Cuando el vecino es un amigo

Por: | 13 de diciembre de 2016

HGV CoHousing 4
Hace tiempo ya que quería escribir sobre el cohousing o la covivienda, esta otra forma de vivir y convivir
. Se trata de grupos de personas que deciden vivir juntas, más allá del concepto clásico de pareja y familia. Pueden ser amigos o incluso extraños con quienes se decide compartir espacio, experiencias y una misma visión de la vida comunitaria. La primera vez que oí hablar del tema fue en Berlín en 2005. Por aquel entonces conocí a una joven pareja con 2 hijos pequeños que habían decidido junto con otros amigos, también padres de familia, comprar conjuntamente un terreno donde iban a construir una casa de varios pisos con espacios privados pero otros comunes, como lavandería o sala de juegos. Salía más barato entre todos comprar un terreno y socializar los gastos comunes además de ser una opción más sostenible desde el punto de vista medioambiental. Pero el objetivo de mis amigos berlineses iba mucho más allá. Querían vivir con amigos.

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La idea del cohousing nace en el norte de Europa, en Dinamarca, hacia los años 60 del siglo pasado
y con la voluntad de crear comunidad, de recuperar los vínculos entre las personas, vínculos que las nuevas ciudades y las nuevas residencias no favorecían. Es cierto que en el Norte de Europa el concepto de «familia» y de «comunidad» es menos fuerte que en el Sur y por lo tanto el deseo de «crear comunidad» es más urgente. Además de los beneficios sociales de la idea se consiguen otros también de peso, como los económicos, por el ahorro que supone, y los medioambientales. La idea danesa se extendió rápidamente por todas partes, también en España y desde hace tiempo. Incluso proliferan en nuesto país los gabinetes de arquitectura especializados en este tipo de vivienda colaborativa.

Aquí en España el cohousing suele verse sobre todo como una alternativa a la residencia para las personas mayores, una oportunidad de «vivir en casa» y a la vez no estar solo. La población mayor de 65 años aumenta cada año que pasa y la realidad es que hay pocas plazas en las residencias geriátricas y las plazas existentes suelen ser muy caras. Así que ¿por qué no optar por lo que se conoce como «senior-cohousing» o cooperativas de mayores? La asociación Jubilares, que agrupa este tipo de viviendas colaborativas para seniors autónomos, es muy activa al respecto. Asociación Jubilares

Sin embargo, las posibilidades de covivienda son múltiples, multigeneracionales, y van más allá de ser una solución de vivienda al final de la vida. Son propuestas para plantearse ya de joven otro tipo de vida, otra manera de relacionarse con «los vecinos», otra manera de vivir y convivir. Los usuarios son no sólo familias con hijos que comparten jardín y juegos, como mis amigos de Berlín, sino también por ejemplo artistas con vivienda privada pero taller compartido, o bien personas afectadas por una misma discapacidad y que se agrupan para diseñarse una vivienda adaptada a sus necesidades y una vida compartida.

Me pregunto si la vivienda colaborativa no es una solución de futuro también para luchar contra el cambio climático y salir ganando todos, nosotros y el planeta. ¿Tiene sentido que 20 apartamentos en un mismo edificio tengan 20 lavadoras e incluso quizá 20 secadoras? ¿Tiene sentido que los niños jueguen en habitaciones pequeñas, a menudo solos, en su apartamento, cuando, si se compartiera el espacio global del edificio, podría liberarse a lo mejor todo un apartamento para juegos, donde habría espacio y amigos a punta pala con quienes jugar? ¿Dónde acaba el espacio privado y dónde empieza el público y el compartido?

Si vivimos ya en unos tiempos novísimos donde hemos superado la «barrera de la confianza» y nos atrevemos a subirnos a coches de extraños gracias a Blablacar y nos alojamos en casas de perfectos desconocidos por obra y gracia de Airbnb, ¿no sería aún más sensato abrirle la puerta al vecino, al de carne y hueso, al que vive realmente en el mismo rellano, y compartir con él el taladro, la mesa y la lavadora? Y si el vecino no es santo de nuestra devoción, ¿no tiene todo el sentido del mundo que escojamos a nuestros vecinos, como en las viviendas colaborativas, para que el compartir y el convivir sean un gustazo?

Fotografías: HGV Cohousing 4 y PA160036 vía Flickr / Creative Commons

Ilustración: Asociación Jubilares

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