Alterconsumismo

Sobre el blog

“El consumo es democracia. A través de lo que compras decides qué tipo de sociedad quieres. En este espacio encontrarás ideas para hacer que tu consumo sea justo y sostenible. Únete al Alterconsumismo.”

Sobre los autores

Anna ArgemíAlterconsumismo es un blog coral dirigido por Anna Argemí, periodista especializada en comercio justo, consumo responsable y alternativo. Los últimos años estuvo a cargo de la comunicación externa del comercio justo en Intermón Oxfam.

  • Marta Guijarro (Coordinadora Estatal de Comercio Justo)
  • Laura Perona (Fairtrade Ibérica)
  • Albert Cañigueral (Consumo Colaborativo)
  • Carlos Ballesteros (Universidad de Comillas, especialista en consumo)
  • Marco Coscione (Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo)
  • Anna Carrascón (Setem)
  • Álvaro Porro (revista de consumo responsable Opciones)
  • Esther Vivas (activista e investigadora en políticas agrícolas y agroalimentarias)
  • Sonia Felipe Larios (Triodos Bank)
  • Gema Gómez (Slow Fashion Spain)
  • Cristina Diago (Biocultura – The Ecologist)
  • Pilar Sampietro (periodista especializada en ecología RNE)
  • Laura Alcubilla (Economía del bien común)
  • Lidia Ucher
  • Dídac S-Costa (mercados sociales)
  • Rafael Sanchís (director de Comercio Justo de Intermón Oxfam).

Plantas para curar plantas

Por: | 09 de septiembre de 2013

Por Pilar Sampietro

Lo que la tierra nos da debe volver a ella. Lo escucho a menudo conversando con las personas que más cerca están del cultivo y la cosecha. No son sólo agricultores, últimamente la frase también se ha instalado en nuestra piel de urbanitas. Por eso no nos extraña nada la forma en que habla de la tierra y del huerto un ser tan arraigado a la ciudad como Mariscal. Coincidimos con él durante nuestra primera ruta con los mecenas del libro “El Jardín Escondido”, al visitar Palo Alto, esa antigua fábrica textil del Pueblo Nuevo de Barcelona, ahora convertida en oficinas para creadores y diseñadores. Salió de su estudio atraído por el grupo que inspeccionaba curioso su jardín. Le explicamos el proyecto, nuestro proceso de trabajo y lo mucho que admirábamos a Pepichek, Josep Farriol, el verdadero artífice del fenomenal jardín y huerto que cubre ahora la antigua fábrica.

Palo_Alto_1
Mariscal nos habló entonces de los principios de Palo Alto, de cómo, emulando sus experiencias autosuficientes en Ibiza, decidieron crear uno de los primeros huertos urbanos de la ciudad de Barcelona. Tomó conciencia de que todo lo que la tierra nos da debe volver a la tierra, incluso nosotros. Asume así el proceso de vida del ser humano, concibiendo nuestro paso por el planeta como una más de las especies que debería respetar el ciclo de la vida.

Durante los primeros años en Palo Alto, a finales del siglo XX, el huerto era ecológico al 100%. A ello contribuía su cuidador, un auténtico permacultor que enseñó a Mariscal cómo cultivar y comer los frutos sin necesidad de abonar o fumigar con químicos. Julio conocía los secretos de ese ciclo vital, usaba plantas para curar plantas y entre ellas una muy común, considerada una mala hierba convertida en extracto, la ortiga. Con ella reforzaba la siembra, la germinación y evitaba pulgones y mildiu en los tomates.

Sobre esta forma de cultivo, que ahora practicamos también en zona urbana, se conoce lo que han experimentado pioneros como Julio o más aún auténticos alquimistas como Michel Barbaud, Jean-Claude Chevalard o Santi Soto. Ellos son los protagonistas del libro “Plantas para curar plantas” editado por la editorial La Fertilidad de la Tierra. En él los autores Bernard Bertrand, Jean-Paul Collaert y Eric Petiot recopilan las experiencias de personas que llevan años comprobando la eficacia de los caldos a base de extractos de plantas. Después de una encuesta distribuida en todo el territorio francés y también español, 6 meses de trabajo y 5.000 kilómetros recorridos comienzan a editar un manual accesible para hortelanos y jardineros preocupados por no maltratar la tierra con la química.

