Alterconsumismo

Sobre el blog

“El consumo es democracia. A través de lo que compras decides qué tipo de sociedad quieres. En este espacio encontrarás ideas para hacer que tu consumo sea justo y sostenible. Únete al Alterconsumismo.”

Sobre los autores

Anna ArgemíAlterconsumismo es un blog coral dirigido por Anna Argemí, periodista especializada en comercio justo, consumo responsable y alternativo. Los últimos años estuvo a cargo de la comunicación externa del comercio justo en Intermón Oxfam.

  • Marta Guijarro (Coordinadora Estatal de Comercio Justo)
  • Laura Perona (Fairtrade Ibérica)
  • Albert Cañigueral (Consumo Colaborativo)
  • Carlos Ballesteros (Universidad de Comillas, especialista en consumo)
  • Marco Coscione (Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo)
  • Anna Carrascón (Setem)
  • Álvaro Porro (revista de consumo responsable Opciones)
  • Esther Vivas (activista e investigadora en políticas agrícolas y agroalimentarias)
  • Sonia Felipe Larios (Triodos Bank)
  • Gema Gómez (Slow Fashion Spain)
  • Cristina Diago (Biocultura – The Ecologist)
  • Pilar Sampietro (periodista especializada en ecología RNE)
  • Laura Alcubilla (Economía del bien común)
  • Lidia Ucher
  • Dídac S-Costa (mercados sociales)
  • Rafael Sanchís (director de Comercio Justo de Intermón Oxfam).

La FAO y las medusas

Por: | 31 de mayo de 2013

Por Carlos Ballesteros

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Hace un par de semanas publiqué en este blog una entrada sobre la FAOcurrencia de acabar con el hambre en el mundo comiendo insectos. Tuvo bastante repercusión, generó algo de polémica y se movió por las redes sociales. Parece que la FAO está dispuesta a que este blog y yo mismo nos hagamos famosos pues apenas quince o veinte días después se ha publicado la noticia que la FAO sugiere comer medusas como otra forma de directa e indirectamente acabar con el hambre. Directa porque las hay en abundancia e indirectamente porque sobre todo algunas son muy depredadoras y se comen larvas, huevas e incluso pequeños peces y crustáceos, lo que es una amenaza para la cadena trófica y repercute en la seguridad alimentaria.

Pongámonos serios: la broma sobre "me gusta comer picante pero no tanto" la dejo para luego. Pongámonos serios y reflexionemos un poco sobre esta nueva ocurrencia de un organismo que, de seguir así, va a perder su prestigio y su capacidad de influencia. Es cierto que si se lee el informe completo, la FAO propone esta medida entre otras muchas, y es cierto que hace un buen análisis y una acertada denuncia sobre la sobrepesca y las causas de la proliferación de estos organismos, en gran medida derivadas de la destructora acción humana.

Pero creo que tanto para los redactores de este informe como para los responsables de este organismo debe ser triste que todos sus esfuerzos por cumplir un importante mandato de la ONU -mejorar la nutrición, aumentar la productividad agrícola, elevar el nivel de vida de la población rural y contribuir al crecimiento de la economía mundial- se vean resumidos en un titular impactante y polémico. Debe de ser frustrante que lo que queda de tu trabajo es que propones comer insectos o medusas para paliar uno de los principales problemas de la humanidad.

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¿Puede la agricultura ecológica alimentar al mundo?

Por: | 30 de mayo de 2013

Montse Escutia, ingeniera agrónoma especializada en agricultura ecológica y colaboradora de la revista The Ecologist

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Esta es la gran cuestión que desde hace ya algunos años se plantean tanto aquellos que la defienden como aquellos que la menosprecian. La respuesta no es sencilla. En los últimos años se han publicado diversos estudios científicos que tratan de predecir esta posibilidad. Algunos llegan a la conclusión que sí y  otros llegan a la conclusión contraria. Mi opinión es que no podremos tener la certeza absoluta hasta que lo llevemos a cabo.

Pero ¿y si planteamos la pregunta al revés? ¿Puede la agricultura industrial alimentar al mundo? Está visto que no. Ya llevan unos cuantos años intentándolo y las cifras de pobreza no paran de aumentar.

¿Cuál es la trampa? Pues simplemente que el hambre en el mundo no es un problema agronómico. Se trata simplemente de un problema político y de intereses económicos. Mientras no se rompa esta tendencia ningún tipo de agricultura podrá alimentar al mundo. Simplemente porque ya hay quien se ocupa de que siga habiendo muchos pobres para que unos pocos puedan ser muy ricos.

Otro aspecto a tener en cuenta es si se puede alimentar a todo el mundo comiendo carne tres veces al día. La respuesta es no. Ni se puede ni nos conviene. Muchas de las enfermedades de los ricos se deben a un exceso de consumo de proteína y grasas animales. La mayor parte de producción de cereales y leguminosas debe destinarse a la alimentación humana y no a la producción de piensos.

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La economía y el bien común

Por: | 29 de mayo de 2013

Autor invitado: Laura Alcubilla

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En pocos años Europa ha pasado de un estado de crecimiento económico continuo y de expansión de los beneficios sociales a un estancamiento y posterior deterioro. Este contexto hace más fácil que se escuche con atención a los que criticaban ese modelo desde hace años: alertaban de la factura ecológica y de la tendencia a acumular todo el beneficio en pocas manos.

La economía del bien común nos recuerda que toda actividad económica debe servir al bien común, y busca resolver la contradicción ética entre los valores de los mercados capitalistas y los principios constitucionales de los países democráticos, que consideran la economía como un instrumento al servicio del bien común. De hecho no se trata de crear nada nuevo, sino de poner en concordancia la economía con los valores que promulga la democracia. Esta nueva visión económica se basa en los mismos principios que fundamentan nuestras relaciones humanas, como la confianza y la cooperación, en vez del afán de lucro y la competencia.

La economía del bien común nació hace tan sólo unos pocos años en Austria y Alemania. En el 2008 Christian Felber desarrolló sus fundamentos en el libro Nuevos valores para la economía, fundamentos que más tarde fueron pulidos por un grupo de empresarios. Una de las principales virtudes de este movimiento es precisamente su flexibilidad y su proximidad a la realidad empresarial. No se queda sólo en ideas imposibles de aplicar. La economía del bien común pretende hacer cambios reales con efectos prácticos para la sociedad y la ciudadanía.

Por ejemplo, se plantea la necesidad de evaluar a las empresas no sólo con indicadores económicos sino en función también de su contribución a la sociedad. Desde esta perspectiva el beneficio financiero empresarial no ha de ser un fin en sí mismo sino un medio. Hay que redefinir qué entendemos por "éxito económico". La economía no sirve si es autoreferente, si no toma en consideración la sociedad humana y la ecoesfera. Así que, ¿por qué no invertir en plusvalía social los excedentes de las empresas? ¿por qué no limitar las bonificaciones a los directivos y reducir las escalas salariales para evitar diferencias abusivas entre el sueldo más bajo y el más alto? Si hay un salario mínimo, ¿por qué no un salario máximo?

Y de la misma manera que se intentan evitar prácticas abusivas por parte del sector privado, se plantea la necesidad de incentivar y proteger a las empresas que más contribuyan al bien común con ventajas legales como tasas reducidas de impuestos, aranceles ventajosos o facilidad de acceso a crédito. Hay que revertir la tendencia actual, que hace que cuanto más ética es una empresa, más caros son sus productos.

Para conseguir los cambios es importante la interacción de varios actores:

  • Los gobiernos, tanto locales como estatales, a quienes se pide que apoyen la iniciativa, que la promuevan públicamente y, sobre todo, que la fomenten con normativa legal.
  • Los ciudadanos, en calidad de consumidores, tienen un gran poder para propiciar cambios en las empresas. Otra de las ideas de la economía del bien común es crear un etiquetaje en los productos que informe al consumidor sobre la valoración (ética, social, ecológica) de la empresa productora.
  • Los empresarios. Se les pide que tomen conciencia de la necesidad de ir promoviendo cambios que los acerquen más a lo que la sociedad está demandando.

