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Lola Huete Machado

Namibia, ¿primer genocidio del siglo XX?

Por: | 04 de mayo de 2012

Autora invitada: Aurora Moreno Alcojor (*)

 

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Patrulla de soldados alemanes en 1906. Fotografía de Walther Dobbertin, en el Deutsches Bundesarchiv.

Desde 2006, una pequeña calle a las afueras de Múnich, se denomina “Herero Straße, la calle de los Herero”, nombre que probablemente no les diga nada a sus habitantes, ni al resto de sus conciudadanos, y mucho menos a los lectores españoles que lean estas líneas. Pero tal apelativo esconde una triste, violenta y, sobre todo, oculta historia.

Una historia que podría haber salido del armario hace unas semanas, si el Parlamento alemán no hubiera decidido -tras un debate de apenas media hora-, oponerse a reconocer como genocidio la matanza sistemática que practicó contra diversas tribus de la actual Namibia a principios del siglo XX. ¿Genocidio? Sí, probablemente ésa sería la mejor manera de definirlo, tal y como asegura la experta del Museo de Etnología de Colonia, Larissa Förster: “Fue claramente una orden para eliminar a gente perteneciente a un grupo étnico específico y sólo porque formaban parte de este grupo”.

El Ejecutivo, en cambio, negó la mayor y aceptó sólo una vacua “responsabilidad histórica y moral hacia Namibia”. Es más, en 2004, el gobierno alemán desautorizó las palabras de su ministro de Ayuda al Desarrollo, Heidemarie Wiecaorek-Zeul, quien pidió perdón por las masacres y reconoció la acción como genocidio. Es en cierto modo, un caso parecido al de los británicos en Kenia, del que tan sólo ahora han comenzado los documentos a salir a la luz. Y al igual que Londres, Berlín teme que el reconocimiento conlleve una cascada de peticiones de reparación.

¿Pero qué pasó exactamente entre Alemania y Namibia?

La historia comienza, como tantas otras, alrededor de una mesa de negociaciones en Berlín. Era 1884 y las grandes potencias del momento se repartían el mundo. Al II Reich le fueron adjudicados los actuales Togo, Camerún, un área cerca de la actual Ruanda, y Namibia. De los cuatro, éste último era más grande, estaba relativamente libre de las enfermedades tropicales, y aunque sus tierras eran semidesérticas, se ajustaban perfectamente a la crianza del ganado. Así que Alemania vio en esta zona, a la que pronto llamaría German South West África un Eldorado para su expansión colonial y, sobre todo, para buscar ese ‘espacio vital’ del que ya venía hablando el geógrafo Friedrich Ratzel, preocupado porque miles de alemanes tenían que emigrar del país. Qué mejor solución que la de hacerlo a una ‘segunda Alemania’, conviertiendo el Segundo Reich (1871-1919) en ese gran imperio con el que fantaseaba el Káiser Guillermo II. Era un idílico planteamiento que se encontró con un pequeño problema: las mejores tierras ya estaban ocupadas por tribus locales lo que dificultaba que los colonos se establecieran allí provocando que para 1903, tan sólo unos 4.000 colonos se hubieran asentado en el lugar.

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Fuente de la imagen: Gallery Ezakwantu

Ante tal situación, el primer gobernador alemán en la zona intentó conseguir las tierras a través de estratagemas más o menos ilícitas: compra, intercambio por baratijas,  acuerdos con los líderes influyentes, intento de enfrentar a los clanes…

Pero pronto comenzaron los abusos contra los diferentes grupos tribales del país, igual que lo hacían tantos otros países europeos en territorios colindantes. Abuso contra las mujeres, robo de tierras y ganados, expulsiones forzadas…  Fue esto lo que llevó, el 12 de enero de 1904 a la primera rebelión de los guerreros de la tribu Herero, que acabaron con la vida de unos 200 civiles alemanes en unos pocos días. Era un amago de rebelión que Alemania tenía que atajar con mano firme si quería mantener su presencia en el país y la metrópoli mandó a uno de sus guerreros más feroces a suprimir la resistencia. Se trataba del general Lothar von Trotha. Un hombre al que, en 1933, las autoridades Nazis honrarían con una calle en su honor, una pequeña calle a las afueras de Múnich.

Al mando de Von Trotha y con unos 10.000 hombres de apoyo, Alemania respondía seis meses más tarde, el 11 de agosto de 1904, con una contraofensiva brutal que empujó a los Herero a refugiarse en el desierto. Las órdenes de Von Trotha, que contaban con pleno apoyo de las más altas instancias del Gobierno en Berlín, eran claras: “Todos los herero deben abandonar esta tierra. Si se niegan, les obligaré a hacerlo con las armas. Cualquier herero que se encuentre dentro de la ‘frontera’ alemana, con o sin armas, será disparado. No quiero prisioneros”.

Se estima que unas 15.000 personas murieron de sed y hambre. Muchos otros fallecieron a causa de las balas o los colgamientos en masa y, pese a la orden del general Von Trotha, que no quería prisioneros, miles de ellos fueron a parar a campos de concentración donde acabaron sus vidas debido a la mala alimentación, los trabajos forzados y las enfermedades.  Las raciones eran mínimas, los malos tratos eran continuos, no existía ninguna tención médica ni higiénica y la expansión de las enfermedades estaba descontrolada.