Claro que una cosa es aplicar el extracto tal y como el manual nos indica y otra hacerte tu mismo el caldo consiguiendo a la vez el efecto y la pureza deseada. Suerte que no nos es difícil conseguirlo ya elaborado porque no muy lejos tenemos a uno de los mejores hacedores de extracto de ortiga y consuelda. Tan sólo debemos visitar El Vergel de las Hadas, ese lugar de nombre poético que crearon Santi Soto y su familia. Santi lleva 30 años en la agricultura ecológica, comenzó a formarse con los primeros artículos de la revista Integral y ahora cultiva con éxito más de 70 variedades de plantas aromáticas y medicinales. En su vergel imparte cursos y talleres en los que enseña a elaborar esos extractos y fomenta propuestas para recuperar espacios donde cultivar y favorecer a la vez salidas laborales para luchar contra la crisis.

El_Vergel_de_las_Hadas
Santi ha comprobado cómo el extracto de ortiga evita los problemas de insectos y hongos y activa la presencia de lombrices en la tierra. Visto lo visto habrá que volver a recuperar la ortiga urbana, favorecer que crezca en rincones y solares ahora vacíos de oportunismo y llenos de hierba salvaje. Yo voto a favor de esa planta que miramos con recelo por su reacción en nuestra piel. En realidad es una planta sanadora que sirve para curar plantas.

Comercio justo y soberanía alimentaria, dos caras de la misma moneda

Por: | 05 de septiembre de 2013

Por Marco Coscione

Comercio_justo_soberania_alimentariaDe la misma manera como los países enriquecidos y sus fieles aliados (organismos internacionales o estructuras supranacionales: el FMI, el BM, la OECD o la UE) han ido imponiendo la necesidad de una rápida y total liberalización del comercio internacional y de las economías nacionales, para trazar el único camino hacia el “desarrollo”, igualmente han ido construyendo e imponiendo las políticas alimentarias globales.

Tanto la “Revolución Verde” como la propuesta de “Seguridad Alimentaria” han sido recetas estudiadas y escritas en el Norte, para un “Sur” cada vez más poblado, más desigual y más hambriento. Curiosamente, así como pretenden que los países empobrecidos liberalicen su comercio dentro de los esquemas muy poco equitativos de la OMC, pero manteniendo en el Norte proteccionismo y subvenciones nacionales, los países enriquecidos pretenden ahora que el Sur acoja las políticas de producción agropecuaria industrial, favoreciendo despojo, acumulación y acaparamiento de las tierras más fértiles y productivas.

Por tanto, no debe sorprendernos si hoy en día es sobre todo en y desde el Sur que siguen alimentándose dos de las alternativas concretas a los desequilibrios globales causados por las “recetas” del Norte: los movimientos por un comercio solidario y con justicia y los movimientos por la soberanía, la autonomía y la justicia alimentaria.

Actualmente, más de dos mil millones de habitantes de este planeta son campesinos, y la mayoría de los productos alimenticios consumidos en los países del Sur está siendo garantizada por los pequeños productores y las unidades familiares campesinas. A pesar de este panorama, la propuesta de la Seguridad Alimentaria sigue pareciéndonos, por lo menos, algo ambigua.

Una multinacional del agronegocio puede garantizar a la población la disponibilidad de alimentos (no cuestionemos ahora la calidad de estos alimentos y la sostenibilidad ambiental) a través de su producción en enormes plantaciones, y de la venta en grandes superficies. Esta estrategia podría naturalmente garantizar seguridad alimentaria. Solo bastaría con que toda la población pueda llegar al supermercado y tenga el dinero suficiente para comprar.

Pero ¿cómo se garantiza que la población tenga acceso a dichos alimentos?Pensemos, por un instante, en que la multinacional de turno quiera de verdad producir alimentos (y no combustibles, algodón, o soja y maíz para alimentar al ganado, donde está el verdadero negocio a corto plazo), y consideremos los enormes problemas de desigualdad y pobreza del planeta. ¿De verdad los más vulnerables pueden tener acceso a los alimentos si el mercado lo manejan las corporaciones y sus grandes superficies? En este sentido, la propuesta de la Seguridad Alimentaria, a mi juicio, se queda corta, no enfoca realmente el problema y parte de supuestos equivocados o distorsionados.

