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Lola Huete Machado

Los curanderos pierden clientes

Por: | 26 de mayo de 2014

Johannesburgo no es destino turístico y la gran mayoría de sus visitantes ven en esta capital una parada inevitable para las escalas de los vuelos. Pero merece la pena una incursión en sus calles del centro. Este, que una vez quiso asemejarse a la majestuosidad de Nueva York, está ahora en fase de reinvención.

Precisamente al lado de los barrios en reconstrucción se asienta el mercado Kwa Mai Mai, uno de los más antiguos de esta ciudad, que se fundó al amparo de su propia fiebre del oro y que no tiene intención alguna de modernizarse. Dicen que el nombre de Mai Mai es una abreviatura a la fonética de "minero" en inglés. Las minas que rodean a Johannesburgo y han agujereado su subsuelo dieron lugar a esta enorme capital llena de vida que no puede alejarse de ese pasado.  

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Una 'sangoma' en la tienda que regenta junto a su hija, en Mai Mai. Foto: Marta Rodríguez

 

Es más, el secreto de su éxito es que se trata del mayor dispensador, por así decirlo, de la medicina tradicional, muti. No lejos se encuentra el Faraday, remodelado recientemente. Gracias a que comparte espacio con una estación de autobuses es una referencia de este sector. Se puede decir que ambos establecimientos han dado dignidad a los curanderos tradicionales, conocidos con la denominación zulú de sangomas, con unas instalaciones correctas y bien condicionadas que atraen a turistas y curiosos que no necesariamente comulgan con estas creencias tradicionales.

En las numerosas tiendas que hay en este mercado, situado al sureste de la ciudad, se puede encontrar de todo, desde pieles de serpientes, guepardos a otros animales disecados poco conocidos y que, en ocasiones, los vendedores esconden porque están incluidos en la lista de especies en protección. Todo tiene su utilidad: la buena suerte, el mal de amores y el mal de ojo o de huesos, la interpretación de los sueños, el tratamiento de las pesadillas, para los dolores físicos y espirituales, dicen los vendedores.

Son 176 las tiendas que llenan el mercado, reconstruido con ladrillo rojo y dividido por tipo de negocios. Están las calles de las herboristerías, con multitudes de raíces y cáscaras de árboles; las de piles y huesos al sol, o las de trajes y utensilios tradicionales, la de muebles macizos e, incluso, la de los ataúdes. De todo.

 

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Fabricando ataudes artesanales y si se quiere a medida. Foto: M.R.

 

Los sangomas que están detrás del mostrador son más que reacios a explicar sus trucos y compartir ni un detalle de su conocimiento. Uno de ellos no habla inglés así que es su hija la que traduce que puede “curar lo que sea”. El sexto sentido necesario para practicar el muti, para ser sangoma, se hereda, no es un conocimiento aprendido, y la joven señala a su hermana adolescente como la heredera de ese don. “Pero no será sangoma en vida de mi padre”, reconoce ya que la figura, según la tradición, une a los ancestros con sus descendientes.

Zanele vive en Johannesburgo desde hace más de una década pero aún sigue anclada en la tradición de los curanderos. “Si tuviera una enfermedad grave, como cáncer o sida iría al hospital pero cuando me noto mal voy a ver a la sangoma, explica.

Desafortunadamente, en los años iniciales de la epidemia del VIH, que ha terminado por minar a una generación de sudafricanos, el Gobierno no estuvo a la altura y trató de minimizar la infección. Una reacción demasiado tardía que aún se paga con seis millones de personas conviviendo con el virus y que en su día provocó que muchos enfermos se dirigieran a los curanderos para remediar su dolor. Con el tiempo, es cierto, que Sudáfrica corrigió su política y hoy los afectados reciben el cóctel de medicamentos de forma gratuita y existen muchas campañas para sensibilizar en el uso de preservativo.

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Restos de animales disecados listos para vender. Foto: M.R.

 

La Organización Mundial de la Salud estima que en países del África Subsahariana o Asia, el 80% de la población confía en un curandero para males menores, aunque una encuesta de Sudáfrica en 2012 señaló que el 70% acude a su centro de atención primaria y, según datos de 2008, sólo el 1,2% de las familias admite visitar a un sangoma.

El retrato de un paciente de medicina tradicional es pobre, sin empleo, residente en un área rural, entre 25 y 49 años. El colectivo con menos ingresos son, precisamente, los que más visitan a los curanderos, con 0,03 visitas al mes por 0,002 de los más ricos, afirma el Diario de las Políticas de Salud Pública.

Las encuestas sudafricanas indican que desde 1990, la asiduidad a los curanderos es una tendencia constante a la baja que se explican por varios motivos, desde el precio por visita a las alertas de que el tratamiento tradicional en algunos casos interfieren negativamente con los de la medicina convencional, así como el abandono de seropositivos.

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La publicidad de brujería o 'sangomas' en la calle es muy popular en Sudáfrica.

La Organización de Curanderos Tradicionales se encarga de “dignificar” el trabajo de los sangomas desde 1970, formando y certificando las aptitudes, la ética y la higiene de curanderos, comadronas, herboristas o los encargados de la circuncisión por ritos tradicionales. La entidad calcula que sólo en Sudáfrica hay unos 29.000 sangomas para una población de 52 millones, de los que más del 80% son negros. Las cifras de los que ejercen sin tal reconocimiento hacen aumentar el censo porque farolas y material urbano están repletos de anuncios de curanderos y bujos que lo mismo alargan el pene que practican abortos.

Hay 4 Comentarios

El mal de ojo, la brujería y todas estas cosas existen en la medida en que la gente cree en ellas.

En mi país (ecuador), mucha parte de la población vive sometida al miedo a que le hagan una brujeria e incluso hacen cosas en contra de su conciencia por miedo a que le echen un mal.

No es para tomarselo a broma, pero sí hay que combatirlo mejorando la educación en ciertas zonas de nuestra querida tierra.

Es que esto de los curanderos, a los que normalmente vemos con un gran margen de reserva, no podemos olvidar tampoco que muchas veces están aplicando técnicas de diagnóstico y recetas de la medicina naturista, además yo tengo la convicción de que los médicos no curan siempre tampoco por los efectos de su buen diagnóstico y receta, sino por la autosugestión del paciente basada en la confianza impactante que aquél tiene en el profesional, lo que también funciona muy bien en el caso del curandero. Lo que además pasa es que a los curanderos se les ve con desprecio, entre otras razones, porque a los médicos les interesa.

Curanderos, curas, sanadores, o cualquier otro epíteto siempre han existido en todas las culturas. Todos ellos son "médicos" en el ámbito de la metafísica. Algunos usan hierbas, otros ritos mágicos, y una buena parte de ellos son meros charlatanes y buscavidas (dinero). La base de ese tipo de cultura ancestral tiene su fundamento en la ausencia de conocimiento científico.

Todo es cuestión de fe y de dogmas, pero vamos, los curanderos de verdad existen, aunque es muy difícil encontrarlos dado que no salen en anuncios ni en la tele.
Aunque la mayor parte son charlatanes.

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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