Ramón Lobo

Ciudadanos nevados, Gobiernos congelados

Por: | 21 de diciembre de 2010

 

La nieve que cierra aeropuertos y ferrocarriles y embotella carreteras en gran parte de Europa es una metáfora de los tiempos. Afecta a millones de ciudadanos que pagan impuestos para que todo, o algo, funcione de forma aceptable. Existen herramientas tecnológicas que permiten predecir más o menos las tormentas y el recorrido aproximado de los huracanes. No existen medios para enfrentarse a lo impredecible, a la brutalidad de un terremoto o de un tsunami, pero sí para mitigar sus efectos y salvar vidas. También está la experiencia: no es tan difícil saber que en invierno nieva, sobre todo donde nieva cada año.

Cuando son especialmente necesarios, con una crisis que devora empleos y esperanzas, los Gobiernos parecen más concentrados en dar con la fórmula mágica que guste a las agencias de calificación de deuda que en mejorar la eficacia de los servicios que deberían prestar los Estados. Los de izquierda buscan incrementar la presión fiscal sin que los votantes se den cuenta; los de derecha, reducirla con el deseo expreso de que todos los votantes se den cuenta. En lo único que coinciden ahora es en recortar los beneficios de esos impuestos. Menos Estado parece ser el lema común. 

Tras varios días de caos, en los que millones de personas se han visto afectadas por cancelaciones y retrasos, la Comisión Europea ha reaccionado. Llega tarde, pero llega de los primeros. Uno de sus vicepresidentes, el estonio Siim Kallas, aseguró hoy que la situación "es inaceptable y no debería repetirse". Kallas anuncia una reunión en unos días con los responsables de los aeropuertos para pedir explicaciones, analizar los problemas y descubrir soluciones.

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Escuché hace años a José María Ridao afirmar en un encuentro de escritores en Sarajevo que lo más importante en democracia es que funcionen las instituciones. Era su respuesta a un artículo del británico Timothy Garton-Ash en el que defendía la creación de una identidad europea. Ridao considera que la fortaleza de la UE es la ausencia de una sola identidad frente a muchas que conviven. Una sería nacionalismo; varias, pluralidad.

Las instituciones están fallando en el combate de la crisis económica y en la transparencia de sus gestiones. La guerra a Wikeleaks sin que medie decisión judicial alguna en el cierre de sus cuentas destinadas a recibir donativos, más allá de los problemas legales de Julian Assange en Suecia por dos presuntos delitos sexuales, son otra prueba de que algo no funciona. En la calle se habla de estas cosas, de la manipulación en el caso Couso, del desempleo y de la nieve.

Nadie parece recordar que el origen de la crisis económica está más en la ausencia de Estado, de unas reglas, que en su presencia excesiva. Fueron las medidas liberalizadoras de los años ochenta emprendidas por la primera ministra británica Margaret Thatcher y el presidente estadounidense Ronald Reagan las que impulsaron las privatizaciones (que crearon grandes fortunas, sobre todo en los países en desarrollo) y el descontrol bancario. No me cansaré de esta parodia. Desde el humor, la inteligencia.

 

Recortar, recortar, recortar. En Nueva Orleans no funcionaron las defensas de la ciudad durante el huracán Katrina. Menos Estado, menos pensiones, cambio de reglas para pagar menos a los que viven demasiado. Menos gasto y más ingresos. Hace unos días este periódico publicaba un artículo de Ignacio Sánchez Cuenca, "¿Habrá siempre democracia?", en la que reflexionaba sobre el poder de los mercados, es decir, la capacidad de decisión de los no elegidos en las urnas frente a los elegidos.

Se privatizan los Ejércitos, se privatiza la responsabilidad política a través de las ONG, se privatizan los servicios. Pronto se privatizaran los Estados. Y la pobreza: que cada pobre aguante la suya.

 

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Hay 2 Comentarios

Me ha gustado mucho todo el artículo. Lo comento porque no esperaba este final. Acertado en su justa medida. Esperado por urgencia.
Hay un cuestión en la que difiero en parte. La democracia es un gobierno de mayorías aunque las minorías hagan más ruido. Y yo creo que los representantes ,en partidos y gobiernos, no son muy diferentes de lo que puede verse a diario en la calle.
La mayoría de los españoles está pensando en dinero, lo necesite o no. Piensan sobre esta base y esta cima . Lo cual no quiere decir que se planteen cuestiones económicas. Porque de ser así hubiera emergido un sistema económico alternativo y aglutinante. Que existe no solamente como planteamiento, sino que se encuentra en funcionamiento, en otros países. No es que no exista la solidaridad como palabra, imagen o concepto. Tampoco el problema radica en que no se entienda su aplicación a la hora de obtener beneficios netos en progresión. Es que no puede con tanta resistencia.
¿Será posible que en la llamada "era del conocimiento" , se siga sacrificando la inteligencia por (la) costumbres?

Felicidades por esta visión clara y directa del mundo en el que estamos viviendo. Estoy tirado en un aeropuerto de Bristol rezando para que no cancelen el que será mi tercer intento por escapar de la blanca Albión, tras tres días de Odisea, con mil euros gastados entre aviones (¿me devolverán el importe?), trenes, taxis y autobuses. Lo peor es el sentimiento de impotencia y desprotección cada vez que anuncian un retraso o una cancelación: "le pasamos al 28 de diciembre en un vuelo a Palma de Mallorca aunque usted viajaba a Madrid el 20, o si lo prefiere solicite en nuestra web la devolución del dinero y búsquese la vida". Esta es nuestra sociedad occidental tan deseada por todos, llena de derechos, oportunidades y de libertades...

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Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

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