Cano

30 años en EL PAÍS

Por: | 05 de junio de 2012

Abusando de la familiaridad que nos permite este espacio, tengo el gusto de comunicarles que este mes de junio cumplo 30 años de trabajo ininterrumpido en EL PAÍS. Ya imagino que no es una gran cosa para nadie, y les garantizo que no tiene la menor relevancia dentro de la larga y brillante historia de este periódico. Pero sí es una fecha importante para mí y, por esa razón, quiero compartir algunas ideas que esta celebración me trae a la cabeza.

Treinta años es casi toda mi vida profesional, a la que hay que añadir tan solo cinco más en la agencia EFE al final de los años setenta, un periodo que marcó de forma significativa mi concepto del oficio. Treinta años de trabajo dan para mucho, pero se pueden resumir en pocas palabras: un tránsito veloz, como corresponsal o enviado especial, por revoluciones, golpes de Estado, elecciones, conferencias o entrevistas en más de 50 países, desde las Filipinas al Perú. Entre unas y otras, diversos cargos en la redacción que me sirvieron para entender el punto de vista de lo que los periodistas llamamos "la mesa", es decir, la fuerza editoria del diario.

He recorrido el lado romántico de esta profesión, ese que ha inspirado novelas sobre personajes solitarios y vanidosos que saltaban a la aventura cada mañana desde la habitación de un hotel en Yamena o Managua, Beirut o Washington. En Estados Unidos, a lo largo de muchos años, he conocido toda la opulencia de este oficio, así como su tentadora y peligrosa imbricación con otros poderes más sólidos y desalmados. He comprobado igualmente la entrega de muchos compañeros que se desenvuelven en el anonimato. Y, sí, también he conocido los celos, los empujones y las trampas propias de una actividad muy competitiva. 

Cumplir 30 años de trabajo en un lugar es la prueba irrefutable de que uno se está haciendo viejo, y por tanto, sentimental y solemne. Este mismo texto es una debilidad que hubiera sido intolerable en la era pre-blogs. Intento no resultar trascendente, pero es inevitable contemplar este cumpleaños desde la situación angustiosa que vive nuestra profesión. Es un ridículo eufemismo llamarle precariedad laboral a la guillotina que se cierne sobre nuestras cabezas. Nadie sabe si el periodismo seguirá existiendo dentro de otros 30 años. Quizá, no. De hacerlo, es evidente que será algo diferente a lo que hemos conocido hasta ahora. Con la desesperada locuacidad de la víctima ante la bala inminente, nos hemos lanzado en los últimos tiempos a una retórica desproporcionada sobre las excelencias del periodismo y su función social. Se elogia constantemente el periodismo de calidad, sin que sepa muy bien en qué consiste. Se confrontan modelos periodísticos como si fueran ideologías. Se sacralizan medios que quizá nunca se consoliden y se desprecian otros que quizá sería posible conservar, o viceversa. Hablamos, hablamos y hablamos, sin saber muy bien qué decir.

Mentiría si dijera que esta es una profesión como cualquier otra. Sinceramente, me satisface tanto que me cuesta entender cómo hay gente que se dedica a otra cosa. Pienso, además, que, bien ejercida, puede llegar a resultar una profesión muy útil. Pero no podemos imponer que los demás lo crean también. La sociedad tiene de los periodistas el concepto que tiene, bueno en unos países y malo en otros, positivo en ciertas épocas y negativo en otras. No podemos obligar a nadie a que nos quiera para siempre. Quizá ni siquiera lo merezcamos. Si la historia dicta que hemos de desaparecer, desapareceremos, ojalá que dignamente. Prefiero vivir en un tiempo en el que existe el periodismo, pero no me parece inconcebible un mundo sin él ni creo que forzosamente tenga que ser peor que el actual. Después de todo, este oficio no lleva entre nosotros más que un par de siglos, y no siempre con motivo de orgullo.

Como es natural, tengo intención de defender mi negocio mientras tenga fuerzas para hacerlo. Pero asumo que mi aportación durante 30 años en EL PAÍS ha sido minúscula. Ninguna deuda que reclamarle a nadie. No porque no valore la labor realizada, sino porque soy consciente de la limitación de nuestro oficio. No somos transformadores ni innovadores como los científicos o los ingenieros. No cambiamos el mundo ni hacemos la historia. Somos una profesión humilde de la que se recordarán anécdotas, no gestas. El Watergate forjó mi vocación, pero no he presenciado otro caso desde entonces.

