Las razones de Rusia en Siria

Por: | 18 de octubre de 2013

JAVIER MORALES

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¿Por qué Moscú ha empeñado su prestigio internacional en defender a un régimen déspota y sanguinario como el de Bachar el Asad? Si aceptamos que éste era un aliado imprescindible para Rusia, ¿por qué impulsar después un plan para obligarle a deshacerse de su arsenal químico? ¿Ha caído Obama, al aceptar esta propuesta, en una trampa hábilmente tendida por Putin para hacerle renunciar a una intervención?
Las apariencias engañan: la posición rusa tiene más que ver con sus intereses globales que con su relación comercial o militar con Siria. Al igual que en la guerra de Kosovo (donde Yeltsin no apoyó a Milosevic por una supuesta “solidaridad eslava”, sino por la rivalidad con la OTAN y su propia debilidad frente a la oposición en la Duma), la partida que juega Moscú es mucho más amplia que su amistad con Damasco. También en este caso, los factores principales son tres: la competición con EE UU, la desconfianza hacia el bando insurgente y el complicado momento que afronta el Kremlin en política interna.
El debate en torno a Siria se ha centrado en la doctrina del “intervencionismo humanitario”, cuyos partidarios sostienen que las grandes potencias no pueden permanecer impasibles ante tragedias como ésta: tienen la responsabilidad de proteger a los civiles, incluso mediante una intervención militar no autorizada por la ONU. Como era de esperar, Rusia ha combatido esta tesis por todos los medios, ya que el derecho de veto en el Consejo de Seguridad es uno de los pocos instrumentos con que aún cuenta para poner límites a sus rivales. El gran temor del Kremlin, pese a lo agresivo de su retórica, es convertirse en un país de segundo orden incapaz de hacerse escuchar por EE UU, muy superior en “poder duro” económico y militar.
Cierto es que Moscú suele recurrir al Derecho Internacional sólo cuando le beneficia: así, no tuvo reparos en justificar su guerra con Georgia en 2008 como una campaña para proteger a los civiles surosetios y abjasios. Pero aunque los argumentos rusos sean interesados, la experiencia invita a ser muy prudentes antes de emprender una “intervención humanitaria”, ya que la entrada de tropas extranjeras en una guerra civil puede complicar aún más el conflicto prolongando el sufrimiento de la población. Ésta parece haber sido inicialmente la posición de Obama, antes de verse arrastrado a lanzar un ultimátum tras cruzarse la línea roja del uso de armas químicas. 
El segundo factor que explica la reacción rusa es la presencia de yihadistas en el bando rebelde, que al igual que en otros casos tratan de secuestrar esta causa para sus propios fines. Como han explicado acertadamente quienes conocen ese país, la oposición al régimen es mucho más amplia que estos grupos; los cuales están emprendiendo, además, una guerra paralela contra los sublevados que no comparten sus ideas. Rusia va mucho más lejos al dar por seguro que los yihadistas acabarán dominando la insurgencia y dirigiendo un futuro gobierno post-Asad; un escenario posible, es cierto, pero tampoco el único. Para el Kremlin hay un claro paralelismo con los radicales llegados del exterior que se hicieron con el control de la guerrilla independentista chechena, y acabaron por desestabilizar toda la región; así, cuando respalda el uso indiscriminado de la fuerza contra civiles, Moscú está defendiendo realmente su propia respuesta en el Cáucaso Norte.
Al mismo tiempo, Siria es un instrumento propagandístico para Putin en un momento de creciente desafección ciudadana hacia el corrupto sistema consolidado bajo su mandato. Frente a una oposición todavía poco cohesionada, el Kremlin (más por inercia de otras ocasiones que por una estrategia calculada) intenta distraer la atención de los rusos apelando a sus sentimientos nacionalistas frente al “imperialismo” occidental; asumiendo también, por idénticos motivos, un discurso xenófobo y homófobo. Esta respuesta populista puede serle útil a corto plazo, pero no oculta la incapacidad del sistema para ofrecer un proyecto modernizador creíble.
Entonces, ¿por qué Moscú ha tendido la mano a EE UU ofreciendo un plan conjunto, en lugar de mantener su enfrentamiento diplomático o incrementar la ayuda a Damasco en caso de intervención? Aunque la tendencia habitual de los líderes rusos es resistirse a cooperar con Occidente (ya que se ven como la parte más débil, y por tanto la que más tendrá que ceder), son conscientes del desgaste para su “poder blando” o imagen exterior que supone limitarse a obstaculizar las iniciativas de otros. Una Rusia capaz de ofrecer propuestas constructivas en torno a Siria y atraer la colaboración estadounidense gana mucho más en influencia internacional que otra que juegue todas sus cartas al sostenimiento de Asad; más aún cuando el futuro de éste (con o sin apoyo ruso) no está ni mucho menos asegurado.
Las lecciones que debería aprender Rusia están claras: el apoyo incondicional a Damasco ha sido a la larga contraproducente para su propio prestigio, y ha contribuido a que el régimen sirio se sintiera amparado para emplear cualquier medio (incluido el químico) en su guerra con la oposición. Pero otros también deben sacar sus conclusiones. Como ha demostrado el plan de desarme, EE UU es más eficaz cuando actúa legitimado por Naciones Unidas y en coordinación con otras potencias: la amenaza de uso de la fuerza sólo ha logrado concesiones tangibles de Siria cuando se ha realizado en este contexto. En cuanto a la UE, si realmente queremos ser un actor relevante en Oriente Medio (como debatiremos dentro de pocos días en Madrid en una conferencia de Javier Solana), es imprescindible recuperar la iniciativa política y diplomática que en este caso, desgraciadamente, hemos dejado en manos de otros actores.

