Ramón Lobo

Los invisibles están desprotegidos

Por: | 10 de octubre de 2012

 

Defender el derecho a la educación de las mujeres es un delito gravísimo de occidentalización; una afrenta intolerable que merece la muerte, según Tehreek-e-Taliban, grupo islamista radical que campa en las zonas tribales del norte de Pakistan. No hay detención ni juicio ni abogados defensores ni fiscales ni jueces ni leyes ni Estado; basta la voluntad bárbara de un jefe asesino.

 

La niña Malala Yusafzai, de 14 años, se recupera de sus gravísimas heridas tras el intento de asesinato sufrido cuando acudía al colegio en Mingora. El blog The Lede ofrece varios vídeos e informaciones sobre su lucha.

La BBC ofrece estractos de su blog. The Washington Post republica una entrevista (en vídeo).

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Roberto Schmidt (AFP)
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Lo ocurrido con Malala es la punta de un iceberg de injusticia, marginación y maltrato cotidiano de miles de mujeres. La religión como justificación, como instrumento de opresión, de malignidad, en lugar de ser uno de salvación y encuentro, de respeto.

 

Ese runrún de tradiciones pastunes (que tan bien narra la película de John Houston y la novela de Kipling) se comparte con el vecino Afganistán. Explica la distancia sideral entre las tropas occidentales (y sus Gobiernos, claro) que llevan más de 11 años combatiendo a un fantasma, instalados en castillo de valores y prejuicios, protegidos por muros de cemento y aviones drones, alejados de la realidad que dicen querer cambiar.

Cuando las tropas extranjeras abandonen Afganistán volverá una guerra civil que no ha dejado de estar presente desde la invasión soviética en 1979. Las escuelas construidas serán devoradas por los nuevos enfrentamientos, las niñas serán expulsadas de las escuelas y las mujeres seguirán atrapadas en un mundo de pobreza, sin derechos. Nada de lo aportado, ni los millones gastados (en armas y bombas), es sostenible. Todo ha sido un enorme error y un gran fracaso.

Lectura recomendada: La piedra de la paciencia de Atiq Rahimi.

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Arshad Arbab (EFE)
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La niña paquistaní es una metáfora de ese desastre que no se detiene en una frontera. Malala creyó los cantos de sirena, en una educación para todas la niñas, en un mundo mejor. Se lanza el mensaje pero no existe capacidad política ni militar, ni voluntad de proteger a las personas que quieren impulsar el cambio. Los invisibles están desprotegidos. Esa es la derrota colectiva.

 

Hay 5 Comentarios

las grandes potencias sobrevolando el mundo con aviones sin pilotos y sin sentimientos

El artículo merece un premio periodístico, es muy veraz y pone al descubierto una sociedad enferma de un machismo aberrante. Lo peor de ese machismo es la de creer en un "dios" que se satisface en el asesinato. Las religiones convertidas en ideologías conducen precisamente a esos virus peores que el Sida.

El artículo merece un premio periodístico, es muy veraz y pone al descubierto la podredumbre mental que socava a una sociedad enferma de un machismo aberrante. Lo peor de ese machismo es la de creer en un "dios" que se satisface en el asesinato. Las religiones convertidas en ideologías conducen precisamente a esos virus peores que el Sida.

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Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

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