¿Dónde están los partidos políticos?

Por: | 10 de octubre de 2012

RUBÉN RUIZ-RUFINO

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Si alguien me preguntara por un único motivo por el que defender la democracia mi respuesta sería contundente: es el método de organización social que desactiva de forma más eficaz el conflicto social a gran escala. Esto no quiere decir que las democracias sean bálsamos de aceite donde reina la paz absoluta: exiten ejemplos muy significativos de regímenes democráticos donde la violencia es frecuente. En estos casos, sin embargo, los conflictos están o bien geográficamente concentrados en una parte concreta del territorio nacional o tienen que ver con disputas con algún otro país. Pero es poco frecuente encontrar altos niveles de confrontación social en regímenes con largos periodos democráticos e incluso aún más extraño observar un conflicto bélico entre dos democracias bien asentadas.

Una razón que explica la capacidad de las democracias para apaciguar las tensiones sociales tiene que ver con su propio funcionamiento. La alternancia en el poder de distintas visiones de entender y organizar la sociedad se convierte en uno de los mecanismos más eficaces para erradicar conflictos entre la población. En este juego de alternancias, los partidos políticos juegan un papel fundamental en cuanto sirven de altavoz a las demandas de los ciudadanos. Tener partidos fuertes, organizados y próximos a la gente es un síntoma de buena salud democrática. Cuando esto no ocurre, el desapego por la política aumenta. Pero hay más, estos problemas se multiplican cuando además hay una crisis económica con efectos devastadores para la población.

Gráfico: La satisfacción con la democracia y la confianza en los partidos políticos

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Los datos de la Encuesta Social Europea hablan por sí solos. Si atendemos a los niveles de satisfacción con la democracia entre 2002 y 2010 en países con economías fuertes como Francia, Alemania o Noruega, la valoración del funcionamiento de la democracia oscila entre 5,42 y 5,43 en una escala del 0 al 10. Una diferencia nada significativa. Sin embargo, en países con economías más frágiles y vulnerables como Grecia, Irlanda, Portugal, Italia o Españas las diferencias son más grandes. En 2002, la satisfacción con la democracia era de 5,2 y en 2010, en plena crisis, la valoración es de 4,2. En esta relación, la economía es importante, pero no lo explica todo; el diseño institucional también es relevante. Tal y como muestro en el gráfico, la confianza en los partidos políticos y la satisfacción con el gobierno sirven para explicar por qué unos ciudadanos están más satisfechos que otros con la democracia una vez tienes en cuenta el estado de la economía. La conclusión del gráfico es clara: tener partidos políticos en los que confiar genera mayores niveles de empatía con el funcionamiento democrático con independencia de cómo lo haga el gobierno. O dicho de otra manera, la política es importante si se quiere tener ciudadanos satisfechos con la democracia.

Esta conclusión es relevante y tiene que ver la reflexión con la que iniciaba este post: cuando las instituciones que facilitan la representación política son fuertes, el desapego ciudadano es menor y los niveles de conflictividad se reducen. Los partidos deberían prestar más atención a los ciudadanos. El movimiento 15M y las manifestaciones del 25S se pueden interpretar como un clamor de que la paciencia de los ciudadanos con los partidos se está acabando. Que esto ocurra depende de nuestros representantes políticos y de su capacidad para hacer suyas las demandas de los ciudadanos. O sea, que los partidos políticos hagan su trabajo.

Hay 5 Comentarios

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La respuesta es sencilla, los dirigentes políticos, no los partidos, están, en su mayoría, en los contenedores de basuras. Desgraciadamente, esos farsantes usan las "ideas sociales" como simples tapaderas de sus conductas corruptas. Y como son los que gobiernan hacen las leyes a la medida de sus intereses personales. Ya lo dice el viejo adagio... el que hizo la ley hizo la trampa.

Es que los partidos no tienen ninguna tendencia a satisfacer a los ciudadanos, y eso no cambia aunque los políticos intenten hacer las cosas bien, ni cambiando los políticos. Toda mejora de las condiciones políticas viene de la concienciación de la ciudadanía de sus derechos e intereses y que se los exijan a los políticos, cosa por cierto fácil en las democracias, si uno no se deja lavar el cerebro por los medios, que son de quién son (aunque alguno simpático sí hay). Los políticos no son nuestros papás, y no se puede votar a un partido como quién anima al equipo de fútbol favorito. Tenemos que hacernos cargo de nuestro destino, y eso sí, se implementa a través de la política.

El trabajo de los partidos, el único, es ganar su parte del pastel electoral. Puesto que las pertenencias políticas son más bien una adhesión emocional/irracional, una parte del electorado SEGUIRÁ VOTANDO "A LOS NUESTROS", hagan lo que hagan y sean quienes sean. Esto es un incentivo perverso: la lucha política es por una parte del menguante pastel. El PSOE puede llegar al 25% de los escaños, la lucha no será por ofrecer algo a los ciudadanos sino por un trozo de ese 25 que se consigue en la disputa interna. ¿Alguien puede explicar cómo llevan más de 20 años perdiendo en Madrid?.
La democracia representativa actúa cada 4 años y es demasiado simple para manejar una situación compleja como la actual. ¿Qué precio pagará Rajoy por hundir, dejar sin esperanzas y sin futuro a una generación de españoles?. Perderá las elecciones... no me haga usted reir, esto es para llorar.

Para empezar, una pregunta: ¿quién está interesado en “tener ciudadanos satisfechos con la democracia”? ¿Y por qué está interesado? Las respuestas a estas dos preguntas son fundamentales.


Es posible que los interesados en “tener ciudadanos satisfechos con la democracia” no sean buena gente. Es posible que deseen “tener ciudadanos satisfechos con la democracia” por intereses opuestos a los de los ciudadanos. Y es posible que conseguir “tener ciudadanos satisfechos con la democracia” no signifique necesariamente que a los ciudadanos se les facilite un régimen democrático, sino sólo un régimen que se llame Democracia. No es lo mismo.


Si el trabajo de los políticos fuese representar los verdaderos deseos de los ciudadanos (y digo “deseos” en lugar de ”intereses” porque éstos son interpretables, lo deseos no: basta con preguntar al interesado), sean éstos los que sean, sin cuestionarlos, entonces podríamos acercarnos a un régimen democrático. Pero desde el momento en que los partidos representan a otros intereses, que es lo que sucede en España, nos alejamos del régimen democrático.

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