Alterconsumismo

Sobre el blog

“El consumo es democracia. A través de lo que compras decides qué tipo de sociedad quieres. En este espacio encontrarás ideas para hacer que tu consumo sea justo y sostenible. Únete al Alterconsumismo.”

Sobre los autores

Anna ArgemíAlterconsumismo es un blog coral dirigido por Anna Argemí, periodista especializada en comercio justo, consumo responsable y alternativo. Los últimos años estuvo a cargo de la comunicación externa del comercio justo en Intermón Oxfam.

  • Marta Guijarro (Coordinadora Estatal de Comercio Justo)
  • Laura Perona (Fairtrade Ibérica)
  • Albert Cañigueral (Consumo Colaborativo)
  • Carlos Ballesteros (Universidad de Comillas, especialista en consumo)
  • Marco Coscione (Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo)
  • Anna Carrascón (Setem)
  • Álvaro Porro (revista de consumo responsable Opciones)
  • Esther Vivas (activista e investigadora en políticas agrícolas y agroalimentarias)
  • Sonia Felipe Larios (Triodos Bank)
  • Gema Gómez (Slow Fashion Spain)
  • Cristina Diago (Biocultura – The Ecologist)
  • Pilar Sampietro (periodista especializada en ecología RNE)
  • Laura Alcubilla (Economía del bien común)
  • Lidia Ucher
  • Dídac S-Costa (mercados sociales)
  • Rafael Sanchís (director de Comercio Justo de Intermón Oxfam).

Recomendamos

No al Museo; sí a la Artoteca

Por: | 28 de marzo de 2014

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Me he pateado muchos museos desde niña. Me gusta el arte pero me repatean los museos. Para mí son necrópolis de obras artísticas, una institución creada en el milenio pasado no tanto para exhibir piezas de arte como para exhibir músculo colonial y económico. Aún recuerdo a un buen amigo berlinés que se lamentaba amargamente de que su ciudad nunca podría equipararse a un París o a un Londres por la ausencia de museos con fondos artísticos de peso. No hay dinero ya que pueda pagar lo que los expolios a golpe de bayoneta consiguieron en su día para las potencias europeas. Me repatean los museos, sobre todo los Museos, porque tras intentar apreciar unas veinte obras la número veintiuno indefectiblemente acaba por empacharme, ya se trate de una Madonna del Renacimiento, de un mueble escritorio lacado del XVIII o de una figura de Apolo, por muy clásica, perfecta y apolínea que sea su belleza. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

La “museofobia” me ronda la cabeza porque acabo de visitar una artoteca, que es al arte lo que la biblioteca al libro: un espacio donde alquilar pinturas pero también cerámica, fotografías, ilustraciones, vídeos artísticos o esculturas por un tiempo determinado y a un coste bajo. La gracia del invento es que te llevas una o unas pocas piezas para exponer (y degustar) en casa durante tres meses, es decir, sin prisas ni presiones, sin empujones, sin esperas, sin colas, sin turistas, sin horarios. ¿No es un museo en realidad la banalización del arte cuando pretende que los visitantes nos demos un atracón de muchas obras de una sola tacada sólo porque a alguien se le ocurrió reunirlas todas en un solo espacio?

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Pobreza energética: ejemplo de una crisis ecológica

Por: | 27 de marzo de 2014

Por Álvaro Porro de la revista Opciones

Esta es la primera entrada del autor sobre "Lo social y lo ambiental". La segunda es "La huella del consumo: cuando pagan justos por pecadores"

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La crisis genera situaciones paradójicas, pero que nos aportan una información interesante sobre la realidad que habitamos. Una de ellas es que por primera vez parece que España está en disposición de cumplir sus objetivos comprometidos en el Protocolo de Kyoto –no superar en más de un 15% las emisiones de CO2 de 1990. Actualmente las supera en un 23%, pero llegó a estar un 50% por encima. Este resultado es debido en parte a la compra de derechos de emisión a otros países (casi 800 millones de euros), pero sobre todo al efecto de contracción económica por la crisis. Podríamos alegrarnos de los efectos positivos ambientales que está teniendo la crisis, ya que algunos indicadores por primera vez muestran descensos (producción de cemento, consumo de gasolina, generación de residuos, compra de vehículos privados...). Sin embargo, ello tiene un sabor agridulce, ya que estas disminuciones de emisiones y consumos energéticos se hacen, en parte, a costa de graves consecuencias sociales no equitativas. Por un lado, disminución de la actividad productiva, con fuertes repercusiones sobre el desempleo; por otro, recorte en la actividad pública, con graves consecuencias para los servicios públicos; y también disminución del consumo de los hogares, en algunos casos dejando de cubrir necesidades básicas y de manera muy inequitativa.

Por ejemplo, y según la Asociación de Ciencias Ambientales, este invierno más de dos millones de familias no han podido encender la calefacción porque no podían pagarla, ya que con las últimas subidas la electricidad cuesta un 80% más que hace 10 años. Este fenómeno es lo que se ha venido en llamar pobreza energética, es decir, la incapacidad de un hogar de satisfacer una cantidad mínima de servicios de la energía para sus necesidades básicas, como mantener la vivienda en unas condiciones de climatización adecuadas para la salud (18 a 20º C en invierno y 25º C en verano). Según un estudio, el 10% de la población en España sufre pobreza energética, y eso se relaciona con las mayores tasas de muerte prematura en invierno (entre 2.300 y 9.000 muertes al año, según qué porcentaje de muertes adicionales de invierno se atribuyan a la pobreza energética, frente a por ejemplo las 1.480 de los accidentes de tráfico en carretera en 2011).Una problemática que ya tiene un movimiento ciudadano organizado que la semana pasada se presentaba con una acción en una sede de Endesa.

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Documentar la Economía del Bien Común

Por: | 26 de marzo de 2014

Por Gonzalo Miranda Carrera (*) 

Entrevista La Antena en Malvarrosa

En el año 2011 mientras cubríamos para AttacTV la Universidad de verano de la red Europea Attac, tuvimos la ocasión de entrevistar a un profesor austríaco que nos habló por primera vez sobre la Economía del Bien Común. Su nombre es Christian Felber y su propuesta consistía en un modelo alternativo a la economía de mercado y a la economía planificada. Mientras realizábamos la entrevista nos dimos cuenta de que este modelo reunía en un todo orgánico y funcional un montón de alternativas ya existentes, como la idea de consumo responsable y el cooperativismo, entre otras. Pero lo más interesante es que planteaba la aplicación de valores en todos los niveles de la actividad económica. Valores que actualmente no se aplican, si bien están presentes en las constituciones de muchos países. Hablamos de la solidaridad, la cooperación, la justicia y la igualdad.

Asimismo, Felber apunta a un error de método garrafal del sistema actual para medir el éxito tanto a nivel micro-económico (balance financiero) como macro-económico (PIB). Este es: que usa indicadores monetarios. Y el dinero es, o debe ser, sólo una herramienta del sistema pero no su fin. De hecho, la Economía es la ciencia social que estudia los medios de satisfacer las necesidades humanas con recursos escasos, no la acumulación de dinero.

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¿Por qué vas al huerto?

Por: | 25 de marzo de 2014

Por Pilar Sampietro

No parece ser por falta de tiempo. Ir al huerto se nos está poniendo últimamente muy fácil. Puedes optar por el más cercano en tu terraza o balcón, a través de las mesas de cultivo, o por el huerto urbano si vives en plena ciudad, o por un huerto de ocio donde alquilar una pequeña parcela. Si tienes tierra, pero no tiempo, hay organizaciones que te la alquilan, la cultivan y comparten contigo la cosecha. Si se opta por la terraza compartida de vecinos para instalar el huerto, hay empresas que te lo cuidan y dejan en la puerta de casa lo recogido del día, para que cuando llegues puedas prepararte la cena. Alquilar gallinas y asegurarte huevos frescos cada semana o apadrinar árboles frutales son otras propuestas que nos facilitan ir al huerto aunque sea a distancia.Elogi de l'HOrt Urba (1bis)
Pero ¿por qué precisamente ahora optamos por ir de nuevo al huerto? Albert Vidal y Vanessa Prades comienzan a tener la respuesta. Son los creadores de un libro, escrito de momento en catalán, en el que reflejan las diferentes necesidades humanas que nos llevan actualmente a “ir al huerto”. El libro “Elogi de l’hort urbà” recoge sus experiencias en “Lleure Agrari”, un centro de huertos de alquiler pionero en Cataluña, y las experiencias de las personas que decidieron cultivar cada una de las parcelas del terreno. Ahí encontraron a los seguidores del Huerto Identitario: la identidad es un sendero, el huerto reafirma la identidad y la memoria para definirnos, para conocer quiénes somos. O a los del Huerto Migratorio, con las referencias de un pasado familiar rural que los lleva a cultivar especies de su infancia, huertos que revelan el origen.

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¿Y si consumimos sólo Made in Spain?

Por: | 21 de marzo de 2014

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Me he planteado la pregunta a menudo desde que vivo en Francia. Y es que nuestros vecinos apuestan por el “made in France” sin rubor alguno e incluso diría que con orgullo patrio. La banderita tricolor aparece en todo tipo de productos, desde la fruta y la verdura - bien sûr- hasta el sillín de las bicicletas pasando por las cajas de cereales y los juguetes de madera. Estos no sólo proceden de madera certificada sino también son “fabriqués en France”. La bandera republicana es tan omnipresente que cuando no la veo estampada en el packaging su ausencia me resulta casi “sospechosa”.