Hasta el día de hoy, cinco años después de la publicación del primer libro, se han adscrito a la corriente y aplican el modelo 1.253 empresas en 15 países, 3 bancos europeos, 129 organizaciones y 50 políticos. Estas cifras van creciendo día a día de manera exponencial.

En la página web de economía del bien común encontrarás información de todas las redes regionales y locales que existen en tu comunidad.

Apadrina un vino con espíritu... y con alma

Por: | 28 de mayo de 2013

 

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Tengo una amiga que es una fuera de serie. No sé si definirla como una mujer activista o como una activista, que además es mujer. Y es que no hay causa solidaria, social, ecológica, humanitaria y justiciera que no la tiente y a la que no acabe sumándose. Su espíritu guerrillero impregna casi todo lo que dice, lo que hace y, por supuesto, lo que compra. Yo diría que es una de las personas más coherentes y responsables que conozco.

La semana pasada mi amiga me recomendó un vino "con alma social", es decir, producido por una cooperativa que emplea a personas con discapacidad, porque en esta cooperativa creen que la dimensión social y la economía productiva pueden ir de la mano. Y lo que creen lo practican. Me anotó la referencia y me indicó incluso en qué bodega del barrio podría encontrarlo. Soy doblemente afortunada: además de amiga es vecina. Tanta era su pasión por el producto que poco le faltó para acompañarme. Hasta allí podríamos llegar. Pues bien, por desgracia ya no servían ese vino en la bodega. Decidí que, puesto que tenía prisa, me iba a conformar con una botella llena de espíritu, pero sin alma. Mientras pagaba religiosamente el importe el propietario de la tienda se me encaró y me arrojó una pregunta:

- ¿Qué vamos a hacer?

Yo no entendí a qué se refería. Debí de poner cara de póker porque volvió a la carga:

- ¿Encargo una caja del vino que me pide o no? Es que usted es la segunda persona que pregunta por él con pocos días de diferencia. Solía tenerlo en stock pero es algo más caro que la media y...

Por fin vi la luz.

- Por supuesto, encargue la caja -contesté con una amplia sonrisa- Tengo una amiga que también es vecina y cliente, y que estará encantada de saber que puede encontrarlo aquí.

Camino de casa me pregunté qué pasaría si cada vez que fuéramos a por una botella de vino nos interesara no sólo el espíritu sino también el alma que lo habita. Si al menos una de cada tres botellas que compráramos fuera de producción social, ecológica o de comercio justo. Si en vez de comprar lo que nos ofrecen, pidiéramos, muy educadamente, eso sí, que nos ofrecieran lo que en realidad queremos comprar. ¿No tiene el cliente siempre la razón? ¿O ese "siempre" es una concesión a la galería? Ya estaba viendo en grandes letras la campaña de sensibilización "Apadrina un vino con espíritu... y con alma". Es lo que tiene de malo dedicarse a la comunicación. Todo, absolutamente todo, acaba reducido a un titular o, peor aún, a un eslogan publicitario. Y no necesariamente uno bueno.

Ni que decir tiene que mi amiga, rebelde con muchas causas, se puso contentísima cuando le expliqué el acuerdo informal que había cerrado yo solita con el propietario de la bodega del barrio. Como colofón al relato y al retrato de mi amiga, sólo me queda añadir que ella, encima, es abstemia. ¿Es o no es una fuera de serie?

¿Qué puedes hacer tú?

  • Como en la historia, pide a tu tienda de barrio que te ofrezca vinos de este tipo
  • Y no sólo a la tienda, también pídelos en la carta de tu restaurante favorito
  • Si eres empresa que regala lotes de Navidad, no te olvides de incluir uno de estos vinos
  • Y puedes participar en la Feria internacional del vino ecológico que este año será virtual y se celebrará del 21al 30 de junio

Para acabar con un buen sabor de boca, te dejo con algunos ejemplos de "vinos con alma": un listado de bodegas que producen vinos ecológicos en España, un ejemplo de producción social, y otro de comercio justo

Fotografía de apertura: By jesiehart (Flickr: Trees in a wine glass) CC-BY-2.0 vía Wikimedia Commons

¿Qué es la Feria de la Economía Solidaria?

Por: | 27 de mayo de 2013

Andrea Kropman, de la Comisión de Difusión MES y La Feria

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La Feria es un ejercicio de comunicación de lo que hacemos, de cómo lo hacemos y de qué queremos hacer: transformar la sociedad, también a través de la economía.

La Feria de muestra y venta de productos o servicios es una práctica antigua pero efectiva, donde podemos ponerle cara a quienes producen. Nos conecta con la persona que cose o teje una prenda; que produce la miel; que siembra, cuida y cosecha verduras y frutas de cada estación; que diseña y crea contenidos para informarnos; quien nos da luz o hace fluir el agua por los grifos; quien nos ayuda a resolver conflictos o quien produce herramientas sociales para la mejora de la comunidad. Todas esas conexiones que pasan desapercibidas a la hora de consumir en el día a día, se muestran en acción en La Feria.

A pesar de ser un ejercicio simple, no tenemos la costumbre de establecer la conexión todos los días, ni personalmente ni en los trabajos. Y de hecho establecer conexiones sociales es el ejercicio práctico más importante en busca de soluciones a situaciones económicas complejas. Conectarse y tejer redes es el signo de los tiempos. "Sólo no puedes, con amigos sí" nos decía la televisión educativa en los 80. Hoy vamos un poco más allá: "Nadie se transforma solo, cooperamos para transformar y transformarnos: una economía -y una sociedad- al servicio de las personas".

La Red de Economía Alternativa y Solidaria de Madrid (REAS) y el Mercado Social de Madrid nos embarcamos en 2013 en esta travesía visibilizadora y conectora que es La Feria. Y lo hacemos porque creemos que la economía debe estar al servicio de las personas, tal y como demuestran día a día las más de 100 entidades participantes en La Feria. Cooperando transformamos nuestra realidad económica más cercana y fortalecemos los proyectos empresariales que basan sus acciones en criterios de sostenibilidad, igualdad o democracia.

Para hacer que esta realidad económica crezca se necesita construir una alianza clave con los consumidores y La Feria es el escenario ideal para dar otro pequeño paso en este sentido. Serán dos jornadas, 1 y 2 de junio, en las que llenaremos un espacio público, el Matadero, en Madrid, para que podamos conocer, compartir y disfrutar de una economía real, y alternativa a la que nos ha llevado la grave crisis ecosocial que sufrimos.

Charlas, talleres, juegos, documentales y muchas más propuestas componen un programa  que pretende abordar desde lo lúdico a lo reflexivo un amplio diálogo sobre las relaciones económicas entre personas, organizaciones sociales, empresas y administración. Niños repensando la economía o reinventando juguetes reciclados, el documental "Con tu dinero" producido por Setem o un taller sobre "ProComún, economía y cultura colaborativa" son algunos ejemplos de actividades.

Si nunca has pagado con una moneda social que no sea la "oficial", si no sabes aún lo que es Banca ética, si no has oído hablar de Balance Social, ni de Emprender en formato cooperativo, si aún no has probado un queso ecológico, ni un café de Comercio Justo, si aún no tienes Ubuntu en tu portátil, si no sabes que ya existen seguros éticos y proveedores de energía limpia cooperativos, tienes que venir. Si ya conoces todo esto, seguro que eres uno o una de las 150 personas que han hecho posible esta Feria, o una de las decenas de miles que trabaja, ahorra o consume en Economía Social y Solidaria.

Yo voy a la Feria de Economía solidaria de Madrid, ¿y tú?
  

El azúcar de caña, orgánico y de comercio justo

Por: | 23 de mayo de 2013

Marco Coscione

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Azúcar de caña, orgánico y de comercio justo de Manduvirá (Paraguay)

Los defensores del medio ambiente y del decrecimiento critican la importación y compra de productos de comercio justo porque, según ellos, el transporte -de Sur a Norte- estaría generando demasiado impacto ambiental. Es un discurso lógico: a primera vista, comprar un producto local parecería mucho menos contaminante que comprar un producto de un país de África, Asia o América. Sin embargo, habría que estudiar con detenimiento cómo los dos tipos de productos han sido producidos y ver, por lo tanto, cuál de los dos procesos productivos tiene menor impacto ambiental a lo largo de toda la cadena.

Es lo que ha hecho, por ejemplo, la cadena suiza de supermercados Migros con varios de sus productos. Es interesante observar el caso del azúcar. En este estudio se han comparado tipos diferentes de azúcar:

  • convencional de remolacha de Suiza o Alemania
  • de remolacha orgánico de Suiza o Alemania
  • convencional de caña de Colombia
  • de caña, orgánico y de comercio justo de Paraguay

Para cada uno se ha generado un "balance climático", algo parecido a la huella ecológica que deja su producción y distribución. El estudio consideró tres cooperativas de productores de Paraguay: la cooperativa de producción agroindustrial El Arroyense, la cooperativa Montillo y la cooperativa Manduvirá.

El análisis considera las emisiones de gases de efecto invernadero durante todo el ciclo vital del producto (1 kg. de azúcar): desde el cultivo pasando por la producción y el transporte, hasta el tratamiento y la eliminación de los envases. El mejor resultado lo obtiene el azúcar de caña orgánico y de comercio justo del Paraguay, con un impacto inferior en un 33% respecto al promedio de los otros azúcares vendidos por Migros.

El estudio subraya que "el calor y la electricidad necesarios para la elaboración en la fábrica pueden ser obtenidos a partir de los desechos de la caña de azúcar y considerados, por lo tanto, como "neutros" respecto al clima; para el azúcar de remolacha, por el contrario, se hace necesario el uso de fuentes de energía fósiles." Por otra parte, también ha contribuido al buen resultado del azúcar paraguayo el hecho de que en la producción del azúcar orgánico y de comercio justo no se utilizan ni fertilizantes, ni pesticidas ni casi ninguna maquinaria. La renuncia a utilizar pesticidas además determina un impacto tóxico inferior en las zonas de cultivo. 

Aunque la contaminación por el transporte desde Paraguay es elevada, el impacto global de la cadena de suministro es inferior en el caso paraguayo. Con este estudio se rompe, por lo tanto, uno de los mitos más recurrentes respecto al comercio justo. Y es que a menudo cuando se hacen los cálculos no se tienen en cuenta dos pilares fundamentales de este movimiento: que se trabaja de manera muy estrecha con productores a pequeña escala, y que estos aplican estándares medioambientales muy estrictos.

Cómo ponernos guapos nosotros y el planeta

Por: | 22 de mayo de 2013

Por Gema Gómez (Slow Fashion Spain)Ropa_limpia

Ilustración de Ana Lage



Cuando tenía 4 años me levantaba por la mañana y de pie en la cama le decía a mi madre: "No tengo nada que ponerme". Y mi madre día tras día me devolvía a la cruda realidad, que era que tenía que llevar el uniforme del colegio. Posiblemente si mi vida no hubiera girado después en torno de la moda, esta anécdota se nos habría olvidado, pero he sido diseñadora de moda durante casi 20 años en París y Madrid. Me he podido acordar una y mil veces de esta pequeña historia. Está claro que desde ya muy pequeña era importante para mí vestirme bien y ponerme guapa.

Me considero privilegiada porque he tenido trabajos fascinantes aunque complejos, por la dedicación que exigían y los viajes obligados. En estos años además he tenido la oportunidad de vivir la industria de la moda por dentro y a aprender a apreciar un buen diseño, un buen material, una buena caída. Paralelamente he visto cómo hemos pasado de una época, hace 20 años, cuando no cambiábamos tanto de atuendo, pero vestíamos bastante bien -con calidad y elegancia- a otra época, la actual, en la que tenemos los armarios a reventar y cambiamos mucho de ropa.

