Espionaje: Quería saber si aún eres mi amigo

Por: | 08 de noviembre de 2013

ANTONIO DÍAZ. Profesor titular de Ciencia Política en la Universidad de Cádiz y colaborador de la Fundación Alternativas.

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Snowden, como antes hicieron Manning o Daniel Ellsberg, la persona que filtró los papeles del Pentágono en 1967 sobre la guerra de Vietnam, por cierto, con argumentos similares como que “los documentos demostraban un comportamiento inconstitucional por una sucesión de presidentes, la violación de sus juramentos y la violación del juramento de sus subordinados”, sólo han puesto de manifiesto algo que ya sabíamos que sucedía y que seguirá sucediendo. Y es que el espionaje es una parte consustancial de la acción exterior y de defensa de los países, desde los más a los menos democráticos, probablemente, en la misma medida en la que estos países colaboran activamente frente a amenazas comunes.

De los múltiples y jugosos asuntos que nos sugieren los documentos de Snowden publicados por The Guardian, hay uno que nos interesa sobremanera puesto que nos afecta directamente y es la “relación” entre la NSA y el CNI. Un gráfico de los filtrados por Snowden muestra cómo España recopilada metadatos de zonas calientes; pero de él se colige que también era un objetivo de la inteligencia estadounidense. Obtener datos fuera de España y pasárselos a la NSA para que los analizase en un vertiginoso software desarrollado para establecer relaciones entre datos dispersos y parciales, unirlo a reconocimiento facial de los trillones de fotografías, vídeos y sonidos que circulan por Internet podría entenderse como una externalización puesto que el CNI no tiene dicha capacidad: nada que objetar entre aliados.

Pero lo interesante es que los Estados Unidos no sólo ponían su poderoso software al servicio de sus “amigos” sino que fue más allá obteniendo información directamente de los países aliados. La airada reacción de muchas cancillerías desde Brasil a Alemania ha provenido del hecho de que, al tiempo que éramos amigos, éramos espiados. No creo que la NSA quisiera cotejar la calidad de la información contraterrorista que suministraban sus amigos y ver hasta qué punto le transmitían el 100% de lo que sabían, algo que evidentemente ningún servicio hace. En la embajada francesa en Washington no se preparan atentados, pero sí circula información de enorme valor sobre el futuro del euro y es ahí de donde proviene el enfado tan mayúsculo, por ejemplo, de la canciller Merkel, a la que habría que preguntar qué hacía su contraespionaje. Y es ésta la información que la NSA buscaba, si bien los papeles de Snowden mezclan parcialmente todo.

Ya sabíamos y escribimos que la sobrerreacción de la inteligencia tras el 11-S iba a ser gigantesca, algo que ha venido a confirmar el secretario de Estado, Kerry, al afirmar que hayan ido demasiado lejos y que posiblemente no hay que hacer todo aquello que podemos. Prácticamente todas las cancillerías que aparecían en estos documentos se han apresurado a afirmar que los datos con los que se alimentaban los nuevos sistemas de análisis como PRISM, eran obtenidos en el exterior. Pero, claro, si todos espían hacia el exterior, ¿quién es el exterior? La respuesta es sencilla, todos nosotros somos “el exterior” para los Estados Unidos.

La cuestión es hasta qué punto conocíamos y teníamos que aceptar dócilmente este espionaje. La reacción del ministerio de Asuntos Exteriores español no podía haber sido otra. Tirar de manual y pedir explicaciones al embajador quien, como cabeza de la legación, es también el responsable de los espías que actúen en nuestro territorio. De las declaraciones de los miembros de la comisión de gastos reservados tras la comparecencia del director del CNI ante el Congreso parece deducirse que fuimos espiados al igual que otros países y que quizá poco podía hacerse. Así que, ¿Podemos evitar que nos espíen los Estados Unidos? ¿Cómo podemos actuar frente a un software tan abrumador como el que han desarrollado en los últimos años?

