Ir a Planeta Futuro
Lola Huete Machado

La revolución total

Por: | 30 de mayo de 2012

DSC_0150_5

Todas las fotografía de Rose Skelton, ver roseskelton.co.uk

Hay sólo una cosa en Senegal más importante que el fútbol y eso es la lucha senegalesa (wrestling), como ya contó aquí Keyti en el post La venganza de los iletrados. Cada domingo, miles de seguidores ansiosos hacen cola durante horas fuera de los estadios de Dakar esperando para entrar y ver a su luchador favorito peleando contra a su oponente. El previo hasta la lucha puede tomar horas, incluyendo música, percusión, danza y diversas prácticas rituales y místicas como la ruptura de huevos de pollo en el ring.

Los luchadores, vestidos con capas de paños enrollados alrededor de la cadera, realizan calentamientos, mostrando orgullosos sus músculos y esperando aterrorizar así a sus oponentes para que se rindan pronto. La pelea misma a menudo sólo dura un minuto, antes de que el perdedor caiga de espaldas y quede derrotado sobre la arena. Hay tanta publicidad en la lucha que un combatiente de altura puede ganar 120.000 euros en una sola cita, cientos de veces más que el promedio del salario anual en Senegal.

 

DSC_0113

Para celebrar el Día de la Independencia de Senegal, en abril pasado, un promotor organizó el partido más importante hasta la fecha en la corta historia de la lucha senegalesa. Hombres y mujeres en todo el país esperaron con impaciencia la pelea entre Yekini, el campeón indiscutible, rey del ring, y Balla Gaye II, la estrella joven, hijo de los tugurios. Yekini era el único al que Balla aún no había vencido; Yekini nunca había sido vencido.

Fui a ver la pelea en un bar local, donde los empleados se agolpaban alrededor de una pequeña televisión montada encima del escenario donde suelen tocan bandas en vivo. La calle fuera estaba vacía, todo el mundo se encontraba en el estadio o en casa viendo la lucha en la pantalla. Ni siquiera los autobuses pasaban.

"¿Qué lado es el de los fans de Yekini?", pregunté, y el camarero, sin despegar sus ojos de las imágenes, señaló el lado de la sala donde sólo se sentaba un joven. Uno solo. Fui a unirme a él. "Todo el mundo aquí va con Balla Gaye II", comentó el chico un tanto malhumorado. Creo que ambos intuíamos entonces, sin decirlo, que ese era el día en que Yekini, el campeón invicto, iba a caer, e iba a dar paso a la siguiente generación, esa que la población, de mayoría joven, quería en cabeza del juego.

Para la vieja guardia, el tiempo paracía haber pasado.

 

Efectivamente, Balla Gaye derrotó a Yekini en cuestión de minutos, poniendo fin a la carrera del rey y colocando una nueva cara en el podium de la lucha. El país lo celebró con júbilo; un puñado de personas esa noche murieron de ataque al corazón de la conmoción y de tan intensa emoción vivida. Otros en la calle, muchos saltaron a sus coches y recorrieron la ciudad, lo llamaban "la revolución total". Yekini, el antiguo campeón, había caído y una cara nueva y joven ocupaba el poder. Con Abdoulaye Wade, el antiguo Presidente, también desaparecido, el país podía, al fin, respirar y disfrutar de un nuevo comienzo.

En marzo, Senegal había cambiado de GobiernoMacky Sall, la elección más popular entre los jóvenes tomó el relevo de Wade, el líder octogenario, cuyo régimen se había convertido en autoritario y financieramente imprudente. El Tribunal Constitucional, el máximo tribunal del país, había validado un tercer mandato para el Presidente, apenas semanas después de haber aumentado éste los sueldos de los jueces de los tribunales y darles hasta coches nuevos. El gobierno prohibió las manifestaciones de queja y las fuerzas de seguridad reaccionaron enérgicamente. Nueve personas murieron en las protestas hasta terminar la campaña, pero la gente salió una y otra vez a la calle exigiendo a Wade que no se presentara a un tercer mandato. Durante un tiempo la democracia en Senegal parecía severamente amenazada.

DSC_0151_2

Durante esos meses, el aire en el país era denso; todos sentíamos la presión del disgusto de la población, de las protestas, que se sucedían día tras día. Pero sobre todo fue dura la sensación de que nos estábamos dirigiendo sin remedio no sólo a otro mandato bajo Wade, sino que importantes instituciones del país, como los tribunales, estaban corruptas, que ya no existía ninguna Justicia, que los poderosos podían hacer lo que les daba la gana.

Una noche de marzo, justo antes de la primera vuelta de las elecciones, un amigo muy activo en la oposición estaba en mi casa cuando recibió una llamada de teléfono del vigilante nocturno de su casa diciendo que cinco hombres habían llegado a su domicilio en su busca. Cuando habló con ellos por el teléfono, le dijeron que eran de la policía y debía regresar a casa, querían interrogarlo. Mi amigo no regresó, por supuesto, y más tarde descubrió que no se trataba de la policía, sino de matones enviados por el partido gobernante para intimidarle y debilitar así a los miembros de la oposición. Durante un tiempo no sabíamos qué límites estaban dispuestos a traspasar aquellos que intentaban permanecer en el poder a toda costa.     

