Ir a Planeta Futuro
Lola Huete Machado

Orgullo y perjuicio

Por: | 23 de mayo de 2012

Autor invitado: Pablo Cerezal (*)

Conocíamos, hace tres meses -los que ejecutamos el tedioso rastreo diario de noticias-, una aseveración por parte del Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, que, de habérsele dado la justa notoriedad, hubiese enfadado a nuestros vecinos del sur.

Resulta que achacaba el fracaso escolar, en las ciudades de Ceuta y Melilla, a la avalancha de marroquíes en los centros públicos estatales. Nada nuevo en los argumentos de la globalización salvaje sobre el peligro que suponen las descontroladas hordas de inmigrantes para el bienestar de los nacionales. Lo curioso fue la insistencia del ministro en que la “diferencia” marroquí es la que provoca la incapacidad del profesorado para educar ciudadanos política y culturalmente sanos.

Image1

De las palabras del político parecía desprenderse la idea de que la juventud marroquí no aplica al aprendizaje idéntico interés y tesón que los chavales españoles.

Evidentemente existen unas diferencias culturales entre los que habitamos la península ibérica y aquellos de nuestros concuidadanos que viven en Ceuta y Melilla. Pero es, cuanto menos, dudoso que la diferencia de cultura deba suponer freno a la educación. Más bien al contrario, debería jalear una mayor riqueza didáctica.

Algo más al sur de Ceuta y Melilla, en la provincia marroquí de Er-Rachidía, el viajero puede encontrar localidades en las que el tiempo se detiene y el tráfago salvaje de la metrópoli comienza a desdibujarse en el horizonte, al ritmo de la marea caliza del desierto cercano. Su ensoñador enclave, entre las serranías del Alto Atlas y las eternas arenas del Sáhara, da vida a una pluralidad lingüística y cultural, entre sus habitantes, de difícil repetición en el resto de la geografía magrebí.

Comarca pues de diversidad étnica en la que la variedad de culturas, dialectos, costumbres y razas, no impide la pacífica convivencia de sus habitantes.

Se asientan en esta ignota geografía, diversas ONG que, al amparo de los exóticos y agrestes parajes que la colman, aprovechan las expectativas de aventuras vitales de numerosos viajeros para reclutarlos en su solidaria tarea de proporcionar a los jóvenes de la zona educación básica gratuita, e incluso acceso al conocimiento de idiomas extranjeros de planetaria importancia, como el inglés.

Image1

El joven Milud, que roza ya la frontera de la adolescencia, vive en la ciudad de Rissani, a unos 90 kilómetros de Errachidía, la ciudad más moderna de la zona, al decir de los propios habitantes de la misma. Cierto es que mientras en Errachidía los ciudadanos se desplazan a lomos de ciclomotor o bicicleta, y algunos incluso, de poder permitírselo, en petit taxi, en Rissani utilizan la fuerza motriz animal como principal medio de transporte. Cierto que frente a los comercios, cafés y lujosos hoteles de Errachidía, ofrece su vecina del sur pequeños zocos improvisados, colmados que sirven de dispensario de bebidas y diminutos hostales.

Pero Rissani mantiene orgullosa en la memoria el haber sido antigua capital de la zona y el continuar siendo un punto intermedio entre el Norte y el Gran Sur y, casi, la puerta de acceso al desierto del Sahara. Eso hace que las indicaciones anteriores se limiten al estricto centro urbano, viéndose ya los exteriores poblados de lujosos riads y kasbahs turísticas, entre otros muchos adelantos.

Milud es, aún, feliz en Rissani. Y al igual que las autoridades de la ciudad airean, altivas, su insigne pasado, pasea él con orgullo su origen beréber y las costumbres de sus mayores. Quizás sea su vivo carácter lo que comience a aguijonearle el anhelo de conocer otras ciudades, diferentes ámbitos.

Su vida no es fácil, pero sí plena de oportunidades. Al menos así lo asegura él. De tanto en tanto, Milud tiene que ayudar a su padre en la pequeña carnicería que éste regenta en el mercado de la ciudad. Es un trabajo duro: cargar y descargar los pesos muertos de las piezas que posteriormente habrá que trocear y repartir, para su posterior consumo, entre los ciudadanos de Rissani.

Image1


Murad, el padre de Milud, tuvo hace un tiempo lo que gusta denominar, cuando departe con sus compañeros de comercio, como una “revelación”. Al contrario que éstos, Murad comenzó a permitir, a los escasos turistas que establecían Rissani como campo base en sus expediciones a las dunas de Erg Chebbique le fotografiasen en pleno ajetreo: al descargar la maza sobre un costillar de ternero, al colgar de un gancho la cabeza de un dromedario, al extraer y limpiar las vísceras que después quedarán exhibidas al albur de las moscas y las miradas de las amas de casa en el fresco mármol de su carnicería.

Asimilados ya los flashes fotográficos, no le resultó difícil a Murad encargarle a su hijo, de tanto en tanto, la misión de acompañar a los grupos de turistas en breves paseos por las callejuelas de la ciudad. La simpatía de Murad calaba en los visitantes extranjeros y encontraba su lógico recipiente en la mirada vivaz de Milud que, sin necesidad de apropiarse de ficticios títulos de “guía oficial”, conseguía dirigir, entre carcajadas y propinas, los pasos de los excursionistas ávidos de nuevas experiencias.