Una vez despojados de la tierra (de manera legal o ilegal) los campesinos están obligados a migrar hacia las ciudades, engordando los cordones periféricos y las villas miserias, perdiendo cualquier tipo de autonomía productiva y alimentaria. ¿Cómo se garantizan, entonces, unas condiciones de vida digna que los campesinos, muy pocas veces, encuentran en las ciudades?

Para responder a estas dos preguntas el más grande movimiento campesino global, La Vía Campesina, considera que la soberanía alimentaria y la agroecología (como sistema agrario resiliente) son dos pilares fundamentales en sus luchas cotidianas por la construcción de una nueva sociedad global, una sociedad del vivir bien y no del tener o del “crecer”. Es una apuesta claramente política que nos llega desde el activismo, desde abajo. De la misma manera, la del movimiento por un comercio justo también es una propuesta política y social nacida desde abajo y que apunta hacia la misma dirección.

En este sentido, el comercio justo tiene un desafío muy importante por delante: asumir, entre sus objetivos de lucha política y social, la apuesta por la soberanía alimentaria. Para eso se necesita, inevitablemente, un cambio tanto del enfoque Norte-Sur que lo ha caracterizado hasta hoy, como un cambio en los mismos productos que se comercializan dentro de sus circuitos. Apostar por productos de las canastas básicas, de consumo cotidiano y, sobre todo, de gran aporte alimenticio, llevaría a repensar hacia dentro (territorio local, nacional o continental) el alcance de las redes comerciales y, al mismo tiempo, a una natural convergencia entre los dos movimientos.

Fotografía de apertura: Un espantapájaros donde se lee "La OMC mata a los campesinos". Foto tomada por Burn el 18 de diciembre de 2005, vía Wikimedia Commons

Emprendedores, ¿solos ante el peligro?

Por: | 04 de septiembre de 2013

Por Sonia Felipe Larios

Emprendedores
El verano es un buen momento para que los canales de televisión recuperen de su almanaque viejas series o emitan programas con sabor 100 % estival. Las audiencias disminuyen en estas fechas, y los canales aprovechan para preparar nuevas parrillas para el inicio de curso. Se buscan formatos exitosos en otros países para traerlos a España y darles un toque local, adecuado al público de cada canal y a la realidad social del país. En el caso de los talent show o programas de telerrealidad, en ocasiones se esboza una explicación sociológica sobre la necesidad de este tipo de programas o la demanda que existe entre los espectadores.

Recientemente hemos sabido que TVE y Telecinco preparan sendos programas orientados a emprendedores en busca de financiación. TVE pretende traer a España Dragon´s Den (cueva de dragones), un formato de éxito creado en Japón y que actualmente se emite en 16 países, en el que emprendedores anónimos presentan sus ideas a un panel de inversores, que decidirán si la idea es viable y les interesa invertir en ella. Mientras tanto, Tele 5 prepara la adaptación de Shark Tank *(tanque de tiburones), otro formato similar de gran éxito en la cadena estadounidense ABC, donde los concursantes tienen 30 segundos para convencer a los inversores de que inviertan en sus proyectos. Todo ello dentro de un ascensor que sube y baja.

Cual ONG, las productoras de estos concursos ensalzan las ventajas de ambos formatos, cuyo objetivo es “fomentar la cultura y el espíritu emprendedor en nuestro país (…) para potenciar la creación de empresas, y por lo tanto la generación de empleo, tan necesario en nuestro país”, según publica esta web.

En principio, este tipo de concursos podría traer a nuestras pantallas algunos aspectos positivos, como el fomento de la sana competencia, el estímulo por superarse o el afán de mejora, valores que tan bien ha transmitido siempre el deporte. E incluso hay quien considera que estos programas pueden contribuir a la educación económica del ciudadano medio, recuperando el papel educador de la televisión, tan olvidado en nuestros días.

Sin embargo, existen otros aspectos menos positivos que conviene no perder de vista: 

  1. Dragones y tiburones: si bien TVE y Telecinco han elegido nombres muy diferentes para la adaptación de estos formatos (“Tu oportunidad” y “La incubadora”, respectivamente), más políticamente correctos, da que pensar que sus versiones en inglés se llamen “cueva de dragones” o “tanque de tiburones”, lo que deja bien claro cuál es el papel que se otorga a los inversores en estos concursos. Una concepción en blanco y negro, sin escala de grises, que sitúa a los financiadores en el lado de los “malos”, denostando el papel clave que tienen a la hora de promover el desarrollo de empresas y organizaciones. Sin olvidar a los llamados business angels, el micromecenazgo o las entidades de crédito que promueven unas finanzas con valores.

