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Lola Huete Machado

Los huérfanos del ébola empiezan a sonreír

Por: | 01 de abril de 2015

 

Ap-fotos Sierra Leona ante el ebola
Imagen insólita de Freetown, la capital de Sierra Leona. Así de vacía aparecía ayer una de las calles comerciales, habitualmente atestadas, tras la declaración de tres días de encierro para intentar detener el ébola en este país de poco más seis millones de habitantes. Fotografía de Michael Duff (AP)

Un año después de que Guinea identificase al ébola como responsable de las muertes que desde meses antes se producían en el sur del país, se han registrado más de 24.700 casos y más de 10.200 muertes por esta enfermedad. En las últimas semanas, las cifras de afectados de ébola han descendido considerablemente en los tres países que más han sufrido su impacto: Guinea, Sierra Leona y Liberia.

Sin embargo, la enfermedad está lejos de desaparecer. En Liberia, por ejemplo, después de un mes sin ningún caso, el pasado viernes 20 de marzo se registró uno nuevo en la capital, Monrovia, que ya ha fallecido. Ahora el gobierno pide a sus ciudadanos abstinencia sexual para evitar la propagación de la enfermedad. En Guinea se ha producido un repunte en el número de víctimas, duplicándose los casos de ébola en un mes. Finalmente, Sierra Leona que tenía previsto abrir los colegios la tercera semana de marzo, ha retrasado la apertura hasta el 14 de abril.

Desde enero, cuando se anunció la primera fecha de apertura de las escuelas, el gobierno sierraleonés busca dinero para desinfectar todas los colegios, especialmente los  que han sido utilizados como centros de tratamiento del ébola y construir letrinas y pozos en aquellas que carecen de estas facilidades. Solo el 66 % de las 8.150 escuelas que existen en el país, tienen servicios para los alumnos. Pero parece que solo se han conseguido 50 de los 135 millones de dólares que el gobierno había presupuestado para esta actividad.

Por su parte, muchos padres protestan porque aunque el curso escolar será muy reducido los colegios están pidiendo el pago completo de la matricula, lo cual supone un esfuerzo muy grande para las familia debido al impacto que el ébola ha tenido en la economía local. El gobierno anunció que por este curso se haría cargo de estos gastos, pero hasta el momento no ha cumplido su promesa.

Además, el gobierno sierraleonés volvía a encerrar en sus casas a toda la población del país, del 27 al 29 de marzo, con el propósito de poner fin a la enfermedad.  En un principio, el ejercicio se iba a limitar a algunos barrios de la capital, Freetown, y partes del distrito de Kambia, en el norte, afectando a un total de 2.5 millones de personas, pero el viernes 20 de marzo, en un discurso a la nación, el presidente del país, Ernest Bai Koroma, decidió extenderlo a todo el país. La medida no fue del agrado de parte de la población que se manifestó en Freetown y la policía tuvo que intervenir disolviendo las manifestaciones con gases lacrimógenos. Pero gracias a ella afloraron nuevos casos de la enfermedad que no estaban registrados.

Aunque la enfermedad sigue activa, se ha conseguido reducir la mortalidad de los infectados del 70 % al 40 %. Según el padre Jorge Crisafulli, responsable de los misioneros salesianos en los países de habla inglesa en África Occidental, esto se debe a la mejor atención de los pacientes, el correcto tratamiento de los síntomas y el apoyo emocional de familiares y personal que trabaja con los enfermos.

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Huérfanos del ébola en el centro de los misioneros salesianos. Foto misiones salesianas.

Desde el inicio de la epidemia los salesianos se han volcado con las niñas y los niños huérfanos del ébola. Más de 200 menores de entre 4 y 17 años han pasado por el centro abierto por los misioneros en Sierra Leona. “Algunos llegaron muy débiles, sin poder hablar ni caminar. Con buena alimentación y cariño han vuelto a sonreír. Y eso es maravilloso”, explica Crisafulli.

Ahora, los huérfanos del ébola se enfrentan a una nueva dificultad. La mayoría de ellos se han visto despojados de las tierras, casas y herencias de sus padres, muchas veces a manos de los propios parientes. En algunas ocasiones, estos menores son acusados de brujos por haber sobrevivido a sus padres, una triquiñuela más para arrebatarles sus derechos. Cuenta el religioso un caso concreto en el que cinco hermanos, el menor de cuatro años y el mayor de 17, habían perdido a los dos progenitores por causa del ébola. Cuando los misioneros intentaron reunificarlos con la familia extensa, al llegar a la aldea y dirigirse a la casa de los hermanos, descubrieron que el tío de los niños ya la había alquilado. Por esta razón, Crisafulli comenta que los salesianos han contratado abogados para defender a estos niños y niñas.

Además, los salesianos tienen que afrontar otros retos para ayudar a estos niños y niñas a superar la situación vivida, como por ejemplo, el trauma que para muchos de ellos supone el haber visto a las ambulancias llevarse a sus padres y no haber vuelto a saber nada más de ellos.

Los misioneros, también, están haciendo todo lo necesario para facilitar la vuelta a la escuela de estos menores a través de becas de estudio y apoyo alimentario.

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El panorama que ha dejado esta enfermedad en un país como Sierra Leona parece desolador. Muchas familias han perdido todo lo que tenía y dependen de la ayuda humanitaria. Campos sin cultivar, pequeños comerciantes que han visto desaparecer las mercancías de sus negocios sin poder reponerlas y han tenido que utilizar las ganancias para alimentar a sus familias en un país en el que cada día suben los precios de los alimentos básicos.

Desde Madina, en Tonko Limba, norte de Sierra Leona, Joseph, un maestro de educación primaria, comenta, a través de Facebook, que el nuevo encierro decretado por el presidente les ha caído como un jarro de agua fría. En la zona llevan semanas sin registrar ningún caso de ébola y la población empezaba a pensar que la epidemia estaba superada. “Un cierto optimismo se había apoderado de nosotros”, escribe, “pero con esta nueva medida nos hemos hundido, parece que nunca superaremos la situación”.

En Sierra Leona, todos sueñan con una vuelta a la “normalidad”, pero como comenta el Padre Luís Pérez, misionero javeriano en Makeni, la capital de la provincia del norte, para eso “habrá que superar, poco a poco, el sufrimiento padecido, la ausencia de las personas queridas, las situaciones familiares destrozadas y la de los niños y niñas que se han quedado solos, el bajón que se ha producido en la economía…”

En el escenario post ébola, los misioneros salesianos se plantean seguir trabajando con menores como llevan haciendo desde que desembarcaron en el país. Ampliarán su centro integral de protección al menor de Freetown, donde llevan años trabajando con niños de la calle, para acoger a los menores huérfanos del ébola que no puedan ser reunificados con sus familias extensas, niñas abusadas sexualmente, niños y niñas traficados o explotados laboralmente.

Como explica Crisafulli, se abrirá una nueva etapa donde “la educación, los menores en riesgo y la ayuda a las familias más pobres serán nuestras prioridades”.

Desde Misiones salesianas no bajan la guardia. “No podemos olvidarnos del sufrimiento de millones de personas y aunque la recuperación completa puede llevarnos cinco o seis años, seguiremos ayudando y apoyando a los más vulnerables”, explica Ana Muñoz, portavoz de la organización.

Hay 2 Comentarios

es una buena noticia pero hubiera habido menos huérfanos si la ayuda internacional hubiera sido menos tardía y más resolutiva

Al fin tenemos noticias buenas sobre el tema porque lo que todos deseamos es la vuelta a la normalidad

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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