Los grupos de viajeros se dejaban embaucar por la solicitud del pequeño y caían rendidos a la hospitalidad de su familia.

No tardó Murad en dar forma a su “revelación” y acondicionar el pequeño garaje aledaño a la vivienda de adobe en que vivía su familia para que pudiese dar alojamiento a pequeños grupos de extranjeros. Menna, su mujer, comenzó a ampliar sus labores cotidianas para proporcionar a los turistas alojados copiosos desayunos e incluso tradicionales degustaciones de cús-cús y té verde. Milud aprovechaba los itinerarios por la medina para aprender palabras, de los integrantes de aquellos grupos turísticos improvisados: expresiones en inglés, español, alemán, e incluso francés, del que sus conocimientos, dados los escasos medios económicos de la familia, eran mínimos al no poder atender a los horarios dictados por la escuela pública con correcta habitualidad.

A día de hoy, Murad se plantea seriamente si dar cierre a la carnicería para dedicar todo su esfuerzo al negocio turístico. Pero los mastodónticos complejos hoteleros cuajados de parasoles, piscinas, falsos mármoles y apócrifas artesanías beréberes que comienzan a desdibujar los límites de la pequeña ciudad, le disuaden de tan arriesgada empresa. El sueño sólido de Erg Chebbi, las famosas dunas de arena colindantes con la pequeña población, comienza a tornar pesadilla al ritmo de enfurecidos motores de quad y largas borracheras occidentales a la luna del Ramadán.

Image1

Sí se ha permitido Murad, por el contrario, emplear a un joven de la familia de su mujer para que ocupe el puesto de Milud y que, así, éste pueda acudir a las clases de idiomas y cultura general que proporciona una pequeña ONG de la zona.

Milud ya no se desplaza en mulo. Ahora tiene una bicicleta. Pero no es fácil el camino y sí muy habitual el tener que enfrentar peligrosas tormentas de arena que le retrasan en sus desplazamientos hasta el pequeño aduar en que dan clases los viajeros extranjeros que alcanzan las deshidratadas costas del Sáhara con el ánimo de conocer nuevas culturas y dar a conocer la propia.

No es fácil la vida de Milud, doy fe, pero su disposición al aprendizaje, su pasión por las lenguas extrañas, sus ganas de labrarse un futuro lejos de la pequeña población, han conseguido convencer a Murad para que éste comience a hacer gestiones orientadas a la escolarización de su hijo en una ciudad del norte del país. Una ciudad muy cercana a las de Ceuta y Melilla.

(*) Pablo Cerezal, escritor, viajero, colaborador en distintas ONG y profundo conocedor de Marruecos. Acaba de publicar su primera novela, Los Cuadernos del Hafa, cuya fascinante historia transcurre en el país vecino, y mantiene activo el blog Postales desde el Hafa, así como colaboraciones literarias y de crítica cinematográfica en diversos medios online.

 

 

Hay 8 Comentarios

En cada rincón del mundo muchos chicos como Milud pugnan por salir adelante y tener una mejor vida, no se porque otros se empeñan en no darles la oportunidad, en cualquier lugar del mundo. Como siempre Pablo una hermosa historia que nos conmueve y sobre todo nos hace pensar: ¿Y nosotros que estamos haciendo?

Texto interesante, hermosas fotografías

El tiempo se detiene en la prosa descriptiva de la cotidianidad de la vida, con el vehículo de las palabras del autor. El tiempo, el miedo, la esperanza, la educación, la necesidad de avanzar en la vida, corren entre los parrafos dejandonos solos en un viaje literario, como el desierto de tus fotografías en la vida.

Sole Molina's comments speak for me also
Comentarios de Sole Molina habla por mí también

El señor minijtro (así, en minúsculas) prendiendo hogueras allá por donde pasa: educación, el cine...

al paso que va el desmantelamiento educativo/cultural en este país, creo que me voy a exiliar en el Erg y viviré como un ermitaño alimentandome únicamente de ergayefs.

slama.

Me he quedado fascinado con las fotografías, ¡¡¡¡qué auténticas!!!!.....por otro lado el problema de educación en España empieza por zonas de la misma donde ni siquiera se puede estudiar en castellano, sabiendo esto....que no nos vengan con cortinas de humo/arena...

y que decir de las fotos! mágníficas!

Nuevamente Pablo, me sorprendes con tu capacidad de cronista..como vas hilando temas y mezclando política, ética, sentido común y tantas otras cosas en un texto tan breve pero tan extenso y rico en contenido! Gracias por esta nueva entrega! ..y sobre el tema principal, solo puedo decir que el miedo paraliza, y en este caso el miedo a las nuevas culturas (que ni tan nuevas) y es de conservadores rancios cundir el pánico a lo nuevo, a lo extraño..

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

Otros autores

Facebook

MAPA

mapa de África

Nube de tags

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal