Alterconsumismo

Sobre el blog

“El consumo es democracia. A través de lo que compras decides qué tipo de sociedad quieres. En este espacio encontrarás ideas para hacer que tu consumo sea justo y sostenible. Únete al Alterconsumismo.”

Sobre los autores

Anna ArgemíAlterconsumismo es un blog coral dirigido por Anna Argemí, periodista especializada en comercio justo, consumo responsable y alternativo. Los últimos años estuvo a cargo de la comunicación externa del comercio justo en Intermón Oxfam.

  • Marta Guijarro (Coordinadora Estatal de Comercio Justo)
  • Laura Perona (Fairtrade Ibérica)
  • Albert Cañigueral (Consumo Colaborativo)
  • Carlos Ballesteros (Universidad de Comillas, especialista en consumo)
  • Marco Coscione (Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo)
  • Anna Carrascón (Setem)
  • Álvaro Porro (revista de consumo responsable Opciones)
  • Esther Vivas (activista e investigadora en políticas agrícolas y agroalimentarias)
  • Sonia Felipe Larios (Triodos Bank)
  • Gema Gómez (Slow Fashion Spain)
  • Cristina Diago (Biocultura – The Ecologist)
  • Pilar Sampietro (periodista especializada en ecología RNE)
  • Laura Alcubilla (Economía del bien común)
  • Lidia Ucher
  • Dídac S-Costa (mercados sociales)
  • Rafael Sanchís (director de Comercio Justo de Intermón Oxfam).

Ciudadano preokupado, ciudadano emancipado

Por: | 11 de julio de 2013

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La semana pasada visité en Barcelona un huerto urbano, un triángulo de espacio verde y frondoso encajonado entre dos vías de circulación rápida. El Fort Pienc no es un huerto urbano al uso, como los que gestiona el Ayuntamiento por toda la ciudad, a los que se accede previa solicitud, que están parcelados y reservados en exclusiva a residentes mayores de 65 años. El Fort Pienc ha florecido en un solar adyacente a lo que fuera un centro vecinal, que fue clausurado hace más de un año como consecuencia de la crisis y en desuso desde entonces. El Ayuntamiento permite que Mercè, profesora de instituto, que Dani, informático analista programador, y con ellos una decena de usuarios más de toda edad y condición cultiven en el solar a su libre albedrío. Allí crecen sin permiso de nadie pero tampoco sin trabas, verduras, frutas, flores y plantas medicinales según los principios de la permacultura. El terreno, de 400 m2, no está parcelado y es más: está abierto a todo el que quiera plantar lo que se le antoje y donde le plazca. De ahí que el concepto de huerto urbano se les quede corto. Ellos definen su proyecto como huerto urbano, pero lo alargan con dos adjetivos más: libre y co-creativo.

De un tiempo a esta parte florecen las iniciativas como la del Fort Pienc: ciudadanos que, interesados y preokupados por el espacio público que ha sido abandonado, deciden ocuparlo y darle un nuevo uso. Antes del estallido de la crisis la frontera entre lo público y lo privado era diáfana y su violación era impensable para un ciudadano de bien. Pero hoy en día ¿de quién es el Fort Pienc? Sobre el papel, de Parques y Jardines. Pero en la práctica de Mercè, de Dani y de tantos otros que doblegan el espinazo varias veces a la semana para devolverle al terreno la vida y el sentido.

El agotamiento financiero de las administraciones y de las empresas nos ha legado como herencia un paisaje fantasmagórico: solares estériles supuestamente destinados a equipamientos públicos, esqueletos de promociones estrella que han acabado estrelladas aunque aún se tengan en pie. La retirada de la financiación no ha dejado tras de sí sólo espacios físicos baldíos sino también vacíos de poder. ¿Y si los ciudadanos se organizaran para recuperar y reordenar el territorio?

Esta es la voluntad de Increasis, una plataforma on-line que ofrece herramientas, prácticas y estrategias con un único objetivo: la recuperación del patrimonio inmobiliario inutilizado, no vendido o inacabado y su reconversión en infraestructuras productivas gestionadas de forma colectiva por la ciudadanía. Para los promotores de Increasis “la vivienda, como un producto bursátil, ha tenido una sobreproducción que excede las necesidades de la población. Esto, sumado a una ordenación urbana descontrolada y un consumo abusivo del territorio, ha provocado un crecimiento de las ciudades en forma de mancha de aceite sin control en el modelo de crecimiento.” La oleada de construcción expansiva de esta última década en las ciudades españolas ha provocado que hoy en día queden “las ruinas de un sistema de crecimiento descontrolado”.

