Clovis Rossi

La verdad, tan huidiza

Por: | 24 de noviembre de 2011

Pasaron 26 años desde que Brasil ha vuelto a ser una democracia. El país vive el período más largo de plena libertad pública de su historia. En la mayor parte de estos 26 años de reencuentro democrático, los últimos 17, fue gobernado por las víctimas de la represión del período 1964/1985.

Primero, Fernando Henrique Cardoso, apartado de la Universidad de São Paulo y exiliado por un corto periodo en Chile (antes del golpe del general Pinochet). Luego, Luiz Inácio Lula da Silva, que fue detenido por algunos días mientras era director del sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo, intervenido por los militares. Por fin, Dilma Rousseff, que fue presa y torturada por ser militante de la lucha armada.

Esta breve retrospectiva histórica hace más chocante que solamente ahora, el pasado 18 de noviembre, el Gobierno brasileño haya creado una Comisión de la Verdad y Memoria, para aclarar qué pasó durante los 21 años de dictadura militar (investigarán también la dictadura anterior, pero el primer objetivo es la más reciente).

La iniciativa es elogiable, por supuesto. Le vale el lema de los que intentaron por primera vez liberar Brasil de Portugal,"Libertad, aunque tardía". La verdad, aunque tardía, es siempre bienvenida. El problema es saber si de hecho esta iniciativa logrará acercarse a ella.

La resistencia de la élite política sigue fuerte. Tanto que Vera Paiva, hija del  "desaparecido" diputado nacionalista Rubens Paiva destituído por el régimen militar, no pudo hacer un discurso previsto para la ceremonia en la que la presidenta Dilma firmó la creación de la Comisión. (foto: diputado Rubens Paiva, "desaparecido")

Rubens Paiva es uno de los casos más emblemáticos de la represión: era un opositor puramente político, no un militante de la lucha armada. La violencia empezó cuando le privaron de su mandato y llegó a un estado demencial cuando le secuestraron. Su hija lo relató en un artículo publicado en el periódico Folha de S. Paulo, donde cuenta que su padre fue "detenido en casa cuando volvía de jugar voley playa, contento en comer con su familia en un día festivo. Condujo su coche hasta el cuartel, donde recibió una nota de entrega, que es la única prueba de que fue detenido".

Cuarenta años después no se sabe quien le detuvo, quien le mantuvo preso, quien le torturó ni quien le mató.

Así describió su hija la crueldad de la situación: "Descubrimos que las fechas que la familia y los amigos dieron para la muerte de Rubens Paiva variaban mucho, meses y años distintos. Aceptar que él hubiese sido asesinado sería matarlo más de una vez".

Aunque la verdad surja, es importante apuntar que los responsables por los crímenes de la represión no serán penalizados. Están protegidos por una ley de amnistía, promulgada durante el régimen militar y considerada intocable por los sucesores, incluyendo aquellos que fueron víctimas.

La transición, creada por el propio régimen cuando sus figuras menos obscuras se dieron cuenta de que la dictadura se agotaba, tiene características que justifican el retraso en la búsqueda de la verdad y la imposibilidad legal de penalizar a los violadores de los derechos humanos.

Hay cierta similitud con la transición en España, siempre que se considere la inmensa distancia entre las historias de los dos países. Basta recordar lo que pasó al juez Baltasar Garzón cuando intentó investigar a Francisco Franco Bahamonde.

La amnistía protegió opresores y oprimidos, que también cometieron crímenes, y este es el principal argumento para preservar la impunidad de los torturadores. Es un argumento falaz: todos los que recogieron a armas para oponerse al régimen fueron penalizados. Algunos a través de la ley. Otros, a su margen. Otros, por leyes de excepción dictadas por el régimen (como el destierro, por ejemplo). Aunque muchos de los que no cogieron las armas, como Rubens Paiva, fueron igualmente penalizados o muertos.

Los opresores escaparon impunes, aunque algunos, solamente ahora, estén enfrentándose procesos judiciales.

Pese a todas estas excepciones, las víctimas dieron la bienvenida a la Comisión de la Verdad, como lo hizo el periodista y escritor Alipio Freire en su blog, en el que considera la iniciativa "una victoria histórica".

La presidenta Dilma Rousseff quiere que la Comisión presente los resultados hasta el final de su legislatura, en diciembre de 2014. Solamente en esta fecha se sabrá cuánto de la verdad surgió sobre un periodo negro de la historia brasileña.

Traducción: Beatriz Borges

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Eu concordo em grande parte, embora repudiou algumas idéias

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Sobre el autor

Clovis Rossi. 48 años de periodismo, columnista del diario "Folha de S. Paulo" y del portal Folha.com, ya ejerció todas las funciones posibles en el periodismo, de reportero a editor-jefe, ganador de los premios Maria Moors Cabot, de la Universidad Columbia (NY) y de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, dirigida por Gabriel García Márquez, los dos por el conjunto de la obra.

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