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Lola Huete Machado

El aceite de palma está matando la selva

Por: | 09 de abril de 2015

Muchas de las tierras acaparadas por multinacionales o gobiernos extranjeros en África se destinan a la plantación de palmeras de aceite (Elaeis guineensis), un gran negocio. Pero científicos pertenecientes a la Society for Conservation Biology (SCB) advierten de que esta práctica puede resultar en la pérdida de grandes cantidades de selva en el continente con las graves consecuencias que eso acarrea para el medio ambiente.

Las personas, los bosques y la fauna del continente se verán gravemente afectadas si se sigue permitiendo la expansión desenfrenada de las plantaciones de palmeras de aceite, sobre todo en África occidental y central, dice la organización de científicos.

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Talando la selva para plantar palmeras acceiteras. Beatrix Richards / WWF 

 

A finales del pasado mes de enero, SCB hizo un llamamiento a los gobiernos africanos, compañías multinacionales y conservacionistas para que tengan en cuenta los peligros que el crecimiento de las plantaciones de palmeras de aceite representa antes de que sea demasiado tarde; como ya ha sucedido en el sureste asiático, donde se piensa que Indonesia, por ejemplo, perderá la mayoría de su superficie de selva tropical para el año 2022. Similar es la situación de Malasia.

Según la organización, África contiene alrededor de 675 millones de hectáreas de selva, lo que corresponde al 17 % del total mundial. Estos espacios dan cobijo a unos 1.5 millones de plantas y especies animales que, al mismo tiempo, dan apoyo a las comunidades locales en términos de alimento, alojamiento, vestido y medicinas. Sin embargo, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que entre los años 2000 y 2010, el continente perdió 3.4 hectáreas de selva (una superficie mayor que la de Bélgica), de las cuales 572.000 correspondían a bosque primario. Este fenómeno se debe, principalmente, a la demanda de tierra para el cultivo, la explotación comercial de la madera, la urbanización y la industrialización.

En los últimos años, este fenómeno se ha acelerado en gran escala debido a las grandes inversiones de las multinacionales agrícolas en plantaciones de palmeras de aceite. Estas no solo llevan a la pérdida de la cobertura natural de la selva, sino que también conduce a la muerte a muchas especies en peligro de extinción, como pueden ser los orangutanes u otros grandes simios o al auge de epidemias como pueden ser el VIH/SIDA o el ébola.

Las plantaciones de palmeras de aceite se han convertido en uno de los cultivos que más rápidamente han crecido en todo el mundo.  Durante décadas, el sureste asiático fue el territorio favorito de los productores de este aceite. Sin embargo, en los últimos años, a medida que la tierra se ha ido agotando en aquella región, las grandes multinacionales del sector agrícola han puesto sus ojos en África.  Por eso, se han lanzado a una carrera frenética para acaparar tierras donde plantar las palmeras aceiteras, dando lugar a un fenómeno que algunos expertos han llamado la “última fronteras” de la producción agrícola.

Es por eso que SCB aboga por un desarrollo sostenible de las plantaciones de palmeras de aceite que no ponga en peligro la supervivencia de las selvas tropicales y la riqueza que contienen. Para ello pide un rol más activo de los gobiernos africanos que deben regular un sector que carece de normas. Hasta el momento, solo Ghana ha realizado un tímido intento de establecer algún marco jurídico para este asunto.

En 2004, se formó la Mesa redonda sobre aceite de palma sostenible (RSPO por sus siglas en inglés). En la actualidad cuenta con unos 1.000 miembros que incluyen productores, procesadores, distribuidores, comerciantes o consumidores de aceite de palma junto a bancos e inversores y ONG que trabajan en los campos del medioambiente o en aspectos sociales o de desarrollo. Este organismo certifica el aceite de palma sostenible. Esto que puede verse como un gran avance en este campo, no garantiza que el cultivo de las palmeras de aceite esté libre de deforestación.

Por eso, en 2013, más de 200 científicos pidieron a la RSPO que adoptase criterios más fuertes para dar solución a este problema. Sin embargo, el organismo todavía no ha dado respuesta a la petición. Como alternativa a la deforestación de las selvas africanas, estos científicos proponen que se planten las palmeras en tierras degradadas y en suelos minerales en vez de aquellos que contienen turba. Además, sugieren que las plantaciones pueden aumentar su producción para reducir la necesidad de nuevas aperturas.

Es curioso observar que durante tanto tiempo el sureste asiático haya sido, y siga siendo, el mayor productor mundial de aceite de palma, cuando la palmera aceitera es originaria de África occidental. Hay noticias que testifican que en esta zona se obtenía aceite del palma hace cinco milenios. De África pasó a América poco tiempo después de la llegada de Cristóbal Colón a ese continente, para ser llevada a Asia en épocas más recientes. Ahora, mejorada, regresa al continente del que salió.

Sin embargo, África, a pesar de ser la cuna de esta palmera, de que el aceite de palma sea esencial en la dieta alimenticia de muchos pueblos del continente y de las grandes plantaciones que han surgido en los últimos años, especialmente en los países de África occidental y central, tienen muy poco peso en el negocio mundial de este producto. Solo destaca Nigeria, con una producción cercana al millón de toneladas de aceite al año. Es por eso que el continente tiene, curiosamente, que importar aceite de palma en grandes cantidades para satisfacer las necesidades de su población.

La demanda de aceite de palma está creciendo muy rápidamente en todo el mundo. Al ser uno de los aceites más baratos del mercado, cada vez es más requerido para la elaboración de productos alimentarios (como margarinas, chocolates, cremas de queso o para la fabricación de patatas fritas por parte de grandes cadenas de comida rápida, entre otros muchos ejemplos), cosméticos y, cada vez más, para biodiesel.

De ahí que cada día se necesiten más tierras para plantar estas palmeras y que ante el agotamiento de las del sureste asiático las grandes multinacionales hayan puesto sus ojos en África.

 

 

Hay 3 Comentarios

esto se debe no a los problemas de tierra en el sudoeste asiatico sino qeu afica es un nicho de mano de obra barata 1 dolar por dia persona que les garantiza a los inversionistas asiaticos enormes ingresos a costa de la biodiversidad si el costo de la mano de obra fuera mas caro ellos no miraraian atractivo el continente africano, hay qeu tener en cuenta qeu se necesita una persona por acad 10 has sembradas es decir que lo que pretende sembrar empresas grandres son enormes cantidades de impuestos y trabajo para un continente carente de el.

De acuerdo con Pepe. Pero además dejé de leer cuando dijo eso de que "conduce al auge de epidemias como pueden ser el VIH/SIDA o el ébola". Qué frivolidad para un tema tan grave!

La noticia no comenta nada de los efectos nocivos del aceite de palma para las enfermedades coronarias. Se está reemplazando grasas hidrogenadas por algo peor, y nos lo venden como "aceite vegetal".

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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