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Lola Huete Machado

Las que aguardan

Por: | 14 de marzo de 2012

Son muchos los que abandonan sus aldeas en África y emprenden el largo camino hacia lo que ellos consideran será una vida mejor. Lo arriesgan todo para conseguir los medios de supervivencia que no encuentran cerca de sus familias. Estos días he caído en la cuenta de que el drama de la migración no solo lo viven los que se van sino también las mujeres que aguardan el regreso de los seres queridos.

Image1     Mujeres senegalesas. Foto Ususbrightown

Los jóvenes parten. Las madres y las esposas esperan el regreso triunfante de los suyos o las pequeñas cantidades de dinero que les pueden llegar, de vez en cuando, a través de Western Union o compañías similares. 

Pero son ellas las que tienen que preocuparse de que no falte la comida en casa, de que los niños se vistan, de que puedan ir al colegio, de pagar las medicinas si se enferman…, siempre con la esperanza puesta en que los que se fueron triunfen y puedan cuidar de los suyos.

Ya es dura la vida de una mujer en tantas partes de África para, además, tener que cuidar sola de los suyos.

Image1     Mujeres lavando la ropa en el río.

Es la realidad que se vive en muchas aldeas africanas donde “una leve brisa levantaba la colada multicolor tardíamente tendida por una mujer de uñas destrozadas que, con economía sostenible o sin ella, hubiera deseado también tener una lavadora. Resonaron los golpes de una maja, revelando la cólera de una ama de casa que no había tenido con qué pagar al molinero para que moliera su calabaza de mijo”.

Así lo cuenta Fatou Diome en su novela Las que aguardan. Ya mencioné este libro cuando hablé de la pesca. Hoy lo traigo a colación por cómo esta novelista senegalesa describe la realidad de las mujeres africanas que esperan las noticias y la ayuda de los que partieron. Sus angustias, sus miedos, sus sueños, sus deseos, sus penurias, su fuerza, su lucha por sacar sus familias adelante ellas solas…

Image1           Fatou Diome. Foto Yveslebelge

Diome describe con inmensa sencillez la cotidianeidad de una aldea de pescadores y sus tradiciones a través de cuatro mujeres, dos madres y dos esposas, que esperan el regreso de sus hijos/maridos. Al mismo tiempo deja entrever las dificultades de los que migran, “que van a romperse las alas contra el escaparate europeo”. Porque “si la Europa de Schengen, con sus navíos de guerra, sus radares y sus cazas había permitido que aquellas hordas de hambrientos que llegaban en patera hollaran su suelo, es porque saca de ellos partidos: cuanto más numerosos son, más fácil es esclavizarlos”.

Los dos protagonistas, Issa y Lamine, sobreviven en Europa amando a mujeres: “Pasaban de un ligue a otro (…). La relación duraba lo bastante como para que la española se considerara prometida a un apuesto senegalés, bastante como para que se apropiase de la injusta suerte de su amado y se arrojara, a cuerpo descubierto, en la batalla por los papeles. En este estadio, la vida se hacía soportable, agradable incluso para los aventureros (…) fingían un amor recíproco y se liberaban por algún tiempo del lacerante pensamiento de su tierra natal, una tierra que no querían evocar, para cuidar la susceptibilidad de su benefactora. Pues las autóctonas que aman a los extranjeros nada temen más que la llamada de su país”.

Image1     Piso patera en España. Foto El País.

Mientras, las que aguardan (las madres: Arame y Bounga; las esposas: Coumba y Daba) se repiten: “¡Mi hijo, mi marido, mi amor! (…). Pero no se recupera a un hombre que parte a la aventura como se recupera una calabaza prestada. Y ni siquiera la calabaza conserva eternamente el aroma del manjar precedente, cuando día tras día se impregna de una nueva comida”.

Luego la desilusión de la esposa (siete años de espera en la que ve cómo su cuerpo se va marchitando en la vigilia de las noches solitarias y en el cuidado del hijo) cuando Issa regresa casado con una blanca que “de África solo veía lo que cabía en el perímetro de su telescopio. ‘¡La poligamia no es tan terrible?’. Solo una ahíta que había comprado su semental como el último bolso de Prada y lo mantenía firmemente por las riendas, podía soltar semejantes tonterías”.

Así, poco a poco, se desgrana esta novela llena de realidad, acidez, ironía, crítica y mucha ternura. Fatou Diome no tiene miedo de hablar claramente y utilizar sabiamente las palabras para denunciar las nuevas esclavitudes a las que muchos de sus connacionales se ven sometidos. Una constante en la obra de esta autora.

La novela más conocida de Fatou Diome es En un lugar del Atlántico, donde también, de forma irónica esta vez, relata la vida de los emigrados en las grandes ciudades. Ella lo hace desde la experiencia propia, por eso su punto de  vista y sus reflexiones son tan acertadas. A los que les interese saber más sobre esta escritora pueden ver esta entrevista que le hicieron en Casa África en noviembre de 2011.

 

Fotou Diome me ha hecho ser consciente de la angustia de tantas mujeres que he conocido, como es el caso de Mammy Fatu, que cada vez que regresaba de un viaje a España me preguntaba: “¿Has visto a mi hijo Abu por allí?”. Yo intentaba explicarle lo difícil que me sería encontrarle si no tenía una dirección o un teléfono al que llamar. Ella solo sabía que un día partió y nunca más recibió noticias de él.

Image1            Subsaharianos rescatados por salvamente marítimo. Foto Orange.es

Mammy Fatu estaba convencida de que su hijo había viajado al país de los blancos porque él siempre repetía que quería ir a dónde todo era fácil, donde el gobierno cuida de ti y no como en Sierra Leona donde por mucho que se trabaje nunca se consigue prosperar.

Tópicos y sueños que alimentan y empujan a tantos jóvenes a partir y que les cuesta la vida a muchos de ellos, como imagino que es el caso de Abu, aunque nunca tengo el coraje de contarle mis temores a su madre, que sigue aguardando.

Fatou Diome, Las que aguardan. Barcelona, El Aleph Editores, 2011.

Hay 4 Comentarios

Supongo que el libro trata de lo que pasan las mujeres que se quedan, no es que no pueda haber hombres que lo pasen mal, o niños que añoren a sus padres, algo que tambien deja entrever,pero el tema principal es el que es. Tambien se podría pensar que la blanca que se ha casado con Issa no habla de la poligamia como algo que "no es tan malo" porque sea la europea idiota y rica que se ha comprado un semental, sino la mujer enamorada que no quiere pensar que le vean y traten como la blanca estupida y rica que se compra un marido,porque muy probablemente no sea ni rica.

Por vez primera leo un texto en que se pone de relieve el dolor de las que aguardan. Pero, las mujeres son las únicas que experimentan dicho dolor. Si suponemos que no son varias las novias que se van, y que no se conoce a muchas lesbianas en esas tierras africanas... Pero, ccuando se van los hijos, el padre también no aguarda?
Muchas gracias

Terrible la suerte de las penelopes africanas, conozco casos en que la que espera, como es considerada propiedad de la familia del que se fue, no solo participa de la protección familiar...sino que también tiene que cumplir con algún cuñado o incluso suegro!!

Leí "En un lugar del Atlántico" y me encantó. Vibrante, apasionada, tierna, mordaz y trágica. Ella estuvo también en Casa África dando una charla y nos encantó. Es una persona que parece que irradia luz y energía. Pura vida. Tendré en cuenta tu recomendación, cuando termine con Mabanckou, que es lo que estaba leyendo ahora, entre muchas otras cosas ;)

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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