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Imagen extraída de German South West Africa, que incluye numerosa información sobre el tema. Ver también el libro Concentration camps and prisoners-of-war in Namibia, 1904-08.

Pero la peor parte fue quizás que estos primeros campos de concentración se convirtieron en un primigenio ensayo de lo que sucedería más tarde los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Muchas mujeres fueron utilizadas como esclavas sexuales, dando algunas a luz niños de raza mixta sobre los que se llevaron a cabo determinados experimentos con el fin de demostrar que los negros eran inferiores a la raza blanca. Entre las personalidades que visitaron la colonia aquellos años se encontraba el tristemente famoso doctor Eugen Fischer

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Mujeres esclavas en German South West Africa, alrededor de 1904.

Para más inri, durante aquellos años centenares de ojos, cráneos, penes y otras partes del cuerpo fueron arrancadas de los cadáveres, metidas en formol y envidas a Alemania para el estudio y experimentación con ellos. Restos que no fueron devueltos hasta el pasado septiembre (2011) en una ceremonia que terminó en escándalo cuando la representante de la delegación alemana que viajaba con los restos abandonó el acto tras ser abucheada. 

 

Vídeo sobre la devolución de los cráneos (20 segundos, en español).

Un estudio muy profundo y detallado, con abundante documentación recogida a través de periódicos, cartas y fotografías, se puede encontrar en el libro The angel of death has descended violently among them: concentration camps and prisoners-of-war in Namibia, 1904-08, publicado en el año 2005 por el Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Leiden (Holanda).

También trata profusamente el tema el libro: Absolute destruction. Military, Culture and the Practices of war in imperial Germany, de la historiadora Isabel V. Hull.

Por suerte, en Alemania existía ya una incipiente sociedad civil que clamó contra el trato que se estaba dando a los rebeldes y en 1907 las órdenes de Von Trotha fueron canceladas y él mismo enviado de vuelta a casa. Pero para entonces ya era demasiado tarde. Se calcula que antes de la rebelión, los hereros eran entre 80.000 o 100.000 personas. Cuatro años después, quedaban unos 15.000. El 85% de un grupo étnico había sido exterminado por los alemanes. Y no sólo fueron ellos. Durante este tiempo, también la tribu de los Nama se sublevó. Y el general respondió de la misma manera: “O se rinden y se van del área alemana, o serán disparados, hasta su exterminación”. Se calcula que la mitad de los 20.000 miembros de los Nana fueron asesinados, mientras que los otros 9.000 fueron enviados a campos de concentración.

Hoy, ni siquiera en Namibia su historia es realmente estudiada. La colonización duró poco tiempo más, pues tras la IGM Alemania perdió todas sus posesiones en África y el país austral fue puesto bajo la administración de la vecina Sudáfrica, que implantó el sistema de discriminación racial del Apartheid. Asique la independencia real no se produjo hasta 1990 y desde entonces, el Gobierno de Namibia ha estado dominado por la tribu de los Ovambo, que ha demostrado muy poco interés en apoyar las demandas de los Herero y ni tan siquiera ha intentado recuperar la memoria de este pueblo. Quizás tenga algo que ver que Namibia sea el país que más dinero en cooperación recibe de Alemania.

Mientras, los pocos descendientes de la tribu Herero malviven como pueden, algunos en la vecina Botswana, y otros en su tierra natal, muchos de ellos encargándose del ganado en las grandes granjas del país. Granjas generalmente dirigidas por los alrededor de 25.000 colonos de origen alemán que se quedaron con las mejores tierras.

Para quien quiera saber más sobre este tema, es muy recomendable este documental de la BBC titulado Genocidio y el II Reich.

 

(*) Aurora Moreno Alcojor es autora del blog Por fin en África. Otra de sus colaboraciones fue Viaje de vuelta: destino Benín.

Hay 31 Comentarios

como cambio el mundo en 100 años!! (ahora las fotos son digitales y a color) :S

Y así seguimos.

Bueno eso de decir el primer genocidio de la historia es mucho decir, creo que el ser humano ha perpetrado infinidad de genocidios, (intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal) ya lo hicieron lo romanos con los galos, y así muchos pueblos mas, así que el titular debería ser el primer genocidio con pruebas graficas, si no es incorrecto.

En realidad, en África, la utilización del tema tribal es lo que más dividendos a dado a las potencias coloniales y en el caso de los Hereros, estos fueron utilizados como fuerza de choque o carne de cañon por los sudafricanos, para enfrentar a los Kwnyama del Reino Ovambo que fueron los protegidos por Cuba y Rusia integrándoles en la Swapo. Yo he visto a los Hereros corriendo delante de los carros de combate sudafricanos como perros rastreadores en contra de la Swapo.

Me parece un excelente artículo que recuerda la memoria de un pueblo devastado y olvidado, otro "trofeo" más en el haber de las potencias coloniales. Parece que Africa es en Continente-vertedero de occidente, al que se explota, saquea, masacra y abandona. Lo han hecho todos: Ingleses, Franceses, Belgas, Portugueses, Italianos, Españoles, y Alemanes, así como Norteamericanos, Rusos & Boers por dictador interpuesto. La "más noble de todas las razas", como decía ese demente de Gobineau, lo ha sido sobre todo en el crimen.

Les pasó lo que le paso a las tribus que se oponían a la colonización portuguesa y española en America, solo que cientos de años mas tarde

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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