Venezuela y el futuro del Proceso de Paz en Colombia

Por: | 19 de abril de 2013

ERIKA RODRÍGUEZ PINZÓN

Ariana_cubillos


La relación entre Colombia y Venezuela, es muy estrecha, a pesar de la distancia ideológica que divide a sus gobiernos. Los dos países comparten historia, cultura y lo más relevante una frontera continua de 2219 kilómetros, en la que las poblaciones y economías se fusionan inextricablemente. Tan unidas están que de uno y otro lado han vivido una historia de abandono estatal por parte de los gobiernos de los dos países. Por eso, todo aquello que acontece en uno de los dos países inevitablemente afecta al otro y el conflicto armado colombiano, tan ligado a la historia de la inoperancia del Estado no ha sido una excepción.

Las guerrillas colombianas FARC y ELN así como los grupos paramilitares han hecho presencia en la frontera, bien atraídos por la posibilidad de conseguir recursos extorsivos del petróleo, bien porque la larga frontera es en buena parte un territorio de difícil acceso y control en el que podían refugiarse con seguridad.

El Bolivarianismo, esa fusión de nacionalismo, antimperialismo, socialismo y populismo que abanderó Chávez, fue asumido como propio por las FARC. Así, la relación entre los gobiernos de Bogotá y Caracas se fue haciendo más inestable, pues Venezuela reconocía la beligerancia del grupo guerrillero mientras el expresidente colombiano, Álvaro Uribe, insistía en negar la existencia de un conflicto armado. Sin posibilidad de acuerdo la relación bilateral se convirtió en una batalla de acusación de connivencia con la guerrilla que por poco y lleva a los dos países a un enfrentamiento armado cuando Venezuela asumió como propia la afrenta que significó un bombardeo contra la guerrilla en suelo ecuatoriano.

La situación giró radicalmente con el cambio de Presidente en Colombia, Juan Manuel Santos, optó por el pragmatismo, reabrió la frontera, consiguió reanimar el menguado comercio bilateral y la buena relación entre los dos gobierno permitió una cooperación policial que ha permitido hechos tan notables como la captura del reconocido como mayor capo del narcotráfico colombiano en  territorio venezolano.

 

Así, se abrió un nuevo periodo para las relaciones que a su vez favoreció el inicio de los Diálogos de Paz que adelanta el actual gobierno colombiano. En ese sentido, es claro que Santos tenía preparada una estrategia que ha venido desarrollando matemáticamente, en la que se incluía marcar una notable distancia con su antecesor en el manejo del conflicto para ir tendiendo puentes con la guerrilla y por el otro, mejorar la relación bilateral a sabiendas de que el apoyo venezolano resulta absolutamente imprescindible si se piensa en la desmovilización de las FARC. El Plan de Santos probablemente anterior a su llegada al Palacio de Nariño es pasar a la historia como el presidente que consiguió la paz con las guerrillas. Un objetivo que por lo visto acariciaron todos los mandatarios colombianos desde finales de los noventa, variando, eso sí, en los métodos.

No es banal preguntarse por la verdadera necesidad del apoyo venezolano y por las condiciones del mismo. Para responder a esa cuestión hay que contextualizar los actuales diálogos de paz. La negociación con las FARC pasa por su tercer intento el primero de ellos en 1982, se vio marcado por el exterminio del sector político más cercano a las FARC, la Unión Patriótica. Las más de dos mil víctimas de dicho exterminio, incluían dos candidatos a la presidencia. Ese trágico precedente hace que la negociación con la guerrilla este marcada por la desconfianza.

El segundo intento fue la negociación en el Caguan entre 1998 y 2003. Andrés Pastrana abrió una mesa de negociación sin una agenda clara. El proceso se internacionalizó, se hicieron giras por Europa y el Caguan se convirtió en una suerte de lugar de peregrinación para un dispar grupo de suplicantes (desde senadores norteamericanos, hasta todo tipo de grupos de la sociedad civil, pasando por multinacionales y empresarios). Tres años después el proceso se rompió y el presidente que antaño pedía se recibiera a los emisarios de la guerrilla de pronto pedía al mundo que en su nueva denominación de terroristas (que desde luego no era gratuita) les cerraran todas las puertas. Hecho que ciertamente dejo desconcertados a no pocos países facilitadores del proceso.

