Ramón Lobo

Los pies de barro de Jaafar

Por: | 26 de mayo de 2012

Jovenpakis
Muhammed Muheisen (ASSOCIATED PRESS).

Jaafar Sakhawat tiene ocho años de edad y unos pies de anciano. Los primeros dedos, los que llamamos gordos, parecen aplastados por siglos de trabajo, de esclavitud, arrastran cadenas. Los demás presentan deformidades prematuras en los nudillos, como si padecieran algún tipo de artrosis. Jaafar trabaja en una fábrica de ladrillos en las afueras de Islamabad, en Pakistán. De la pernera derecha de un pantalón enmarronado descienden mojaduras de barro reciente. Parece una estatua humana, un niño-viejo que nace de las piedras.

No necesitamos ver su cara para saber que tiene ojos tristes y una sonrisa inocente. No necesitamos que nos cuenten su vida; sabemos que es un niño sin derecho a escuela, a infancia y juego, miembro de una familia numerosa, pobre, con unos padres dependientes del escaso dinero que pueda ganar en un trabajo de destajo.

Los pies de barro de Jaafar no muestran el aire viciado de la fábrica, la solana o el frío de las terrazas en las que se ordenan los ladrillos recién cocidos. Muchas viviendas paquistaníes, y de su vecino Afganistán, están hechas de pies de Jaafar. Son el país real, el que padece la corrupción de los gobernantes, el radicalismo de sus talibanes, el peso de la tradición y a unos extranjeros que llegaron para liberarles de lo accesorio y que se han convertido en un problema más, quizá el más grave porque mataron la esperanza.

Hay 17 Comentarios

Estoy totalmente de acuerdo contigo, Escçeptica. El error está en querer comparar situaciones incomparables por razones obvias. No es lo mismo vivir en un entorno industrial y ultramoderno donde ni los mayores tienen trabajos, que vivir en un entorno deprimido, ganadero y agrícola donde lo que falta son manos de obras no especializadas para desarrollar trabajos. Un niño en España no puede trabajar porque ni siquiera lo hay para los 6 millones de españoles adultos sin trabajo. En pakistán o en la India la cosa cambia, porque si no trabajas en lo que sea, no existe un papá estado que te proteja con el paro al desempleo ni seguridad social que cuide de tu salud, así de simple.

¿Por qué nadie habla del pequeño Carlitos y su familia que acaban de ser desahuciados de su piso en un barrio popular de Madrid y no saben dónde van a dormir esta noche? (Carlitos es un nombre supuesto)

Aquiles, yo no pondría a mis propios hijos a trabajar, a no ser que las vida en mi país se ponga mi dura (y durísima se tiene que poner) para que con sólo mi esfuerzo y el de su padre no podamos llevar un pedazo de pan a casa. Lo deseable es que un niño pase su niñez jugando y estudiando, pero a veces la realidad de su país y su sociedad es muy cabezona y toca luchar para por lo menos cubrir la necesidad básica que es comer. Una vez cubierta y asegurada ésta, ya puedes pensar en todo lo demás. Supongo que eso es lo que le pasó a mi abuelo y su familia, era lo que tocaba y lo hicieron sin quejarse, con dignidad y sin lamentar un solo segundo vivido.

Fabian, el motivo de mi mensaje es que estoy HARTA de que me metan por los ojos realidades de países que se han creado ellos solos, sin nosotros (el pueblo llano) haber intervenido, y pretendiendo que nos sintamos culpables (¿de qué? ¿de que unos padres pakistaníes decidan poner a sus hijos a trabajar?) ¿No tienen unos políticos? Pues que se pongan las pilas y empiecen a crear las condiciones para que la gente viva con dignidad y puedan llevar a sus hijos al colegio. Mientras tanto, no tendrán más remedio que poner a sus hijos a trabajar si quieren comer todos los días. Y vuelvo a repetir: este tipo de cosas forjan el carácter de la persona, la hacen más luchadora, más madura, valorando el trabajo y cada cosa que tiene. Nada de ser un pusilánime ni un "nini". Además, otra cosa que observo es que hay muchas culturas en las que, a partir de cierta edad, ponen a los niños a colaborar en las tareas que hacen los padres, o a cuidar de sus hermanos menores. Nadie pone el grito en el cielo, "es su cultura y hay que respetarla"

Ahora llamadme inhumana y todo lo que queráis, lo que soy es realista y este mundo no es un algodoncito donde todos estamos acomodados en nuestro hueco a medida, lamentablemente está lleno de lugares duros e inhóspitos en los que tienes que endurecerte si quieres vivir. Así ha sido durante miles de años, y seguro que el humano prehistórico no se quejaba.

Pasen una buena tarde.

Seguramente gracias a Jaafar, sus padres, hermanos y hermanas aguantan un poco más en su lucha contra la hambruna. Esa es su alegría, y causa de esa sonrisa inocente que no vemos. Un héroe demasiado joven con demasiadas responsabilidades, pero la supervivencia sobrepone a la injusticia.
Muchas veces los más pobres son mucho más felices que aquellos que se lastiman por ellos.

La solución es fácil.... banqueros, políticos, y empresarios corruptos deberán ser procesados y cumplir las condenas en trabajos similares a los que realizan esos niños del democrático mundo de desalmados ladrones. Y ante todo, que devuelvan todo lo robado (escondido en paraísos fiscales).

Escéptica, el hecho de que tu abuelo haya vivido esa vida no es razón para que mires para otro lado y evites una realidad tan cruda e injusta. Apuesto que a tu abuelo le hubiera encantado que no le robaran su niñez e infancia. A lo mejor así hubiera tenido una nieta más humana.

