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Lola Huete Machado

Jóvenes y deporte en Etiopía

Por: | 23 de mayo de 2013

Autor invitado: Jesús Ángel Gabaldón* (texto y fotos)

Dilla, cuatrocientos kilómetros al sur de Addis Abeba.

Como cada fin de semana en el barrio de Haroke, el campo de los Salesianos de Don Bosco se convirtió en una olla a presión. El partido enfrentaba a trabajadores y estudiantes. El público, que hacía las veces de línea de banda, jaleaba por igual las jugadas brillantes y los empujones. Abel, mi compañero de viaje, trataba hábilmente de meter baza entre los jóvenes que seguían el encuentro mientras yo clavaba en un tronco un cartel que decía: “Próximamente, curso de formación de animadores deportivos”.

Fútbol

Ya estaba acabando el año escolar cuando desde el grupo de cooperación DIM, de la Universidad Politécnica de Madrid, me propusieron viajar a Etiopía como voluntario en un programa de formación para jóvenes. El proyecto, integrado en las iniciativas de Deporte para el Desarrollo y la Paz que desde el año 2004 realizan los misioneros salesianos de Etiopía en colaboración con la Politécnica, pretendía proporcionar a los jóvenes de la comunidad nuevas formas de liderazgo y participación social a través del deporte.

Recién llegado, mi primera impresión de Dilla fue la de un trozo de selva atravesada por un río de asfalto. Dediqué los primeros días a dejarme ver por el barrio y conocer la realidad de algunos jóvenes y sus familias. Pasé a sus casas. Me atiborraron de café. Aprendí todos los tipos de saludos imaginables y, sobre todo, caí en la cuenta de que mi formación de profesor de secundaria me sería tan poco útil allí como conocer las hazañas atléticas de Haile Gebrselassie. Pero quizá la peor sensación fue no saber qué sería capaz de aportar en lo personal en un lugar donde la tasa de mortalidad infantil por desnutrición y malaria superaba el 17%. A pesar de todo, mantenía la ilusión intacta.

El día que comenzó el curso, Tariku fue el primero en entrar por la puerta. Tenía un semblante serio, vestía la réplica de una camiseta del Milan y calzaba sandalias, como la mayoría. Le siguieron otros trece jóvenes de entre 16 y 23 años, por desgracia sólo dos chicas. Después de dos horas hablando yrebozándonos en el barro persiguiendo un balón ya habíamos planificado juntos el trabajo de las próximas semanas. Les interesaba conocer los reglamentos, aprender a organizar torneos y resolver las peleas diarias en el campo de fútbol. Así que ese fue el principio de nuestro intercambio educativo.

Pasábamos toda la mañana juntos. Todos aprendíamos algo nuevo cada día. Primero la clase de amhárico, después la teoría y por último la práctica, momento en el que los más pequeños nos llevaban secuestrados al patio exigiendo un par de balones por nuestra liberación.

Durante la tarde, casi seiscientos niños y niñas de la comunidad participaban en el Summer Togetherorganizado por los Salesianos a pesar de que ninguno de los religiosos apareciera mucho por allí en casi dos meses. Tampoco Tariku y el resto de jóvenes animadores los echaban en falta; podían apañárselas solos.  El programa comenzaba con un par de horas de actividades de refuerzo escolar y concluía con la nube de polvo rojizo que provocaba el tumulto de los torneos deportivos. Fútbol, baloncesto, voleibol, canicas, balón prisionero, carreras… un auténtico festival de juegos.

Juegos de patio

En ocasiones trataba de echar una mano arbitrando, pero me di cuenta de que esa forma tan ortodoxa de interpretar el juego causaba aún mayor conflicto. Eso y que sencillamente no era uno de ellos, y había que respetarlo. Así que la mejor decisión era dejar todo el protagonismo en manos de los propios animadores. De hecho, cada día me gustaba más la sensación de ser prescindible, así que cogía mi cuaderno, me sentaba a observar y tomaba notas de todo cuanto llamaba mi atenciónEn voleibol las chicas juegan siempre atrás y son las últimas en ser elegidas; cada árbitro pita una cosa; un animador grita y pega una colleja a un niño despistado que cruza por el medio de la pista… Todas esas anécdotas se convertían en contenido de nuestro curso a la mañana siguiente.