  2. La soledad del emprendedor: el objetivo de educar al público en temas económicos se contradice con la imagen del emprendedor solitario que se enfrenta a un grupo de inversores-dragones o inversores-tiburones. La economía es, ante todo, relación entre personas: ponemos nuestras capacidades al servicio de otros que, a su vez y mediante su trabajo, cubren nuestras necesidades. Las empresas y los proyectos salen adelante por el tesón de sus promotores, que encuentran socios financieros relevantes, clientes interesados por su propuesta, proveedores estratégicos con los que colaborar y otros compañeros de viaje con los que crear red.

  3. El espectáculo por encima de todo: la experiencia de concurso de talentos que tenemos en España es la de unos participantes que se exponen públicamente a ser ensalzados o ridiculizados por un jurado donde nunca falta el tirano y el graciosillo. Si las exigencias del guión lo imponen, será una lástima ver a los emprendedores confiar sus sueños a unas audiencias que premian el morbo, el conflicto y la crítica.

Confiemos en que el buen hacer de estas cadenas de televisión sepan contrarrestar estos posibles elementos negativos y que el resultado sea tan positivo como predican. Que no hagan del fracaso un espectáculo.

Fotografía de apertura: © Anna Bogatyreva/123RF.COM

*NOTA CORRECTORA DEL AUTOR: Desde Sony Pictures Televisión indican que el formato Shark Tank no ha sido licenciado en España, por lo que no es cierta la información publicada a la que enlaza este artículo que afirma su adaptación por parte de Telecinco. Pedimos disculpas.

Del campo al mercado, el valor de la agricultura de proximidad

Por: | 03 de septiembre de 2013

Por Jordi Bigues, periodista, activista y ecologista

Del_campo_al_mercado
Una exposición en los jardines del Palau Robert de Barcelona permite hacerse una idea de las implicaciones globales de la compra local y de la procedencia geográfica de los alimentos. La muestra «Del campo al mercado: el valor de la agricultura de proximidad» reivindica el valor de la agricultura de proximidad, el kilómetro cero.
 

Este artículo está redactado a partir de los datos incluidos en la exposición y algunas de las dudas potenciales que puede generar en la persona que la visita. He tomado a mano todos los datos y los he intentado ordenar para, además de la proximidad, plantear la huella agroalimentaria y la soberanía alimentaria, que está relacionada con la capacidad de abastecimiento.

En 50 años Cataluña ha perdido 500.000 hectáreas de cultivo cuando, en realidad, para alimentar a toda la población necesitaría cultivar 1.490.000 hectáreas más de las 792.425 hectáreas actuales. Entre 1998 y 2010 se han dejado de cultivar 95.000 hectáreas, lo que equivale aproximadamente a la alimentación de 300.000 personas. O, dicho de otra manera, entre 2007 y 2011 han desaparecido 4.286 explotaciones agrarias.

La superficie de cultivo considerada necesaria por habitante, para conseguir anualmente su alimentación de origen vegetal, según la exposición, es la división de la población total por la superficie de cultivo necesaria. Es decir, 0,57 hectáreas por persona o, mejor dicho, 5.700 metros cuadrados por persona y año. 

Si sumamos la superficie necesaria para cultivar los cereales y las legumbres, la huella alimentaria es de 1,45 hectáreas por persona y año en el ámbito español, según los estudios mundiales de la huella ecológica, del deterioro ecológico. Una huella muy superior a la de otros países del planeta. Por otra parte, la huella alimentaria debe incluir también la superficie necesaria para obtener carne (0,27 hectáreas) y pescado (0,41 hectáreas), lo que nos da un total de 2,13 hectáreas por persona y año en el ámbito español.

La exposición pone algunos ejemplos reveladores de superficies conocidas y su potencial capacidad de producir alimentos vegetales. En Barcelona la superficie del Paseo de Gracia, si fuera cultivada, alimentaría a 27 personas. La de la Plaza Real, a 1 persona. Si se cultivaran las azoteas de una manzana del barrio del Eixample, podrían alimentarse 2 personas. Y la superficie cultivada entre los bloques de Bellvitge alimentaría a 250 personas.

