Clovis Rossi

Sobre el autor

Clovis Rossi. 48 años de periodismo, columnista del diario "Folha de S. Paulo" y del portal Folha.com, ya ejerció todas las funciones posibles en el periodismo, de reportero a editor-jefe, ganador de los premios Maria Moors Cabot, de la Universidad Columbia (NY) y de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, dirigida por Gabriel García Márquez, los dos por el conjunto de la obra.

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Quando a mão certa é a contramão

Por: | 05 de abril de 2012



O ministro Guido Mantega, o presidente da Câmara Marco Maia e Dilma. A presidente Dilma Rousseff anunciou na terça-feira um conjunto de medidas para estimular a economia. Houve muitas críticas, algumas delas até eventualmente corretas do ponto de vista técnico. Mas a única acusação que seria injusta é a da falta de coerência.Explico: a presidente tem sistematicamente lamentado o tratamento que a Europa está dando à crise, adotando apenas medidas de ajuste, sem se preocupar com o essencial que é o crescimento econômico. Logo, para ser coerente, Dilma não poderia ficar de braços cruzados, assistindo passivamente a desaceleração da economia brasileira.É óbvio que o problema no Brasil não tem um décimo da gravidade alcançada na Europa ou mesmo nos Estados Unido. Os países europeus ou estão estagnados ou em recessão, ao passo que o Brasil continua crescendo, embora menos do que no luminoso ano de 2010, em que o crescimento superou os 7% - e, diga-se, foi um dos fatores que ajudou a eleger Dilma naquele ano.Além disso, enquanto o desemprego aumenta ou se mantém muito elevado na Europa, no Brasil há quase, quase, o pleno emprego.

Mesmo assim, a presidente está fazendo uma aposta no aumento do investimento, tanto público como privado, única maneira de assegurar um crescimento sustentável no futuro próximo.A intenção do governo é levar a taxa de investimento dos atuais 19% do PIB para algo próximo de 25%, se possível em seu período de governo, que vai até 2014.Como o PIB brasileiro é de cerca de US$ 2,5 trilhões, o programa anunciado significará um esforço para investir algo em torno de US$ 150 bilhões, em prazo que a presidente não especificou.É um número significativo para uma economia ainda emergente.Outra intenção da presidente coincide com a grande queixa do empresariado e dos mortais comuns: reformar o sistema tributário, uma enorme confusão, além de representar uma carga considerada excessiva.Do meu ponto de vista, não é que a carga seja de fato excessiva. O problema é que os serviços públicos entregues como contrapartida dos tributos é que são ruins ou ausentes."Tenho plena consciência de que o Brasil precisa reduzir sua carga tributária", disse a presidente, em uma entrevista na Índia, na qual antecipou partes do programa anunciado na terça-feira.Mas a reforma tributária será lenta e pontual porque, segundo ela, só no futuro, “talvez seja possível encaminhar uma reforma global”, em vista “dos vários interesses envolvidos na questão”. Citou como o principal deles a distribuição da arrecadação entre União, Estados e municípios". Por isso, Dilma defende uma discussão “calma, tranquila e realista”, enquanto toma “medidas pontuais que, no conjunto, permitem que se crie uma desoneração maior, o que é fundamental para o país crescer”.Outro aspecto em que a presidente trafega na contramão do rigor fiscal europeu é na sua análise dos gastos do governo, duramente decepados na Europa.No Brasil, diz Dilma, gastos de consumo do governo, que obviamente não são investimento, terão que aumentar em alguns setores, “principalmente quando se trata da saúde e da educação”.Para Dilma, é preciso, por exemplo, ampliar o número de médicos, porque o Brasil tem uma das menores taxas de médicos por habitante (1,8 para cada mil brasileiros).A presidente diz que “a população reclama de duas coisas, falta de médicos e, portanto, de falta de atendimento. Não é investimento, mas vamos ter que gastar e ao mesmo tempo aumentar a taxa de investimento”.Imagino que esse bom senso, pelo menos do meu ponto de vista, esteja por trás da popularidade de Dilma: a mais recente pesquisa lhe dá 77% de aprovação, quatro pontos acima do nível atingido no mesmo período de 2011. É um resultado igual ao melhor momento de Luiz Inácio Lula da Silva, supostamente campeão de popularidade de todos os tempos.O problema é que o governo Dilma tem aprovação bem menor (56%) do que a da pessoa Dilma.Dá para traduzir assim: o que a presidente pretende e/ou diz merece mais aplausos do que o seu governo é efetivamente capaz de realizar.

Cuando el carril correcto es el carril contrario

Por: | 05 de abril de 2012

Pie de foto: El ministro de Hacienda, Guido Mantega, el presidente del Congreso de los Diputados, Marco Maia, y Dilma.

La presidenta Dilma Rousseff anunció el martes un conjunto de medidas para estimular la economía. Recibió muchas críticas, algunas de ellas eventualmente correctas, desde el punto de vista técnico. La única acusación injusta sería decir que hubo falta de coherencia. Explico: la presidenta lamenta sistemáticamente cómo Europa está lidiando con la crisis, adoptando medidas de ajuste sin preocuparse con el crecimiento económico, lo esencial, desde su punto de vista. Por lo tanto, para ser coherente, Dilma no puede cruzar los brazos mientras ve pasivamente la economía brasileña desacelerar. Obviamente, el problema en Brasil no es ni la décima parte de la gravedad alcanzada en la situación europea o incluso en EE UU. Los países europeos están estancados o en recesión,mientras Brasil sigue creciendo. Aunque menos que en 2010, cuando el crecimiento superó los 7% y fue uno de los factores que ayudó a Dilma a ser elegida aquél año. Además, mientras el paro aumenta o sigue muy elevado en Europa, en Brasil hay casi el pleno empleo.

Aún así, la presidenta apuesta por el aumento de la inversión pública y privada, la única manera de asegurar un crecimiento sostenible en un futuro próximo. Si posible, la intención del gobierno es aumentar la tasa de inversión de los 19% actuales al 25% del PIB hasta 2014. El PIB brasileño es de aproximadamente 2,5 trillones de dólares, lo que significa que el programa anuncia un esfuerzo para invertir alrededor de 150 billones de dólares, en un plazo todavía no especificado por la presidenta.

Es un número significativo para una economía todavía emergente. Una de las quejas más comunes del empresariado y de los ciudadanos coincide con una de las intenciones de la presidenta: reformar el sistema tributario, que es una enorme confusión, además de una carga excesiva. Desde mi punto de vista, no considero que la carga sea de hecho excesiva. El problema es que los servicios públicos por los que el ciudadano paga, a través de sus impuestos, son malos o inexistentes.

“Tengo plena conciencia que Brasil necesita reducir su carga tributaria”, dice la presidenta durante una entrevista en India, en la que anticipó algunas partes del programa anunciado el martes. Pero la reforma tributaria será lenta y puntual porque solamente en el futuro “será posible encaminar una reforma global” en vista de “los varios intereses implicados en esta cuestión”. Uno de los principales intereses es “la distribución de lo que se recauda en impuestos entre el gobierno federal, Estados y municipios”. Por esto Dilma defiende una discusión “calma, tranquila y realista” mientras toma “medidas puntuales que en el conjunto permiten una mayor exención, fundamental para que el país crezca”.

La presidenta también conduce por el carril contrario respecto al rigor fiscal europeo, cuando analiza los gastos de gobierno, duramente recortados en Europa. Según Dilma, los gastos del gobierno brasileño, que obviamente no son una inversión, tendrán que aumentar en algunos sectores como el de la salud y de la educación. Para Dilma es necesario ampliar el número de médicos porque Brasil tiene una de las menores tasas de médicos por habitante (1,8 para cada mil brasileños). La presidenta dice que “la población se queja de dos cosas: falta de médicos y falta de atención sanitaria. No es una inversión, pero tendremos que gastar y a la vez aumentar la tasa de inversión”. Imagino que este sentido común esté por detrás de la popularidad de Dilma. La última encuesta le da un 77% de aprobación, cuatro puntos por encima del mismo periodo en 2011.

Es un resultado igual al del mejor momento de Luiz Inácio Lula da Silva, supuestamente campeón de popularidad de todos los tiempos. El problema es que el gobierno de Dilma tiene una aprobación del 56%, bastante menor que la aprobación de su personalidad. Se puede traducir así: lo que la presidenta pretende o dice merece más ovación que su propio gobierno es capaz de realizar.

Traducción: Beatriz Borges

El País

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