He conocido a alguna gente que sí ha hecho historia, pero las verdaderas proezas de las que he sido testigo en estos 30 años son más bien de carácter cotidiano, humano, íntimo. La revoluciones y todo lo demás son, en realidad, el escenario en el que transcurren los acontecimientos ordinarios. En general, la vida es más sencilla que como la cuentan los periódicos. Uno de los problemas de nuestro oficio ha sido siempre el de nuestra pasión por lo excepcional y nuestro desprecio por lo común y rutinario. Eso nos ha alejado considerablemente de la sociedad, que hoy no tolera ninguna forma de elitismo y parece preferir como periodista a cualquiera que le cuente cosas de forma llamativa, simple y cercana.

Creo percibir que, por esa razón, la información se hace más parroquial y banal. Pero quizá esté equivocado. Es imposible anticipar dónde acabará todo esto, aunque sospecho que mi hijo Pablo, que también es periodista, no tendrá la suerte que he tenido yo de trabajar durante 30 años en el ámbito de un periódico, promotor, conductor y moderador de mis propias iniciativas y ambiciones. Como en cualquier actividad humana, lo que distingue a un periodista de otro es un instante de inspiración individual. Pero el periodismo, como profesión, es un ejercicio colectivo, no una aventura quijotesca. A veces no ha sido cómodo conciliar mis puntos de vista con los de otros, pero ese esfuerzo es imprescindible para generar un pensamiento ordenado y, en última instancia, ecuánime y constructivo. Un bloguero puede llegar a ser muy famoso, pero solo se representa a sí mismo, mientras que una empresa periodística, con toda su complejidad y anacronismo, puede ser el motor de una amplia corriente de opinión.

Uno de los motivos de optimismo en este aniversario es el hecho de que encuentro a los jóvenes que me rodean menos preocupados por su futuro que yo mismo. Quizá sólo se deba a la inconsciencia innata de la edad, pero también es posible que, efectivamente, exista el horizonte de un periodismo revolucionario que ganará independencia e influencia con el arma de esta moderna tecnología presuntamente democratizadora. Con la misma curiosidad de hace 30 años, trato de tener mi equipaje listo para ese nuevo viaje.

Hay 15 Comentarios

Este artículo de El País puede aclarar bastante de que va la crisis en España, y en Europa en realidad:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/09/22/galicia/1348341335_821181.html

dar a compartir si estas de acuerdo, por fa

Malditos silencios.

A que esperan las grandes firmas de "El País" para decirle al "experiodista" Cebrian a la cara que es un golfo, un sinvergüenza, un vividor, una muestra, exquisita muestra, del "corruptelus hispánica" dispuesto a todo por engordar su inicua fortuna personal. Donde queda la denuncia publica de un ERE innecesario, donde la defensa del periódico y de sus periodistas por los Forges, Iñaki Gabilondo, Almudena Grandes, Juan Cruz, Josep Ramoneda, El Roto, Manuel Vicent, Juan Goytisolo, Juan José Millás, Maruja Torres, David Trueba, Rosa Montero, y algunos otros. ¿Les parece correcta la actuación de Cebrian y por eso callan? ¿Tienen miedo de enmendarle la plana al pequeño especulador? ¿Consideran que lo que ocurre en la empresa en la que colaboran, no es asunto suyo? ¿Tienen miedo a perder su lugar en el pulpito desde donde nos predican lo que al parecer ellos no están dispuestos a practicar?

Si optan por actuar con honradez, deben de levantar su voz y denunciar lo que esta ocurriendo en El País. No dudo de su más que demostrada valía intelectual, literaria, periodística, informativa, de expresión grafica, pero si no hacen ni dicen nada sobre este desatino del académico y consejero delegado, su credibilidad social y su capacidad de solidaridad quedaran brutalmente tocadas. ¿O es que esperan que Cebrian les recomiende para el Club de Bildergerg, y prefieren no molestar con tonterías al amado líder?
http://jomblanco.blogspot.com.es/

Felicidades! (anécdota: tengo la certeza de que cierto vehículo nórdico, de color negro importado para USA y matriculado por primera vez en Washington, fue suyo y luego casualmente fue adquirido en España de 2ª mano por mí y disfrutado por 10 años. ¿Puede ser?) Año 2000, el vendedor me dice que es alguien de El País que ha trabajado en USA y en la documentación yankee dice Antonio Cano, por imposible ñ allí...yo creo que coincide. Disculpe la intromisión, pero siempre me hubiera gustado decírselo. Ahora ya lo hice. Saludos ¿qué coche tiene ahora? :)

Felicidades! (anécdota: tengo la certeza de que cierto vehículo nórdico, de color negro importado para USA y matriculado por primera vez en Washington, fue suyo y luego casualmente fue adquirido en España de 2ª mano por mí y disfrutado por 10 años. ¿Puede ser?) Año 2000, el vendedor me dice que es alguien de El País que ha trabajado en USA y en la documentación yankee dice Antonio Cano, por imposible ñ allí...yo creo que coincide. Disculpe la intromisión, pero siempre me hubiera gustado decírselo. Ahora ya lo hice. Saludos ¿qué coche tiene ahora? :)

Enhorabuena don Antonio por tus 30 años de trabajo periodístico. No olvides que envejece la piel, no las ideas. Creo que el periódico El Pais se caracteriza, en lo que cabe, por la imparcialidad, lo cual no es nada fácil en un mundo cargado de intereses con usuras.

