Ramón Lobo

Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

Eskup

Direcciones útiles para no perderse en el desierto libio

Por: | 22 de marzo de 2011

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Los gráficos de la BBC y del El País.

Crónicas, artículos y reportajes de fondo para no perderse (demasiado) en el desierto:

-The New York Times se olvida de las razones oficiales para el bombardeo y se cuestiona si lo que sucede en Libia es una guerra civil. The Star se centra en las escasas armas de los rebeldes. Hace unos días, un diario británico recogía unas declaraciones de un rebelde. A la pregunta de si tenían entrenamiento militar, este respondió: "No, pero hemos visto muchas películas de acción".

-El maestro Enrique Meneses, gran conocedor de la zona en sus años mozos, escribe en su blog sobre El miedo a las sociedades libres. Asegura que la tesis de Izquierda Unida y CCOO se parecen a las de la derecha estadounidense. Es posible que, a tenor de algunos cometarios críticos y algo más que críticos, me deba sentir aludido por ¿Y si los buenos de Bengasi no son tan buenos? pese a nunca he negado que Gadafi sea un dictador con las manos manchadas de sangre (represión, Lockerbie, Níger, Sierra Leona...).

-Llamazares no está solo: Rony Brauman califica la intervención de "mecanismo terrorífico".

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2.053 razones para temer a la bomba atómica

Por: | 22 de marzo de 2011

Actualización a las 12.28 /

Es un vídeo sobre las pruebas nucleares en el mundo; suena a música gracias a Isao Hashimoto, pero no lo es. Arranca con la primera bomba del Proyecto Manhattan e incluye las de Hiroshima y Nagasaki. Son 2.053 pruebas en 53 años. Faltan las realizadas por Corea del Norte en octubre de 2006 y en mayo de 2009.

 

Shakespeare en Trípoli

Por: | 21 de marzo de 2011

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Londres, frente a Downing Streett 10. / FACUNDO ARRIZABALAGA (EFE).

Proteger civiles. Ese es el titular, la frase que vende, la idea que los dirigentes occidentales quieren dejar impresa en el cerebro colectivo de la opinión pública mundial. Proteger civiles es el objetivo declarado de los ataques a Libia y como todo objetivo propagandístico es de complicada aplicación. Con frases hechas, eslóganes y unas cuantas mentiras se iniciaron guerras en Afganistán e Irak. La primera, se pierde; la segunda, se empata. Son los civiles los que han pagado el precio más alto. Se trata de otros civiles, civiles que no salen en televisión. Sin una buena imagen no existe la realidad, solo es un rumor, un murmullo. Sucede con frecuencia en el Tercer Mundo. Sucede ahora en Costa de Marfil.

 

Matar o no matar a Gadafi, esa es la cuesión. Shakespeare. Hamlet. Libia.

Nadie se pone de acuerdo (en privado será peor) sobre los límites de la resolución 1973. Las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU son piezas de ingeniería jurídica expresamente ambiguas, así se da margen de maniobra a la diplomacia y a la guerra. Los ministros británicos de Defensa y Exteriores, Liam Fox y William Hague, se han hecho un lío esta mañana. Afirmaron que era legítimo bombardear a Muamar el Gadafi si las circunstancias lo aconsejan y por la tarde sus respectivos portavoces defendieron los contrario. En medio, el jefe del Petágono, Robert Gates, algo más experimentado en el arte de la apariencia y en las buenas maneras, había puntualizado que matar a Gadafi era un opción "poco sabia".

Debe de ser cierta la imagen de descontrol proyectada por los aliados si el pulsilámine secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se ha atrevido a criticar que la comunidad internacional no hable con una única voz. Resulta sorprendente: él representa la comunidad internacional.

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¿Y si los buenos de Bengasi no son tan buenos?

Por: | 20 de marzo de 2011

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Un familiar tras identificar a un combatiente muerto en Bengasi. / MANU BRAVO (EFE).

Actualizado a las 20.57/

Hemos creado dos bandos: el de los buenos y el de los malos. Los programadores están convencidos de que la simplificación da bien en televisión; otros creen que ayuda al lector o al oyente a comprender la realidad. El malo oficial de esta guerra es Muamar el Gadafi. Se ha ganado el papel estelar tras 42 años de abusos, detenciones arbitrarias, desapariciones, asesinatos y atentados terroristas patrocinados en el extranjero, además de sufragar a las guerrillas en Liberia y Sierra Leona, entre otros países africanos.

Los buenos son los rebeldes de Bengasi, a los que llamamos "civiles" , quizá para justificar la respuesta bélica. En la propaganda no importa qué se dice, solo cuentan los resultados. ¿Civiles? Los civiles que nos llegan a través de las imágenes son milicianos encaramados en carros de combate, hombres que disparan con antiaéreos y derriban aviones.

Nada que ver con la plaza Tahrir de El Cairo.

