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Lola Huete Machado

Por Chido Onumah (*)

 

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Niñas en clase durante una visita al campo de desplazados de Malkohi, en Yola (Nigeria), de la embajadora de Naciones Unidas Samantha Power el 22 de abril, 2016. (AP Photo/Andrew Harnik)
Niñas en clase durante una visita al campo de desplazados de Malkohi, en Yola (Nigeria), de la embajadora de Naciones Unidas Samantha Power el 22 de abril, 2016. (AP Photo/Andrew Harnik)
Niñas en clase durante una visita al campo de desplazados de Malkohi, en Yola (Nigeria), de la embajadora de Naciones Unidas Samantha Power el 22 de abril, 2016. (AP Photo/Andrew Harnik)
 

En un país en el que el valor de la vida humana es menor que el de una mosca en una carnicería; en el que la miseria es una compañera constante y la sinceridad de nuestros políticos y gobernantes es la misma que los proxenetas hacen extensiva a las prostitutas, no está fuera de lugar celebrar cada minuto, cada hora, cada día, cada mes y cada año. Por eso, es normal que la frase “feliz mes nuevo” se haya convertido en la muletilla de principios de cada mes en WhatsApp, Twitter y Facebook para muchos nigerianos. ¡Pero estoy divagando!

Nací hace exactamente cincuenta años (los cumplí el 10 de abril pasado) en un país que tenía, según todos los indicios, posibilidades de convertirse en líder de la raza negra. Esta es mi historia y, en cierto modo, la historia de Nigeria. El año de mi nacimiento, seis años después de la independencia, tuvo lugar el primero de los numerosos golpes de estado, un acontecimiento sangriento -promovido por quienes lo idearon como un intento de redimir el país-, que introduciría a Nigeria en una espiral fuera de control y lo precipitaría hacia una guerra civil.

Aún resuenan en todo el país los ecos de lo sucedido en aquel periodo turbulento. Cincuenta años después, Nigeria continúa siendo un país de sueños incumplidos. Y esos sueños se están secando como uvas bajo el sol, parafraseando a Langston Hughes. Si bien éramos felices cuando conseguimos la independencia en 1960, desgraciadamente no supimos construir una nación a partir de lo que nos dejaron los colonizadores. Si tuviéramos tres países, tal como el expresidente Olusegun Obasanjo mencionó el pasado 15 de enero en un acto celebrado con motivo del 50 aniversario del golpe del 15 de enero de 1966 y el 46 aniversario del fin de la guerra civil el 15 de enero de 1970, hubiéramos dado por hecho que hoy no podemos llevar la cuenta del número de “países” que tiran del corazón y alma de Nigeria.

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Compromiso y música (163): Causas con mucho ritmo

Por: | 07 de mayo de 2016

Hoy nos quedamos casi todo el tiempo en Sudáfrica, con algún salto a Mozambique y Tanzania, y final en Nigeria. En las últimas semanas hemos recibido sugerencias musicales muy frescas y con mucho mensaje: de paz, de unidad o de empoderamiento de la mujer entre otros, porque el ritmo no tiene que estar reñido con la militancia.

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La cantante sudafricana Laura Mvula / Foto The source

Después del éxito del su tema presentación, Daniel, el colectivo creativo sudafricano Batuk, (fundado, com ya sabemos, por los productores de música electrónica de Sudáfrica, Aero Manvelo y Spoek Mathambo, junto con la muy prolifera artista y vocalista mozambiqueña Manteiga; y que también cuenta con la colaboración de la cantante y diseñadora de moda Nandi Mdlovu y la actriz y directora de teatro Carla Fonseca) tiene un nuevo sencillo. También proviene del que será su álbum presentación, Musica da terra, que estará a la venta el próximo 27 de mayo. El nuevo tema se titula Gira, en portugués. 

Se trata de una especie de canción protesta que llama a un cambio en África. Habla de las guerras y las luchas que invaden el continente pero con un ritmo de baile. Invita a los jóvenes africanos a ser los protagonistas de ese cambio. El video que le acompaña fue creado por un fan que quedó impresionado por el tema durante un concierto de la formación.

 

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Bernard Dadié, la biblioteca ambulante

Por: | 05 de mayo de 2016

El escritor Josué Guebo se adelanta para abrir la puerta, discreta, metálica, inserta en un muro igual de discreto junto al INSAAC, el Instituto Nacional de las Bellas Artes de Abiyán. Estamos a pocos pasos del edificio custodiado por una estatua del mítico Ernesto Djédjé, el rey del ziglibiti, y en pleno Cocody, barrio pijo de la capital económica marfileña. Josué nos guía para atravesar una casa amplia, llena de recuerdos, cuadros, libros, objetos de arte y homenajes. Una casa amplia que huele a desinfectante y pescado frito y que desemboca en un patio amable, herboso, donde se sienta una biblioteca ambulante de cien años: Bernard Dadié.

Bernard Dadié casi se sumerge en su sillón color verde desvaído, de hueso frágil, muy delgado, con sus gafas de pasta negra y su camisa de paño en tonos marrón. Aunque se va achicando físicamente por esas mutaciones de la edad, su leyenda le dibuja un halo alrededor de la cabeza canosa y compensa su progresivo empequeñecimiento corporal agrandándole el aura, la fuerza interior, todo lo que impone respeto.

