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Lola Huete Machado

El Festival de Cine Africano volvió a Tarifa y zarpó a Tánger

Por: | 30 de mayo de 2016

Irse o matarse. O seguir y hacer cine. La primera disyuntiva es la de algunos de los protagonistas de películas crudas y sublimes de jóvenes africanos sobre jóvenes africanos. La segunda posibilidad, la de hacer cine, y resistir, es la ruta que tomaron algunos de esos jóvenes que hoy muestran sus trabajos en la 13* edición del Festival de Cine Africano, que se celebra conjuntamente -por primera vez- en Tarifa (España) y Tánger (Marruecos), hasta el 4 de junio.

En homenaje a sus amigos desesperanzados, en celebración de sus pueblos castigados, con dolor, en un ejercicio catártico, algunos de estos jóvenes cineastas están pariendo obras que van dejando huella artística y social, desde el sur del Sahara, donde el Atlántico se une con el Índico, hasta el Estrecho, donde el Atlántico penetra hacia el Mediterráneo. De Sudáfrica a Marruecos, pasando por Burkina Faso, Madagascar, Isla Mauricio, Lesotho, Guinea Ecuatorial, Camerún, Mali, Etiopía, Nigeria y Sudán, llegando a Túnez, Argelia y Egipto.

Necktie-Youth
Los chicos perdidos de los suburbios ricos de Johannesburgo, los de la generación post-Apartheid en la Sudáfrica de hoy, según 'Necktie Youth'.

Poco hay de previsible en estas películas que han hecho despegar una edición del FCAT que ciertamente ensancha el horizonte, por esto de estar en dos continentes, al mismo tiempo, amplificando estas voces necesarias. Hablamos, especialmente, de algunos títulos de los primeros días: de la excelente Necktie Youth del sudafricano Sibs Shongwe-La Mer (que habia abierto nada menos que la sección Panorama de la Berlinale, el año pasado, pasó por Tribeca y Venecia); del movilizador documental argelino Fi rassi rond-point (algo así como tener una rotonda en la cabeza), de Hassen Ferhani, y de Starve your dog  ("Hambrea a tu perro"), del marroquí Hichan Lasri (que también estuvo este año en la Berlinale).

En las tres se menciona la idea de que la realidad es tan dura que a la gente le dan ganas de tomar bruscamente un atajo. Trágico. Los tres directores andan en los veintipocos y treinta y algo, con ganas de arte, sensibles a lo que sus sociedades chillan, aun en gritos sordos. Ninguno es complaciente ni estilística ni moralmente con lo que las almas biempensantes esperan del paisaje social africano. No hay complacencia con los suyos, ni estética para turistas. Por eso se permiten hablar hasta del suicidio.

 

Tráiler de la sudafricana 'Necktie Youth'.

Johannesburgo, sus suburbios ricos, los chicos de la primera generación post-Apartheid ya no se relacionan por el parecido en el color de piel, ni se segregan. El corte es otro, como en el resto del mundo capitalista: perdidos y encontrados por el dinero (en este caso, el de sus padres), se emborrachan y se atiborran juntos de pastillas y diversiones caras, neggers y blancos. Sus padres, negros y blancos, sonámbulos por las mansiones, en algunos de cuyos salones cuelga el retrato del héroe nacional. Y cámaras de seguridad, y personal de servicio. Se parece al resto de África, estos países exultantes de nuevos ricos, y la desigualdad enorme, sin embargo.

Hay un espíritu Coetzee en el filme; esto es, la desgracia compartida, el dolor de todos. Estos chicos tratan de encontrar respuestas al suicidio de una amiga, en los pocos instantes en que se permiten la lucidez de la reflexión. Sus preocupaciones no tienen nada que ver con el color de sus pieles y sí con la incapacidad de vivir en paz, en un camino elegido, con un sentido en cada paso, o un bienestar propio y amable con la comunidad.

"Yo nací en 1991, muy cerca del fin del Apartheid, que fue en 1994. Es decir, mi generación nació libre. Yo no tengo nada que decir contra Nelson Mandela (claro que hay un cierto consenso sobre algunas inconsistencias), y es que estábamos a punto de entrar en una guerra civil", explica a nuestro Blog África... el director de Necktie Youth ("jóvenes colgados"), que ahora -y a tono con el deseo de su personaje en el filme- vive en Los Ángeles. Esa tensión social está lejos de haber sido superada, o ha cambiado de contornos, pero continúa. Es tiempo de redefinición social y del sistema político, nos dice el director, y el cine tiene que reflejar esa perplejidad de los jóvenes y la sociedad contemporánea. Y en el caso de Shongwe-La Mer fue quizá el suicidio de su novia, a los 15 años, lo que lo convirtió en este artista que a los 22 terminaba su primera película, dura y sanadora. Asiente.