 

Los rebeldes-civiles de Libia tienen un largo historial de antiamericanismo, armado y militante; eso los convierten, cuando menos, en una compañía dudosa. La apuesta occidental en su favor es muy arriesgada; quizá no había otra opción.

Libia fue el primer exportador per cápita de combatientes extranjeros a Irak, más que Arabia Saudí, cuna de Osama bin Laden y de la mayoría de los terroristas-suicidas del 11-S. La vasta mayoría de los voluntarios libios en Irak procedía del este de Libia, es decir de donde están los antigadafistas que ahora protege la comunidad internacional, incluida España. El activismo de los libios del este es conocido por el espionaje militar estadounidense, como explica Asian Tribune.

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Músicas del mundo

Por: | 20 de marzo de 2011

Las guerras tienen un sonido y un olor. No hay sonidos justos ni olores justos. En las guerras se mata y se muere. Los adjetivos vienen después, cuando se ha ganado. ¿Qué es una guerra justa?  Lo fue, sin duda, la guerra contra el nazismo. Y más justa aún si hubiera evitado el Holocausto. El nunca más proclamado en 1945 tras el descubrimiento de los campos de exterminio se repitió en Camboya, en Ruanda, en Srebrenica. Nadie libró ninguna guerra por ellos. También hay adjetivos cobardes que matan. La lista de olvidos es larga: Biafra, Sierra Leona, Liberia, Darfur... También hay guerras justas de primera y de segunda.

En la música, las notas sustituyen a las balas y las palabras, a la ausencia de palabras. Brothers in Arms de Dire Straits es una canción antiguerra, una canción de paz, de regreso a casa. Hermanos en armas podría ser el título de una unidad que combate unida, protegiéndose, o de hermanos que se disparan desde trincheras enfrentadas en una guerra civil. Aunque la guerra es muerte, destrucción, a veces puede salvar vidas. Las habría salvado en Bosnia, pero no hubo nadie con coraje político en 1992. Ni en 1993. Ni en 1994... En Monsieur Verdoux, el personaje de la película de Charlie Chaplin dice: "La diferencia entre el héroe y el asesino es cuestión de número". Adjetivos, cifras, matices.

 

Mano que habla

Por: | 19 de marzo de 2011

Kaponmano
KIM KYUNG-HOON (REUTERS).

Una lista en la pared del centro de evacuación de Rikuzentakata; unos dedos que buscan, que se deslizan cuidadosos por cientos de nombres enmudecidos. Los dedos avanzan, acarician, en espera de un milagro, del hallazgo del familiar desaparecido. Parecen calmados, sin prisa, pero esconden la ansiedad de la persona que busca, que desea. En la lista hay nombres por los que nunca pasarán unos dedos que ansían. Nombres que nadie persigue, que nadie encuentra. Nombres olvidados, perdidos, tristes, quizá muertos. Nombres que terminarán siendo banderas, fronteras.

La mano que busca tiene color en medio de un océano de signos en blanco y negro. A la mano-esperanza le duele la piel de pasar los dedos una y otra vez por todos los nombres.

La fotografía de Hoon es una foto de rayas: rayas en la pared, en la mano, rayas que forman ideas, sonidos, palabras. Parece mano-mujer que busca marido, padre, madre, hijos, nietos. Es una mujer-guernica a la que se le alargan los brazos por el peso de las manos. Detrás de esa mano calmada, que acaricia y señala, bulle una vida, una historia vivida y otra por vivir.

Libia se queda sin Fukushima

Por: | 18 de marzo de 2011

Punto rojo

RAÚL BARBOLLA.

En un mundo tan acelerado e hiperinformado, en apariencia, las noticias internacionales ya no se mueven de hecho en hecho, ahora lo hacen de acontecimiento histórico en acontecimiento histórico. No son capas de una cebolla que impulsan una opinión pública paulatina, crítica y sólida. La información nos cae encima televisada, como una losa. Cada palabra que se pronuncia o escribe, cada decisión política publicitada, entierra a la anterior. No viajamos por el conocimiento, solo por el olvido.

El accidente de la central nuclear de Fukushima enterró a las víctimas del terremoto-tsunami; y a los supervivientes, sobre todo. Dejamos de interesarnos por las personas y empezamos a hablar de átomos. Todo Japón enterró a toda Libia, que a su vez había enterrado a Egipto, que a su vez enterró a Túnez.

Protegido por la negrura informativa, por la distracción de los líderes distraídos, Muamar el Gadafi movió tropas y mercenarios y conquistó bastión rebelde tras bastión rebelde. Y cuando bravateaba con entrar a sangre y fuego en Bengasi, la capital rebelde, el Consejo de Seguridad de la ONU -donde se sientan los seis de los principales vendedores de armas- llegó en auxilio de los casi derrotados. No con aviones ni helicópteros, que tendrán que esperar a que se desatasque la burocracia de cada uno, sino con leyes.

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Los samuráis de Fukushima

Por: | 17 de marzo de 2011

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Visión por satélite. Fukushima, antes y después en el The New York Times.