Increasis es tanto un archivo de espacios y estructuras inutilizadas por todo el país, como de casos de recuperación y reutilización. Además cuenta con una sección I+D, donde se recopilan instrumentos y prototipos que se ponen a disposición de los usuarios. La plataforma está abierta a la participación y a la construcción colectiva. Con el intercambio de conocimientos y experiencias se busca “emancipar al ciudadano en la gestión de recursos infrautilizados”. Según los promotores de la plataforma, “la crisis ha puesto de manifiesto la urgencia de crear una red social urbana que proponga nuevos modelos de desarrollo alternativos”. ¿Serás tú también un ciudadano preokupado, un ciudadano emancipado?

Fotografía de apertura: "Your victory garden counts more than ever", U.S. National Archives. Created By: Office for Emergency Management. Office of War Information. Domestic Operations Branch. Bureau of Special Services vía Flickr (The Commons)

Por Gema Gómez

Comprar_con_cabeza
Todas sentimos
una cierta presión sobre nuestro aspecto físico. Queremos sentirnos guapas y miramos las revistas de moda con  ojillos de "¡jo, cómo me gustaría ser o vestirme como tal "it", tal famosilla y tal otra!". Con ese sentimiento te vas al trabajo y en el ratito del  mediodía te bajas a la tienda de moda de la esquina que, casualidades de la vida, es una gran cadena y como por azar encuentras el vestidito casi igual, ese tan mono que lucía en la revista aquella celebrity de la semana pasada.

Las grandes cadenas son especialistas en las similitudes con las marcas. Y son especialistas del “just in time”, es decir de que encuentres justo en la tienda lo que acabas de ver en las revistas, sin tener en cuenta nada más que vender las miles de cantidades de unidades. No importan ni los recursos utilizados, ni las condiciones de las personas que van a fabricar esas prendas, ni las emisiones de CO2 de los viajes.

Como el vestidito se parece al que has visto en la revista, lo compras con ansiedad. Lo usas una, dos veces. ¡Qué más da que te tire de aquí, te apriete allá o no te favorezca, porque a tu silueta le van otras cosas! A los dos lavados tu vestido está torcido, lleno de bolitas, las costuras al bies y como ya has visto en la nueva revista de este mes otro modelito, con lo poco que te ha costado este y lo poco que te costará el próximo ¿quién se plantea guardarlo?

¿Te ves reflejada, aunque solo sea un poquito en esta imagen? Es un poco exagerado pero consciente o inconscientemente funcionamos de una manera similar. ¿Te has parado a pensar alguna vez la cantidad de materia, agua, químicos y energía que se necesitan para producir ese vestido que tan alegremente compramos? ¿Quién lo ha confeccionado y en qué condiciones? ¿Dónde terminan la mayor parte de las prendas una vez salen de nuestro armario?

Desde Slow Fashion Spain creemos que nos sentiremos mucho mejor y más guapas si aprendemos a hacer el camino a la inversa, es decir, empezar a mirarnos más a nosotras y menos las revistas o a las celebrities. Si conocemos lo que nos sienta bien y lo que no, si disfrutamos de lo que nos gusta y aprendemos a desarrollar un estilo propio consumiremos menos recursos. Hoy vamos a ir directamente a nuestro armario y ver lo que hay allí ¡si aún queda sitio para ver algo! y si queda poco espacio, es el momento de hacer limpieza:

Saca todo lo que haya dentro y ponlo en 3 montones:

  • Ropa que hace más de un año que no te pones. Esta ropa tendría que desaparecer de tu armario porque ya no tiene nada que ver contigo y no te sirve. Puedes pensar en darla a amigas o familiares que sí se la pondrían (podría ser un motivo para una fiesta) o bien donarla a ONGs y empresas de reciclaje textil.
  • Ropa con manchas o que le falte algún botón o necesite ser reparada.
  • Ropa que uses y que esté preparada para su uso.

Una vez desechado todo lo que no uses y no te sirve, haz conjuntos con las prendas que quedan; prueba a hacer diferentes combinaciones y si para algún conjunto te falta una prenda, anótalo en una lista. En este paso se incluyen los complementos y zapatos. Esta lista son tus necesidades prácticas.

