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Lola Huete Machado

El Ébola y el miedo

Por: | 09 de octubre de 2014

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Voluntarios de Cruz Roja desinfectan una casa en Kailahun. / Foto: J.N.

Cuentan en Kailahun, al este de Sierra Leona, que una serpiente salió de la casa instantes después de su muerte. Todos la vieron. La mujer llevaba varios días agonizando en la bruma de unas extrañas y virulentas fiebres, en el delirio de los vómitos, las hemorragias, el dolor. Y que fue justo en el momento de expirar cuando aquel animal salió de debajo de la cama, cruzó reptando la habitación y abandonó la casa por la puerta entreabierta. Ella fue el caso cero, la primera víctima de la epidemia en Sierra Leona. Había estado en un entierro en Guinea y, a su vuelta, trajo consigo el virus sin saberlo. Era la presidenta de una asociación de mujeres y muchas de las que estaban allí, acompañándola en su lecho de muerte, acabaron también contagiadas. La serpiente como representación simbólica del Ébola.

Escuché esta historia en agosto pasado cuando estuve en Kailahun, en el epicentro de este terremoto que está sacudiendo con fuerza inusitada a tres países africanos. Fueron quince días de recoger testimonios, de hacer entrevistas, de vivir de cerca los esfuerzos de miles de personas por combatir un mal que se ha ido extendiendo de manera imparable y que está dejando a su paso una huella de familias diezmadas, pueblos malditos, desconfianza y miedo, mucho miedo. Escuché más historias. Que el Ébola en realidad no existía, que todas esas personas que iban al hospital para no volver jamás eran usadas, tras su muerte, en rituales de brujería o que los occidentales estaban inoculando el virus para matar a los africanos. El miedo generando sus monstruos o convertido en negación.

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Campaña de sensibilización sobre el Ébola en Kailahun. / Foto: UNICEF

En Kenema, en Freetown, en Makeni nadie se toca. Se acabaron los abrazos y los apretones de manos. En la zona cero de la epidemia los parientes huyen de sus propios muertos y esperan a que vengan voluntarios con trajes de protección para encargarse de los entierros. Hay cientos de niños huérfanos rechazados por sus propias familias, tres mil dice Unicef. No pensé que iba a ver esto en África jamás. Pero lo vi. Como vi a gente enferma que se negaba a ir al hospital, a militares apuntando con fusiles a gente encerrada en cuarentenas que dejaron aislados a pueblos, a provincias enteras, a hombres y mujeres estigmatizados, rechazados por los suyos. Lo vi en abril en Guinea y lo volví a ver en agosto en Sierra Leona. Desde entonces, aquella serpiente letal y fuera de control no ha dejado de reptar y ha mordido ya a 7.500 personas matando, sí, matando, a 3.500. Tres mil quinientas. Se dice pronto.

A veces no sé muy bien cómo transmitir la desolación que se vive allí. La sensación de estar enfrentándote a un gigante invisible que está ganando la partida, de perseguir a un enemigo que corre más rápido que tú. Y no porque no se le pueda vencer, sino porque no hay medios para hacerlo. Porque hay diez ambulancias para 500.000 personas o porque no hay motos para llegar a los pueblos donde el Ébola ya llegó. Porque no hay capacidad en los centros de Monrovia, porque en la puerta hay un enfermero de Médicos sin Fronteras que tiene que decir no a personas enfermas, asustadas, que miran a los ojos a su propia muerte, porque no cabe más gente, porque cada vez que abren un nuevo centro a las pocas horas ya está lleno de nuevo. Y porque toda esa ayuda prometida no acaba de llegar, porque el mundo no ha organizado una respuesta ni en el momento que debía ni ajustada a la dimensión de un problema enorme. Porque hemos mirado durante meses para otro lado.

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Amadu y Haiwau, dos niños que se han quedado huérfanos por el Ébola. / Foto: J.N.

El Ébola hace estragos porque ha sabido medrar en sistemas de salud débiles de países que se encuentran entre los más pobres del mundo a los que ha llevado al colapso. En Nigeria y Senegal, con estructuras más sólidas, lo han sabido derrotar, aunque nadie baja la guardia. Por eso asisto entre alucinado y triste a esta ceremonia histérica de la confusión que vivimos estos días en España, a este pánico inducido y alimentado, a esta amalgama de vecinos “en shock”, etiquetas de Twitter #vamosamorirtodos y desenfoque interesado. El miedo es irracional. Genera reacciones de huida, de violencia incluso. Lo hace en África, pero también aquí, donde por cierto tenemos mucho menos que temer. Ojalá que la auxiliar de enfermería contagiada en Madrid se recupere y salga pronto del hospital. Eso sí. Habrá que depurar responsabilidades y mejorar la manera de hacer las cosas porque se han cometido errores. Sin duda.

Pero me hubiera gustado también que el incendio captara nuestra atención mucho antes de que una chispa nos saltara en el regazo. Que se hubieran recogido miles de firmas y hubiera manifestaciones, pero no para salvar la vida de un perro, sino para promover el envío de ayuda y recursos al foco real del problema, donde hay gente muriendo a puñados. Y, sobre todo, que la serpiente del miedo no nos nuble la mirada y que entendamos de una vez que 3.500 seres humanos muertos y los que vendrán no son sólo una cifra aburrida en un periódico una mañana de domingo.

