Ramón Lobo

La verdadera democracia es comer tres veces al día

Por: | 17 de diciembre de 2010

Actualizado el 17 de diciembre a las 20.16 /

La presión internacional aumenta sobre el todavía presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, que se niega a abandonar la presidencia pese a perder las elecciones del 28 de noviembre. Los incidentes en Abdiján del jueves, cuando seguidores de Alassane Ouattara trataron de ocupar la televisión y en los que murieron una veintena de personas, han colmado la paciencia de la antigua metrópoli, Francia. Nicolas Sarkozy ha dado de plazo a Gbagbo hasta el fin de la semana. Se desarrollan intensas negociaciones, en las que participa EEUU, para evitar una nueva guerra civil. Entre las opciones que se ofrecen al presidente es un exilio dorado en Francia o en otro país africano.

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Continúa el post publicado el miércoles

Para votar como nosotros hay que vivir como nosotros: tres comidas al día, agua potable de calidad -como la de los retretes occidentales-, ducha caliente con un leve giro de muñeca, asfalto, infraestructuras que ahorran tiempo y dinero, transporte público, zapatos, escuela y hospitales para todos. No es lo mismo gastar todas las energías en sobrevivir cada día que estar convencido de que la vida es eterna. Los primeros no planifican, no ahorran, apenas sueñan; solo una ilusión: emigrar. Los segundos tienen tiempo libre para la eduación, la cultura, el ocio. Tampoco sueñan, solo se quejan de su mala suerte.

 

Casi 11 años de guerra civil, paz con alfileres, luchas étnicas, guerrillas, manipulación y muerte han conducido a Costa de Marfil al punto de partida. El hombre para gobernar vuelve a ser Alassane Ouattara. Es lo que quiere el 54.1% de los costamarfilenses, según el escrutinio de las elecciones presidenciales del 28 de noviembre.

Todos los esfuerzos, leyes inventadas, golpes de Estado y contragolpes que comenzaron en diciembre de 1999 con el general Robert Gueï no han servido de nada. La historia es un torrente tozudo: el agua corre por donde debe correr por muchos fantasmas que construya el hombre. Le sucedió a los estadounidenses en Vietnam, le sucede a los franceses en la República Democrática de Congo y en Ruanda, y nos sucede en Afganistán.

Costa Marfil era el país más estable del continente, la Suiza de África, una comparación con gafe. Le pasó a Líbano, la Suiza de Oriente Próximo.

Costa Marfil fue un oasis de estabilidad hasta 1993, fecha de la muerte del padre de la independencia, Félix Houphouët-Boigny. Tras su fallecimiento los dos delfines se disputaron el trono; el primer ministro de entonces, Ouattara, y el presidente del Parlamento, Henri Konan Bédié, mantuvieron un pulso legal. Ganó el segundo, quien se impuso sustentado por el apoyo del partido y de los militares, y más tarde de las urnas. Bédié perdió pronto la compostura, persiguió a periodistas críticos y disidentes.

El conflicto de fondo no es étnico -aunque tiene elementos peligrosos con los mende y kran que afectan a Liberia y Sierra Leona-, sino económico. Un tercio de la población es de origen extranjero, trabajadores que acudieron a las plantaciones de cacao en busca de trabajo. La mayoría son musulmanes y viven en el centro y norte del país. Proceden de Burkina Faso, Malí, Benín y Ghana. Bédié se inventó una identidad marfilense, la ivorité, con el fin de separar los auténticos costamarfilenses, cristianos y animistas del sur, de los inmigrantes musulmanes.

Tras el golpe de Gueï, el primero que sufrió el país desde 1960, se abrió un periodo de inestabilidad. Las elecciones de 2000 fueron robadas por el general. Las revueltas posteriores llevaron al poder a Laurent Gbagbo, el líder opositor. Gbagbo sufrió del mismo mal de altura que Bédié: tomó gustó al poder, y trató de conservarlo a cualquier precio. Apuntaló las leyes que impedían presentarse a Ouattara por no ser totalmente marfileño; su madre es de Burkina Faso.

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Las elecciones de 2002 degeneraron en una guerra civil y en la partición del país. El norte, de donde es originario Ouatatara, sigue bajo el control de la guerrilla Nueva Fuerza. Tras los acuerdos de paz de Ouagadougou, en 2007, el jefe guerrillero, Guillaume Soro, se conviritó en primer ministro. Gbagbo ha trabajado este año muy duro para boicotear los acuerdos, deshacerse de Soro y posponer las elecciones. Cuando se celebraron, el presidente venció en la primera vuelta, pero perdió en la segunda. Bédié, que había quedado tercero con cerca del 23% de los votos, apoyó a Ouattara. La tribu baulé, esencial en Costa de Marfil, se decantó por el candidato del norte, quien rindió pleitesia a los ancianos de la etnia en una vista que acabó con su nombramiento como ciudadano boulé honorario.

Perdidas las elecciones, Gbagbo logró anular suficientes votos en varios distritos del norte para quedar primero por escaso margen. Le apoya el Ejército, que ha desplegado carros de combate en las calles. El fraude ha sido burdo y visible. La ONU, la UE, Barack Obama y los países africanos de la zona reconocen a Ouattara como presidente. Gbagbo tiene dos opciones: ceder y negociar su salida o provocar un baño de sangre.