Javier Morales es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid.

Hay 5 Comentarios

La historia se escribe con razones del poder. Y el poder es ante todo la posesión de armas de destrucción total, que permite imponer determinados criterios. no solo políticos sino también económicos. La historia es clara, todos los imperios, sea del color que sea, tienen su alfa y omega, su principio y su fin... el babilonio, el egipcio, el asirio, el chino, el maya, el inca, el azteca, el romano, el otomano, el español, el francés, el inglés, el alemán, el ruso, y el de USA (Estados Unidos) que está de capa caída.

Incluso en Corea del Norte no es posible una solución sin el respaldo de Rusia, que acaba de inaugurar una vía férrea entre la localidad norcoreana de Kaeson y Vladivostok para unir Seúl con Moscú.

Corea del Sur reconoce su importancia. Por su puesto, Rusia no lo hace por caridad sino para abrir el mercado de Corea del Norte a la región de Primorsk en el Lejano Oriente (capital Vladivostok) que está perdiendo población.
Aunque Javier Morales quite importancia a la Federación Rusa, no debemos olvidar que es la única nación que puede destruir a los Estados Unidos con armamento nuclear, y la que está sosteniendo la Estación Espacial Internacional tras el fin del programa Shuttle, y la única alternativa operativa al sistema GPS es Glonass. Y es bien conocido que Rusia sigue siendo el segundo exportador mundial de armamento (con cazas de última generación) y el primer o segundo productor mundial de gas, petróleo, niquel etc, Si bien el Instituto Elcano coloca a Alemania como la segunda potencia más importante del Mundo (lidera económicamente el mayor mercado de la tierra, la U.E.), desde el punto de vista estratégico y militar la segunda posición la ocupa Rusia (más que China, que todavía está desarrollando su tecnología)
A medio plazo, lo más probable es que la capacidad militar y espacial china supere a la rusa por sus inmensos recursos humanos y financieros.

Por otra parte, tras los Golpes de Estado promovidos por la OTAN contra los Gobiernos elegidos democráticamente en Argelia y Egipto, el Gobierno de Turquía ya no se fía.

Erdogan y su Gobierno tiene mucho miedo a ser los siguientes en la lista, asesinados de forma infame por los que creía que eran sus aliados (USA, Francia y Gran Bretaña) por lo que miran a Rusia y su proyecto de Unión Económica Euroasiática como una alternativa posible.

Hasta ahora nunca se habían planteado una alternativa, pero si Vladimir Putin logra construir una Unión estable y estructurada, con normas e instituciones creíbles, sí tendrá una "vis atractiva" sobre Turquía.

En Irán, Rusia esá cumpliendo un papel similar.

Pero en el fondo lo que subyace es la necesidad, reconocida también por muchos en Europa y China, de crear una Eurasia estable y estructurada, que ponga las bases del crecimiento y la cooperación económicas.

Tanto Europa como China necesitamos una Eurasia estable, pero no es posible la cooperación económica de Rusia con Irán si ésta es un paria internacional sujeto a sanciones. Irán debe tender a integrarse en la OMC (Organización Mundial del Comercio)

Lo ideal para Rusia sería que Turquía se integrara también en la Unión Euroasíatica, una propuesta que ya hizo Vladimir Putin a Turquía hace una década. Turquía y Rusia son complementarias dada la fuerte presencia de repúblicas y minorías turcófonas en el espacio del antiguo imperio Ruso (desde Acerbaijan hasta Kazakjistán) Tadjikistán, sin embargo, es persófono aunque suní.....Probablemente, Erdogan ha tenido en cuenta dicha oferta cuando concedió el contrato de sistema antimisiles a China. Sin embargo, como miembro de la OTAN y con una Unión Aduanera con la Unión Europea, la integración de Turquía es complicada, difícil.

Por eso, a Rusia sólo le queda Irán para al menos completar el Anillo del Caspio y proporcionar una salida al Indico y al Mediterráneo (a través de Irak y Siria) Una Unión Económica Euroasíatica de 300 milones de habitantes y con un PIB de $ 4 Tr. es posible, pero para ello Irán debe abrirse.

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