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Talento, serendipia y 'coworking'

Por: | 21 de mayo de 2013

Autor invitado: Manuel Zea Barral, fundador de CoworkingSpain.es y organizador de la Coworking Spain Conference

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Cada vez me sorprende más la cantidad de gente interesante que hay en este mundo. Cuando acudo a conferencias, eventos de coworking, en universidades e instituciones, una y otra vez no paro de encontrarme con personas de mente inquieta y talentosa. Todos estos encuentros y charlas se traducen en horas de discusión interesantísima sobre cómo "resolver" el mundo con ideas novedosas.

Es cierto que el coworking se ha convertido en el modo de ser de muchos profesionales independientes, que ya no acuden a esos espacios porque busquen una oficina a bajo coste, sino que se suman al coworking por la filosofía que hay detrás y por los beneficios que se consiguen. Y dos de esos beneficios son el talento y la serendipia.

¿Cuántas veces nos ha pasado que trabajando en casa una pequeña duda nos ha entorpecido la evolución de un proyecto durante horas? ¿Y cuántas veces esa duda nos la ha resuelto un amigo en cinco minutos mientras tomamos un café? En ese momento ese amigo nuestro se ha convertido en una persona con talento, que ha sido capaz de resolvernos en un instante esa duda que nos había paralizado durante horas.

¿Y qué pasaría si todos los días alrededor nuestro hubiera muchas personas de ramas profesionales distintas? La respuesta es sencilla: estaríamos rodeados de personas especializadas en su sector, estaríamos rodeados de talento durante todo el día, y tendríamos a un buen número de personas a quienes consultar pequeñas dudas.

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La FAO y los insectos

Por: | 20 de mayo de 2013

Por Carlos Ballesteros

Chapulines
Autor: Meutia Chaerani /Indradi Soemardjan https//www.indrani.net


De primero, langosta, pero no de esas que nadan en los cálidos mares del Caribe y son un lujoso manjar. De primero, langosta de las que saltan, se parecen a los saltamontes y a veces atacan cosechas de cereales. De primero, langosta a la parrilla y de segundo, cola de escorpión con acompañamiento de verdura, para terminar con un postre a base de espuma de hormigas y tijeretas con miel. Eso es lo que parece que propone la FAO en un reciente informe sobre maneras de acabar con el hambre en el mundo, como publicaba la semana pasada este periódico, y que recoge la necesidad de ser creativo para buscar soluciones al hambre del mundo. Un mundo que se encamina raudo a los 9.000 millones de habitantes, cada vez más difíciles de alimentar.

Hace años estuve en México y mi acompañante se empeñaba en que probara los chapulines, un insecto rojo que aderezado con limón y ajo no se diferencia mucho, una vez en su cucurucho, de nuestros camarones. Y sin embargo fui incapaz de probarlo, como he sido incapaz de probar ciertos manjares de nombre impronunciable en China, alguna propuesta gourmet en África o, sin ir más lejos, algunas de las vísceras de larga tradición en nuestra cocina castellana. Y me considero viajado, experimentado y abierto a probar y dejarme inculturar por otros pueblos y otras gentes.

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Desde mi jardín secreto

Por: | 17 de mayo de 2013

Por Pilar Sampietro 

Cuando no voy en bici me gusta caminar por la ciudad con la vista puesta en las terrazas de las casas. Esto tiene su peligrosidad en forma de farolas en tus narices pero te abre la mente a descubrir otra ciudad. Siempre me ha parecido un milagro encontrar árboles en un octavo piso, sus ramas parecen los cabellos en libertad de un edificio que ya no es tan triste y gris como lo predestinaba el entorno. Y entonces imagino cómo será el interior de la casa o la persona que cuida de ese jardín urbano, escondido y privado. Y se me ocurre que cerca del árbol, en el octavo piso, hay también un huerto que abastece a la familia. Y me viene la imagen de Joan Carulla, el permacultor urbano, que convirtió en cultivo lo que antes había sido odio contra las autoridades por no permitirle ampliar su casa. Allí donde quería espacio extra decidió instalar el huerto y hacer crecer sus viñas que le dan cada verano kilos y kilos de uva, ¡cosecha Barcelona!

HORT JOAN CARULLA 048
Si tenemos las posibilidad urbana de cultivar y hacer crecer muros de hiedra, ¿por qué no aprovecharlo?

 

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El País

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