Puedes aprovechar para organizar bien tu armario:

  • comprar perchas multiusos
  • colocar los calcetines en cestos con compartimentos
  • ordenar por conjuntos, tipos de prendas, colores, o como más útil te resulte

Para indagar más y aplicar incluso el minimalismo en tu manera de vestir visita el Proyecto 333 de la especialista en minimalismo Valedeoro y lee su ebook sobre el armario minimalista.

Por otro lado te animo a tener un "armario proporcional”, es decir un armario proporcional a tus necesidades del día a día. Esto quiere decir, que si el 60% de tu tiempo estás en el trabajo, el 35% lo dedicas al ocio y el 5%, en fiestas, así debería ser la composición de tu armario. Vale, sí, es cierto que aunque a las fiestas le dedicas menos tiempo te gusta cambiarte para verte guapa ¿verdad? ¿Has pensado en la opción del alquiler? Aquí hay tres propuestas para ser siempre la más mona de la fiesta sin acumular:

Ilustración: Ana Lage

Crowdeverything, la evolución natural del crowdfunding

Por: | 09 de julio de 2013

Por Daniel Jiménez, redactor de Noticias Positivas

Crowdeverything_crowdfunding
Cada vez está más de moda el término inglés crowdfunding, que en español podemos llamar el micromecenazgo. Hace referencia a una fórmula para financiar proyectos basada en la recogida de donaciones colectivas a través de páginas webs creadas para este fin. En España se han implantado por ejemplo:

  • Goteo: orientada a proyectos que fomentan el procomún
  • Impulsa’t: que financia arte y cultura
  • Lánzanos: se anuncia como la primera plataforma en España
  • Projeggt: para creadores y mecenas que quieran incubar ideas
  • Ulule: se anuncia como la primera plataforma europea
  • Verkami: para proyectos originales y creadores independientes

Una de las limitaciones de este sistema es que está pensando únicamente para recaudar fondos. Pero, ¿qué es lo que pasa si lo que necesitamos para poner en marcha nuestra idea no es solamente dinero, sino que también echamos en falta un local, un socio profesional o un vehículo? ¡O todas estas cosas a la vez!

Para dar respuesta a esta pregunta, el emprendedor madrileño Miguel Ángel Martín Crespo ha puesto en marcha el portal Comproyecto, al que define como “la primera plataforma de crowdeverything del mundo”. Se trata de un “crowd completo” que incluye la posibilidad de recaudar fondos a través de una campaña de crowdfunding, pero que va un paso más allá, al extender esta filosofía colaborativa al resto de recursos materiales y humanos que son necesarios para el éxito de una iniciativa.

Así define el propio Martín Crespo a su creación: “Comproyecto es una plataforma donde se conectan distintos agentes microeconómicos, principalmente las personas y las empresas, a través de anuncios innovadores. ¿Por qué digo que son anuncios innovadores? Porque un anuncio en Comproyecto te permite que expliques lo que ofreces o lo que buscas, así como incluir posibles recompensas. Es decir, lo que das a cambio de lo que pides”.

Basta con pinchar en uno de estos anuncios, que son gratuitos, para ponerse en contacto directamente con el anunciante. Imaginemos, por ejemplo, el caso de una empresa de diseño gráfico cuyos miembros son además consumidores convencidos de productos ecológicos. Dicha empresa cuelga un día un anuncio en Comproyecto donde ofrece sus servicios, indicando además que está dispuesta a rebajar sus precios, o incluso a trabajar sin cobrar dinero, a cambio de alimentos bio de buena calidad. Sería factible que un día viera el  anuncio un grupo de agricultores ecológicos interesados en contar con una página web para promocionar sus productos. De este modo, los agricultores tendrían la posibilidad de conseguir su página a un coste menor, o incluso gratis, según el  acuerdo que alcanzaran con los diseñadores gráficos interesados en sus productos. Todos salen ganando, por tanto.

De este modo, la colaboración se convierte en una de las claves de este sistema “económico-social”, en palabras de Martín Crespo. Sistema en el que la gestión de los recursos depende exclusivamente de los acuerdos adoptados por los propios usuarios. “Está claro que el dinero sirve para pagar X cosas, pero si obtienes un servicio gracias a alguien al que puedes ayudar, necesitarás X-1. Estamos por tanto reinventando la palabra financiación, al mismo tiempo que hacemos publicidad de las necesidades básicas de la gente”, añade el fundador del portal.

