Las lecciones de Chipre

Por: | 29 de marzo de 2013

ENRIQUE AYALA

Post29marz
    Después de años en los que se conocía la situación insostenible del desproporcionado sector bancario chipriota, además de sus prácticas poco ortodoxas en cuanto al control del origen de los fondos, y cercanas a un paraíso fiscal, el 16 de marzo el Eurogrupo y la troika (FMI, BCE y Comisión Europea), dieron a luz una propuesta de rescate bancario para el país mediterráneo completamente descabellada, en la que se exigía la participación de los pequeños ahorradores mediante una quita de los depósitos bancarios incluidos los de menos de 100.000 euros, que están garantizados por la propia Unión Europea. Afortunadamente, el parlamento de Nicosia rechazó tamaña barbaridad y el asunto volvió a la mesa de negociación entre protestas de inocencia de todos los participantes.
     La justificación de la troika para exigir la participación en el rescate de accionistas, bonistas y depositantes de los  bancos afectados - algo que no se ha requerido en los rescates bancarios de Irlanda o España - es que no deben ser los contribuyentes los que paguen los platos rotos, sino los que han originado el problema. Este es un argumento demagógico y espurio porque ni en ningún caso los depositantes pueden ser considerados causantes del problema, ni son los contribuyentes chipriotas los que van a poner el dinero del rescate, sino los demás socios comunitarios, en una cantidad mucho menor que en los otros casos citados y , además, recuperable en su totalidad en condiciones normales. Lo que esconde esta nueva línea de acción es la creciente insolidaridad comunitaria y la necesidad para algunos gobiernos europeos de presentar ante sus electores una posición de dureza.
     Es inevitable pensar que una vez más han prevalecido ciertos intereses nacionales, especialmente los de los países acreedores. En Alemania, los medios sensacionalistas, cuya eurofobia empieza a ser verdaderamente preocupante, han presentado el rescate a Chipre como un mal negocio en el que los honrados y trabajadores alemanes tendrían que salvar con su dinero los fondos de dudoso origen de ciertos oligarcas rusos que habían recibido el triple de intereses por sus depósitos que los propios alemanes y habían pagado una tercera parte de sus impuestos. El efecto de este enfoque sobre una opinión pública, ya fatigada por rescates anteriores, es demoledor, y no ha podido ser obviado por  Merkel a seis meses de las elecciones generales, especialmente teniendo en cuenta que el rescate tiene que pasar por el Bundestag donde la canciller puede encontrarse con dificultades en su coalición, e incluso en el seno de su propio partido. Solo unas condiciones severas, y sobre todo que perjudicaran de alguna manera a los impositores rusos, podían salvar la cara al gobierno alemán.

 

    El resultado final de esta confluencia de intereses ha sido una solución traumática, y probablemente innecesaria a la vista del relativamente reducido coste global del rescate (entre 10.000 y 20.000 millones de euros), que incluye la liquidación del segundo banco del país, la pérdida de valor - en algunos casos total - para accionistas y bonistas, la quita (aun por cuantificar) a los depósitos de más de 100.000 euros, además de la restricción temporal de la disponibilidad de efectivo (corralito) y de la libre circulación de capitales con otros estados miembros. Algo impensable en la Eurozona hasta ahora, que no había sucedido ni siquiera en Grecia, y que lógicamente ha devuelto a los mercados financieros el miedo hacia la inestabilidad del euro.
     Finalmente, para terminar de arreglarlo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo desde enero, declaró al Financial Times,  en un ejercicio de torpeza e imprudencia política, que la solución de Chipre - la quita en los depósitos bancarios - es un ejemplo a seguir, es decir que podría aplicarse a otros casos en el futuro. Justo lo que  hacía falta para desactivar la crisis y tranquilizar  a los mercados financieros. La gestión de Dijsselbloem en todo este asunto ha sido desastrosa. Parece que vamos a echar mucho de menos como presidente del Eurogrupo a Jean-Claude Juncker, uno de los líderes políticos europeos -y europeístas – que más necesitamos en estos momentos.
     A pesar de la rectificación posterior del gabinete de Dijsselbloem, diciendo que el caso de Chipre es único, lo cierto es que la Comisión Europea está trabajando, junto con el Parlamento y el consejo en una directiva de liquidación bancaria (prevista en principio para 2018) que no excluiría la aportación de los depositantes de más de 100.000 euros, además de los accionistas y bonistas de los bancos insolventes. En su reunión del día 26, Rajoy y Hollande se han mostrado contrarios a esta solución, mientras que al parecer Alemania y Holanda quieren acelerar su entrada en vigor. En fin, como siempre, contradicciones, rectificaciones,  indecisiones, dudas, una ceremonia de la confusión que no termina de definir una vía clara de solución de la crisis y mantiene la incertidumbre sobre el futuro de  las instituciones financieras europeas y de la moneda única.
     Parece que la Unión aprende poco de los errores, a la vista de cómo se han ido desarrollando las sucesivas fases de la crisis y los distintos rescates, y en todo caso lo hace tarde y duda en aplicar las lecciones aprendidas. El episodio de Chipre debería servir para poner de manifiesto una serie de evidencias - o más bien para ratificarlas - , que difícilmente podrán ser eludidas en el futuro por las instituciones comunitarias y por los estados miembros, si realmente queremos terminar algún día con esta pesadilla. Éstas son algunas de ellas:
1. Una moneda única requiere un sistema bancario único. Es necesario poner en marcha cuanto antes la unión bancaria, aprobada por el Consejo Europeo en junio del año pasado, pero no una limitada a la supervisión de los bancos sistémicos, como ha conseguido imponer Berlín por ahora, puesto que eso implicaría la existencia de dos clases de bancos en la Unión, con garantías diferentes. La supervisión única generalizada aplicaría además, efectivamente, a todos los bancos las mismas normas sobre blanqueo de capitales. Por otra parte, la unión no debe limitarse a la supervisión, sino que debe ser completa, con un mecanismo de liquidación único y un fondo común de garantía de depósitos, ya que solo así se lograría la credibilidad y solvencia de todas las instituciones financieras.
2. Se necesitan reglas claras y estables. El rescate de los bancos irlandeses y españoles se hizo con unas normas. El de los chipriotas, con otras. La Comisión estudia un mecanismo de liquidación que se parecería al de Chipre, pero la unión bancaria por su parte prevé la refinanciación directamente por el MEDE de los bancos en dificultades, lo que podría evitar su liquidación ¿Cuándo se aplicaría una receta u otra? ¿Quién lo decidiría? La incertidumbre es lo más negativo para los mercados financieros. Es imprescindible tener unas reglas conocidas, transparentes, y permanentes aplicables a todos los casos similares, para dar seguridad a inversores y clientes.
3. La armonización fiscal es ineludible y urgente. La existencia en el seno de la Unión de países con un impuesto de sociedades anormalmente bajo, como Irlanda o Chipre, ha provocado - además de efectos adversos para otros países - un hiperdesarrollo bancario que ha conducido a crisis de extrema gravedad para la moneda única. El desarrollo de los estados miembros que más lo necesiten debe hacerse a través de transferencias directas, como los fondos de cohesión, o de ayudas a la reactivación económica, y no permitiendo un dumping fiscal que distorsiona el mercado interior y produce inevitablemente burbujas financieras. La homogeneización impositiva es una tarea pendiente e ineludible.
4. Los mecanismos de decisión deben ser transparentes. Lo peor para los que van a perder parte de sus inversiones en los bancos chipriotas – como para los habitantes de otros países rescatados – es no saber exactamente quién ha decidido su desgracia, y no tener ninguna posibilidad de hacérselo pagar. La sensación de que alguna o algunas capitales tienen un poder de decisión superior a otras, es inevitable. Ninguno de los miembros de la troika ha sido elegido democráticamente. Se da la paradoja de que la única institución europea elegida por los ciudadanos, el Parlamento Europeo, no opina sobre los rescates comunitarios, mientras que el Bundestag sí lo hace. Sin mecanismos de decisión transparentes y democráticos, los recortes no pueden ser comprendidos ni aceptados por los ciudadanos.
5. El Euro tiene que legitimarse. Desde la entrada en vigor de la moneda única, en lugar de producirse una convergencia entre los países que la han adoptado, se ha producido una creciente divergencia. Los países más ricos son cada vez más ricos, y los más pobres cada vez más pobres. Podemos echar la culpa a quien queramos, probablemente no hay nadie inocente, pero la realidad es que unos han salido beneficiados y otros perjudicados. Muchos en Chipre echan de menos ahora la libra chipriota. Y su sentimiento no es exclusivo. Si no se cambia de política, si el euro no sirve para cohesionar, para hacer que los estados miembros menos favorecidos se acerquen progresivamente a los más prósperos, el futuro de la moneda única es bastante incierto, y con él el de la propia Unión.

 

Hay 4 Comentarios

La clase política, en este siglo XXI, se ha convertido en las supuestas democracias en un grupo de payasos, de farsantes, y de mangantes. A nadie engañan con su eterno bla bla... Con lo fácil que sería prohibir los paraisos fiscales, encarcelar a los corruptos, y eliminar tanta burocracia que solo sirve de tapadera para enchufar a los amiguetes y familiares en la pirámide administrativa de direcciones, secretarías, oficinas y despachos.

A mi juicio, ningún problema puede resolverse bien si no se conoce bien. El origen del problema se encuentra en un incorrecto funcionamiento del sector financiero, falto de una adecuada regulación, sin menospreciar el flujo de capitales con sus movimientos especulativos y paraísos fiscales.
¿Por qué tienen que recaer sobre los ciudadanos de menor poder adquisitvo toda la culpa? ¿por qué no se procede a estudiar de qué forma se puede regular el sector financiero para evitar futuras crisis? ¿por qué no se aplica la tasa de Tobin para minimizar los movimientos especulativos? ¿por qué no se ha buscado la forma de evitar la existencia de parísos fiscales? Ya sé que se me puede calificar de populista por hacer estas preguntas. Pero lo que se está haciendo -y perdonen la expresión- es un crimen contra la humanidad, más cuando existen otras soluciones, solo falta voluntad y valentía.
Es absurdo pensar que se puede reslver el problema a través de quienes fueron la causa.
Un saludo

Craso error en CHipre, Ya nadie les depositara ni un centimo, y sera peor el remedio que la enfermedada.
http://www.antoniolarrosa.com .

Se pide igualdad en prosperidad. Pero nadie habla de igualdad en austeridad de sus gastos públicos, nivel de vida de sus banqueros y políticos y en Capacidad, eficacia y ganas de trabajar. Hay países que quieren ser iguales viviendo como golfos, a costa de otros.

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