Hay 14 Comentarios

Yo si lloro por los muertos de Ébola en Africa porque sus vidas...se han perdido.
Lloro por los niños que no han podido crecer, los adultos que no han podido envejecer y los ancianos que han dejado de creer.
Lloro por el dinero que no se ha invertido, los tratamientos que no se han aplicado, por el poco esfuerzo efectuado, lloro por......el olvido.
Lloro por la mirada inocente, por la nobleza de la gente...
Lo siento, pero, yo sí lloro.

Sres. Soy Venezolana - El español no sabe lo que tiene. Siempre han ayudado a otros paises, y afrontado terribles circunstancias, porque ahora que tienen que ayudar a sus compatriotas que prestan servicio en otros mundos olvidados, en este caso de Ébola en España echan culpas a todos y no buscan soluciones??? La culpa la tenemos todos como seres humanos egoístas y por falta de respeto. Es lamentable que el Español no quiera lo suyo. Se quejan por cosas tan tontas como una crisis, pero no se ven el "culo de paja" ni ven el patio del vecino que verdaderamente si estan en crisis, asi como en Haiti, y los paises africanos. Aplican una politica tan madura (como la nórdica) y son tan inmaduros para llevarla. Por favor amen a España tal y como es, y los que tenemos que cambiar somos nosotros mismos, no los politicos.

Me gustan los animales, (y tengo perro) pero me gustan mas las personas. Un niño vale mas que cien perros, vivan donde vivan y sean del color que sean, creo que esto no lo discute nadie. Triste. Muy triste. Ojala se escuchen mas ALTAS voces como la vuestra porque no se puede tener MAS RAZON.

Quizás seamos capaces de redirigir toda esa energía y buenos deseos de ayudar que "un perro" ha despertado. De manifestarnos por todos, no solo por los nuestros, y de ver más allá de nuestras fronteras. Quizás.

Totalmente de acuerdo. Hasta que no ha llegado a España no hemos sentido el problema como nuestro. Pero no puedo estar de acuerdo con los ultimos párrafos. La culpa no es de los que defienden los derechos de los animales. Puestos a criticar focalicemos en los de los sobres, las tarjetas negras,.... O en el interés que los medios le dedican a Ronaldo o la hija de la Pantoja. Que se lo dediquen a los derechos de los animales no es incompatible con los derechos de las personas. Lo que es incompatible con el
Bienestar Social y la Justicia no es el Bienestar Animal sino la desigualdad social y la avaricia financiera.

la culpa de todo la tenemos los países industrializados, porque hemos saqueado Africa llevándonos lo bueno de ellos y dejando la miseria.

Sin duda nos hemos llevado las manos a la cabeza al ver que llegaba a Europa... mientras estaba en Africa... pasabamos

http://alicantegusta.com/editorial/15-editorial/1233-muerto-el-perro-se-acabo-la-rabia-o-en-este-caso-el-ebola.html

Muchos de los que predican ejemplo y hablan sin pensar en sus propias imbecilidades no razonan que el color de la piel no es motivo para desear lo peor de cada civilizacion.
Si fueran sus propios familiares no opinarian lo mismo,
Sin duda.

Sí, fue todo un acto de responsabilidad sacar un caso 0 y traerlo a un paìs con mínima preparación para combatir epidemias y acosado por los recortes en sanidad. Todo un acierto. Hasta me siento mejor persona, más guay y más solidaria. Pero qué buenos somos.

Este último comentario (10/10/2014 11:36:37) es una síntesis perfecta de la mentalidad española.

Vamos a ver, que algun@s sois bastante cortos. Guinea y Sierra Leona con otros países a cuyos gobiernos poco podemos exigir. Firmas? para qué? si no hay aún cura!!

En cambio en un país desarrollado y supuestamente civilizado se asesina a un perro sin saber si tiene el virus y sin posibilidad de contagiar a nadie.

como se puede comparar eso? y tu escribes en El Pais? vete al ABC, anda...

Porque maten a un perro, miles de gente a la calle.
Porque mueran 3.500 personas, tranquilidad, nada más son negritos de África.

¡¡¡PAÍS!!!

Excelente reseña y dando en el clavo. Ya hemos decidido que la gente en Africa está acostumbrada a morirse y 3500 muertes o 35.000 siguen sin llamar nuestra atención. Solo reaccionamos cuando nos puede afectar y oímos frases como: "Por qué traer los misioneros? Si son unos imprundentes que van a esos paises peligrosos, que asuman los riesgos". Tratar de salvar a unos compatriotas solidarios (y no cabezas locas como se trata de decir) es un imperativo moral. El problema es hacer las cosas de forma chapucera y no ser capaces de tomar las mismas precauciones que una ONG como Medicos Sin Fronteras toma en entornos mucho más complejos que un hospital en Madrid. Todo mi apoyo para Teresa Romero y su familia.

Ahora que ha cruzado la frontera es importante, ahora la gente se pone nerviosa... antes eran los "negritos" una cosa de ellos...
http://alicantegusta.com/editorial/15-editorial/1233-muerto-el-perro-se-acabo-la-rabia-o-en-este-caso-el-ebola.html

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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