Financiación, publicidad, empresas... términos del mundo de la economía y de los negocios que adquieren un significado muy distinto en un entorno colaborativo como el de Comproyecto. “Hemos creado una comunidad en la que lo importante es la gente que quiere cumplir sus sueños”, nos dice Martín Crespo. Aquí radica la diferencia: en las personas. El cambio de valores no es más que un cambio de foco

¿Sabes qué pescado estás comiendo?

Por: | 08 de julio de 2013

Por Guillermo Prudencio, comunicación de WWF

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A los españoles nos gusta comer pescado
, mucho pescado: comemos, de media, 27 kilos al año. Es una cifra que nos sitúa entre los países del mundo que consumen con mayor avidez el alimento que nos proveen los océanos. Unos océanos que, aunque parecían inagotables, están cada vez más vacíos: según datos de la Comisión Europea, un 39 % de las pesquerías evaluadas en el Atlántico y un 88 % de las mediterráneas se encuentran sobreexplotadas.

Y la demanda de pescado de la humanidad no para de crecer, impulsada en gran medida por los países emergentes como China. En mayo el índice global de precios del pescado que elabora la FAO batió un nuevo récord, tras subir un 15% respecto al año pasado. Una demanda en crecimiento que contrasta con unas pesquerías en crisis. Una cosa parece clara: las pesquerías, y con ellas el sustento de más de mil millones de personas en todo el mundo, van directas al colapso si seguimos esquilmando el mar como hasta ahora.

Son hechos que cualquier consumidor responsable debería conocer y tener en cuenta a la hora de hacer su compra en la pescadería. La cesta de la compra es nuestra mayor arma para asegurar el futuro de los océanos, y con ellos el futuro de la pesca. ¿Pero sabes lo que hay detrás de lo que compras cuando vas a la pescadería? ¿Sabes qué pescado estás comiendo?

Aunque es un derecho básico de los consumidores, la información disponible sobre el pescado que comemos suele ser escasa, imprecisa, o a veces directamente inexistente. Conocer el lugar de captura o el método utilizado es básico. Para ayudar a los consumidores, desde WWF España hemos lanzado la Guía de pescado para un consumo responsable, que puede ayudarnos a hacer una compra más informada y consciente en la pescadería.

La guía es un termómetro que irá variando con los nuevos datos científicos, con las nuevas evaluaciones y con las mejoras puestas en marcha por el sector y la Administración. La diferencia con otras guías de consumo de pescado es que no sólo se tiene en cuenta el estado de la población de la especie; también el impacto ecológico del arte de pesca utilizada y si la pesquería de la que procede cuenta con un modelo de gestión sostenible y transparente. Son los principios del MSC, un sello que asegura la sostenibilidad ambiental de los productos del mar.  

El sello MSC es una de las mejores garantías que podemos encontrar para realizar una compra responsable de pescado y marisco y, aunque en España aún estamos lejos de países como Alemania –donde el 50% de los productos pesqueros del mercado están certificados-, se han producido avances en los últimos años. Ya hay incluso dos pesquerías certificadas con MSC en aguas españolas: las navajas de la ría de Pontevedra, de la Cofradía de San Martiño de Bueu, y las almejas y berberechos de la ría de Arousa. Algunas empresas pesqueras de la flota española ya han certificado sus pesquerías en otros océanos, y varias están en el proceso de realizarlo.  

Hay más ejemplos de que las cosas avanzan positivamente en el sector pesquero. Un 39 % de caladeros sobreexplotados en el Atlántico puede parecer una cifra alta, pero en 2005 estábamos en un escalofriante 95 %. La mejora de la situación del emblemático atún rojo del Atlántico y del Mediterráneo también nos muestra que incluso en estados de extrema gravedad podemos reaccionar y cambiar la tendencia. Importantes pesquerías europeas tienen planes de recuperación que están funcionando, y se han tomado medidas de control de la flota. Pero esos cambios deben ser más rápidos y más profundos si queremos asegurar el futuro del mar.  