Venezuela se convirtió en uno de los pocos países que mantuvieron interlocución con las FARC, así, mediaron la liberación de varios secuestrados y mantuvieron la confianza de la guerrilla para la cual ahora representan un respaldo en el proceso de paz. Por un lado Venezuela puede actuar como mediador en el caso de que se presenten problemas graves en el proceso y por el otro porque ante un posible acuerdo que llevara a las FARC a convertirse en fuerza política el país andino seria una suerte de verificador del cumplimiento de los acuerdos, que desalentara un nuevo escenario de guerra sucia.

La importancia del papel de Venezuela, se hizo más relevante en este último y breve periodo de campaña electoral, mientras Maduro prometió mantenerse como garante del proceso, Capriles arreció su discurso contra la guerrilla, insistiendo en que Venezuela no aceptaría incursiones en su territorio, aunque también decía apoyar el proceso. De hecho, en cierta forma las figuras más relevantes de la política colombiana tomaron partido, el gobierno silenciosamente esperando la elección de Maduro para evitar cambios muy radicales que afectaran el proceso. Los expresidentes Uribe y Pastrana por su parte cerraron filas alrededor de Capriles con quien se reunieron a su paso por Bogotá. Pastrana de hecho afirmó que “Colombia no podía sacrifica la democracia en Venezuela por el Proceso de Paz”.

Pasado el proceso electoral y visto el desplome del chavismo y las dudas que recaen sobre el resultado el panorama a futuro debe revisarse.  El pasado 5 de marzo, anticipándose a la muerte de Hugo Chávez, la periodista colombiana Juanita León, a través de su blog, La Silla Vacía, proponía tres escenarios posibles ante el desenlace de la enfermedad de Chavez y la posibilidad de unos nuevos comicios.

En el primero de los escenarios el chavismo se reelegía sin problema conservando el apoyo electoral, con lo cual la situación frente al proceso no cambia, en el segundo escenario  aumenta a división del Chavismo y Maduro presiona para que las FARC aceleren la negociación. En el tercer escenario el chavismo se ve seriamente amenazado y un sector busca a las FARC para fortalecer la resistencia.

Los comicios del pasado domingo nos han dejado una situación intermedia entre los posibles escenarios. Maduro se ha posesionado como presidente pero no solo enfrenta el reto de mantener unido al oficialismo sino que buena parte de sus bases sociales le han dado la espalda. Así pues, un acelerón al proceso de paz le daría solidez como sucesor de Chavez, no solo en poder, sino en carisma y por el otro lado le permitirían ganar legitimidad y respaldo regional que no le vienen mal ahora que incluso el presidente Correa de Ecuador busca el liderazgo del ALBA.

Pero ciertamente el país también se ve mucho mas polarizado, las urnas se han dividido a la mitad y la falta de claridad sobre el proceso electoral caldea el ambiente. Si las FARC abandonaran la mesa o el Dialogo llegara a un punto de suma cero podría darse una situación totalmente inconveniente que llevara al tercer escenario sugerido por León, lo cual sería catastrófico para los dos países, y para la región en general.

Así pues, por el bien de unos y de otros, esperemos que la situación en Venezuela evolucione favorablemente, en primer lugar no dejan lugar a ninguna duda sobre el recuento de votos, lo cual desalentaría una polarización violenta. Por otro si el presidente Maduro consigue mantener unido a su partido de cara a los diálogos para evitar tensiones que interfieran en el proceso bien por parte del sector militar del chavismo que no comulga con las FARC, o bien por parte de los seguidores de la “revolución” por las vías de hecho.

La difícil situación que enfrenta Maduro y sus pocos márgenes de maniobra probablemente hagan que se centre en mantener el precario equilibrio interno y se le vea menos activo de cara al proceso de paz. También, tendrá que hacer cara a los ataques constantes de los expresidentes colombianos y los sectores conservadores que representan, cuya alianza con la oposición venezolana se va estrechando y que además ya inician su campaña para batirse con Santos en las elecciones presidenciales de 2014 en Colombia.

No es fácil anticipar el futuro en un escenario tan inestable, pero ahora más que nunca  Colombia y Venezuela se encuentran en una estrecha interrelación cuya resolución desde luego tendrá importantes efectos en el futuro de toda la región.

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