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Lola Huete Machado

Con E de "escrivismo" y de Edwige-Renée Dro

Por: | 15 de septiembre de 2015

Una fila de asientos de avión, grandes, acolchados y pomposos, se alinea, en color negro y crema, pegada a la pared verde de Ovillage. En uno de ellos se acomoda Edwige-Renée Dro (Man, Costa de Marfil, 1984), periodista, escritora, traductora, bloguera y pluma seleccionada por el proyecto Africa39 como uno de los 39 mejores escritores menores de 40 años en África subsahariana. Un honor que comparte con "estrellas" como  Dinaw Mengestu, Chimamanda Adichie, Ondjaki o Taiye Selasi. Edwige dirige un club de lectura en Abiyán, centrado en literatura africana y denominado Abidjan Lit (Abiyán lee) y forma parte de incontables proyectos de creación y difusión literaria panafricanos. Lo suyo es el writivism, una mezcla de escritura y activismo, el "escrivismo" si lo traducimos muy libremente.    

"Ovillage es un espacio abierto para trabajar y me viene muy bien porque soy freelance, no tengo oficina", comienza, los ojos amistosos y francos relumbrando tras los cristales de las gafas y fluyendo entre el francés y el inglés con facilidad. "Un espacio de inteligencia colectiva, una pasión social. Aquí vengo a trabajar en mi primera novela. Escribo en inglés y traduzco al francés. Participo en proyectos que quieren acabar con la brecha entre la literatura francófona y la anglófona que se hacen en el continente africano, como Jalada, con autores de República Democrática del Congo, Nigeria, Kenia o Uganda. La idea es traducir lo que se escribe en inglés al francés y viceversa".  

Edwige-Renée apuesta por crear en, desde y para el continente africano. Por que los escritores africanos puedan disfrutar de residencias, becas y premios en África, por que publiquen en editoriales y mercados africanos, por que los propios autores africanos se hagan cargo de su obra sin esperar un premio Fémina o una llamada de L'Harmattan. Precisa que hay una actitud más proactiva y más iniciativas de apropiación literaria en el mundo africano anglófono y de nuevo surge el nombre de Jalada, junto a los de revistas literarias como Saraba o Kwani? o iniciativas editoriales muy específicas como  Sapphire BooksNollybooksStorymoja DrumbeatsAdoras o Ankara Press. De nuevo, mayoritariamente anglófonas.

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Edwige lleva un año y medio de vuelta en Costa de Marfil, parte de una oleada de creadores, emprendedores y otras criaturas mitológicas que regresan a África desde sus exilios y diásporas, a pesar de no tener claro si se trata de una decisión sabia o absurda. En el caso que nos ocupa, hablamos de una marfileña multilingüe (inglés, francés, yacuba y diula para empezar) que creció en el norte y centro de su país, entre Odienne y Yamusukro, y que completó sus estudios universitarios en Inglaterra, donde comenzó a publicar y podía haber permanecido, escribiendo y traduciendo.  

El regreso le ha abierto los ojos ante la realidad de la literatura africana sobre el terreno: señala que la última novela de Alain Mabanckou cuesta 15.000 francos CFA en la Librería de Francia, en Abiyán. Casi 23 euros, un precio prohibitivo para la mayoría de los bolsillos marfileños. Apunta a que quienes pueden comprar los libros, la gente que tiene un poder adquisitivo real, puede no ser la gente más "formada". Probablemente, explica, "es el comerciante que se dedica a la economía informal y que dispone de francos CFA, pero que no puede leer o no se interesa por personajes e historias que no le dicen nada, porque están pensados para otro tipo de público". Y Edwige señala algunos defectos de parte de la literatura que ejercen sus compatriotas: conversaciones formales y alambicadas; términos rimbombantes para presumir de un vocabulario casi académico pero que convierten los textos en campos de minas semánticas incomprensibles para un lector medio; situaciones propias de la campiña francesa y no de un mercado donde se maneja el dialecto urbano marfileño, el nouchi; relaciones y situaciones propias de un mundo aséptico, pulido y acartonado que no es -evidentemente- el marfileño.

