los suburbios de Nairobi hacia el norte, el sur y el oeste parecen otra urbe. Situados en colinas verdes y boscosas, al norte se encuentran Muthaiga, Gigiri (donde está la sede de Naciones Unidas), Spring Valley… Aquí, alrededor de calles tranquilas y poco transitadas, se alzan mansiones de ensueño rodeadas de extensos jardines y ocultas tras muros con alambradas eléctricas, portones y guardas de seguridad. Aquí residen embajadores y representantes de los numerosos cuerpos diplomáticos. Y también altos y bajos cargos de agencias y programas de Naciones Unidas y de ONGs, kenianos y extranjeros. Hay periodistas que ya llevan cierto tiempo y tienen un sueldo respetable o que han dado el salto al otro lado y ahora trabajan en las relaciones públicas de las mismas agencias y programas de Naciones Unidas y de ONGs. Y kenianos adinerados, normalmente políticos o grandes empresarios.

Gigiri
Vista de Gigiri desde oficinas de la ONU (Foto: Thomas Stellmach / Flickr)

Al oeste se encuentran Lavington, bonito y rico y con grandes casas pero no tanto, y Kileleshwa, más 'popular', donde edificios y urbanizaciones de buen nivel son más comunes y donde encuentra acomodo la clase media-alta keniana.

Al suroeste, más lejos y por las prototípicas praderas africanas se extiende el suburbio de Karen, donde vivió Karen Blixen -autora del libro Memorias de África-. Aquí las propiedades suelen ser vastas fincas o granjas que pertenecieron o pertenecen a familias británicas y europeas de la época colonial. Muchas hoy se han reconvertido en restaurantes, hoteles o mansiones.

Sin embargo, y además del mal estado de muchas calles, la gente acomodada tampoco puede escapar de algunos de los problemas de Nairobi. Los cortes de luz son muy comunes y, según zonas, pueden durar varias horas y ocurrir varias veces por semana. Olvídate, entre otras cosas, de tener comida congelada, a no ser que tu casa o tu finca cuenten con un generador propio (algo, por cierto común a la mayoría de países africanos, ver la entrada de Cheihk Séne). Y asegúrate de que el ordenador esté siempre con la batería al máximo si eres de los que lo necesitas para trabajar. Además, los cambios en la tensión y las sobrecargas cuando vuelve la electricidad pueden acabar quemando cualquier aparato eléctrico. También, la presión del agua es muchas veces débil o puede simplemente desaparecer. Entre una cosa y otra, muchas viviendas no pueden tener lavadoras y son las mujeres de la limpieza las que lavan a mano la ropa de quienes tienen dinero.

Otro de los rasgos definitivos de Nairobi son sus centros comerciales. Westgate, Sarit Centre, Yaya Centre, Village Market, The Junction… son algunos de los grandes establecimientos repartidos por los suburbios de la ciudad. Los que se lo pueden permitir acuden aquí a comprar, comer y cenar, tomar café y ver películas. En sus cafeterías, que suelen ofrecer internet gratis, son cada vez más raros los clientes que no juguetean o trabajan con su portátil, iPad o iPhone u otro smartphone.

Las facilidades y ofertas de entretenimiento de estos centros conllevan a veces que haya gente, sobre todo extranjeros con grandes ingresos pero también kenianos de clase alta, que acaban yendo de casa al trabajo y al centro comercial y apenas pisan otras partes de la ciudad.

Pero si hubiera que describir Nairobi en una o dos palabras, éstas serían ‘contraste’ o ‘desigualdad’. Junto a la modernidad y la normalidad de la vida de clase media occidental, en Nairobi conviven extensos barrios de chabolas en los que pobreza, miseria y falta de oportunidades suelen ser la norma.