Para conseguirlo es imprescindible que como consumidores incentivemos a aquellos pescadores, mariscadores o acuicultores que realizan su labor de manera más sostenible. Nuestras elecciones de consumo tienen un papel fundamental para que los tonos rojos y ámbar que predominan en esta guía -como en otras muchas- pasen al verde. Debemos ser conscientes de que al hacer la compra en la pescadería estamos incidiendo en la sostenibilidad de recursos de aquí y de otros lugares lejanos. 

Municipios a favor de la Economía del Bien Común

Por: | 04 de julio de 2013

Por Laura Alcubilla

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El pasado 28 de mayo se hizo público un ranking de los países más felices del mundo que elabora la OCDE cada año para medir la felicidad de los ciudadanos. ¿Que hace que un país sea más feliz que otro? Las variables que  tiene en cuenta la OCDE  para valorar la felicidad son de sentido común y van unidas a la calidad de vida: renta per cápita, empleo, vivienda, seguridad, educación, medio ambiente, salud, equilibrio entre trabajo y vida privada.

La ganadora es Australia, donde no hay casi desempleo, las diferencias salariales son casi inexistentes y las jornadas laborales son reducidas, lo que les permite disfrutar del tiempo libre  y conciliar la vida laboral con la familiar.

En España vamos bajando puestos cada año que pasa. El aumento de la desigualdad y el sentimiento de inseguridad por un futuro cada vez más incierto están haciendo mella en la ciudadanía española. Nos piden hacer más horas con un menor sueldo para aumentar unos índices de productividad que nadie se atreve a cuestionar. ¿Pero qué sucederá con el resto de índices?

Medir la felicidad de los ciudadanos puede parecer naif y novedoso pero en el reino de Bután ya hace años que lo hacen. Se trata de la Felicidad Bruta Nacional (FBN). Bután está situado entre dos grandes potencias mundiales, China y la India. Cuenta con una población de 700.000 habitantes y un territorio similar en extensión a Suiza. Y a pesar de sus limitaciones en cuatro décadas han logrado lo que otros países consiguen en cientos de años: sanidad y comida asegurada, electricidad subvencionada, agricultura ecológica y un turismo de alto valor que paga la mayor parte de los impuestos. La esperanza de vida de los butaneses ha pasado, en los últimos años, de 44 a 66 años y su alfabetización ha llegado al 60% de la población.

En este sentido desde el movimiento de la Economía del Bien Común se ha propuesto la creación de Municipios del Bien Común. El objetivo no es que un municipio sea “mejor que otro sino que quiera conseguir mejoras en aquellos factores de calidad de vida que importan a sus habitantes”. Debemos recordar que en nuestra Constitución ya se determina la responsabilidad del Estado, y por lo tanto de los municipios, en el bienestar de sus ciudadanos.

La idea es constituir un nuevo concepto económico municipal “de abajo arriba” .A través de procedimientos de participación ciudadana, se elegirían de 10 a 20 factores que los ciudadanos de ese municipio consideren que determinan la calidad de vida. Se realizarían encuestas cada año y se evaluaría su evolución, lo que condicionaría las políticas públicas. La idea puede resultar nueva pero en nuestra Constitución ya se reconoce, dentro de la definición de Estado social, el derecho de participación ciudadana en la formación de la voluntad política. Una de las principales funciones de un “municipio del bien común” es dar a conocer y promover los principios en los que se basa este movimiento, dando ejemplo en sus prácticas y favoreciendo a las empresas que más contribuyan a su fin.

¿Cómo puede un municipio sumarse a los Municipios del Bien Común? Formalmente, puede realizar una declaración del concejo municipal donde declare el apoyo a la Economía del Bien Común y debe apoyar al menos una de las 5 actividades siguientes:

1. Hacer en su propio ámbito administrativo y económico un balance del bien común

2. Invitar a los empresarios del lugar a realizar el balance del bien común

3. El desarrollo participativo de un “índice del bien común municipal”

4. Proyecto de participación ciudadana para facilitar y promover una “convención económica municipal”

5.  Unirse a una “región del bien común”

Más información sobre cómo convertirse en “municipio por el bien común” en la web de la Economía del Bien Común.

¿Qué municipios son ya promotores de la Economía del Bien común? Cada vez más ayuntamientos de diferentes ideologías políticas muestran interés en conocer y promover la Economía del Bien Común. Algunos de los ejemplos en España son Muro de Alcoy, en la Comunidad Valenciana, de casi 9.000 habitantes y Miranda de Azán, pequeño municipio salmantino de medio millar de habitantes. Ambos se han sumado desde el inicio al movimiento por la Economía del Bien Común.

