Apagón cultural

Por: | 16 de julio de 2012

FERNANDO RUEDA

WERT

Desde la anunciada subida del IVA del 8% al 21% de la cultura, el sector no ha parado de expresar su preocupación y su completo desacuerdo con la medida. Las reacciones están llegando desde todos los sectores: las grandes distribuidoras, las asociaciones de productores, gestores culturales y creadores, también del sector independiente y por supuesto, de los consumidores. Se habla de ceguera, de hachazo, de muerte del sector. Se anuncia el cierre del 50% de las salas de cine, de pérdida de miles de empleos, de estrangulamiento.

Si echamos una mirada a nuestro entorno europeo, lo cierto es que la situación del gravamen de IVA de la cultura es muy desigual. El acceso a actividades culturales (entradas de cine, teatro, museos o espectáculos), salvo las exenciones a centros de titularidad pública en muchos países, va desde el 3% de Luxemburgo o el 6% de Suecia, hasta el 25% de Dinamarca, o el 20% en el Reino Unido. A partir del 1 de septiembre nos vamos a situar en el pelotón de cabeza de los tipos impositivos a la cultura. Así, de un día para otro.

El caso es que esta subida en España ni se ha hecho de manera progresiva, ni viene acompañada de leyes de incentivos a la creación y el acceso, como sí es el caso en Dinamarca o Reino Unido con una larga tradición de fomento y protección de su sector cultural. Estos desequilibrios en Europa dan una clara idea de lo mucho que nos queda por hacer para proteger y fomentar la idea de identidad cultural europea. En esto tampoco existe una política común.

Este mazazo a la cultura no deja de estar exento de ironía

1. El sector cultural comparte penas con el sector de la peluquería y estética. Este es el mensaje ideológico de nuestro gobierno: La identificación de la cultura como un bien de lujo, que solo puede consumir aquel que se lo pueda permitir, y del que en momentos difíciles se puede prescindir.

2. Esta subida se hace en medio de una negociación para un nuevo régimen de rebajas fiscales con la anunciada Ley de Participación Social y Mecenazgo para incentivar la aportación de recursos al sector de la cultura. Lo poco que sabemos es que esta ley pretende equilibrar la abundancia de fundaciones y la escasez de filántropos. Seguimos esperando detalle de esta iniciativa, pero todo parece indicar que pasará a dormir en el sueño de los justos.

3. La sugerencia de nuestro Ministro Wert de que parte de la subida no sea transladada al consumidor y sea asumida por el propio sector " de la forma más inteligente y más beneficiosa para la cultura española".

4. Al fin y al cabo, tal como declaraba el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristobal Montoro sobre la series de TV española, se trata solo de entretenimiento.

La cuestión es saber si incentivar e invertir en cultura es un accesorio y un lujo que ahora no nos podemos permitir. La coordinadora del Festival de Cine Independiente de Barcelona proponía hace unos días en su blog imaginar un apagón cultural total y pensar en las consecuencias. Si cerramos salas de cine, de teatro, museos, si quemamos los libros, o hacemos desaparecer cualquier tipo de herramienta de creación artística, instrumentos musicales, plumas, óleos y pinceles, si eliminamos de las escuelas la educación artística, si apagamos los televisores ¿que pasaría?.

Ni una sola medida de estímulo y protección acompaña esta debacle. No terminamos de ser conscientes de que las industrias culturales y creativas en español son un motor de crecimiento, expansión e impulso de primera magnitud, cuyo papel en la salida de la crisis puede ser más importante que el de la hostelería o el turismo de sol y playa (sectores que mantienen el IVA reducido).

El gobierno nos ha nutrido de un nuevo argumento más para reforzar la idea de que la cultura contribuye a la generación de riqueza, en este caso para tapar agujeros bancarios.

 

 

Hay 2 Comentarios

Por encima de todo lo descrito, el problema cultural en este país radica en que no hay cultura. Las familias no se esfuerzan por educar a sus hijos en la afición por la música, la literatura, el teatro o la pintura, sino que se dejan llevar por lo más fácil: tv, y formas de ocio infantil (internet, wi, etc.).
De ahí que tengamos generaciones de muchachos con carrera pero sin cultura, desconocedores de hechos históricos, escuelas pictóricas, etc
Cuando leo estas cosas, me vienen a la mente esos que dicen que los libros cuestan caros, pero luego se toman 8 cubatas el sábado. Curiosamente, lo dicen quienes no leen.

Honestamente, a mí no me preocupa un "apagón cultural" como el que se describe y paso a explicar por qué.
Se engloba como cultura a toda una industria comercial del entretenimiento que abusa del concepto y sus beneficios para puro lucro, como muchas fundaciones que se constituyen casi exclusivamente para beneficiarse de exenciones y otras cuestiones económicas.
La verdadera cultura se mantuvo sumergida (como siempre) en una marginalidad que debe ser ejercida más como pasatiempo vocacional, que como posible profesión o actividad principal. Por esta razón, POCO O NADA le afectará que se blanquee impositivamente a las actividades del esparcimiento (didáctico o no) y hasta es posible que le beneficie; ya que "a falta de pan..." (encarecimiento y escasez de esparcimiento convencional) bastantes prestarán atención a la otra, la vocacional, constantemente desamparada por gobiernos y mecenas o filántropos.
Beethoven ¿contó con beneficios impositivos? ¿Leonardo Da Vinci? ¿O Cervantes Saavedra, Tolstoi? ¡Ni Saint Exupery tuvo esos "privilegios"!
No niego dos detalles:
a) Que el mero esparcimiento insustancial TAMBIÉN es una necesidad en los tiempos actuales de tanta alienación.
b) Que tal medida, tan abrupta, probablemente genere aún más desempleo y sea como añadir leña al fuego de los caldeados ánimos sociales.
Pero me parece un error hablar de cultura cuando, el grueso, no son más que actividades casi parasitarias que abusaron y mantuvieron anémicas a las verdaderas y más útiles actividades culturales.
Por otra parte, si analizamos objetivamente a la argumentación e idea base de la "ley de mecenazgo", como idea o intención es tan sensata como válida, por más que tampoco estoy muy de acuerdo con la misma, ya que los más adinerados DIFÍCILMENTE se interesen por ser filántropos o mecenas, ya que en su mayoría "sólo saben hacer dinero" y ES RARÍSIMO hallar alguno que realmente sepa reconocer "arte" válido o lo que verdaderamente es cultura, ya que se rigen por esquemas mentales del propio ámbito de "lucir lo que está de moda" o imponen los pícaros especuladores del ámbito cultural como "máximo" del género que fuere.
En otras palabras: Tanto el mecenazgo como la filantropía reales o naturales (no forzadas por colectas donde se ostenta "quién puso más" o "no quedar mal con" o "ante" determinadas personas) surgen únicamente de EDUCACIÓN en una mentalidad y criterio que comprende lo que realmente es "edificante" (cultura) y la necesidad de apoyar económica y altruistamente a quienes lo intentan por natural vocación y talento.
Por todo esto considero que, se tomen las medidas que se tomen, la verdadera cultura continuará anémica e inmersa en una marginalidad social y pública, mientras no se eduque (cree consciencia auténtica de su necesidad) en la población general, especialmente en los más adinerados y encumbrados en lo social.

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