Es interesante observar el origen de los productos. En Mercabarna tan sólo el 7,6% de los productos provienen de la provincia de Barcelona (la mayoría son hortalizas). En el espacio metropolitano se produce anualmente el 11% de las frutas y el 20% de las hortalizas que consumimos. Todo el resto se importa de otros lugares de España y del extranjero.

La exposición está llena de propuestas estimulantes organizadas en tres bloques:

  1. El primero son los refranes que asocian los alimentos con el tiempo y su temporada de cosecha o plantación.

  2. El segundo sugiere y explica, detalladamente, cómo hacer conservas con alimentos del tiempo

  3. Y el tercero, qué encontrar en los mercados, mes a mes, que sea fruto de temporada. El consumo de productos de temporada está claro que ayuda a los agricultores locales y disminuye la huella ecológica por la reducción de la contaminación provocada por el transporte.

La muestra, que está abierta al público hasta el 15 de septiembre, pretende convencer sobre el interés de la agricultura de proximidad y, es más, ofrecer sus productos in situ. Se pueden comprar allí mismo productos de proximidad de lunes a sábado en los horarios de apertura del Palau Robert.

Vide-greniers: el mercadillo del pueblo y para el pueblo

Por: | 02 de septiembre de 2013

Vide_greniers
Hace unos días participé en una ciudad de Francia en un vide-greniers, que el diccionario traduce por “rastro, mercadillo o mercado de segunda mano”. La traducción aquí es pura traición. Nada que ver con nuestra cultura de mercadillo a menudo gestionada en exclusiva por los “profesionales” del sector. En Francia monta una mesa en un vide-greniers cualquier persona privada o asociación que tenga algo que revender, previa autorización de la administración competente. Después de todo, estamos en Francia, señoras y señores.

En mi caso ayudé a montar un par de stands que había reservado una iglesia del barrio. Los miembros donaron para la ocasión lo imaginable y lo inimaginable: bicicletas de montaña, cochecitos de paseo, juegos de sociedad, abrigos impermeables, pares de zapatos, vajilla desaparejada, utensilios de cocina, velas de colores, huchas en forma de pingüino, pinturas africanas, pulseras a conjunto con unos pendientes, electrodomésticos de todo orden, incluido un horno profesional, que debía de pesar sus decenas de kilos, e incluso un fregadero de piedra. Nada era nuevo pero todo era reutilizable. Muchos de esos objetos habrían acabado sus días sin más historia en el vertedero de la ciudad.

A las cinco y media de la mañana del día D estábamos ya unos cuantos plantando los caballetes y colocando las tablas que harían de mesa, y a pesar de ser horas intempestivas no estábamos solos. Tres o cuatro verdaderos profesionales del sector nos esperaban ya en la plaza vacía. Íbamos aún descargando sobre la mesa todos los cachivaches que ellos ya rebuscaban entre nuestras cajas de cartón en el suelo por si podían encontrar antes que el vecino una “perla preciosa”. Cada uno de los profesionales estaba equipado para la ocasión con una pequeña linterna. Y es verdad que a las cinco y media no se ve gran cosa a simple vista. El sol y los gallos por fin se dignaron hacer acto de presencia y tras ellos llegaron un sinfín de mujeres, sin linternas ellas pero provistas con carritos de la compra que no tardaron en llenar hasta rebosar. La mayoría nos arrebataron, como quien dice, de las manos y de las cajas en el suelo sartenes, ollas, cubiertos, bolsos, ropa de bebé y de niños. “Tengo mucha familia”, me dijo una a modo de excusa. “Lo envío a mis familiares en África”, me susurró la otra como si alguien le hubiera pedido una justificación. Y es que la mayoría de las cosas las compraban de dos en dos o de cuatro en cuatro. Y no es de extrañar. Vendíamos a 20, 30, 40, 50 céntimos la pieza. Y aun así los clientes nos regateaban el precio. Cuando se trataba de algo de calidad, fruncíamos el entrecejo y “exigíamos” 2 euros. Dos bicicletas buenas y en buen estado fueron vendidas por 12 euros las dos. Claro que a ese precio me entran ganas de escribir más bien que fueron regaladas.

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