¿Ya se ha dicho que cumple un siglo en este año que vivimos a su sombra? ¿Y que aparenta quizás 70 primaveras?

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 Bernard Dadié según Lola Huete Machado

"Bueno, les quiero agradecer la visita y bienvenidos en primer lugar", comienza a hablar cuando nos sentamos junto a él. Su médico nos avisa de que es preferible no excederse de los veinte minutos de entrevista. Su salud es delicada y puede agotarse, advierte educadamente, mientras nos reciben y saludan algunos de sus hijos y amigos. Disponen algo para picar y refrescos en una mesa contigua. Y se figura una que es algo habitual: la casa Dadié siempre parece estar abierta a las buenas conversaciones y las noticias del exterior. También a los trinos de los pájaros, el susurro de las hojas, el rumor de la lluvia: el guirigay del trocito de naturaleza que le queda entre los muros y que tan bien supo poner su propietario por escrito. 

 

 

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Cómo traducir a Mia Couto y no morir en el intento

Por: | 04 de mayo de 2016

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Nos informa J.M.Coetzee, en uno de los ensayos recopilados en Las manos de los maestros (Mondadori, 2016), de las “diversas dificultades cotidianas de naturaleza práctica” que han tenido sus traductores en los diferentes idiomas a los que ha sido trasladada su obra, veinticinco más o menos. Y considera que la palabra “noble” es el epíteto que mejor se ajusta no al escritor, sino al traductor, ya que su labor la realizan sin esperar fama ni fortuna.

Es cierto, valoramos, en general, muy poco a estas personas (y sus notables esfuerzos) sin las cuales muchos no hubiéramos podido disfrutar de tantas horas de buenas lecturas. En este sentido, afirmaba García Márquez: "Si traducir es la mejor manera de leer, también es la más difícil, la más ingrata y la peor pagada”. 

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Lo irreparable como parte de la reparación. Algo así como una ayuda bienpensante y ajena como parte de la incompresión del colonizador. Traer conceptos racionales para parchar daños que no se expresan conscientemente, ni jamás lo harán. Aportar moldes de la cultura médica del siglo XIX para curar heridas africanas de contornos que no encajan en los límites del cientificismo racionalista.

La razón, nuestra razón post-industrial positivista, está llena de lagunas de insensibilidad y de oxímoron. El oxímoron es esa estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto que, según la Real Academia Española, "originan un nuevo sentido". La RAE pone como ejemplo el "silencio atronador" y a nosotros, a partir de la indagación del artista argelino Kader Attia se nos ocurre otro: "la cura patológica".

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'Chaos-repair' ("Caos-reparación"), una obra de Kader Attia.

Los oxímoron de la razón de Kader Attia es una obra-ensayo, una instalación hecha de videorreportajes que puede verse en estos días (hasta el 8 de mayo) en las cisternas de la Koutoubia de Marrakech (Marruecos), integrando la programación de esta edición de la Biennale de Marrakech. La librería, que fue premiada en la última Bienal de Lyon (Francia, 2015), consta de dieciocho piezas de video de veinte minutos cada una, de profundas reflexiones de expertos y conocedores de la psicología social de las sociedades que padecieron la 'protección' de los 'civilizadores' sobre todos los aspectos de la vida cotidiana.

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Vivir aquí (5): Ass, el activista

Por: | 02 de mayo de 2016

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Ass, en la terraza de su casa / Foto Demian Ortiz.

Su nombre completo es El Hadjiseck Ndir, pero todo el mundo le conoce como Ass. Nació en Pire, una ciudad a unos 70 kilómetros de Dakar, la capital de Senegal, en la región de Thiès.

Cuando tenía 17 años murió su padre y tuvo que abandonar los estudios y empezar a buscarse la vida para ayudar a su gran familia. Pudo aprender mecánica de coche y conseguir el carné de conducir. Empezó conduciendo para una fábrica de tabaco y con el primer dinero que consiguió se sacó la licencia profesional para poder manejar ambulancias, trabajó que ejecutó durante dos años. Finalmente, terminó como chófer del director de IDEA international, un instituto de origen canadiense que realiza proyectos de desarrollo. 

Ass tenía trabajo, sus jefes le querían y su sueldo era relativamente bueno.

“Me ganaba la vida bien”, comenta, “hasta que en el año 2007 mis amigos empezaron a decirme lo que significaría trabajar en Europa; que trabajando poco se ganaba mucho dinero, y allí, en Senegal, trabajábamos mucho y ganábamos poco dinero. Fue ahí donde me surgió la idea de emigrar”.

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

Beatriz Leal Riesco Beatriz Leal Riesco. Investigadora, docente, crítica y comisaria independiente. Nómada convencida de sus virtudes terapéuticas, desde 2011 es programadora del African Film Festival de NYC. Sissako, Mbembe, Baldwin y Simone la cautivaron, lanzándose a descubrir el arte africano y afroamericano. Su pasión aumenta con los años.

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