Ramón Lobo

Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

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Haití tiene un presidente que canta

Por: | 05 de abril de 2011

Después de padecer dictaduras sanguinarias (Papa Doc), dictaduras cleptocráticas (Baby Doc) y libertadores que pierden el norte (Aristide), Haití ha votado por la imaginación, al menos por la imaginación musical de alguien que canta bien. Michel Martelly, más conocido por Sweet Micky, tiene experiencia sobre los escenarios y en el manejo de las emociones de las personas; quizá sea más de lo que tienen muchos políticos empeñados en hablar de espaldas a los que escuchan.

No sabemos si Martelly será un buen o un mal presidente, si enloquecerá con el poder, si robará o creará riqueza. Le espera un país destruido por el terremoto del 12 de enero de 2010, incapaz de levantarse, sumido en el caos y en el hambre y sin que la ayuda humanitaria parezca capaz de modificar el curso de la pobreza. Al menos un poco de esperanza, aunque sea por unos meses.

El valle en el que se empezó a perder una guerra

Por: | 04 de abril de 2011

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Otro valle, la misma guerra: Arghandab, Kandahar. / REUTERS.

La guerra no es un espectáculo, es solo un gran negocio. Unos la dirigen, y ganan aunque pierdan; otros pierden siempre, son los civiles y, a menudo, los soldados. La acumulación de guerras es un mal negocio para la sociedad que las paga, no para las empresas que se lucran. Afganistán es la guerra del fin de mundo que nos ha tocado vivir. No es Libia: malos contra regulares que no nos dejan ver a los buenos de verdad; no es Costa de Marfil: malos legales contra malos ilegales; ni siquiera es Bosnia-Herzegovina. Afganistán como Vietnam: se lucha contra un enemigo que no se muestra, invisible, pero que avanza.

Estados Unidos se retiró del valle de Korengal, el infierno dentro del infierno, en abril de 2010. Cinco años de esfuerzo, de combates diarios y 44 muertos estadounindeses (los locales carecen de contabilidad) por sostener un territorio insostenible. Korengal es el símbolo de Afganistán, una guerra imposible de ganar.

Sebastian Junger ha publicado un libro necesario: Guerra (Crítica) para respirar la guerra por dentro, un texto que nace del riesgo y la paciencia. En una entrevista con Babelia, que se podrá leer el sábado, Junger, periodista neoyorquino, cuenta su experiencia: cinco viajes, cinco meses, entre junio de 2007 y junio de 2008, al puesto avanzado de combate Restrepo, el más peligroso dentro de la peligrosa guerra de Afganistán. El libro sigue cronológicamente al documental Restrepo, premio especial del jurado en el Festival Sundance. Es la historia de un puñado de soldados de la 2ª Sección de la Compañía Batalla durante 15 meses de misión.

Humano, conmovedor, inquietante, real.

 

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Músicas del mundo

Por: | 03 de abril de 2011

Un fanático religioso quemó el el 20 de marzo un ejemplar en un supuesto lugar de fe, el Dove World Outreach Center, en Florida. En la mente del pastor Wayne Sapp no entra la misericordia; tampoco la inteligencia. La respuesta de otros fanáticos se está produciendo en Afganistán: primero, 14 muertos, siete de ellos funcionarios de la ONU, en un atentado en Mazar-i-Sharif; después, violencia callejera en Kandahar. El mundo parece repleto de pastores suicidas que conducen rebaños de la luz a la oscuridad, donde está el gran negocio del miedo.

Me gusta Sinead O''Connor, víctima de la intolerancia, una mujer capaz de transmitir conmociones: cada verso, una sacudida; cada nota, un remanso. Y así entre tormentas dulces suena este Feel So Different, una declaración de principios, de voluntad de supervivencia.

Caminos de piel

Por: | 02 de abril de 2011

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CHRISTOPHER FURLONG (GETTY IMAGES).

En África, o en las Áfricas, hay dos clases sociales: la de los que se pueden calzar y la de los que caminan descalzos. No es una división entre ricos y pobres, un concepto primermundista, sino una entre pobres y muy pobres. Ryszard Kapuscinski estaba obsesionado con los zapatos. De joven trabajó duro para comprar un par que le protegiera del invierno. Solo había dos modelos. En su primer viaje a Italia descubrió su pobreza y la de su mundo comparada con los escaparates de Roma.

John Papa, uno de los niños soldados rescatados por el misionero Chema Caballero, caminó descalzo durante años. A los 12, tras labrar campos ajenos pudo adquirir sus primer chanclas. Fue feliz. Había ascendido en la escala social: de la miseria a la menos miseria.

En la foto, un joven de la tribu Turkana está de pie en un río seco cerca de Lodwar, Kenia. Sus chanclas parecen rudimentarias, andadas, quizá remendadas. Son piernas que sostienen a un invisible. A su derecha, una sombra espera las órdenes de marcha. El suelo está quebrado, parece la piel de un elefante. Un elefante gigante como el de Saramago que camina memorizando mundo, aprendiendo los caminos. La tierra de esta imagen conforma millones de mapas de pobreza, de sequedad, de ausencia de agua. Cada mujer africana camina horas interminables para recoger el agua que a nosotros nos cuesta tan poco, dibujando su propio mapa de pasos, calzados o descalzos. Cada quebradura del suelo tiene su memoria: la de los africanos que luchan y sobreviven, que esperancean el milagro que no llega. Como Godot.

Para Mama Fatu justicia es poder llorar a su hijo

Por: | 01 de abril de 2011

Gerva
GERVASIO SÁNCHEZ

La justicia es imposible cuando se producen violaciones masivas de los derechos humanos. No se puede detener a cada asesino, juzgar cada delito, satisfacer a cada víctima. Se procesa a los importantes, a los bigmen, a los que presumieron demasiado, a los que todo el mundo conoce o ha oído hablar de ellos. Esa escenificación de justicia es esencial para generar una percepción colectiva de que se ha hecho justicia. Pero no basta para curar heridas, impulsar una reconciliación y construir la paz. Construir la paz es un trabajo duro de cada día.

La foto de Gervasio Sánchez que encabeza este post muestra la consecuencia de la brutalidad en Sierra Leona. Pese a la amputación visible, la imagen está preñada de esperanza. El vídeo que sigue muestra la brutalidad con imágenes muy duras. Muammar el Gadafi fue el creador de las guerrillas de Sierra Leona y Liberia. Las financió, entrenó con sus tropas especiales y se cobró el interés en diamantes sangrientos. Por estos delitos Gadafi debería haber sido detenido y juzgado hace muchos años. Y con él los cómplices que le consintieron y perdonaron.

 

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El País

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