Foto de apertura: Thimpu (Butan) from the south, por Christopher Fynn (Trabajo propio) [CC-BY-SA-3.0 undefined GFDL] vía Wikimedia Commons

¿Rebajas? No, gracias

Por: | 03 de julio de 2013

Por Carlos Ballesteros

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Esta mañana, temprano, caminaba hacia mi trabajo cuando me he dado cuenta de que me estaba mirando. Sonreía con una bonita sonrisa. Mejor dicho: me sonreía a mí con una bonita sonrisa y un cuerpo de escándalo que incitaba a… muchas cosas. Un vestido veraniego, corto, que dejaba ver sus bronceadas y bonitas piernas, hombros al aire y una mirada que decía: vente conmigo, lo pasaremos bien y además estoy al 50%. Ocupaba toda la fachada del edificio y me invitaba a entrar y probar todos sus placeres: prometía deliciosos momentos de abandono, aislados del ruido del centro de Madrid, de sus calores y sus agobios. Ya estoy aquí, decía, como todos los años por estas fechas. He llegado, como todos los años vengo sin faltar a mi cita. ¡Tómame! ¡Aprovéchate de mí! ¡Disfruta conmigo!

Esta semana se ha abierto oficialmente el segundo periodo de rebajas del año. Tras las grandes rebajas de enero llegan las de consolación del verano para que aquellas personas que aún no hayamos comprado el bañador nos lo compremos a buen precio (nada de usar el del año pasado, que ya no está de moda). Llegan las rebajas y una vez más los carteles, los escaparates y los anuncios de televisión nos tratarán de convencer de que comprar es un chollo y que no saben aún por qué no has entrado a gastarte el dinero en esas maravillosas prendas que te ofrecen y que son toda una ganga.

Recuerdo aquellas aperturas del telediario, cuando aún existía Galerías Preciados, de gente abarrotada a la puerta del gran almacén para nada más abrirse las puertas avasallar, golpear, empujar, morder y correr más deprisa que el otro para conseguir ese abrigo, ese pareo de playa, esa camiseta rebajada un 50, un 35 por ciento y que cuando la consigues te hace más feliz. El gran éxito de las rebajas esta precisamente en esto: somos felices porque hemos conseguido lo que el otro o la otra no ha sido capaz de conseguir a este precio. Cacareamos cual gallina clueca, orgullosos de tener nuestra camiseta número cien a un precio realmente espectacular… ¡y de marca! Nos gusta pavonearnos delante de los demás porque somos los que hemos podido encontrar en rebajas esa pamela, esa falda con ese frufrú tan especial, ese bañador que nadie más ha sido capaz de encontrar a semejante precio. Nos crecemos, engordamos y nos alimentamos del placer que nos proporciona gastar por gastar sabiendo que gastamos inteligentemente porque lo hacemos en rebajas.

Han llegado las rebajas de Julio de 2013, un año de crisis, recortes, malestares, en el mejor momento que podrían llegar: justo el día que acaba la campaña del IRPF de Hacienda, que este año duele aún más si cabe pagar, dado lo que se va oyendo y lo que se va sabiendo sobre el uso de los dineros públicos. Así las cosas: si te sale a devolver, ¡gástatelo en rebajas, que es un dinerito con el que no contabas para darte un capricho!; si te sale a pagar ¡olvídalo en una tarde dentro del centro comercial, que ya se sabe que las penas con pan (en este caso con trapos) pasan mejor!

En el primer post que hacía en este blog hablaba del happy shopping que nos propone un centro comercial, del comprar sin remordimientos, inconscientemente y sobre todo sin arrepentimientos. Parece que esta época de rebajas esto se acentúa y todos enloquecemos, sucumbimos a la tentación y nos dejamos llevar río abajo por la corriente del consumismo sin freno. Tengamos cuidado y agarrémonos a las orillas, pongámonos los flotadores: leamos este blog, planifiquemos las compras, practiquemos el consumo consciente y sobre todo démonos cuenta de que el bañador del año pasado, que no está de moda este, probablemente lo esté el que viene. Y si no lo está no pasa nada. Estoy orgulloso de que mis bañadores duren más de una temporada, si se cuidan. Y reivindico mi derecho a no comprar en rebajas, a ser un tonto que no aprovecha los chollos, las gangas ni las engañifas con que centros comerciales, grandes almacenes y firmas de ropa nos reclaman y nos engatusan para que mientras estemos con ellas no pensemos en nada más. ¿Rebajas? No, gracias.

