Ramón Lobo

Sin dinero no hay justicia para la mujer

Por: | 26 de julio de 2012

 

Una de cada tres mujeres del planeta ha sido maltratada y/o violada alguna vez en su vida. La violencia machista es una de las lacras invisibles de un mundo con dos velocidades: los que se quejan de la crisis y los que padecen las hambrunas, la pobreza, la injusticia.

La violencia contra las mujeres suele ser una de las consecuencias de la guerra. Se hace crónica en el periodo inmediatamente posterior, en el postconflicto, cuando desaparece la ayuda humanitaria, se reduce el número de 'cascos azules' y de observadores internacionales y cuando no quedan periodistas para denunciarla.

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No es un problema solo del Tercer Mundo, también del Primero, donde se hace fuerte en las casas, donde nadie ve. Se llama violencia doméstica cuando afecta también a los hijos. La crisis económica y financiera mundial fuerza a los Gobiernos a recortar partidas de gastos. Nunca se reducen los de armamento; la tijera entra en los llamados 'gastos sociales'.

Las ONG permanecen vigilantes en defensa de los derechos de las mujeres en Occidente; también de las europeas. Todos denuncian escasez de medios, de voluntades.

No es solo un asunto presupuestario; es también la ideología fundamentalista cristiana que enarbola un sector del Partido Republicano de EEUU la que mina los derechos conquistados por las mujeres. Sucede también en España con el ministro Gallardón.

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Democracia en Yemen. Ahmed
Jadallah (REUTERS).

La violencia contra las mujeres se manifesta en la educación en países como Afganistán y Pakistán, entre otros, donde la mayoría de las niñas son obligadas por sus padres a dejar la escuela al concluir la primaria, si no antes, para trabajar en labores domésticas o para casarlas por conveniencia (de la familia; no de ellas) en matrimonios-cárcel.

El 57% de esos matrimonios se produce con menores de 16 años.

La tradición manda; es la que gobierna el día a día de millones de personas. Los 11 años de presencia militar occidental en Afganistán no han modificado nada esencial, no han cambiado el curso de la historia general más allá de casos particulares. La situación es peor en zonas rurales dominadas por los talibanes.

 

La violencia contra las mujeres se manifiesta en la mutilación genital, sea infibulación o ablación, que es común en Somalia, Etiopía, Sudán y otras zonas de África. Existe la creencia, sin apoyo alguno en El Corán, de que las mujeres deben ser amputadas en sus centros de placer y garantizar su virginidad.

Quien no lo hace es una puta, no tiene posibilidades de casarse y es rechazada socialmente. No consiste solo en lograr leyes, prohibiciones, es necesario un cambio radical de mentalidad.

 

 

La violencia contra las mujeres se manifiesta también en la prohibición de conducir, en vigor en Arabia Saudí, de llevar una vida normal, móvil e independiente de la presencia de un hombre, sea marido, hermano o padre.

Amnistía Internacional lanzó una campaña internacional en apoyo de mujeres como Manal al-Sharif que han decidido desafiar la ley.

La eliminación de este tipo de violencias contra la mujer pasa por la mejora de la educación, que es la primera víctima de la crisis. Sin mejor y más educación es imposible romper el círculo, avanzar; la crisis se encostra, permanece, porque esa crisis no ya es económica sino ética, de justicia.

 

Hay 3 Comentarios

¿Y las de España a que se deben? ¿Falta de dinero o Salvajismo? Y para eso no necesitan armas, o a garrotazo limpio, patadas, cuchilladas o manitas al cogote.

Muchas gracias por el artículo, da en la clave del problema de muchas mujeres en el mundo.

Magnífico artículo que incide en el racismo de clase, que no es cuestión de género, y muy bien documentado, gracias

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Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

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