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Lola Huete Machado

Por Guinea Conakry (5): la isla de Room

Por: | 04 de noviembre de 2012

Autor invitado: Nuno Cobre (*)

2011 14:36

MONIQUE, LA MUJER QUE ODIABA GUINEA CONAKRY, se había permitido una tregua al revelarme, “si vas a Conakry, vete a las islas: un auténtico oasis”. Samory sonrió dentro del Peugeot vino tinto y puso el motor en marcha antes de decir pausadamente, “Nuno Cobre se dirige al archipiélago de Loos. Nuno Cobre visitará la isla de Room. Nuno Cobre está en Conakry”. Gustaba Samory de pronunciar dichas sentencias en tono histórico, casi novelesco, sintiendo uno que caminaba por una página de Miguel de Cervantes, o de Stevenson cuya inspiración por cierto, según muchos guineanos para escribir La isla del tesoro venía precisamente de esta isla de Room a la que ahora me dirigía. El mismo Samory me confesó que él nunca había puesto una uña en las islas, que antiguamente llegaron a ser un punto clave en la trata de esclavos. “El mar da miedo, los barcos se mueven, algunos se hunden”, me dijo justo en frente del Port de Boulbinet. 

Iles-loos-06593En el archipiélago de Loos.

Vamos a la pelea. Llevaba unos días endureciéndome a base de ser generosamente timado cada vez que entraba en juego la cuestión pecuniaria. Así que con tres lecciones bien aprendidas, logré conseguir un precio ‘decente’ para viajar a la isla de Room al bordo de una patera maquillada de turquesa.

Mientras navegaba rumbo a la ínsula, giraba el cuello para atrás de vez en cuando, comprobando como Conakry se hacía más pequeña, el Palais des Nations con su aspecto de estadio de fútbol, el grisáceo Novotel, el puerto… Al otro lado las islas, verdes, montañosas, arenosas, amables. Y un poco más adelante emergía Room, la isla de Room, con un primer frente de playa compuesto de coquetas casitas que sentían en sus espaldas el aliento de la clorofila y la colina. El litoral resistía como un milagro despejado, ajeno aún al agresivo ladrillo, a la grúa rapaz.

2011 12:21

Un país tropical. Todo eso. No podía evitar pensar en tropical mientras me acercaba a la orilla sobre un mar celeste que se fundía con las palmeras, los cocoteros y otros sentimientos. La isla de Room era una foto que se movía. Una película frente a mis ojos. Y más palmeras. Muchas palmeras en la isla de Room. Y de nuevo los cocoteros. Un país tropical.

Iles-loos, foto de Mamadou Samba

El archipiélago de Loos está formado por tres islas: Room, Tamara y Kassa.

Nada más varar la patera frente a la isla, apareció un grupo de muchachos que interrumpieron mi sosiego con sus rostros materialistas y sus adules engolados. Y eso que definitivamente había hecho bien en ir un lunes a la isla, con la idea de evitar a los turistas (el turista odia al turista) y salvo unos franceses recién llegados de París y unos chinos de camisas de lino blancas y blancas, no llegó nadie más al trocito de tierra durante todo el día.

Sin embargo, la soledad absoluta se resistía a tomar forma, boicoteada por estos tres muchachos que me rodeaban como satélites incombustibles. Los mismos buscones quevedianos, no pudieron evitar disgustarse cuando les dije que iría aver el hotel que se levantaba al otro lado de la isla. Dicha decisión entraba en conflicto con el objetivo de los pilluelos, que pretendían llevarme a la aldea… y sobre todo aspiraban a que me quedase en esta misma playa donde ellos cortaban el bacalao. Firme, seguí caminando en busca del otro hotel, mientras los muchachos me escoltaban incómodamente.

Me mordí el labio inferior. Al comprobar como en la playa que orillaba al otro lado de la isla, reposaba en frente de un hotel que se dejaba invadir de papeluchos y otras suciedades, impregnando la instalación de una dejadez inhóspita. Lo contrario de un imán. Los muchachos, satisfechos, me tiraban de un brazo para que regresase a la primera playa. Ante el panorama que se erigía en este costado de la isla, me mordí el labio superior y acabé cediendo. Durante el camino, descubrí otro hotel plagado de banderas chillonas, cubierto por la rafia y animado por una música chillout que hacían pensar en el rosa y el amarillo y en dejarlo todo de una vez. Más adelante, me topé con un espectacular árbol baobab, dotando de personalidady presencia a la zona. En la isla de Room.

2011 11:47

Ya en la playa del principio, negociamos el precio del almuerzo. Lideraba las conversaciones un tipo fuerte que lucía una camiseta del Inter de Milán. Cuando les dije que no pagaría el equivalente a treinta y cinco euros por un pescado, todos emitieron ese ruido salivoso que denota fastidio en África, “ffti”.Finalmente llegamos a un especie de acuerdo. No fue difícil descubrir al poco como los muchachos estaban compinchados con el patrón de la patera que me había llevado a la isla, y otros “negociantes” que pululaban por la isla.

Con todo, era maravilloso estar en ella un lunes. Apenas había gente, el silencio, isleños surgiendo entre las palmeras y desplazándose con esa parsimonia africana, el mar. Me di un baño mirando de reojo mis pertenencias, que uno de los chicos se había empeñado en custodiar. Los otros muchachos habían desaparecido. Sólo respiraba la paz, y pensé dentro del mar en ser libre y hacer sólo lo que me gustase a partir de ahora. Lo pensaba mientras me remojaba y me sumergía. Y lo volvía a pensar.

(*) Nuno Cobre vive, escribe y publica su blog Las palmeras mienten desde algún lugar de África. Y tiene otra manera de ver el continente, desde el expatriado con el cuerpo fisicamente allí, pero con los recuerdos y la mirada de un mundo más occidental, que irremediablemente se entremezclan, van y vienen. Otras entradas: En qué quedamos tiempo, De Rosa Cebra y otros coloresEnfadados, Un viaje o esta serie sobre Guinea Conakry.

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Una vez más, genial

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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