Actualizado a las 18.10 /

Hemos transitado de la euforia por las revueltas árabes al pesimismo nuclear, de la democracia que se extiende como un reguero por el Magreb y Oriente Próximo a la nube radiactiva que nos amenaza a todos. Lo único incólume es la Unión Europea y su parálisis. Siempre he sentido interés por los héores anónimos, protagonistas de pequeñas historias capaces de mover las grandes. Unas veces es un cirujano napolitano en Bunia, en el noreste de la República Democrática de Congo; otras, civiles que padecen cada día la guerra en Afganistán. De Japón conmueve la historia de los los 180 últimos de Fukushima. No sabemos quiénes son, cómo se llaman, por qué están arriesgando su vida, qué pasa por su mente. La Tokio Electric Power Company, su empresa, los mantiene en el anonimato. Entre ellos hay físicos, ingenieros, bomberos y demás especialistas. Todos son, al parecer, voluntarios.

Fukushima ha reducido su personal después del terremoto y el maremoto. Se quedó en 50 irreductibles que siempre han estado dentro de la central excepto unas horas tras una breve evacuación esta semana. Después aumentaron a 180. Son los liquidadores, expertos en evitar una catástrofe. Muy pocos de los liquidadores que trabajaron en la central de Chernóbyl hace 25 años están vivos.

Japón conserva la cultura del sacrificio por la comunidad. Los 180 de Fukushima representan esa tradición de luchadores, de samuráis que dan su vida por un bien superior. No solo ellos, también los pilotos de los helicópteros y cualquiera que se acerque a menos de 30 kilómetros de distancia corren un riesgo potencial. En uno de los vídeos que siguen a continuación, un especialista estadounidense asegura que los liquidadores son como los bomberos que entran en un edificio en llamas, no piensan en si van a morir, solo piensan en apagar el incendio. Los expertos sostienen que las próximas 48 horas son decisivas.

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Tokio pendiente del viento

Por: | 17 de marzo de 2011

Actualizado el 17 de marzo a las 10.35 /

En Tokio hay mucho miedo y desconfianza. Nadie se fía de la informción que ofrece el Gobierno. Este acusa a los medios de comunicación extranjeros de alarmismo. La culpa siempre es del mensajero cuando las noticias son malas. Suele ser el primer síntoma de que las noticias malas son pésimas. Según informa mi compañero Jose Reinoso, la población cree que es el alarmismo internacional es el que ha forzado a su Gobierno a dar mas datos.

Es de gran importancia la dirección y la fuerza del viento. Si empuja hacia el sur, Tokio tendría serios problemas. Evacuarla sería una labor titánica; se trata de una megaciudad de más de 12 millones de habitantes. Treinta millones si se suma su zona metropolitana. La Agencia Meteorológica Japonesa prevé vientos noroeste, tanto en la superficie como en altura.

Nuevo mapa interactivo del The New York Times

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Cuatro fotografías y un accidente nuclear

Por: | 16 de marzo de 2011

Japón se enfrenta a tres crisis simultáneas, cada unas de ellas catastrófica en sí misma. Ningún país está preparado para manejar una combinación tan letal: muertos, cadáveres por desescombrar, cientos de miles de personas sin casa, pueblos, ciudades e infraestructuras arrasados, evacuaciones masivas y miedo, sobre todo mucho miedo a un nombre: Fukushima. Las noticias se multiplican, se cortan, se atropellan, se mienten.

Demasiada información en circulación, tanta que apenas queda tiempo para procesar, para entender. Las fotografías son siempre una oportunidad para detenerse y mirar, para pensar. Abbas, fotógrafo de la agencia Magnum, me dijo en julio de 2003 en Bagdad: "Yo hago fotos dentro de la foto; ese es el trabajo". Estos son cuatro ejemplos de una extraordinaria cobertura gráfica.

Japon solo

HOW HWEE YOUNG (EFE).

Se llama Yoshido Toshiko. Vive desplazada en el pabellón deportivo de Hachinohe, en la prefectura de Aomori. Pese a que la acompañan mil de sus vecinos, que como ella perdieron sus casas, Yoshido está sola. Parece que todos se marcharon de repente y se olvidaron de avisar a la mujer que espera delante de un televisor. Está sentada sobre una manta doblada. A la derecha, una bolsa parece contener todas sus pertenencias, las únicas que quedan tras la catástrofe. Más allá, una estufa roja la protege del frío de la noche. No sabemos si tiene marido, hijos, tal vez nietos. La mujer-de-carne se ha convertido en una mujer-estatua. Delante hay colgados unos papeles. Parecen comunicados, sugerencias, ordenes de actuación. En la foto no son visibles las consecuencias aniquiladoras del terremoto y del tsunami. Pese a no mostrar lo impactante nos enseña las consecuencias del Japón zarandeado. Yoshido está anclada ante la pantalla de la televisión en espera del milagro, de que alguien anuncie: todo fue una pesadilla, puede regresar a la realidad.

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El País

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