Ramón Lobo

¡Quién diablos va a leer el segundo párrafo!

Por: | 07 de julio de 2011

Corregida una cita de Hearst el 14 de julio a las 10.08 /

¡Quién diablos va a leer el segundo párrafo! Esta frase de 'Primera Plana', la película de Billy Wilder, es una declaración periodística, una propuesta de estructura eficaz. Como las grandes frases tiene una doble lectura: sirve para escribir el mejor primer párrafo y sirve para despreciarlo, para conectar con el no menos célebre "No dejes que la realidad te estropee un buen titular".

De esa segunda nace el imperio de Rupert Murdoch.

La historia ha generado grandes genios-monstruos, como el padre del periodismo amarillo, el magnate estadounidense William Randolph Hearst, quien inspiró el 'Ciudadano Kane' a Orson Welles. Murdoch, salvando las distancias, podría ser hoy lo más cercano a aquella figura capaz de provocar guerras para vender más periódicos ("Tú pon los dibujos, que yo inventaré la guerra").

Vender periódicos, tener audiencia, siempre ha sido un reto difícil, y más ahora en medio de varias crisis simultáneas que juntas forman la tormenta perfecta.

En el Reino Unido, cuna de fundamentos periodísticos, existe una división clara entre la prensa seria, que apuesta por la información relevante, contrastada, y otra sensacionalista, que prefiere conmocionar al lector, excitarle -sexo, cotilleo y sangre- sin obligaciones morales ni intención alguna de informar. Los hechos son solo la excusa, la base para estirar la realidad subjetiva.

Pese a que muchos británicos son por lo general personas cultas y bien informadas, los 'tabloides' -como allí se denomina a los periódicos sensacionalistas por su formato tabla- son los que más venden. 'The 'News of the World , en el centro del escándalo, vende tres millones de ejemplares cada semana; su hermano mayor, 'The Sun', tres millones diarios. Una de las claves del éxito es una mujer: Rebekah Brooks.

Aunque no existen pruebas científicas que sostengan la vinculación, los políticos británicos no ven lectores, ven votantes. De ahí nace la fuerza de Murdoch, propietario de los tabloides mencionados y de mucho más: 'The Time', cabecera histórica que sobrevive a mitad camino entre los dos mundos, y 'The Wall Street Journal', la biblia de los mercados junto a la competencia, 'Financial Times'.

Murdoch también controla el conglomerado televisivo que produce el canal Sky News, que compite en el terreno 'liberal' de la BBC y con armas similares: buen periodismo. Su 'hermana' estadounidenses, 'Fox News' pugna por lograr un hueco entre los medios ultraconservadores, y en ese espacio se ha convertido en una referencia. Ese es Murdoch: la ideología es el beneficio.

 

Grabar el contenido de las conversaciones privadas de famosos, políticos y de víctimas del terrorismo es traspasar los límites. No se trata de buen o mal periodismo... Es un delito.

No está en juego el futuro del director del semanario 'News of the World', está en juego el Murdoch y su manera de hacer periodismo. El magnate nacido en Australia lo ha detectado de inmediato y ha reaccionado con rapidez e inteligencia. El jueves anunció el cierre del semanario y que se dedicarán sus ingresos de ese dia a causas benéficas. Es posible que el gesto no le sirva de cortafuergos.

Su rival en estilo de hacer periodismo, 'The Guardian', mantiene un interesante News blog sobre el caso. La exlusiva fue de otro diario serio, el conservador 'The Daily Telegraph'.

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Lo ocurrido es una advertencia a la aun denominada prensa seria: la lucha sin limites por capturar la audiencia genera un periodismo exagerado, falso, más próximo al entretenimiento que la información, una basura de usar y tirar en un viaje en metro.

Internet y las redes sociales multiplican las posibilidades; también los riesgos. La velocidad con la que fluye la información en la Red genera prisas, vértigos, fallos, sobre todo cuando se olvida la esencia del oficio: comprobar, comprobar y comprobar. Más grave es cuando deja de importar si lo publicado es cierto o falso. No es culpa solo de los periodistas, los medios son el reflejo de una sociedad que ha renunciado a exigir honestidad a sus políticos y calidad a sus informadores.

Hay 3 Comentarios

Yo no sé cómo es que existe gente capaz de leer semejante basura seudoperiodística. ¿Es un problema de educación o de simple estupidez? ¿O quizá las dos cosas?

...hablando de titulares: "No NEWS is good news!"

Gran parte de la información más negativa sobre la camarera del Hotel Sofitel la extrajo este periódico de uno de los periódicos sensacionalistas de Murdoch al que han puesto una demanda por calumnias. El País y otros no deberían informar de lo que digan estos basureros. Al menos, hoy, han puesto la palabra "sensacionalista".

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Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

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