La cuestión ha pasado de ser un puro divagar en mi cabeza a un debate en el espacio público por obra y gracia de un joven periodista francés que ha vivido todo un año consumiendo tan sólo productos “made in France”. Benjamin Carle, que así se llama el héroe galo, quería comprobar si era posible asumir el reto con su salario de 1.800 € netos al mes, descubrir qué queda en pie de la industria francesa, y también observar qué consecuencias tendría en su vida y en su consumo. La historia de este año “100% a la francesa” se explica en un reportaje que emitió el Canal + francés el miércoles pasado por la noche.

Más allá del reto personal y del revuelo mediático me resulta interesante ahondar en los cambios que se han producido, como efecto secundario, en sus hábitos de consumo. Optar por “lo local” tendrá siempre un impacto positivo en nuestra huella ecológica. En una entrevista publicada en L'Express el periodista explica que el modo de vida francés tiene algo de “écolo” (ecológico), ni que sea porque comió alimentos locales y porque aparcó el coche -en sentido físico y figurado- una larga temporada. No es que no haya industria automovilística francesa. La hay y poderosa. Pero los coches asequibles no son los autóctonos. Confiesa el periodista que este estilo de vida aporta además una gratificación para el consumidor, algo menos medible y más intangible: “Saber que cuando consumes contribuyes al empleo de obreros que trabajan en condiciones respetables. Al menos estás seguro de no pagar un producto procedente de una fábrica que corre el riesgo de venirse abajo, como sucedió el año pasado en Bangladesh.”

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En las elecciones europeas vota por el Comercio Justo

Por: | 20 de marzo de 2014

Por Mercedes García de Vinuesa, presidenta de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo

Justicia
Que las decisiones de la Unión Europea afectan a la vida cotidiana de sus ciudadanos es algo que no hace falta recordar. Muy especialmente en los últimos años lo estamos comprobando en nuestro país. Lo que quizá no tenemos tan presente es que muchas de sus políticas también afectan a millones de personas de otros países a través de las relaciones comerciales que mantiene con ellos. Nos lo confirma el hecho de que la economía europea es la mayor potencia comercial del mundo así como el principal importador y exportador de bienes y servicios. Unas prácticas que deberían regirse por los mismos principios que inspiran el resto de políticas comunitarias.

Pero, a menudo, el comercio que desarrolla la Unión Europea se basa en un único criterio, el todopoderoso beneficio económico, cuya consecución se busca aun a costa de la explotación de las y los trabajadores, de no respetar sus derechos laborales, sus formas de vida y de producción, de recurrir a la mano de obra infantil o de la destrucción del medio ambiente.

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Día del Padre: "No quiero más corbatas, por favor"

Por: | 19 de marzo de 2014

Por Carlos Ballesteros

8948404458_ea586e29d9No sé colgar un cuadro derecho. Lo siento, soy un hombre incompleto que no sabe colgar un cuadro derecho, arreglar una bombilla o hacer una mesa con sus cuatro sillas. Me da mucha pereza ponerme ropa de trabajo, buscar un nivel y un metro y buscar el mejor sitio para hacer el agujero con el taladro. Siempre que hago un agujero en una pared, aparte del desconchón que hago en la pintura, tengo el don de encontrar justo el cable eléctrico que estaba escondido tras el yeso, partirlo, hacer que salten los plomos de casa, generar una avería mayor cuando no provocar un cortocircuito que acabe en incendio de casa. De nada me sirve el aparato que detecta la presencia de cables ocultos y ayuda a hacer el agujerito, pues para eso primero tendría que tener taladro y, claro está, un buen pantalón de trabajo de esos que tiene mucho bolsillos y un juego de herramientas todas ordenaditas, limpias, relucientes para así además tener entretenimiento los domingos por la mañana.

Al trabajo hace mucho que voy vestido de manera business casual, que es como se llama a llevar camisa y pantalón con pinzas sin caer en la ropa deportiva y los vaqueros, que no estarían bien vistos en mi trabajo. Así que no, no quiero una nueva corbata para añadir a mi colección que año tras año se incrementa y ocupa espacio en el armario. Creo que con la docena y media que ya tengo, de todos los colores estampados y tejidos posibles, me es suficiente para las escasas dos o tres veces al año que me pongo una de ellas. Tampoco suelo venir perfumado a trabajar. Como mucho uso unas gotas de colonia de esa a granel que compramos cuando los niños eran bebés.