Mathare, Korogocho y el famoso Kibera son algunos de los barrios chabolistas cuyas imágenes de calles embarradas y llenas de basura quizá se suelen asociar más habitualmente con la ciudad. Es aquí donde viven unas dos terceras partes de la población. Aunque no son tan peligrosos como su mala fama dice –al menos no durante el día-, son pocos los extranjeros que se aventuran por sus laberínticas callejuelas, más allá de los cooperantes que precisamente trabajan en ellos. En estos barrios suele reinar una gran animación mientras dura la luz del día, niños corren y juegan por todas partes y jóvenes y mayores vienen y van o simplemente observan la vida pasar sentados en los portales de las pequeñas chozas y casuchas que hacen de casas, bares y tiendas. El olor a basura y excremento se mezcla con los aromas del arroz, el chapati o el ugali, comidas tradicionales cocinadas al exterior en hornillos de carbón.

Kibera
Una calle de Kibera (Foto: J.M.C.)

Muchos de los habitantes de estas barriadas trabajan en las casas, tiendas o centros comerciales de otras partes de Nairobi como porteros, guardas nocturnos, criadas o mujeres de la limpieza. Cuando cada día estas personas recorren la distancia que separa sus chabolas de las zonas ricas de la ciudad pasan efectivamente de un mundo a otro. 

Hay 7 Comentarios

¡Bravo Siperich!

Como lector del diario EL PAÍS y seguidor de los Blogs de Internacional, estoy solicitando a sus autores que intervengan a nivel de la Defensora del Lector, para que finalize la censura a la que nos vemos sometidos en los Blogs de Noticias de Internacional. Esta censura, loable, aconsejable y necesaria, cuando se trata de eliminar insultos personales y cortar estos brotes, es intolerable cuando se trata de describir, comparar o racionalizar actitudes políticas. Tal sucede cuando se hace un análisis del sionismo israelí, a través del nazismo alemán. O se trata de poner en evidencia la desastrosa política de derechos humanos en esta zona del mundo. O cuando la narrativa se explica con fotos, imágenes o montajes que incluyan, por ejemplo, una cruz gamada, http://img255.imageshack.us/img255/818/cocacolawd2.jpg usada para ilustrar un comentario de la connivencia del nazismo con las grandes corporaciones. En el día de hoy, me han eliminado hasta enlaces a noticias publicadas por EL PAÍS http://www.elpais.com/articulo/internacional/Mohamed/quiero/mueras/elpepiint/20010825elpepiint_7/Tes 'Mohamed, quiero que te mueras' . O fotos de Abu Graib, publicadas en toda la prensa http://diegobarnes.files.wordpress.com/2009/04/abu-ghraib-dog-attack.jpg En el colmo de la censura, hasta una pintura de Fernando Botero, expuesta en museos, representando los abusos en esta cárcel http://2.bp.blogspot.com/-3gJ3P4lfhao/TZGAgWKnhHI/AAAAAAAAAuc/5b6IkellItg/s1600/abu-ghraib-botero.jpg Entendiendo que la dinámica de la comprensión del debate se rompe con esta censura "ideológica", mientras que algunos revientaforos son soportados por los Moderadores, te pido, a tí y a otros autores, medies con la sra. Defensora del Lector para conseguir un debate fluido y de calidad, donde cada uno pueda expresarse más allá de compartir ideas políticas con el Moderador de turno. Gracias y un saludo.

Un articulo muy interesante- ahora tengo muchas ganas de visitar Kenia!

Interesantísimo artículo que ofrece al lector una visión más amplia de lo que, normalmente, se da por hecho. No he tenido la suerte de visitar Kenia, pero ciertamente, en la actualidad hay demasiados estereotipos de lugares que convendría revisar.

Yo vivo en Kileleshwa y no puedo quejarme.


Por supuesto, hay muchas otras zonas y aspectos de Nairobi de las que no he hablado. Se podrían escribir varios libros sobre esta ciudad. Pero la idea era ésa: destacar los aspectos que más suelen llamar la atención a los extranjeros y negar algunos de los mitos erróneos que éstos suelen creer sobre Nairobi.

Precioso post que resume la vida en Nairobi. Sobretodo tus comparaciones, acerca de la pregunta, como es Africa? me parece de lo más sensata. No sé por qué tendemos a pensar que al decir África, va a ser todo pobreza, cuando hay rascacielos más grandes que en la misma Valencia.

Y tú, ¿dónde vives?

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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