Escéptica, ¿pondrías a tus propios hijos a trabajar?. Gente con tu mentalidad ha destrozado la humanidad. Es lo que hay, dices; sí, es lo que hay, demasiada gente mezquina que no tiene ni el valor moral del barro que ese niño lleva en los pies.

Es lamentable, soy argentina en el norte de mì paìs, sucede algo parecido... en la cosecha de la caña de azùcar, van a la zafra los humanos mayores de una familia y los niños tambièn, los empleadores se abusan de manera. SALUDOS

http://nelygarcia.wordpress.com. El sacrificio y abuso de los niños, es lo que el mundo debería de erradicar, haciendo que sea una necesidad en primera línea.

Mi abuelo (español) trabajó en una mina de pequeño, pasó por una guerra de joven (bando republicano) y su consiguiente hambruna, lo cual no le impidió sacar adelante a su familia lo mejor que pudo, mejorar su vida poco a poco y vivir hasta los 87 años. A pesar de arrastrar una dolencia pulmonar causada por su trabajo en la mina. Nadie le dedicó un reportaje ni un post, ni vino una ONG a hacer aspavientos ni escandalizarse. Era lo que había, y punto. Suerte para el chaval, su vida es dura y él por consiguiente se endurece.

No hace falta irse a Afganistan para encontrar eslavitud. La tenemos en España aunque hay poca información de ello y hay que irse a revisar prensa e investigación extranjeras. Las personas que recogen la fruta y la verdura en el Ejido, cuya venta exterior proporciona a España billones de euros al año, viven en un régimen de semi-esclavitud y apenas tienen para comer. El chocolate que se consume en España proviene, salvo el de comercio justo, de Costa de Marfil y es colectado por niños esclavos que nunca en sus vidas han probado el chocolate. Gran parte de la ropa que utilizamos está siendo producida por mano de obra esclava o semi esclava. España es uno de los lugares de destino para las mujeres y niñas traficadas por motivos sexuales. Lamento lo que sucede en Afganistan señores, pero ya es hora de empezar a mirar y a denunciar lo que se está llevando a cabo en nuestra casa, delante de nuestros ojos porque parar la esclavitud y el tráfico de personas depende de nosotros.

A mí me parecen unos pies BASTANTE normales, si les quitas el barro. Lo cual no quiere decir que no esté de acuerdo con todo lo demás y con el mensaje del artículo.

Nunca he visto la necesidad del sensacionalismo, la verdad.

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Los niños , jóvenes, adultos y ancianos son víctimas inocentes de la represión y el genocidio brutal que se está prácticando en medio mundo ante el silencio complice del otro medio. Os dejo un pequeño relato por si os ayuda a reflexionarhttp://www.lee-gratis.com/index2.php?option=com_docman&task=doc_view&gid=16&Itemid=30

Vamos a intentar corresponder con nuestro comentario a la altísima calidad de este artículo. No es tiempo de silencios. El silencio de los seres racionales ante lo que está sucediendo en el mundo es una irresponsabilidad.
Pero no vamos ahora a hablar nosotros. Aquí un fragmento de una obra de un gran poeta libanés: Khalil Gibrán. Va dedicada a Jaafar y a los millones de personas que se encuentran en su situación en el mundo.

Y un mercader dijo: Háblanos del Comprar y el
Vender.
Y él respondió:
La tierra os entrega sus frutos y vosotros no conoceréis
necesidad si sabéis solamente cómo llenaros las
manos.
Es en el intercambio de los dones de la tierra donde
encontraréis abundancia y seréis satisfechos.
Pero, a menos que ese intercambio sea hecho con
amor y bondadosa justicia, llevará a algunos a la codicia
y a otros al hambre.
Cuando, en el mercado, vosotros, trabajadores del
mar y los campos y los viñedos, encontréis a los tejedores
y alfareros y vendedores de especies, invocad al espíritu
guía de la tierra para que vaya en medio de vosotros
y santifique las medidas y para que pese al valor de
acuerdo con el valor.
Y no permitáis que el de las manos estériles, el que
quiere venderos sus palabras al precio de vuestra labor,
intervenga en vuestras transacciones.

A ese hombre deberéis decirle:
«Ven con nosotros a los campos o ve con nuestros
hermanos a la mar y arroja tu red:
Que la tierra y el mar serán espléndidos para ti como
lo son para nosotros.»
Y, si vienen los cantores y los bailarines y los tañidores
de caramillo, comprad de sus dones.
Porque ellos son también cosechadores de frutos e
incienso y lo que ellos traen, aunque hecho de sueño, es
ropaje y alimento para vuestro espíritu.
Y, antes de abandonar el mercado, ved que nadie se
marche con las manos vacías.
Porque el espíritu señor de la tierra no dormirá en
paz sobre los vientos hasta que las necesidades del último
de vosotros sean satisfechas.

Khalil Gibrán

.http://elbuhopardo.blogspot.com.es/

La esclavitud siempre ha estado aquí y siempre la hemos negado. Solo ahora cuando llama a nuestras puertas, cuando los privilegiados, dispuestos a todo por mantener su estatus, saquean hasta la última gota de la dignidad humana empezamos a preocuparnos.

Esa foto podría ser una metáfora de este mundo. Espero que alguien se atreva a lavarlos, secarlos, ponerle unos zapatos y darle un balón. Espero que aún nos quede esa esperanza.

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Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

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