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Por Isabel García, de Caras de la Información

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Carapao 
es el nombre, en portugués, de un pez, el jurel. Carapao es también el nombre de una marca de ropa y complementos, nacida hace unos meses, entre España y Portugal. Amparo y Marta, madre e hija, idearon este proyecto en tierras lusas evocando el recuerdo de esa manera de hacer las cosas, sin prisas, con cariño, persiguiendo el espíritu de las cosas especiales, de lo que está bien hecho y tiene alma y personalidad. Además, tenían muy claro que querían que la suya fuese una marca sostenible, que evitara métodos de fabricación masivos en países lejanos. Apostando desde el origen por una producción pequeña, artesanal, trabajando con productores locales que les ayudasen a cuidar los detalles y a sentir cada prenda como un trocito único de Carapao. Para sus creaciones utilizan materiales naturales de primera calidad: lana, seda y lino. Recientemente se han establecido en Enfant Terrible, una tienda multimarca situada en pleno corazón del barrio de Salamanca de Madrid, que apuesta por los nuevos diseñadores con alma.

¿Qué os inspiró a crear Carapao?
Tenemos una casa en Portugal y conocíamos una fábrica tradicional, muy antigua, que hacía linos. Habíamos ido muchas veces a comprar telas para hacernos ropa. Cuando regresábamos a Madrid a la gente le gustaban esos modelos porque eran diseños que no encuentras en ninguna tienda, ni las telas, ni las hechuras, esas telas son difíciles de encontrar. Es ropa muy sencilla, bastante bien hecha y las telas, de bastante calidad. Y un día se nos ocurrió ¿Por qué no hacer ropa para otros? Encontramos una costurera y comenzamos a diseñar.

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Día del Consumidor: boicotea y "buycotea"

Por: | 14 de marzo de 2014

Por Carlos Ballesteros

Gs_iwantyou-3be78Mi amiga Ana siempre me dice lo mismo: “Tú siempre dices que no celebras los 'días de' y sin embargo siempre nos mandas algún texto por correo electrónico para felicitarnos”. Y Ana tiene razón, porque cuando llega el día de los derechos de la infancia (20 de noviembre), el de la mujer trabajadora (8 de marzo), el del consumidor (15 de marzo), el del medio ambiente (5 de junio) o tantos y tantos otros en los que se celebran mundialmente cosas (claro está que con la excepción de esos días de San Gran Almacén como son San Valentín o el día del padre/madre), siempre empiezo esos correos diciendo: ”Ya sabéis que yo no celebro estos días porque creo que las cosas por las que uno cree y lucha hay que celebrarlas los 364 restantes pero aquí os mando esto para celebrarlo” y coloco a continuación un cuentecillo de Benedetti, un poema de García Lorca o una ventana de Galeano, para hacer patente que estamos vivos, que seguimos subiendo escalones y que seguimos tratando de hacer de este mundo un mundo mejor.

Pues bien, esta vez toca hacerlo subido en este blog

Así que ya sabéis que yo no celebro estos días, porque creo que las cosas hay que trabajarlas el resto del año, pero el 15 de marzo, en que se celebra en todo el mundo el día del consumidor, me apetecía compartirlo con todos vosotros y vosotras que creéis, como yo, que el mundo, nuestro mundo, tiene solución. Así que allá va para empezar esta canción de Bertolt Bretch para celebrar y para homenajear que hay personas, organizaciones, movimientos, redes y gentes que creemos en los derechos del consumidor y en sus deberes; en unas relaciones comerciales justas y que apostamos por otras compras, otros consumos, otras formas de leer las etiquetas más allá de si se lavará con agua caliente o fría o si se conservará varias semanas en el frigorífico. Es una canción que habla de precios y de arroz y de gentes y que plantea un no sé que sobre los precios de las cosas y las personas. ¡Disfrutadla! Y una vez leída, os ofrezco a continuación algunas reflexiones, pistas e ideas para celebrar juntos que somos consumidores

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Por Carlos G. de Juan, autor del blog Hacia rutas de cambio positivo, y Lidia Aroca, de Foodsharing España

Foto 1
El pasado 1 de marzo se celebró la 3ª Disco Sopa Madrileña dentro de la exposición de innovación social de
WeTraders en Matadero Madrid. El evento fue co-organizado por los proyectos Cocook y Foodsharing España. El disco sopa es un formato o modelo de evento que mezcla lo festivo con lo reivindicativo con la temática de fondo del “despilfarro alimentario”.

Como en anteriores convocatorias, hubo mucha comida sana donada que iba a ser desechada, pero que finalmente fue salvada para servir como materia prima para cocinar colaborativamente diversos platos entre los asistentes. Fue todo un festín para un aforo que superó de largo el centenar de personas. Además hubo una variada sopa musical y la presentación de proyectos relacionados con la soberanía alimentaria, la agroecología y el consumo responsable y colaborativo.

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El País

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