Enhorabuena, Antonio. Es un placer leerte cada día.

Felicidades, también.
Como lectora, comentar que se percibe en el periodismo cierto carácter institucional que aleja al lector o al ciudadano de la lectura o del seguimiento de la información.
En principio el posicionamiento parece ser el adecuado, pero se corre el riesgo de verse implicado, arrastrado en tiempos de crisis; o de perder fuerza al no implicarse, por cuestiones de naturaleza, principios o deontología.
Yo admiro el trabajo de aquellos periodistas que no acuden a lo más brillante, bajo la luz del foco. Los mejores reportajes que he leído en estos últimos años han sido aquellos que versaban sobre hechos o situaciones que no eran noticia. Y gracias a ellos, he conseguido la noticia. La que me ha permitido entender mejor lo que pasa y la que me ha ayudado como persona o ciudadana.
También me gustaría mencionar a todos aquellos periodistas que se arriesgan hasta el extremo de afrontar el peligro directamente. Resulta, al menos desde fuera, extraordinariamente valioso su trabajo.
El lector o espectador aprecia el nivel de compromiso y de autenticidad en el ejercicio de la profesión de unos pocos frente a otros que dicen serlo pero no dicen nada. Por eso apagamos el televisor, la radio, o miramos con cierta suspicacia o sospecha los periódicos.
Me parecen muy importantes los blogs que acompañan al Diario.

Enhorabuena por sus treinta años. Siempre he seguido con interés sus crónicas. Como periodista, no podría estar más de acuerdo con cada uno de los asuntos que trata en su excelente artículo. Y mira que es difícil ...

Estimado Antonio: es un gran privilegio leerte y saberte celebrando treinta años de trabajo periodístico en El País. No quiero ni puedo desaprovechar el espacio de comentarios de tus lectores para recordar aquella mañana de viernes (octubre 2011) que me recibiste en tus oficinas de Washington; solo conociéndome telefónicamente y mediando también algunos correos electrónicos. No olvido tu generoso, educado y afectuoso trato. Me abriste un espacio de tu agenda de trabajo y me concediste una larga entrevista que espero recuerdes.....El tema: "La Guerra de Afganistán".
Te comparto que esa charla que tuve contigo fue memorable. Muchas, muchas gracias!!
Y que mejor oportunidad nos ofreces a tus lectores de poder felicitarte y apreciar la extraordinaria trayectoria de trabajo en El País. Vamos por otros treinta años querido Antonio!!! Recibe el mejor de mis abrazos, toda mi admiración y mi gratitud.
Guillermo Martínez Foullon

Desde Honduras, mis saludos a Antonio Caño por esa dilatada carrera en uno de los diarios españoles más leídos en la Internet, soy periodista, amo mi profesión y solo espero que esas predicciones sobre su desaparición nunca se concreten porque un mundo sin periodismo, sin las notas de ultima hora, sin las exclusivas, no será el mismo.
Felicidades señor Antonio Caño!!!

Felicidades!! Gracias

Y como acabo de leer un libro del periodista italiano, aprovechar para dejar algunas de sus alhajas, si bien ésta no va ni por este periodista ni por este periódico, al revés, pero sí por otros que nunca alcanzarán su nivel: Lo malo es que un periodismo tan conformista no ayuda a formar una opinión pública. Y la formación de una opinión pública es la condición fundamental del funcionamiento de una democracia". Y ahora me marcho antes de que me riñan.

El único amo del periodista es el lector. Y cuando lo tienes en tu bando, no hay poder que pueda amordazarte. Indro Montanelli.

Gracias, enhorabuena..., y, si los quieres... ¡ a por otros treinta !:)

Gracias, enhorabuena..., y, si los quieres... ¡ a por otros treinta !:)

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Sobre el autor

lleva más de 30 años de dedicación a la cobertura de la actualidad internacional, la mitad de ellos vividos en EE UU y América Latina. Actualmente, es corresponsal en Washington.

Club de Prensa en NTN24

Entrevista a Antonio Caño en el programa Club de Prensa de la cadena de televisión NTN24, en Washington.

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