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Lola Huete Machado

Nuevas tecnologías para mejorar un poblado tradicional

Por: | 28 de marzo de 2016

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Una de las grandes novedades de una boma moderna: una ventana / Foto Ch. C.

Boma. Así es como los samburus, un grupo étnico del noroeste de Kenia, llama a sus asentamientos o poblados. Estos están construidos en círculos concéntricos. En el interior está el corral, lo más importante y por eso lo más protegido, que sirve para guardar el ganado por la noche, la principal riqueza de este pueblo. Luego  las chozas de las mujeres y sus hijos, todas ellas a la  misma distancia del círculo central y con una puerta en la valla de ese que permite el acceso directo al ganado propio. Finalmente una cerca de palos y espinos, con otra puerta delante de cada casa por donde entran las reses de cada familia, que sirve para proteger el poblado. 

En una boma vive el jefe, sus mujeres y sus hijos varones con sus respectivas familias. Las hijas, cuando se casan abandonan el poblado familiar y se unen al de sus maridos. Cada casa, construidas con palos y barro, alberga a una mujer y a sus hijos pequeños, los hombres van rotando entre sus distintas esposas y nunca tienen un lugar fijo.

Como los samburus son seminómadas, las estructuras de sus asentamientos son muy  precarias y están pensadas para ser temporales, fáciles de abandonar cuando la familia se traslada en busca de agua y pastos para el ganado. Lo importante es que el corral, donde se resguarda el ganado, esté bien protegido de posibles robos, el resto no es tan importante. Por eso las chozas tradicionales son muy bajas, hay que andar encorvado dentro de ellas, sin ventilación, llenas del humo de la lumbre donde se cocina y en ellas también duermen algunos animales como cabras u ovejas. Suelen tener solo una pequeña abertura, junto al lugar donde se hace fuego que mira directamente al corral del ganado, paro poder vigilar a este. 

La boma de la familia Lengerded, en la zona de Suguta, consta de una docena de casas y es algo distinta a las que la rodean. Ha sido elegida como parte de un proyecto pionero para probar  técnicas que permitan mantener las estructuras tradicionales  al mismo tiempo que se mejoran las condiciones de vida de sus habitantes, con cosas tan sencillas como elevar la altura de los techos para que se pueda estar de pie dentro de la casa, abrir ventanas en las paredes para ventilarla y aportar luz, sacar los animales del interior, construcción de letrinas, introducción de mosquiteras sobre las camas para combatir la malaria, basureros o la transformación de los excrementos de los animales en abono. 

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Cocinando dentro de la casa, al fondo se aprecia la mosquitera sobe la cama

La familia Lengerded se ha sedentarizado gracias a que la Fundación Amref Salud África, que financia  y supervisa la implementación del proyecto, ha excavado pozos en la zona que permiten el acceso al agua de las personas y el ganado. 

Consecuencia directa del paso dado por esta familia, todos los niños del poblado están escolarizados lo que supone que los hombres adultos se pasen el día fuera del mismo con el ganado, actividad que tradicionalmente estaba encomendada a los más jóvenes.

Stella Ekai es una trabajadora social encargada del seguimiento de esta boma y otras vecinas. Está muy orgullosa de lo que la familia Legerded está consiguiendo. Cuando llega al poblado se reúne con los dos voluntarios que se encargan de supervisar las medidas propuestas, uno es el hijo mayor del jefe, Benson Lengerded, y la otra una de las mujeres de uno de sus hermanos, Yalaite Leshoorions, que está embarazada. 

Estos voluntarios han sido formados en materia de sanidad, higiene, nutrición… y están ayudando a su grupo a conseguir una vida más sana. También se ha formado a algunas mujeres para asistir en los partos de sus compañeras para que estos se hagan de forma segura. Yalaite explica que ahora “cuando nace un niño tenemos agua limpia y conocimientos que están permitiendo que la gran mayoría de ellos sobrevivan”. 

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Niños lavándose las manos

Benson comenta que “asumir los cambios no ha sido fácil ya que era ir contra la forma de vida tradicional y contra muchas tradiciones”. Cualquier decisión que se tome en la boma tiene que ser discutida en el loip, especie de asamblea donde solo participan los hombres y que tiene lugar bajo un gran árbol a la entrada del poblado, ya fuera de su cerca. “No fue fácil convencer a todos”, comenta el voluntario, “porque nos cuesta cambiar nuestra forma de ser, sobre todo a los más mayores”. La intervención del jefe, Lei Lengerded, fue decisiva en este punto. Vio la bondad de las medidas que proponían su hijo y los trabajadores sociales venidos de fuera. El jefe Lengerded es un anciano alto que pasa el día calentándose al sol, sentado de en una silla de ruedas o apoyándose en unos largos palos cuando necesita caminar, pero todavía mantiene el control sobre toda su familia. 