¿Es ecológico cambiar el coche viejo por uno nuevo?

Por: | 02 de julio de 2013

Por Álvaro Porro
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A muchos consumidores nos encanta alargar al máximo la vida de los objetos, incluido el coche.
Pero la verdad es que hoy en día los coches nuevos consumen menos combustible que los antiguos y contaminan también mucho menos. Desde mediados de los noventa en España se suceden una serie de planes de ayuda a la renovación del automóvil, desde el Plan Renove hasta el Plan 2000 E. Se crearon con el objetivo de impulsar el sector automovilístico estimulando la demanda. Lo cierto es que los planes más recientes se han promocionado como potentes herramientas también de ahorro energético y cuidado ambiental puesto que los coches nuevos consumen menos combustible. El IDAE (Instituto para la Diversificación y ahorro de la Energía) calcula que el ahorro energético asociado al último plan (PIVE2) rondará los 78 millones de litros de combustible al año (262.000 toneladas de CO2/año).

Sin embargo el consumo de energía de un vehículo en circulación no es el único factor a tener en cuenta. Hay dos más muy significativos: la edad del coche que se sustituye y la cantidad de kilómetros recorridos.

Más allá de lo que consume un coche mientras circula, hay que considerar el consumo energético en la fabricación y el mantenimiento de un vehículo, así como en la gestión del desguace y el reciclaje de sus partes, una vez fuera de circulación. El Análisis del Ciclo de Vida tiene en cuenta los impactos de un producto desde la cuna hasta la tumba. Deberíamos preguntarnos por lo tanto en qué punto se compensa el menor consumo de combustible de un vehículo nuevo con el gasto energético derivado de su fabricación y reciclaje. Un equipo del Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos de Zaragoza ha intentado responder a esta incógnita. Su estudio concluye que si tomamos el caso de un vehículo que recorre 15.000 kilómetros al año, sustituirlo por uno nuevo sólo es energéticamente rentable si tiene al menos 20 años de vida, en el caso de los diesel, y 22 si es de gasolina.

Algunos planes Renove  incluyeron la condición que los coches a sustituir tuviesen una edad mínima (15 años en el Plan VIVE – o bien 250.000 kilómetros recorridos- y 10 años en el plan 2000E y PIVE 1 y 2). Es decir, incorporaron la lógica de “más vale sustituir los coches más viejos” aunque se quedan cortos.

Pero más importante que todo esto en el fondo es cuánto utilizamos el coche. Es decir, si lo que ahorramos de gasolina por kilómetro lo utilizamos en circular más kilómetros y más rápido, estamos en las mismas o incluso peor. Los descensos en las emisiones por kilómetro recorrido tienden a ser absorbidos por el aumento del uso del vehículo y por el aumento de la cilindrada media o por el peso medio de los coches que compramos (cuanta más cilindrada o peso, más consumo de combustible).

Gracias a la reducción general de consumo/kilómetro, ahora “nos permitimos el lujo” de comprarnos coches más potentes o más grandes; antes “no podíamos” porque gastaban demasiado. Este fenómeno se conoce como efecto rebote. Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, los kilómetros recorridos aumentarán en los próximos años entre un 10 y un 30% por el hecho de que los coches gastan menos combustible por kilómetro.

Por lo tanto una renovación indiscriminada del parque automovilístico no sólo no reduciría el impacto energético y medioambiental global del coche, sino que lo aumentaría; y pasaría lo mismo si nos acostumbramos a utilizar más el coche “gracias al hecho que ahora gasta menos”. Es decir, un mensaje simplificado como “cambiar el coche por uno que gaste y emita menos es bueno para el medio ambiente” nos conduciría a conclusiones sesgadas. La inclusión de criterios mínimos de edad en los dos últimos planes evita la renovación indiscriminada y, por lo tanto, es un paso importante hacia una mayor efectividad ambiental de los planes Renove. Sin embargo, parecería que este umbral tendría que subir en el futuro y no bajar, como ha sucedido. Sirva como ejemplo el efecto rebote en los coches para recordarnos que la solución a nuestra insostenibilidad necesita de avances tecnológicos pero no será ni mucho menos suficiente. Hacen falta cambios de hábitos, de leyes y valores.

