Sobre las bondades y peligros de la descentralización

Por: | 14 de febrero de 2013

SANDRA LEÓN

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A menudo la descentralización del poder ha sido defendida como una suerte de panacea para aliviar distintos tipos de males institucionales y políticos. Ha sido impulsada como una solución institucional para mejorar la eficiencia económica en la provisión de políticas públicas o para aumentar la estabilidad política en estados con divisiones étnicas, culturales o lingüísticas. También se le atribuye una mejora del control de los gobiernos porque multiplica los ámbitos de decisión y de participación política y acerca las administraciones a los ciudadanos.

La pregunta que surge entonces es ¿cumple la descentralización con los beneficios que se le atribuye? Como se analiza en el último número de Política Comparada, no hay respuestas mágicas a esta pregunta. Los efectos de la descentralización sobre la eficiencia económica y la estabilidad política dependen del tipo de descentralización de la que hablemos, de su diseño específico y de las condiciones socioeconómicas del país en el que se implementen (como la distribución de los grupos étnicos, las desigualdades económicas interterritoriales o con las características de la competición política).

En primer lugar, muchos de los supuestos sobre los que se han construido las teorías respecto a la eficiencia económica de la descentralización no se cumplen. En esos modelos se asume que existe una amplia descentralización fiscal, es decir, que los gobiernos subnacionales son las principales administraciones encargadas de recaudar y gestionar los impuestos. Sin embargo, la financiación de los gobiernos subnacionales suele depender fundamentalmente de transferencias del gobierno federal y en mucha menor medida de fuentes de ingreso propias. En esta situación los gobiernos regionales tienen pocos incentivos para comportarse de una manera fiscalmente responsable y la evidencia empírica muestra que este diseño puede desembocar en niveles excesivos de déficit y de deuda en el nivel subnacional.

En segundo lugar, los países con mayor grado de diversidad étnico-cultural suelen tener niveles de descentralización más elevados, pues ésta permite mantener la integridad territorial del Estado y al mismo tiempo reducir las tensiones secesionistas mediante la creación de órganos de autogobierno para las minorías étnicas. Sin embargo, la descentralización también puede desembocar en un aumento de los conflictos territoriales. El autogobierno puede disminuir el deseo de una determinada región de ser independiente, pero al mismo tiempo refuerza el poder de las élites regionales (legislaturas, medios de comunicación, financiación, medios de seguridad) que pueden disminuir el coste de movilizar a la población en torno a demandas de mayor autogobierno o secesión.

Por último, existen dos factores que pueden lastrar el control de los gobiernos en países descentralizados. Uno es que las elecciones subnacionales dependan habitualmente de las dinámicas de la política nacional. Si el futuro de los líderes territoriales depende más de las dinámicas de la política nacional que de lo bien o mal que lo hagan mientras están en el gobierno, existen pocos incentivos para seguir las preferencias de los votantes.

El segundo factor que erosiona el control de los políticos es la falta de claridad de responsabilidades. Cuando los ciudadanos no tienen claro qué nivel de gobierno es responsable de qué, la valoración de las condiciones económicas o políticas puede tener un impacto menor en la supervivencia de los gobiernos que en ámbitos donde las responsabilidades están más claramente definidas. En España, por ejemplo, las responsabilidades del gobierno central y de los ayuntamientos se aproximan bastante bien al reparto real de competencias. Sin embargo, el porcentaje de ciudadanos que perciben a las comunidades autónomas como principales responsables de la sanidad y la educación es relativamente bajo y los datos de opinión muestran que este conocimiento no ha mejorado a lo largo del tiempo.

Hay 4 Comentarios

Que después de leer esto, haya que escucharte como una victima del sistema universitario español en la SER, lo que me sorprende es que llegases a ser doctora y te dejasen dar clase. Este artículo ni siquiera llega a la penosa elaboración de lo obvio. A ver si fuera te pones un poco las pilas y coges rigor.

Los extremos se tocan... tan malo es el exceso de centralización como el exceso de descentralización. Lo primero conduce a las tiranías, y lo segundo, al caos que derrumba la pirámide de la estructuras económicass, sociales y políticas. Un simple ejemplo, si cada región de España fuese un estado independiente, todos, sin excepción, serían una simple caca de perro en la politica internacional, o sea, simples colonias de las grandes potencias que rigen el Mundo.

La descentralización de nuestro país ya es una realidad y parece que solo puede ir a más.

Un saludo

El problema de descentralizar es el de siempre. Si descentralizas lo que quitas también es el control. Cedes competencias y cedes controles. Y ahí viene el problema.
http://www.menfoodspain.com

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