Stella repasa las ultimas novedades de la boma con los voluntarios. Primero examinan el calendario de vacunas de los niños que viven allí y luego hacen un recorrido por las instalaciones para ver cómo se están implementando las medidas. Benson informa de que se han construido pequeñas estanterías con palos para poner a secar los utensilios de cocina y los platos de la comida en alto, y no en el suelo como se hacía antes. Stella inspecciona con especial cuidado las garrafas de plástico a las que se les ha practicado un agujero en la parte más baja, tapado con un palo, y que sirven para que las personas se laven las manos antes de comer, por ejemplo, otra novedad a la que la familia Legerded se está acostumbrando.

Los voluntarios también enseñan los gallineros que están construyendo porque han empezado a introducir gallinas en el poblado y añadir huevos a su alimentación. El corral del ganado está muy limpio y todo el excremento amontonado fuera de la cerca de la boma para ser utilizado como estiércol natural en los huertos que las mujeres de la aldea están aprendiendo a cultivar para mejorar la alimentación de sus familias. Aunque justo hoy, están todas con sus hijos pequeños en el asentamiento, esperando la visita de Stella.

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Paneles solares sobre los tejados de las chozas tradicionales

Llama la atención que sobre los tejados de palos y barro de las chozas se vean placas solares, son para cargar las baterías de los móviles, escuchar la radio y tener un poco de  luz por la noche dentro de la vivienda. Otra gran novedad que está revolucionando la vida del poblado.


La trabajadora social comenta que los basureros que se han cavado cerca de cada casa, al otro lado de la vaya que protege al poblado, están muy llenos a pesar de haberse quemado la basura e indica que debería ahondarse en ellos para proteger la salubridad del asentamiento. 

También se acercan hasta las letrinas enclavadas a cierta distancia del poblado, se trata de un agujero excavado en el suelo y cubierto con algunos troncos, todo ello protegido por una lona naranja muy llamativa. En un árbol cercano hay un recipiente de plástico convertido en grifo para lavarse las manos. Antes las personas normalmente usaban el corral donde se guarda el ganado.instrumento de trabajo que lleva encima. Allí guarda todo lo que necesita saber y escribe sus informes, que luego envía rápidamente a la sede regional del ministerio de asuntos sociales, o al de sanidad si se trata de vacunas o datos médicos. También registra nuevos nacimientos y defunciones. Lo curioso es que el móvil utilizado no es un smartphone, este sistema no necesita wifi o datos, solo que haya cobertura de telefonía móvil, algo garantizado en casi toda Kenia hoy día.

Benson y Yalate, los voluntarios de la comunidad, pasan toda la información que tienen a Stella y están en continuo contacto con ella también a través de sus teléfonos móviles. Ellos fueron formados en un curso que duró varios meses. Pero ahora, a través de sus móviles reciben mensualmente temas para mantenerse al día. Estos están escritos y también grabados, en inglés y swahili; además ellos pueden interactuar con los formadores enviando preguntas y comentarios. “Una forma de mantenerse al día y suplir la educación que no tuvimos en su momento”, comenta Benson. 

Se trata de un modelo conocido como HELP, un sistema de formación y sensibilización desarrollado por Amref. El siguiente vídeo explica cómo funciona. 

 

Amref también ha invertido muchos esfuerzos y medios para poner en  marcha un nuevo sistema de comunicación entre este tipo de comunidades y los sistemas formales de salud, se llama m-JALI. A través de la telefonía móvil, los trabajadores sociales envían información a los centros de salud para poner al día estadísticas, detectar brotes de epidemias, organizar campañas de salud… Al mismo tiempo, esta información permite a las autoridades conocer si los programas de salud diseñados están siendo realmente implementados y qué eficacia tienen. 

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Stella enviando la información recolectada durante el día a través de su teléfono móvil

En definitiva, tecnología puntera para mejorar las condiciones de vida de la población rural más apartada y desfavorecida. 

Todas las fotos: Chema Caballero.

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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