Sería un grave error

Por: Luis R. Aizpeolea | 23 nov 2011

AmaiurYa es un error que Mariano Rajoy no reciba a Amaiur. Pero pasaría a ser un grave error que el PP maniobrara para lograr que ese partido, con siete parlamentarios y más del 25% de los votos en la comunidad vasca y el 14,87% en Navarra, se quedara sin grupo parlamentario con el argumento peregrino de que en la comunidad foral no había alcanzado el 15%.

En primer lugar, porque las normas del Congreso le dan grupo parlamentario. Supera en dos parlamentarios el mínimo exigido en cinco y sobrepasa, también, el 15% de los votos. El argumento de que en Navarra no llega al 15% no sirve porque el reglamento no precisa que ese 15% se supere en cada circunscripción. Se refiere claramente a la media, que ha arrojado nada menos que un 25%.

Y en segundo lugar porque sería además, un error político. Uno puede entender  que no haga ninguna gracia que una coalición, en cuyo seno habita un grupo que en el pasado ha sido brazo político de ETA, tenga presencia parlamentaria. Pero no deben olvidarse dos cosas. La primera que ha sido elegido por un 25% de votantes en la comunidad vasca y casi un 15% en la navarra.

Tampoco debe olvidarse que hemos sido muchos los analistas veteranos, sobre todo vascos -a algunos parece que ya se les ha olvidado-, que hace años soñábamos con que ETA se quitara de en medio y su brazo político ocupara su espacio, en un país sin terrorismo. Y decíamos que en su momento apoyaríamos su integración.

Esa hora ya ha llegado desde el 20 de octubre de este año y venía cocinándose desde hace exactamente dos años. Entiendo que cueste dar el paso a quienes no se han creído nada de lo sucedido en el mundo de la izquierda abertzale en los últimos dos años. Pero harían bien en mirar al PP vasco, que de esto sabe bastante más. En el País Vasco, el alcalde de Vitoria y los concejales donostiarras del PP colaboran habitualmente en ambos municipios con Bildu
, hermana de Amaiiur.

Amaiur

En el País Vasco no se ha cumplido el axioma de que, una vez cesada definitivamente ETA, los partidos constitucionalistas, con libertad total de movimientos, iban a beneficiarse de un importante tirón. Muy probablemente porque aún no se ha terminado de asimilar el final de ETA. El hecho es que en Euskadi, y es la excepción, no se votó el 20-N en clave de elecciones generales sino vascas.

En otras elecciones generales el partido nacional que las gana experimenta en Euskadi un importante tirón y suele ser habitualmente la fuerza ganadora. Le sucedió al PSE en 2004 y en 2008. Sin embargo, el PP vasco ha sido en estas elecciones el cuarto partido en número de escaños y votos.

La explicación hay que encontrarla en que estas elecciones han sido en el País Vasco unas primarias de las elecciones vascas de 2013 en las que ha primado la lucha por la hegemonía entre Amaiur, con una izquierda abertzale recién salida de la ilegalidad y el PNV. De tal modo que mucho voto nacionalista que en otras elecciones generales se desplazaba a partidos nacionales esta vez se ha quedado con la marca autóctona. Ahí ha contribuido, qué duda cabe, la crisis y el desempleo que han castigado al PSE, partido gobernante en Euskadi, y en parte al PP que le apoya.

Pero todo apunta a que la batalla entre el partido más votado, el PNV, y el que más escaños ha obtenido en estas elecciones, Amaiur, va a ser la que domine la escena política vasca hasta las elecciones autonómicas de 2013 y después.

En Euskadi ya se han puesto las cartas sobre la mesa. Todo apunta a que la reivindicación soberanista va a estar en el orden del día, sobre todo tras 2013. Y que el esfuerzo de los partidos constitucionalistas, una vez superado el terrorismo etarra, va a consistir en defender, con argumentos, que para Euskadi es mejor estar en España que no irse de ella.

El final de ETA se empieza a notar

Por: Luis R. Aizpeolea | 18 nov 2011

Por vez primera en democracia, representantes de la derecha, del PP, —Alberto Ruiz Gallardón, José Eugenio Azpiroz y Borja Samper, entre otros— han paseado sin problemas por la Parte Vieja donostiarra, considerada durante años zona de riesgo. También, por vez primera en esta campaña, los tres cabezas de lista del PSE —Ramón Jáuregui, Eduardo Madina y Odón Elorza— han dado un mitin en la plaza de la Constitución, en el corazón de la misma Parte Vieja, también, sin problemas.

Recorte
Borja Semper,Gallardon,Eugenio Azpiroz,Iñaki Oyarzabal y Ramon Gomez en la Parte vieja de Donosti. /JAVIER HERNÁNDEZ

 

Pero, también y, salvando las distancias, por vez primera, el PP vasco se ha anunciado en el diario en euskera Berria, dirigido por Martxelo Otamendi. El mismo Otamendi que dirigió Egunkaria, el diario en euskera, clausurado en 2003, durante el mandato de José María Aznar, y cuyos directivos, incluido Otamendi, fueron detenidos y encarcelados bajo la acusación de colaboración con ETA. Años después, la propia Audiencia Nacional les dejó libres de cargos.

No todo son, por tanto, malas noticias en esta campaña electoral, marcada por la agudización de la crisis financiera, con el telón de fondo de casi cinco millones de desempleados y con un futuro oscuro.

El final de ETA se empieza a notar y a dejar sus secuelas positivas. Los espacios de libertad se abren para los partidos, sobre todo el PSE y el PP, que antes tenían cerrados. Y, consecuentemente, también la tolerancia se abre paso de la mano de Antonio Basagoiti en el PP vasco, cuyo atrincheramiento, debido en buena parte a la presión del terrorismo, le llevó en la etapa de María San Gil a desvincularse de la sociedad.

Siendo verdad que los pasos más importantes para avanzar hacia la consolidación de la paz en Euskadi los tienen que dar ETA y la izquierda abertzale. Pero, también, ayudan a la convivencia gestos como el del PP vasco.

El voto del miedo

Por: Luis R. Aizpeolea | 17 nov 2011

Nunca habíamos vivido un final de campaña electoral con una crisis financiera global que pusiera en la picota la solvencia de España. No es difícil deducir que este panorama se traduce, en clave política, en un estímulo al voto del miedo, el de que “nos saquen de esto como sea”.
El siguiente paso de este razonamiento es que quien más sabe de números y tiene mejores relaciones con el poder real tanto nacional como comunitario es la derecha. Es, pues, la derecha la más capacitada para sacarnos de esta y todo apunta a que esta es, unido a que quien gobierna esta crisis la paga, la explicación del resultado tan abultado que le dan las encuestas al PP.
El problema es que la realidad es más heterodoxa. El PP apela al boom económico que protagonizó en 1996 para legitimar su eficacia frente al PSOE. Pero la crisis actual nada tiene que ver con la de los noventa. Cuando Aznar entró en el Gobierno, la economía ya despegaba al 4% y, sobre todo, aquellas recetas no sirven: España pudo devaluar la moneda, bajar sus tipos de interés, dispuso de mucha inversión exterior —hoy no se mueve un duro— y , además, se lanzó al boom del ladrillo.
Por contra, el PSOE tiene en su bagaje la gestión de tres hitos económicos: la reconversión industrial, la entrada en la UE en los ochenta y el inicio de la salida de la crisis de los noventa. El Gobierno actual ha cometido serios errores de percepción sobre la crisis. Pero se airea menos el reconocimiento europeo de que sus medidas de ajuste de 2010 han alejado a España del ojo del huracán en que está Italia.
Esta crisis es global, muy compleja y los cambios de gobiernos progresistas por conservadores —casos del Reino Unido y Portugal— no han originado el caudal de confianza, al que apela el PP, para darle la vuelta a la situación. Tampoco ha valido a España que las encuestas den por cantada la victoria de Rajoy. La clave está en que la Unión Europea, que es quien tiene la llave de una parte sustancial de la solución de la crisis y, además está plagada de gobiernos conservadores, está siendo incapaz de darle una salida.
Lo que se trata de subrayar es que, frente a lo que el PP decía hace semanas, el mero cambio de gobierno no es garantía de nada. Las recientes palabras de Rajoy lo confirman.

Algunos lo tienen ya muy claro

Por: Luis R. Aizpeolea | 16 nov 2011

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Algunos lo tienen ya muy claro y no se cortan. Como dan por hecha una victoria contundente no tienen complejo en ponerse la venda antes de la herida. Adelantan que en cuanto gobiernen van a aplicar medidas impopulares y ya dan por descontado, incluso, que tendrán respuestas en la calle.
La abanderada de este aviso ha sido la número dos del PP, Dolores de Cospedal, y detrás de ella han seguido otros dirigentes así como presidentes autonómicos del partido conservador. Esto es: lo que ha eludido Mariano Rajoy en el debate con Alfredo Pérez Rubalcaba y en sus mítines lo dicen otros dirigentes del partido.

Para ello han elegido el momento, marcado por la gran volatilidad de los mercados y las bolsas y la consiguiente angustia ciudadana. Y también cuando los analistas ya dicen que la economía todavía no ha tocado fondo (83%), cuatro de cada diez personas temen que perderán el empleo y una mayoría (53%) creen que España será rescatada a corto plazo (Veáse Metroscopia).

Tampoco es baladí que los ciudadanos ya no consideren al Gobierno, como sucedía en el pasado, el principal responsable de la crisis sino a los bancos y a los mercados por este orden.
Evidentemente, el ataque de responsabilidad que le ha entrado a Rajoy y su equipo tiene sus fundamentos estadísticos y su explicación por el enorme vértigo que le ha entrado ante una probable victoria del próximo domingo.

Pero no está de más recordarles que no hubiera estado nada mal que ese ataque de responsabilidad les hubiera entrado antes y no hubieran utilizado durante tanto tiempo la crisis económica como instrumento electoral contra el actual Ejecutivo. Es probable que a España en su conjunto, con los dos principales partidos unidos, le hubiera ido mucho mejor. Y que en vez de preocuparse tanto por lo que pueda responder la calle, se esfuercen mucho más en localizar las medidas menos dolorosas para los ciudadanos corrientes su hay que profundizar en las reformas.

Una campaña muy rara

Por: Luis R. Aizpeolea | 15 nov 2011

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Esta es una campaña muy rara. Es verdad que tiene en común con la de octubre de 1982 que las encuestas dan insistentemente la victoria arrolladora de un candidato. Entonces de Felipe González y en esta ocasión de Mariano Rajoy. Pero entre aquella y ésta existe, también, una diferencia que hace a esta campaña aún más singular.

En aquella ocasión, Felipe González arriesgó con un programa de compromisos, entre ellos, el de la creación de 800.000 puestos de trabajo. Pero de Mariano Rajoy apenas se conocen compromisos concretos. Ha huido de ellos casi como de la peste. También ha evitado enredarse en algún tema o temas para suscitar un debate de fondo.

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El camino de Rajoy a la Moncloa se lo ha labrado la gran recesión, con la máxima, ya anticipada en otros países del entorno europeo, de que quien gobierna durante esa crisis, la paga. Eso y su capacidad para aguantar la presión de los más radicales de los suyos en sus tiempos más difíciles, tras su derrota en marzo de 2008.

Por el lado del PSOE está siendo, también, la campaña más rara. La estrategia de campaña con la que partió Pérez Rubalcaba, en julio, basada en un programa para la recuperación económica quedó destrozada en agosto con las turbulencias financieras, primero, y la amenaza de recesión, después. En vez de proponer un programa para la recuperación, Rubalcaba ha tenido que improvisar como base de campaña la contraposición de la defensa del modelo de bienestar frente a la opacidad de Rajoy y los recortes de algunas comunidades autónomas del PP.

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Y todo eso con una nueva ola de turbulencias financieras en la mitad de la campaña. Ni el más avezado de los estrategas podía prever un escenario como este para la campaña electoral del 20-N. Y si hay algún listo de turno que lo afirma es tan mentiroso como quien dice que en 2007 ya previó que esta crisis iba a ser tan o más grave que la gran depresión de los años veinte.

El final del túnel

Por: Luis R. Aizpeolea | 13 nov 2011

 

El estreno de la película El final del túnel, producida por Elías Querejeta y dirigida por Eterio Vega, ha tenido la fortuna de coincidir con el anuncio del final del terrorismo de ETA. Es una película rigurosa, honesta y útil porque, por vez primera, se ofrece una información directa del mundo nacionalista vasco en un momento clave: cuando en su seno se ha abierto la reflexión crítica sobre los 43 años de terrorismo etarra.
En la película están representados las principales visiones del nacionalismo sobre ETA: Sabino Ayestarán, el cura próximo al PNV, que cuestiona los métodos violentos de ETA, pero participa de sus fines políticos; el ex militante de ETA, Kepa Pikabea,que hace una reflexión profunda y cuestiona su propia historia por haber puesto la lucha por Euskadi por delante de la defensa de la vida y de la dignidad humana; Juan Carlos Yoldi, también ex militante de ETA, que justifica la historia terrorista de ETA, pero que considera que ahora ya no tiene sentido.
Es tremendo el testimonio de Cristina Sagarzazu, viuda del ertzaina, Ramón Doral, asesinado por ETA. Es quien vive el mayor drama porque desde su ideología nacionalista considera que su marido no fue asesinado por una banda terrorista sino que fue víctima del “conflicto vasco”, que los gobiernos y ETA tendrían que arreglar.
La película de Querejeta y Vega refleja las contradicciones del mundo nacionalista vasco, muy difíciles de entender desde fuera de él. Pero están ahí como ahí está el final de ETA que la película, acabada en agosto, ya vislumbra.Tratar de entenderla —el testimonio completo de Pikabea es muy rico porque nunca un ex militante de ETA había hablado tan claro— es un ejercicio de tolerancia.
Además, nadie podrá hacer a Querejeta y Vega la acusación fácil de complicidad con el terrorismo, tan socorrida en algunos medios capitalinos, después de la extraordinaria película que hicieron hace casi una década sobre el asesinato del dirigente socialista vasco, Fernando Buesa, por parte de ETA.

La autocrítica parcial de ETA

Por: Luis R. Aizpeolea | 11 nov 2011

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Tres semanas después de que ETA anunciara el cese definitivo de la violencia en un escueto comunicado, la banda reconoce, en una entrevista explicativa, que el terrorismo ya está agotado. Admite, incluso, que tras la ruptura de la tregua de 2006 se equivocó, al continuar con el terrorismo,  y que la izquierda abertzale tenía razón cuando apostó por las vías pacíficas y políticas en aquel momento.

Es lo más importante del texto de ETA porque ratifica que el proceso de final definitivo que ha abierto no tiene marcha atrás. Y frente a toda su historia anterior, no fija condiciones de ningún tipo. Vinculado a ello, confirma que su final es el resultado de un proceso unilateral, que no ha tenido negociaciones con el Gobierno y que se ha apoyado en expertos internacionales para declarar su final.

Otro aspecto interesante es la confirmación de que delega en la izquierda abertzale las cuestiones políticas, cuyo núcleo es el derecho a decidir, y que no tutelará ningún proceso político. Se  limita a atribuirse  la gestión del futuro de sus presos y sus prófugos. Y para ello reclama algún tipo de negociación sobre estas cuestiones con el futuro Gobierno. Y adelanta otra novedad, el reconocimiento de la reacción del líder de la oposición, Mariano Rajoy, a su comunicado de cese definitivo.

ETA precisa, asimismo, su  oferta  de prioridades para después de las elecciones del 20-N, en línea con la izquierda abertzale: el futuro de los presos, la legalización de Sortu y, a más largo plazo, el reconocimiento del derecho a decidir.

Esta dos últimas tareas admite que corresponden a la izquierda abertzale y, por tanto, ni pone condiciones ni fija plazos.

El punto más débil del texto es el tratamiento a las víctimas del terrorismo. Queda aún lejos de admitir el daño causado. Lo enmarca en un análisis político general del “conflicto vasco”. Se ve que mantiene un debate interno no resuelto.  

ETA trata, también, de iniciar una tarea imposible, el relato justificativo de la continuidad del terrorismo, tras la llegada de la democracia en 1977.  Según ETA, su continuidad ha implicado que el derecho a la autodeterminación sea asumido por numerosos vascos.                                                                      

Es también curiosa la manera en que admite que el terrorismo está ahora agotado. En vez de reconocer abiertamente que la ilegalización de Batasuna con la Ley de Partidos, primero; y la deslegitimación social sufrida por su ruptura unilateral del proceso dialogado de 2006, después, dejó a ETA sin margen de maniobra ni política ni operativa, hace una auténtica cabriola. Dice que es el Estado el que la quiso reducir a ser una organización terrorista y  ETA responde que  no lo admite porque es “una organización política”.

Debate a cinco. Continuidad y novedad

Por: Luis R. Aizpeolea | 10 nov 2011

Debate
Josu Erkoreka, Ramón Jauregui, Alberto Ruiz-Gallardon, Pere Macías y Gaspar Llamazares, antes del comienzo del debate en TVE. EFE

El debate a cinco de TVE fue para el PSOE (Ramón Jáuregui) y el PP (Alberto Ruiz-Gallardón) la segunda parte del que mantuvieron el lunes Rubalcaba y Rajoy. Jáuregui buscó el cuerpo a cuerpo con Gallardón para tratar de remachar la idea de Rubalcaba del lunes de que el PP en el Gobierno materializará importantes recortes sociales. Gallardón, a su vez, trató de consolidar los flancos más débiles que dejó Rajoy el lunes. Por eso hizo una rotunda declaración de principios de que el PP mantendrá los servicios universales. Pero esa declaración genérica sólo la concretó en materia de pensiones –“mantendremos el poder adquisitivo”- y en el tajante rechazo al copago sanitario. Pero ante la denuncia de Jáuregui del comportamiento de Esperanza Aguirre en la comunidad de Madrid en materia educativa y sanitaria –“hechos, no palabras”, insistía Jáuregui-, Gallardón, que en todo momento mantuvo un buen tono, fue más vulnerable.

En materia económica, Jáuregui trató de salvar la responsabilidad del Gobierno de la crisis insistiendo en que venía del exterior y que el PP no ayudó con su actitud a los planes del Gobierno, Gallardón contraatacó por el flanco más débil del Gobierno socialista, las cifras de desempleo, muy por encima de la media comunitaria. Luego se perdió en una defensa del modelo económico que desarrolló el PP en 1996, lo que permitió a Jáuregui recordar que aquella situación económica nada tiene que ver con la de ahora.

La novedad la introdujeron Izquierda Unida y los partidos nacionalistas. Gaspar Llamazares (IU) se encontró cómodo atacando la gestión del Gobierno socialista de la crisis, así como de las comunidades autónomas gobernadas por el PP. A los dos partidos les acusó de estar sometidos al imperativo de los mercados.

Las intervenciones de Llamazares estuvieron dirigidas a captar el voto de los indignados, a los que citó reiteradas veces, e introdujo la denuncia de la corrupción como elemento de debate.

Josu Erkoreka (PNV) dirigió su mensaje al electorado vasco a presentarse como la única opción que defendía los intereses de Euskadi ya que Jáuregui, el otro vasco en la mesa, tenía que defender los intereses generales de España. Erkoreka apuntó el derecho de autodeterminación, en su intervención inicial. Pero la inmensa mayoría del debate lo centró en exponer su modelo de salida a la crisis y una defensa del Estado de bienestar. Presumió de la situación económica vasca –tiene la mitad de parados con relación a España- que trató de atribuir a la gestión de la política industrial de los gobiernos nacionalistas. Ahí Jáuregui rompió su pretensión de limitar su cuerpo a cuerpo a Gallardón y recordó a Erkoreka que el Estrado contribuyó de manera muy importante a la reconversió industrial vasca.

Pere Macías (CiU) también se dirigió en exclusiva al electorado catalán. Todas sus intervenciones fueron dirigidas a defender el pacto iscal, el concierto económico a la catalana, como solución al problema de déficit financiero d ela Generalitat catalana.

El aroma final del debate fue que la envergadura de la crisis va a obligar a que los principales partidos, incluidos los nacionalistas, busquen pactos para afrontarla. Es posible que este aroma de pacto fuera facilitado por el talante positivo de los intervinientes en el debate de ayer.

La intervención de Rubalcaba fue más útil

Por: Luis R. Aizpeolea | 08 nov 2011

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Las encuestas manejadas tras el debate entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy confirman hasta qué punto está instalada en la calle la idea de que el PP ganará las elecciones. Rubalcaba tomó la iniciativa política, expuso sus planes y trató de infundir sospechas sobre un programa oculto del PP de recortes sociales. Mariano Rajoy apenas expuso sus planes. La base de su discurso fue la denuncia de la gestión de la crisis del Gobierno de Zapatero.

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Pensando en la próxima legislatura fue más útil la intervención de Rubalcaba que la de Rajoy. Pero las encuestas son unánimes en darle como perdedor al candidato socialista. Una mayoría de encuestados han apostado por Rajoy porque ya le dan como caballo ganador. Y él mismo trató de afianzar esa imagen actuando, en el debate, como si ya estuviera en La Moncloa.

Si gana Rajoy sabemos muy poco de cómo va a afrontar la lucha contra la crisis. El debate era la última oportunidad de poder conocer sus propuestas con más detalle, sobre todo en su política de austeridad, y logró, en buena parte salirse con la suya.

Frente a las importantes interrogantes sobre lo que hará Rajoy contra la crisis económica, sí tuvo, en otro terreno, en el de la política antiterrorista, mucho de esperanzador que se comprometiese a pactar con Rubalcaba la gestión del final de ETA. Y viceversa.

Sobre el autor

Luis Rodríguez Aizpeolea

es un veterano periodista vasco afincado desde hace 22 años en Madrid. Siguió de cerca la transición política en Euskadi hasta finales de los 80, y las vicisitudes políticas de La Moncloa desde la última etapa de Felipe González. Tras muchos años de perseverancia, ha tenido la satisfacción de poder firmar la noticia de su vida: el anuncio del cese definitivo de ETA.

Sobre el blog

Una mirada particular de la situación política en general, de los resortes del poder, de La Moncloa y su entorno y, sobre todo, de la cuestión vasca.

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