OLGA SALIDO
Durante los últimos cuatro años, la crisis ha descabalgado de forma abrupta a la economía española del fuerte ritmo de crecimiento que venía sosteniendo desde mediados de los noventa. Ello se ha traducido en un deterioro creciente de la situación financiera de los hogares y de su capacidad de gasto y consumo, lo que a su vez revierte, cual pescadilla que se muerde la cola, en un mayor enfriamiento de la economía. La situación no es ajena a las políticas que a instancias de Bruselas están siguiendo los países europeos, con España, cual alumna aventajada, a la cabeza. La austeridad se ha convertido en la palabra mágica que invocan nuestros dirigentes para conminar a todas las fuerzas en el remedio de la crisis. No obstante, la situación no ha hecho sino empeorar a lo largo de estos años. Las fuertes medidas de ajuste fiscal introducidas no sólo no han conseguido el objetivo de corregir el elevado déficit público y estimular el crecimiento, sino que están sumiendo a nuestra economía en una profunda recesión de la que costará tiempo salir.
Como consecuencia, no sólo la cifra de desempleados se ha multiplicado por tres con respecto a 2007, hasta alcanzar la cifra de 5.778.100, sino que la incorporación al empleo resulta cada vez un reto mayor para los desempleados. Si el estallido de la burbuja inmobiliaria puede ayudarnos a comprender cómo la cifra de parados se multiplicó por dos en los primeros momentos de la crisis, hasta alcanzar la cifra aproximada de 4 millones de parados a finales de 2009, es la contracción de nuestra economía, alimentada por la presión fiscal, la dificultad del flujo de crédito y el deterioro de la capacidad de consumo de los ciudadanos, la que da razón de la creciente dificultad de los desempleados para reincorporarse al empleo. De acuerdo con la EPA, los flujos de personas que van desde el desempleo a la ocupación, habrían pasado del 23,5% en el primer trimestre de 2009 al 15,4% en el tercer trimestre de 2012. La reforma laboral está teniendo, cuando más, un efecto limitado desde el punto de vista de la creación de empleo, pero muy relevante desde el punto de vista de su destrucción selectiva: los trabajadores con contratos temporales -en muchos ocasiones jóvenes e inmigrantes- son los que están protagonizando el "ajuste", dando lugar a una reorganización profunda del panorama del empleo.
Por último, la crisis está teniendo un efecto devastador para la economía real de los hogares, reduciendo de forma importante la capacidad de gasto y de consumo de los ciudadanos. En conjunto, entre 2007 y 2011 la renta de los hogares, ajustando a la inflación, disminuyó un 13,4% en términos reales, mientras que en los cuatro años previos había acumulado un crecimiento del 5,9%. Ninguna otra crisis en la historia reciente de nuestro país ha provocado un deterioro tan profundo de la capacidad económica de los hogares. Los hogares encabezados por jóvenes son los que están sufriendo de manera más cruda el impacto de la crisis. Junto a ellos, los hogares monoparentales y aquellos en los que existen niños, son los que tienen una situación más vulnerable. Sólo los mayores de 65 años han mantenido hasta el momento su poder adquisitivo, una situación que probablemente cambie en el futuro inmediato si continúan las medidas de "racionalización" del sistema sanitario y el ajuste de las pensiones. Mientras tanto, las grandes fortunas reciben un trato favorable para volver al "redil" de la fiscalidad, eso sí, tras una amnistía fiscal que bordea la ley para premiar a los grandes evasores de capital.
Las políticas de ajuste del gasto se está realizando con escasa sensibilidad social, limitando derechos y deteriorando hasta el extremo las condiciones de vida de los ciudadanos. La gran pregunta es si este viaje a la austeridad nos lleva a un lugar habitable, en el que la lógica social se organice de acuerdo con los principios de justicia y equidad, y donde los ciudadanos disfruten de unos niveles adecuados de bienestar. Tal vez al final del viaje alcancemos el ansiado objetivo de estabilidad presupuestaria y recuperemos la confianza de los mercados y, con ello, el dinamismo de nuestra economía, pero es posible que en el camino nos hayamos dejado algunos elementos clave que garantizan la cohesión y legitimidad de nuestro sistema social y político. Pero esa, claro está, es sólo una posibilidad.
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Hay 2 Comentarios
Estoy de acuerdo contigo en que el control de gastos se está aplicando de tal forma que se dejan al margen los temas sociales y humanitarios.
Pero las soluciones que se alejan de la austeridad son muy escasas y con pocas garantías. Mejor dicho: con incluso menos probabilidades de éxito que si no se recorta.
En el punto máximo de la burbuja (justo antes de que estallase) la inversión en el futuro de España fue máxima. Sin embargo, poco queda de aquellas ambiciones: casi ninguno de los proyectos ha servido para apaciguar el enorme gasto.
En mi opinión, la falta de austeridad sería la repetición del mismo error: no eliminaríamos deuda y aumentaría el capital invertido en más proyectos.
Me explico mejor en mi blog:
http://www.visionesdelpais.blogspot.com.es/
Publicado por: DCPE | 03/02/2013 20:40:09
No decían en Latinoamércia que España es la Madre Patria?? A ver si nos lo hemos tomado tan en serio, que hemos decidio también ser ejemplo en corrupción, vamos que para una cosa que se les daba bien a ellos les hemos tenido que quitar el mérito. Hemos llegado como siempre los guachupines tan sabelotodos y en unos añitos resulta que somos más corruptos que Venezuela, México y Ecuador todos juntos... No si aun nos tocará vivir un Corralito... Al fnial la historia siempre se repite porque los Austrias me da a mi que no se diferenciaban tanto de los Bribones, ay Borbones (este teclado está fatal)
http://diariodeunacleptomana.blogspot.com.es/2013/01/un-amor-para-el-recuerdo.html
Publicado por: Diario de una cleptomana | 09/01/2013 11:28:50