Más información sobre este tema así como más consejos prácticos aquí


Fotografía de apertura: Easter holidays in Holland: traffic jam on account of checking by the military police near the German border. Elten, 27 March 1964. Nationaal Archief / Spaarnestad Photo, Eric Koch vía Flickr (The Commons)

Por Marco Coscione

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Del 26 al 31 de mayo de este año tuvo lugar en Río de Janeiro la “Semana Mundial del Comercio Justo y Solidario”, durante la cual se realizaron una serie de actividades y reuniones que han involucrado a muchos actores latinoamericanos e internacionales, como la World Fair Trade Organization (WFTO), FACES do Brasil, FBES, RIPESS, CLAC, Fundeppo, Mesa de Coordinación Latinoamericana de Comercio Justo, Espacio por un Mercosur Solidario y Cooperativas Sin Fronteras. Los mensajes clave de la declaración final nos ayudan a vislumbrar los actuales desafíos del movimiento a escala global.

Después de reconocer el crecimiento de la economía solidaria y del comercio justo, así como de sus múltiples y diversas iniciativas, las organizaciones firmatarias se comprometen a fortalecer sus organizaciones priorizando el protagonismo de los pequeños productores y la relación con los consumidores comprometidos y solidarios, éticos. Defensa del pequeño productor y rol del consumidor: este último es el gran desafío para las organizaciones de comercio justo del Sur, donde la construcción de un mercado interno de comercio justo, sustentado por “consum-actores” conscientes, activos y responsables, aún parece casi una utopía.

Por este motivo, es muy importante otro de los compromisos que se han asumido en Rio de Janeiro: la integración con los otros movimientos sociales que luchan por los derechos humanos, la identidad cultural y el territorio, el respeto a la diversidad e identidad cultural, al medio ambiente y la soberanía alimentaria, entre otros. Este es todavía un punto bastante débil para el comercio justo. A pesar de ser un importante movimiento social internacional, su articulación con otros movimientos sociales de la región es muy escasa.

En el punto 5, las organizaciones expresan claramente el deseo de «mayor participación y control social en los acuerdos y tratados internacionales», para que favorezcan el trabajo de los pequeños productores. Control social, la cuestión central de todo proceso de democratización que queramos construir. En este sentido, la “descolonización” de las prácticas Norte-Sur o del pensamiento hegemónico es de fundamental importancia. Citando a Frans Van der Hoff,  uno de los fundadores de la certificación Max Havelaar (antecedente nacional de la actual FLO): «Los actores del Norte deben aprender a escuchar y respetar el punto de vista de sus socios del Sur. […] Muchos actores del Norte creen que pueden solucionar los problemas rápidamente. No aceptan que se requiere tiempo para corregir las deformaciones socio-económicas que el sistema capitalista ha producido durante siglos». Los productores del Sur saben muy bien que el problema no es la pobreza, sino la falta de control democrático sobre el sistema. «Trasmitir estos mensajes desde la experiencia de los pobres […] es quizás el legado más importante que el Comercio Justo puede dejar a las futuras generaciones». Cuando hablamos de “falta de control democrático sobre el sistema” estamos identificando un problema global, a mi juicio el principal problema de todas las crisis que están viviendo nuestras sociedades.

Este proceso tiene que ser acompañado por un fuerte trabajo de incidencia política, para que tanto la economía solidaria como el comercio justo sean reconocidos por los Estados en sus políticas públicas de desarrollo nacional. En este sentido aún falta mucho por hacer. Como falta por hacer en cuanto a la construcción de un verdadero comercio justo Sur-Sur, partiendo justamente por las relaciones comerciales entre las mismas organizaciones de comercio justo.

Sin embargo, el nuevo camino ya está abierto, y los nuevos equilibrios geopolíticos internacionales lo pueden favorecer. Mientras los países del Norte están cada vez más en crisis, las propuestas más interesantes de alternativas de y al desarrollo sostenible nos llegan desde el Sur. América Latina está, sin duda, protagonizando este cambio de época. El movimiento por un comercio justo no está exento de estas evoluciones globales. En este marco, los pequeños productores organizados de comercio justo tienen todo la experiencia y el potencial para convertirse en los actores protagonistas del movimiento a escala regional e internacional.

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