Mañana está prevista una marcha de los partidarios de Ouattara hacia la televisión. El Ejército defiende el edificio y acosa la sede del partido de Ouattara. Todos parecen sentados sobre un barril de pólvora.

Costa de Marfil es algo más que un nuevo caso de elecciones sucias. Era una experiencia piloto, un ejemplo destinado a ser imitado por otros países. Entre ellos, los vecinos Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry, unidos por fronteras, tribus, historia y mala suerte. Cualquier guerra en uno desestabiliza a los otros. Es un dominó.

La democracia no es una urna repleta de votos. Lo importante es que cada papeleta represente la voluntad libre de un individuo libre. La democracia es la consecuencia de un desarrollo económico, educativo y cultural; es una necesidad social. Occidente expide sus certificados de buena conducta democrática con la fotografía de la urna llena. Es lo que vende. Se contenta con poco porque el objetivo real no es construir un sistema justo donde hay guerra, hambre y analfabetismo, el objetivo es más simple: simular que hacemos algo.

África es un continente que sufre de pobreza extrema, enfermedades mortales, gobernantes corruptos y empresas multinacionales que se lucran con la carestía de muchos y de la endeblez de las leyes, como la farmacéutica Pfizer, que en en los papeles de Wikileaks aparece como una empresa que en Nigeria compra jueces, fiscales y ministros para evitar la ley.

Para entender la esencia de lo que sucede en el África negra basta un libro: Todo se desmorona, de Chinuá Achebe. Describe la llegada del hombre blanco al delta del río Níger y el impacto que tuvo en un mundo salvaje que funcionaba a su manera. El hombre blanco cambió los dioses, la organización social y se lucró con la esclavitud. África es desde entonces un continente que navega entre el mundo antiguo que se hundió y uno nuevo que nunca termina de llegar. África es un mundo perdido en ningún sitio.

Hay 43 Comentarios

En España cada vez hay mas gente que no puede comer tres veces al dia, y eso deberia preocupar al gobierno aunque ya se ve que lo unico qu le preocupa es recaudar aunque se axfisiando al pueblo

la democracia es un sistema de gobierno entre hombres libres, pero no se puede hablar de libertad cuando un hombre está supeditado a no saber si podrá o no podrá comer mañana, por eso suena hueca la palabra democracia en boca de quienes perpetúan con sus políticas económicas la pobreza del tercer mundo

Hola Ramon. No es que te siga en todo lo que publicas, pero creo que en otros posts o en encuentros digitales ya habias comentado lo de "para votar como nosotros hay que comer como nosotros". ¿Tienes publicado - o publicado por otro- alguna explicación más detallada de esa idea? Gracias

"Todo se desmorona" (Things Fall Apart), qué gran libro. Imprescindible, sí.

Me hace gracia cuando los analistas europeos le echan la culpa de los males de África a todo... menos a Europa. Buen truco.

Espléndido comentario, Ramón. Realmente interesante.

Eso sí, no estoy seguro de que el interminable período de Houphouët-Boigny, repleto de clientelismo e intervencionismo externo, no haya tenido mucho que ver en la debilidad de la democracia costamarfileña. Entonces quizás no sea suficiente con tener tres comidas; ni siquiera en África.

Un saludo.

siempre la misma retorica però en entra anos Africa puede doblar su poblacion y nadie dice nada.
porquè este senor no habla de planificacon familiar en Africa? porquè no se puede hablar de esto?

Democracia es algo más que depositar un voto. Vivir en democracia supone que se pueda demandar ante la justicia al mismísimo jefe del gobierno. Y si procede meterlo en la cárcel. En fin, la tan cacareada separación e independencia de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Y eso es no se consigue gratuitamente. En Europa hasta ahora no es algo de lo que podamos presumir, véase el reciente caso de Italia.

Muy bueno el analisis. Yo estoy en Abidjan. La calma hasta estos momentos es total.Manana no se sabe que pasara pero las previsiones son muy malas. Los ciudadanos se desentienden totalmente de la politica, lo que les interesa es trabajar para poder mal comer. Que pena de pais con una gente formidable pero con politicos MUY CORRUPTOS

¿mundo civilizado?¿dónde es eso?

La Democracia es poder votar a tus gobernantes cada cierto periodo de tiempo. Nada más que eso. Y nada menos, con lo que costó desprenderse de el poder de los reyes.
Los beneficios de este simple acto vienen por añadidura, pero dependen de muchos otros factores.

Me gustaría que alguien me explicase como tienen que relacionarse las multinacionales con regímenes feudales, o simplemente paleolíticos.

Me gustaría que alguien me explicase porque desde el mundo civilizado favorecemos el mayor mal de Africa: la superpoblación.

Publicado por: Me again | 15/12/2010 19:40:48

Nosotros merecíamos a Franco???

Cada pueblo tiene los gobernantes que se merecen.

Lo mismo que pasa en España.

mira como en España

No estaría demás que usted se documentara bien sobre Africa leyendo a Ryszard Kapuscinski, un maestro en la materia.

No estaría demás que usted se documentara bien sobre Africa leyendo a Ryszard Kapuscinski, un maestro en la materia.

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Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

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