El anterior CESID bebió en gran medida de la tecnología que podía recibir de Estados Unidos, Alemania e Israel, si bien intentó modificarla para no ser preso de sus patrocinadores. Cuando los presupuestos de nuestra inteligencia eran más desglosados (hasta 2002) se pudo saber que entre 1990 y 2000, el 52% de sus programas plurianuales estaban dedicados a la adquisición de alta tecnología y equipos de comunicaciones, lo que refleja con claridad el interés en la inteligencia de señales SIGINT. A partir de entonces, no es difícil pensar que la inversión en equipamiento técnico ha seguido siendo grande, si bien no tenemos datos, pero poco comparable con la masiva inversión estadounidense.

Los imperiosos esfuerzos de nuestro Centro Criptológico Nacional por mantener la seguridad de nuestras comunicaciones es encomiable con el presupuesto y recursos humanos que pueden manejar. Hace poco el responsable de una importante empresa de las citadas en los papeles de Snowden me indicaba que para poder garantizar la seguridad de la información en una empresa como la suya, la partida debería alcanzar al menos el 10% de su presupuesto global: algo impensable hoy en día tanto para el Estado como para la práctica totalidad de las empresas y centros de investigación.  

Me parece estéril el centrarnos en cuál es la procedencia de estos datos. Por los cables que cruzan el planeta –y uno de los cuáles pasa por el estrecho de Gibraltar– circulan petabytes de datos sin territorialidad. Sostener que captamos metadatos fuera de España es algo falaz, legalmente aceptable, pero falaz. El dato es un haz de luz que sale de Sidney y llega a Chicago, es intangible, son paquetes, durante un tiempo nos podremos hacer ilusiones con que nuestro anterior marco legal sigue siendo útil, pero el hecho es que no. Países muy garantistas como Canadá o Australia han flexibilizado sus legislaciones hablando de “poderes extranjeros” lo que permite investigar a grupos como Anonymus o Wikileaks, en los que la participación de sus nacionales es activa y la barrera interior-exterior simplemente ya no existe.

Esta captación de datos está en relación con la libertad de movimiento de agentes de la inteligencia EEUU por nuestro territorio. Pero a ésta, se une la habilitación que, en su trabajo de 2006 para la Fundación Alternativas, entendía la profesora Inmaculada Marrero que realizaba el protocolo de 2002 que enmienda el convenio de Cooperación para la Defensa España-EEUU. Para la profesora Marrero, su artículo 17.6 “ofrece una base jurídica para que los servicios de inteligencia criminal puedan moverse con libertad en el territorio español”.

La capacidad técnica de procesamiento ya existe y se perfeccionará, y eso no tiene vuelta atrás. Lo esperanzador de los escándalos relacionados con los servicios de inteligencia es que siempre, siempre, han conllevado serias reformas. De aquí podríamos aprender que el control de la inteligencia no debe ser sólo nominal sino también ético ya que las capacidades técnicas han transformado la inteligencia en apenas un lustro. Esperanzador por tanto que los británicos hayan habilitado a su comité parlamentario para realizar un escrutinio sobre el comportamiento ético de sus agentes. Por esto, y a la espera de grandes declaraciones internacionales, ahora sólo cabe esperar comprobar si la promesa estadounidense de que no volverá a suceder se refería a que no volverían a espiarnos o a que no volveríamos a enterarnos de que lo hacen.


Hay 2 Comentarios

De acuerdo, pero todo este lío, que parecen los espiomajes de Gila ¿para que? para inventar lo se las armas famosas y hacer el indio en Irak y encima no responder por los crímenes?. Y eso por resumir, porque hay que ver las ridiculeces que se hacen en exteriores con el material de los espias del sainete este....Empezando por las guerras guarras y ridículas además de crueles e injustas siempre.

Yo tengo muy claro que lo seguirán haciendo y que no nos enteraremos, como de tantas otras cosas http://xurl.es/9ik46

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