Del dolor nace la inspiración, y quién sabe si no, el sentido de la vida.

 

 

'Fi rassi rond point', del argelino Hassen Ferhani, o la clase obrera norafricana no va al paraíso.

Del docu-ficción Starve your dog, hablamos aquí, hace unos meses. También de la gente desesperada de este Marruecos fulgurante, en crecimiento, pleno de clases medias con solvencias nuevas, aspiraciones, y heridas sociales y políticas bastante recientes, todavía abiertas. Por su parte, el argelino Hassen Ferhani nos conmueve a palazos en un matadero de Argel. Fi rassi rond-point es una película intensa, imprescindible para comprender la desazón de la clase obrera en los países norafricanos. La contracara de los suburbios ricos, otra desesperación del sinsalida.

También están las senegalesas de la medina de Casablanca, buscándose la vida, siempre de paso pero en el mismo lugar, según la marroquí Raja Saddiki, en Aji-Bi, les femmes de l’Horloge ("las mujeres debajo de la torre del reloj"). Sin abandonar Marruecos, en La orquesta de ciegos está la vida de otros tiempos a la que le rinde homenaje y comprensión el cineasta Mohamed Mouftakir (hablábamos del filme en esta crónica). E imperdible (de nuevo lo recomendamos), la meditación del cineasta experimental Ben Rivers, The sky trembles and the earth is afraid and the two eyes are not brothers, trasuntando el macizo del Atlas, espiritual y enigmático (la cinta abona la sección llamada 'Para raros, nosotros').

Desde Burkina Faso, ese país de África Occidental sin salida al mar, replegado sobre sí mismo y sus hábitos ancestrales, ha desembarcado, asimismo, Farafin Ko: une cour entre deux monde ("un patio entre dos mundos"), de Choé Aicha Boro y Vincent Schmitt, un documental sobre lo mucho que habría que discutir acerca de mandatos patriarcales en sociedades hoy tironeadas entre sus culturas y la occidentalización. Su directora apuesta por un alegato contra la poligamia, que resta energía, dinero, buen humor y salud mental a las mujeres atrapadas en esas familias extendidas, sin opinión posible, haciendo supercherías a escondidas.

Farafin ko

'Farafin Ko: une cour entre deux mondes', la vida de las mujeres en Burkina Fasso, según Chloé Aicha Boro y Vincent Schmitt.

En el FCAT 2016, hasta el próximo fin de semana, pueden verse las producciones de 26 países, 17 de ellos africanos, entre los que destacan Marruecos, con once películas; Argelia y Egipto, con cinco; o Sudáfrica, con cuatro, al igual que Túnez.  Se distribuyen en las dos secciones competitivas ('Hipermetropía' y 'En Breve') y en otras cinco no competitivas: 'AfroScope', 'Si Tánger me fuera contada', 'África en Ritmo', 'Estrechando' y la mencionada 'Para raros, nosotros'.

Fuera de programa, muy destacable resulta la experiencia de La Radio de las Dos Orillas, un taller de radio que arrancó en Tánger, en el que alumnos secundarios de ambos países se ponen a prueba en las lides periodísticas, haciendo entrevistas y comentando el Festival.

"Encontré genial esta idea de hacer la 13º edición del FCAT -que ha vuelto a Tarifa- a ambas orillas", nos comenta Malika Chaghal, directora de la Cinemateca de Tánger, ese espacio referencial que acoge la actividad del festival del lado africano. Valioso "poder trabajar sobre las dos ciudades y sobre los dos continentes, y mostrar cine africano en esta ciudad africana. Pasamos las películas de la sección oficial con una pequeña diferencia de horario, así es que los realizadores van de aquí para allá con el ferry, presentándolas. Por lo demás, estamos expectantes por el Premio del Público que se concederá en las dos sedes", concluye Chaghal.

Porque desde cada esquina del bulevar Mohammed V de Tánger se ve España, y porque desde España debería ser imposible dejar de  pensar en Marruecos, y en África.

 

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Un post de los mejores de cine que he leido

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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