"No sólo tenemos que escribir, publicar y quejarnos después de que nadie lee", apunta Edwige-Renée Dro. "El 51 % de la población de mi país es analfabeta. Del 49 % que sabe leer, la cantidad de público que puede pagar un libro o que se interesa por la lectura puede alcanzar un 1 %. Hablamos de un país con poco más de 20 millones de habitantes, así que apenas 100.000 personas. Creo que es necesario desarrollar formatos que animen a la lectura, que la acerquen a los marfileños. Grabar historias en audio para ese 51 % que no sabe leer. Llevar la literatura a la escena, recuperar el brillante panorama dramático que teníamos en los 80. Movilizar a nuestras asociaciones de escritores. Utilizar nuestra inventiva, nuestra creatividad".

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Capítulo aparte merecen las lenguas africanas, un tema que también le interesa, aunque recuerda que no todos los que hablan yacuba o dida o diula pueden leerlo.  "Es necesaria la alfabetización en lenguas maternas", afirma y vuelve a la carga con el ineludible rediseño de la política cultural marfileña para dejar de concentrarla en una élite intelectual minoritaria y dirigirse a la totalidad de la sociedad. Su obsesión es atraer hacia la lectura a ese segmento de población con poder adquisitivo, quizás no alfabetizada y que no siente como propia una literatura casi versallesca, alejada de los tubos de escape de Plateau y los punzantes olores de la Laguna Ebrié. 

"No es malo pensar en premios occidentales, pero tenemos que crear nuestros propios premios y escribir para nuestros compatriotas. Producir e imprimir libros aquí, no en Francia, porque el precio se triplica. Hay que conseguir la implicación de las editoriales africanas. Y dirigirnos al mercado africano. Tenemos que abordar temas de actualidad, que interesen a nuestros vecinos y hacerlo de manera que les enganche. Armand Gauz acaba de publicar Debout-payé*, un libro fantástico y que sería muy interesante para muchos marfileños y africanos. Trata un tema de actualidad, la inmigración, y podría ponerse en escena o utilizarse para sensibilizar y educar en los institutos y colegios. Aquí hay mucha gente desesperada por ir a Europa, que sienten la atracción del Norte, que se van a la iglesia a rezar para poder cumplir ese sueño". 

Precisamente la primera novela de Edwige, I didn't come to stare at Big Ben, también se centra en la migración y el retorno. Escrita en una mezcla de inglés y nouchi, "es la historia de un joven, Ismo, que viene a Inglaterra y decide usar todos los medios posibles para convertirse en alguien importante de vuelta a Costa de Marfil". Ismo conoce a Rebecca Kouadio, una compatriota hija de alguien importante pero con problemas de visado.  Le propone matrimonio, porque los diez años pasados en Inglaterra le han dado acceso al pasaporte británico, pero ella se niega. Rebecca es una chica de clase media que quiere volver al país y le convence para regresar juntos, al menos de vacaciones. Ismo accede y, tras tres semanas en Costa de Marfil, se convence de que la narrativa del Africa Rising no es para él ni gente como él, que necesita enviar dinero de vuelta a su familia. Así que retorna a Inglaterra con la intención de quedarse allí.

 

  

Edwige-Renée Dro está convencida de que su escritura y su público están aquí, en las calles de su país y de su continente. En parte, también porque siente que, de alguna manera, Europa sigue anclada en el África de la guerra, la pobreza y el hambre y no considera apenas la posibilidad de publicar historias de normalidad firmadas por africanos. Todavía, a pesar de exotismos como Chimamanda Adichie o Binyavanga Wainaina, parece que una historia africana publicable en Occidente pasa por clichés en forma de niño soldado, abnegada madre que carga niños famélicos y garrafas de agua, patera, miseria, drama. 

"Tenemos que escribir y publicar nuestras propias historias", concluye contundente, embutida en su camiseta del TedxAbidjan en el que participó esta primavera. Y deja para otras conversaciones futuras una residencia literaria próxima en Nigeria, su trabajo como mentora de un joven escritor ruandés dentro de un proyecto de Huya Press, la creación de una revista literaria al estilo de Jalada o Saraba en su país, una próxima participación en un congreso de escritores en Malasia y mil y un proyectos e ideas que bullen en su cabeza, siempre en movimiento. 

* Novela publicada por Le Nouvel Attila, que ha recibido el premio de las librerías Gibert Joseph 2014 y el premio a la mejor primera novela francesa del año 2014 en la clasificación de la revista Lire. Cuenta la historia de precariedad y desarraigo de muchos de los africanos que viven en París, sobreviviendo en trabajos como la seguridad de los grandes almacenes y sin papeles en la mayoría de los casos, expuestos permanentemente al racismo y la amenaza de la expulsión

Más información:

Love is not found at bus stops, de Renée Edwige Dro

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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