Aquellas charlas de primera hora fueron un regalo. Hablamos de política, de derechos humanos, del Norte, del Sur, del Madrid y del Barça. Tariku era de los que esperaban al final para dar su opinión. Era un chico paciente, y además sabía que todos estábamos deseando escucharlo.

Así transcurrió aquel verano. Me sentí muy agradecido, y después de unos cuantos años de chándal, creí haber entendido qué era lo que realmente me importaba del deporte. Los jóvenes de Dilla ya lo tenían claro mucho antes que yo, por eso en estos momentos estarán preparando los torneos del próximo verano. Y lo mejor es que dará igual si yo o cualquier otro no estamos allí para decirles cómo deben hacerlo.

Grupo de animadores deportivos

Tariku también da nombre a la exposición fotográfica que cuenta la historia de los jóvenes de Dilla y que, desde el viernes 24 de mayo, podrá verse en Madrid en el restaurante etíope Nuria, en la calle Manuela Malasaña 6. Donde solo por probar el especial Doro ya vale la pena ir.

(*) Jesús Ángel Gabaldón es profesor de educación física y trabaja en el desarrollo de programas de cultura de paz y transformación de conflictos a través del deporte.

Hay 12 Comentarios

¡Vamos cómo están las páginas web, con sus mensajes de "no pudo publicarse su comentario"!
Ojo, que luego es mentira, y sí sale
Nos reiremos comentándolo en el restaurante Nuria ;-)

Buen artículo. Interesante perspectiva para analizar el papel de los cooperantes, esas personas altruistas, comprometidas y "vividoras"; desvestida de paternalismos o egocentrismos. Y también de las entidades que permiten canalizar esas energías, aunque "no aparezcan por allí".
Da para pensar en los objetivos de estas actuaciones (por contraste de los viejos tópicos), en quiénes son los protagonistas, quiénes las herramientas, y cómo hacerlo funcionar.
Lástima que cueste tan caro ser cooperante. Te entra apetito, ¿verdad?
Muy bueno, me ha gustado. Enhorabuena

Buen artículo. Interesante perspectiva para analizar el papel de los cooperantes, esas personas altruistas, comprometidas y "vividoras"; desvestida de paternalismos o egocentrismos. Y también de las entidades que permiten canalizar esas energías, aunque "no aparezcan por allí".
Da para pensar en los objetivos de estas actuaciones (por contraste de los viejos tópicos), en quiénes son los protagonistas, quiénes las herramientas, y cómo hacerlo funcionar.
Lástima que cueste tan caro ser cooperante. Te entra apetito, ¿verdad?
Muy bueno, me ha gustado. Enhorabuena

Buen artículo. Interesante perspectiva para analizar el papel de los cooperantes, esas personas altruistas, comprometidas y "vividoras"; desvestida de paternalismos o egocentrismos. Y también de las entidades que permiten canalizar esas energías, aunque "no aparezcan por allí".
Da para pensar en los objetivos de estas actuaciones (por contraste de los viejos tópicos), en quiénes son los protagonistas, quiénes las herramientas, y cómo hacerlo funcionar.
Lástima que cueste tan caro ser cooperante. Te entra apetito, ¿verdad?
Muy bueno, me ha gustado. Enhorabuena

Precioso artículo! Ánimo!

Que bonito el articula... me ha emocionado. Sin duda tiene que ser una experiencia muy bonita compartir algo tan magico como es el deporte con niños de otros paises. Buenas fotos.

Viví una experiencia parecida con Nigeria...

El deporte une culturas. Fabulosa experiencia con los chavales de Etiopia

Bonita experiencia!

Que bonita historia... como me encantaria vivir una experiencia asi.. Te cambia la vida..

Con esa humanidad y cercanía que te caracteriza...necesitamos mas gente como tu en este mundo.felicidades!

Una experiencia preciosa. Sin duda que el deporte está más cerca de la tierra de lo que imaginamos... Felicidades por describirlo tan bien. Y ahora, a disfrutar de la expo y de la comida etíope :-).

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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