Pero prevaleció la voluntad del pueblo y Abdoulaye Wade quedó fuera por una abrumadora mayoría. Macky Sall prestó juramento durante una ceremonia breve y modesta en abril y desde entonces ha hecho algunos movimientos valientes para poner en orden las finanzas del país. Esta semana cerró 59 instituciones públicas por ser consideradas ineficientes. La semana pasada publicó los sueldos de todos los funcionarios públicos y prometió recortarlos, incluídos los de los ministros. También declaró su propia riqueza privada. Ha rebajado el precio de alimentos básicos, recuperado centenares de vehículos de lujo con los que Wade sobornó a sus partidarios, y ha ordenado una auditoría del sector energético del país para encontrar la manera de paliar la crisis de energía que ha acosado a Senegal durante años. Ah, y ha puesto a la venta el avión presidencial.   

El optimismo ha regresado a Senegal. El sentimiento de que el orden y la justicia están sobre la mesa tras años de incertidumbre. Amigos míos que han pasado años en el extranjero estudiando o poniendo en marcha empresas están listos, dicen, para regresar e invertir en negocios en casa. El arte y la música reviven una vez más, y con renovado sentido del disfrute. Se han ido Abdoulaye Wade y su tripulación nepotista, y un nuevo y joven presidente gobierna el país. Con Yekini marchándose también y Balla Gaye II como nuevo rey del ring, Senegal ha vivido una revolución completa.

Hay 4 Comentarios

¡Qué buen artículo y que mejor realidad! Muy bien trasmitida por cierto. Un buen motivo para acabar el día con buen sabor de boca, ¡gracias!
Esperemos que Sall no deje este camino...

Hola.

Yo también estuve alli. Vi el combate justo en el barrio de Balla Gay II. Aquello se convirtió en una inmensa fiesta!!
Justo he dado aqui porque estoy buscando más información sobre Macky Sall. Ojalá todo nos vaya mucho mejor. Saludos.

Siempre viene bien una dosis de esperanza cuando se mira a Africa. Ella nos tiene acostumbrados a lo contrario, asi que se agradece pues mucho un articulo como este.

Dicho esto, el articulo es quiza 'peligrosamente' optimista. Creo que muchas de las decisiones que nos importan a lo largo de nuestras vidas, si son tomadas en base a un excesivo optimismo, nos pueden llevar a la castastrofe, y esto intuyo que es incluso mas cierto en poblaciones tan pobres como las de Senegal.

Por ejemplo, como deciden los padres/madres senegaleses si enviar sus hijos a la escuela o 'forzarlos' a que les ayuden en el campo? Esta, que es una decision practicamente trivial en Espana y cualquier pais del Oeste, no lo es en el Sahara ni en su sur. Para entender esto hay que preguntarse primero: Por que los padres envian a sus hijos/hijas a la escuela? Razones muchas. La fundamental es que los padres ven que en el futuro eso les va a reportar un beneficio (aumenta el bienestar de sus hijos, y el suyo propio---recordemos que no hay pensiones de jubilacion en Africa como las que tenemos en el Oeste). En este contexto, si los padres son optimistas sobre el futuro, tal y como los senegaleses esperemos que lo sean segun nos transmite el articulo de Rose, uno esperaria que la probabilidad de educar a los hijos aumentase (y esperemos que asi sea). Sin embargo, en Africa, enviar a los chavales a la escuela no es barato. No se trata de pagar uniformes o la matricula de escuela, se trata de que el tiempo que el hijo esta en la escuela, no esta en el campo, y eso puede implicar que o no se plante suficiente en Noviembre, o no se coseche suficiente en Mayo, y la consecuencia de tal decision es malnutricion, hambre, e incluso muerte. Es por eso que quiero lanzar el mensaje de que el optimismo no nos ciegue. Es decir, el optimismo es, en general, bueno, pero en dosis moderadas.

De alguna manera, Miguel Delibes, esto ya nos lo contaba en Los Santos Inocentes: ``A su hermana , la Regula, le contrariaba la actitud del Azarias porque ella aspiraba a que los muchachos se ilustrasen, cosa qu a su hermano se le antojaba un error: 'que luego no te sirven ni para finos ni para bastos'' '.

En todo caso, e ignorando por un momento cualquier problema de persistencia en la estabilidad politica y el crecimiento economico en Senegal, lo que nos cabe preguntar para que Senegal nos sirva como ejemplo para otros paises en el SSA es saber que es exactamente lo que ha hecho que la transicion de Wade a Sall (o de Yekin a Gaye, me encanto al analogia) haya sido tan demandada por el pueblo senegales. Lo atribuimos a un pueblo joven con ganas de cambio? (y si es asi, como se consiguen esas ganas?), o lo atribuimos a la falta de 'talento' del presidente Wade para perpetuarse? Si es esto segundo, me temo que nos cabe mas bien poca esperanza para que algo como lo que ha pasado en Senegal sea extendible al resto de Africa. Desafortunadamente, hay dictadores mucho mas 'talentosos' para sobrevivir.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

Otros autores

Facebook

MAPA

mapa de África

Nube de tags

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal