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lleva más de 30 años de dedicación a la cobertura de la actualidad internacional, la mitad de ellos vividos en EE UU y América Latina. Actualmente, es corresponsal en Washington.

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Con los ocupantes de Wall Street: esto es lo que vi

Por: | 11 de octubre de 2011

Confieso mi escepticismo sobre los ocupantes de Wall Street. Me parece un episodio menor, repleto de contradicciones y condenado al fracaso. Seguramente está movido por buenas intenciones, como tantos otros sucesos de funestas consecuencias, pero le falta respaldo popular, está movido por viejos tópicos superados y carece de un objetivo viable. Es elitista, oportunista y esencialmente exhibicionista, no reformista ni mucho menos revolucionaro. Quizá acabe prestando un servicio a ciertos intereses políticos, pero dudo mucho de su valor como expresión espontánea de la razonable frustración de los ciudadanos. He pasado unas horas en la plaza de Nueva York donde tiene su base y trataré de transmitir lo que que he visto de la manera más certera, aunque reconozco que, así como he descrito muchos veces sin piedad las manifestaciones retrógadas del Tea Party, este vez lo haré con toda la delicadeza de la que soy capaz.

Day 14 Occupy Wall Street September 30 2011 Shankbone 56   Flickr   Photo Sharing
Manifestante en Nueva York, por David Shankbone en Flickr

Empecemos por lo más positivo. El movimiento Ocupar Wall Street ha conseguido, casi un mes después de su nacimiento, captar la atención de los medios de comunicación de Estados Unidos. Este lunes conté siete camiones de televisión situados en torno a Zuccotti Park, el lugar de la acampada. Ese mismo día, el principal informativo de la NBC le dedicó un amplio reportaje, después de que los principales periódicos se ocupasen en profundidad del tema en sus ediciones del fin de semana. Una vez que el propio Obama se refiriera a ese fenómeno en una conferencia de prensa, es justo reconocer que los ocupantes han logrado ser noticia y objeto de debate.

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Descifrando a Obama (de forma muy personal)

Por: | 10 de octubre de 2011

Comprendo que algunos piensen que podría haber hecho algo mejor con mi tiempo, pero lo cierto es que el asunto al que más horas he dedicado en los últimos cuatro años ha sido el de desentrañar a Obama. Estoy seguro de que no soy el único. Muchos en esta ciudad en la que vivo emplean sus días en eso, y qué decir de este Ala Oeste, donde anticiparse a lo que piensa el presidente es una obligación cotidiana.

Obama abandona escenario tras un discurso en PennsylvaniaObama abandona el escenario tras un discurso en Pensylvania. (Foto: Rob Rudloff en Flickr)

Alguien con más de un cuarto de siglo de experiencia en la Casa Blanca me decía el otro día que nunca había pasado por aquí un personaje tan complejo y enigmático como Barack Obama. Desde John Kennedy hasta la fecha, todos han sido hombres bastante mundanos y hasta excesivamente transparentes. Richard Nixon era un tipo bastante oscuro, aunque en una versión mucho más antipática y hosca que la del actual presidente. Yo he conocido a cuatro: Bush padre, el más altivo y aristócrata de ellos, Bill Clinton,un pícaro del sur, Bush hijo, en el fondo un hombre muy simple, y Obama, a quien todavía no se cómo calificar.

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¿Es Steve Jobs un producto exclusivamente americano?

Por: | 07 de octubre de 2011

Poco después de la muerte de Steve Jobs, Jordi Sevilla escribía en Twitter que un éxito como el suyo hubiera sido imposible en España porque en España está prohibido construir computadoras en un garaje y nadie le hubiera prestado el dinero que necesitó para su empresa. Ese mensaje lo retuiteó Hermann Terscht, lo que me hizo pensar que es una impresión compartida desde distintos ámbitos ideológicos. Yo mismo hice un retuit, y algunos de quienes me siguen en América Latina respondieron que tampoco en sus países un fenómeno como el de Steve Jobs hubiera sido posible. En México lo habrían secuestrado, en Argentina le habrían sobornado y en Chile hubieran exportado su proyecto al extranjero, me dijeron, entre otras razones. En ningún lugar hubiera encontrado el apoyo de sus compañeros ni el respaldo de los inversores.

#thankyousteve
Homenaje a Steve Jobs elaborado por uno de los analistas de Twitter, Miguel Ríos.
La imagen contiene más de mil mensajes con la etiqueta #thankyousteve.

¿Por qué? ¿Por qué Steve Jobs sólo es posible en Estados Unidos? Un genio de esa magnitud es infrecuente incluso en Estados Unidos, pero es cierto que algunos semejantes y otros menos renombrados han triunfado en este país gracias a un entorno que estimula la creatividad y favorece el riesgo. "Este es todavía el país en el que se puede hacer historia sin tener dinero ni poseer una gran educación, únicamente gracias a una gran idea", ha comentado el periodista Chris Mathews como homenaje a la obra de Jobs.

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¿Pagaría 35.000 dólares por cenar con Obama?

Por: | 05 de octubre de 2011

Durante su visita a Dallas este martes, Barack Obama participó en dos comidas de recaudación de fondos. En una de ellas, el cubierto más barato costaba 500 dólares, en la otra el precio fijo era de 35.800 dólares por pareja. De ahí se trasladó a San Luis, donde asistió a otras dos cenas con el mismo propósito: una a 250 dólares de mínimo y otra a 25.000 dólares por persona.

Cartelobama Comidas o cenas similares se han celebrado en las últimas semanas prácticamente en cada ciudad por la que ha pasado el presidente, que ha recorrido más de diez Estados en menos de un mes en viajes en los que combina la promoción de sus últimas iniciativas políticas, particularmente su propuesta de ley para acelerar la creación de empleo, y la necesidad de recolectar dinero para su compaña de reelección.

Las campañas electorales son caras en Estados Unidos. La de 2008, en la que Obama superó ampliamente la cuenta corriente de sus rivales en las primarias y en las presidenciales, resultó la más cara de la historia: más de 5.000 millones de dólares. Esta que acaba de empezar y que concluirá en las elecciones de noviembre de 2012 promete superarla. Sin dinero no hay acceso a la televisión, y sin acceso a la televisión pocos se enteran de lo que tienes que decir en un país inmenso que es imposible abarcar únicamente mediante la presencia física.

Pero la recaudación de dinero despierta unas ciertas reticencias y dudas de carácter ético, especialmente si se hacen desde la Casa Blanca. Gobernar el país para todos y, al mismo tiempo, pedir dinero para uno mismo se convierte en una actividad tan imprescindible como embarazosa e incómoda. Los portavoces del presidente se ven con frecuencia obligados a dar explicaciones al respecto y el propio Obama se siente forzado a cumplir con esa labor, que ha realizado decenas de veces en el último año, de la manera más discreta posible, generalmente sin fotógrafos ni cobertura de prensa.

Todos los presidentes, por supuesto, han hecho lo mismo que Obama está haciendo ahora. Pero el caso de Obama resulta más llamativo porque hoy se necesita mucho más dinero que antes y porque su modelo de recaudación está basado en la creación de una amplia masa de donantes que compensen lo que las grandes corporaciones van a poner, previsiblemente, en las manos de sus rivales.

Las campañas políticas en Estados Unidos están en su mayor parte subvencionadas por los ciudadanos y las empresas. El Estado puede hacer una aportación, pero para recibirla los candidatos están obligados a cumplir con una serie de condiciones que restringen mucho su capacidad para conseguir dinero privado. En 2008, Obama renunció a la subvención pública y pagó todos sus gastos con las contribuciones voluntarias. Ahora intenta hacer lo mismo, pero esta vez va a ser más difícil.

Hace tres años la candidatura de Obama provocó una ola de entusiasmo popular que animó a millones de personas a firmar cheques de 20 o 100 dólares para pagar su campaña. Tratando de nadar a favor de corriente, también las grandes empresas, que quieren estar siempre al lado del triunfador, se mostraron generosas con el aspirante demócrata y, en general, le trataron mejor que a John McCain. Hoy las cosas han cambiado. Aunque los responsables de Obama 2012 conservan los e-mail de los donantes de 2008 y acuden a ellos machaconamente en busca de ayuda, la reacción que encuentran en mucho menos favorable. El movimiento pro Obama, por ahora, es difícil de resucitar.

Paralelamente, Obama se ha hecho durante su mandato con suficientes enemigos entre la clase empresarial como para sospechar que los grandes ejecutivos favorezcan ahora a los candidatos republicanos. La Cámara de Comercio, el mayor lobby del país, es un enemigo declarado de la política económica del presidente. Con la reforma sanitaria, se echó en su contra a médicos, hospitales, industria farmacéutica y compañías de seguros. Con la reforma financiera, aunque tímida, se ganó la enemistad de los gestores de grandes fondos de inversión en Wall Street, algo muy serio si se recuerda que Goldman Sachs, el mayor donante de 2008, repartió entonces más de 5 millones de dólares. Y su última ofensiva a favor de más impuestos para los ricos no es, precisamente, un estímulo para que éstos se rasquen el bolsillo.

La consecuencia es que ahí tiene que estar el presidente, dejándose fotografiar y saludar por quienes están dispuestos a pagar por conseguirlo, una tarea algo humillante para el comandante en jefe de las más poderosas fuerzas armadas del mundo. 

El fantasma de Solyndra

Por: | 04 de octubre de 2011

Es casi una tradición en Estados Unidos que cada Gobierno aporte a la historia su propio escándalo político. El más famoso de todos es, por supuesto, Watergate, la mayor hazaña de Richard Nixon. Pero Ronald Reagan tuvo el Irán-Contra y Bill Clinton, el Whitewater, por mencionar solo los más notables de los últimos tiempos. El que hoy preocupa en el Ala Oeste de la Casa Blanca se llama Solyndra, que no es un escándalo aún pero que tiene un serio potencial de volverse contra el presidente, sobre todo cuando la campaña electoral esté más avanzada.

Solindra
Obama, en la sede de Solyndra (Foto: Flickr)

Solyndra es el nombre de una empresa constructora de placas solares que hace dos años parecía un ejemplo dentro de la investigación industrial para la producción de energías limpias. El secretario de Energía, Steven Chu, la citó como modelo de una nueva era en el desarrollo de alternativas a los combustibles contaminantes. El vicepresidente, Joe Biden, participó vía-satélite en su inauguración y el propio Obama acudió a su planta en California en mayo de 2010 para subrayar que allí empezaban a hacerse realidad "los puestos de trabajo del futuro". Como prueba de la fe del Gobierno en el proyecto, se le otorgaron a sus responsables 535 millones de dólares del paquete de estímulo económico que Obama acababa de firmar por entonces.

Dos años después, el pasado mes de agosto, Solyndra presentó suspensión de pagos, despidió a 1.100 trabajadores y tuvo que poner sus archivos en manos del FBI, que abrió una investigación sobre lo sucedido. La oposición republicana ha celebrado varias audiencias para discutir el tema y ha llamado a declarar a los principales ejecutivos de la compañía, que se han acogido a la Costitución para negarse a responder a las preguntas.

Por ahora, el asunto ha tenido solo un eco menor en los medios de comunicación, pero The Washington Post publica ahora que algunos expertos ya habían advertido al presidente, antes de su visita a Solyndra, sobre las dificultades económicas que afrontaba la empresa, y Obama ya se vio obligado a responder sobre ello este lunes en una entrevista en la cadena de televisión ABC, en la que afirma que no se arrepiente de la subvención concedida ni renuncia a su apuesta por las energías no contaminantes. Los candidatos republicanos a la presidencia aluden a ello de vez en cuanto en sus mítines, la cadena Fox le ofrece seguimiento frecuente y el fantasma de Solyndra está muy presente en los despachos donde se planifican los futuros movimientos políticos. El viernes 30 de septiembre, el Departamento de Justicia, que manda sobre la compañía tras el expediente de bancarrota, decidió confiar la gestión a quienes los jueces designen como administradores. Muchas otras novedades pueden aún ocurrir en relación con este problema, y en el Ala Oeste se preparan para hacer contención de daños.

La responsabilidad del Gobierno puede ser la de haber entregado una subvención a una empresa que, obviamente, no contaba con una base lo suficientemente firme, y haberlo hecho por razones únicamente políticas, para promover el programa de energías alternativas defendido por Obama. Desde luego, no es la primera vez que cierra un negocio que cuenta con ayuda oficial. Tampoco es la primera vez que se potencia desde el Estado una industria renovadora que no tiene de entrada un mercado asegurado. El carbón y la energía nuclear nacieron con ayudas públicas, y la industria del petróleo todavía cuenta con exenciones fiscales, entre otras ventajas pagadas con dinero del contribuyente.

Pero el caso de Solyndra viene a la perfección para que los enemigos de las energías limpias y del presidente Obama actúen al unísono. "Es el mayor escándalo económico desde Enron", afirma el semanario conservador The Weekly Standard.

El riesgo de que este episodio escale, efectivamente, hasta la categoría de escándalo no es menor. Obama tiene un buen argumento en su defensa: el fallo de un proyecto específico no significa el fallo de toda una política. Otros negocios de energías alternativas sobreviven y decenas de miles de empresas han conseguido salvarse gracias al plan de estímulo de 2009. Pero esta campaña electoral va a encontrar a un público muy acalorado por la crisis económica y muy harto de los gastos inútiles y las manipulaciones políticas; un terreno abonado para la demagogia y para la explotación de Solyndra. 

Por qué escribo este blog

Por: | 03 de octubre de 2011

Con la publicación de este blog culmino la mayor transformación profesional a la que he tenido que hacer frente desde que en 1977 comencé en la Agencia Efe mi vida como periodista. Antes, tuve que pasar de la máquina de escribir y el teletipo al ordenador, y fue duro en su momento. Pero aquello no cambió mi trabajo, sólo el instrumento de mi trabajo. Esta vez, sí. Esta transformación me ha obligado a ser otro periodista, o me obliga a hacer otro periodismo.

Photo
Mi primer ordenador portátil, en torno a 1985, un insuperable Tandy 200.

No lo digo como lamento ni con nostalgia. Estoy orgulloso del periodismo anterior a la era de Internet, que tenía algunas ventajas sobre el actual, especialmente la de su profundidad. Pero tengo enormes esperanzas en el periodismo en Internet, del que ya disfruto a fondo y en el que encuentro satisfacciones que no había conocido en toda mi carrera. Este periodismo me divierte más, me informa mejor y me da oportunidad de conocer a ese colectivo anónimo que antes eran los lectores. No sustituye a viejos placeres como los de la lectura y la conversación en su forma tradicional, sino que me abre a otros horizontes que antes no podía imaginar. En Internet he recuperado amigos olvidados, he encontrado datos imposibles, he conversado con figuras innaccesibles y he escrito historias que serían impublicables en un periódico, como esta misma que están ustedes leyendo ahora.

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La muerte de El Aulaki y los juicios de Núremberg

Por: | 01 de octubre de 2011

Nuremberg

 

El columnista de The New York Times Joe Nocera publica este fin de semana los informes de un periodista norteamericano que cubrió para las publicaciones del Ejército de EEUU los juicios de Núremberg, de cuya sentencia se cumplen hoy precisamente 65 años. Esos informes, que fueron facilitados a los medios de comunicación entonces y guardados después en los archivos de su autor, recogen tanto los testimonios como el clima que rodeó ese gran acontecimiento de justicia internacional.

En uno de ellos, el periodista, Harold Burson, que todavía vive, reproducía las duda de muchos soldados estadounidenses que se preguntaban por qué no podían pegarle cuatro tiros a dirigentes nazis de tan reputado expediente criminal como Hermann Göring o Rudolf Hess. "Porque somos naciones que se deben a la ley y al orden, porque nuestro sistema no autoriza el linchamiento, porque administramos justicia de acuerdo a las pruebas presentadas", responde el propio Burson.

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