La Nueva Mayoría de Bachelet

Por: | 24 de noviembre de 2013

CONSTANTINO MÉNDEZ. Consultor. Ex Secretario de Estado de Defensa

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El aún presidente Piñera cierra su mandato con el rechazo de su propia base política que considera no hizo honor a sus compromisos de clase y abandonó la agenda de la derecha. Deja además una coalición desarticulada, con graves problemas de liderazgo y fuertes fracturas internas que serán difíciles de resolver en el futuro. Y, como ya se expuso, deja un país injusto. Posiblemente con él se cierra un ciclo de gobiernos de transición basados en la superación de la negra etapa pinochetista en el que se posponía el futuro para garantizar el presente bajo aquella máxima de “consolidar la democracia y crecer en la economía”. El próximo gobierno está obligado a abrir las reformas hacia la modernización definitiva del país.
Cabe presumir que Michelle Bachelet, al frente de la Nueva Mayoría, ganará las elecciones en la segunda vuelta el próximo 15 de diciembre, en medio de grandes expectativas de cambio que son muy superiores a las que tuvieron que atender en el pasado inmediato los gobiernos de la Concertación. Ahora bien, la Nueva Mayoría no es una simple heredera de la Concertación y tampoco es tributaria de los equilibrios internos de los partidos que la integraban. La Nueva Mayoría es la expresión de un movimiento social que mira más allá de los partidos sin renunciar a la política. Un movimiento social que muestra su cansancio por la lentitud de las reformas, por la permanencia de las desigualdades y por la presencia de unas castas políticas autorreferenciadas y ensimismadas al margen de la realidad del sistema y de las demandas y preocupaciones de los ciudadanos.
La formación de una Nueva Mayoría social y política ha generado grandes expectativas entre la población chilena no sólo por lo acertado del contenido de la agenda de reformas que propone sino también por el liderazgo que ejerce Michelle Bachelet. La Nueva Mayoría formada en torno a Bachelet es algo más que una agrupación de partidos herederos de la Concertación y su programa de reformas tiene un gran interés. El proyecto toma buena parte de su crédito de la personalidad y el papel indiscutible de la candidata que, si bien se encuentra exenta de la crítica generalizada que los ciudadanos hacen al sistema político tiene ante sí el reto de romper  cualquier ligazón que subordine o postergue su agenda política a los intereses de los grupos dominantes y a las lógicas de poder de la clase política.
La Nueva Mayoría se ha comprometido a llevar a cabo un conjunto de reformas estructurales que tienen como ejes principales la lucha contra las desigualdades (en sus múltiples formas) y la modernización del país, de su economía, de sus estructuras y del propio sistema constitucional y político. El programa es vigoroso tanto en materia de equidad y solidaridad (debates sobre igualdad, autonomía personal y universalidad), como en materia de empoderamiento a través de la redistribución (del poder, del conocimiento y de las rentas) y, de un modo transversal, en materia de revisión y adecuación del papel del Estado a las nuevas realidades globales y nacionales que es necesario atender con una acción más intensa, más efectiva y más eficiente, especialmente, en relación con aquellos servicios que como la educación, la salud, las prestaciones sociales o aquellas políticas sectoriales que, como las relativas al agua, la energía o la innovación, tienen la consideración de bienes públicos cuya provisión y acceso han de ser asegurados por el Estado.
Existe consenso sobre la fortaleza de la economía chilena, sobre su senda de crecimiento sostenido a lo largo de los años y su manejo virtuoso en términos macroeconómicos. Pero también hay un conjunto de debilidades y de disfunciones que son impropias de una economía moderna y de una sociedad inclusiva. Existe una opinión generalizada acerca de la persistencia de una grave desigualdad y exclusión social en Chile que se expresa palmariamente en su mercado de trabajo, en su inequitativa fiscalidad y en la injusta distribución de la renta.

Chile creció al 5,6% en el 2012 pero su economía se desacelera (caída del precio y de la producción en minería, caída de la demanda y el consumo interno, reducción de la inversión y menor demanda externa de sus socios comerciales estratégicos), fruto esencialmente de un contexto externo menos favorable y de su gran dependencia de una reducida cesta de exportación de materias primas. Aún así el FMI señala que Chile será el tercer país de la región que más crecerá y vaticina que en 2014 Chile será la cuarta mayor economía en Sudamérica, desplazando a Venezuela. Pero, al tiempo, Chile aparece en la última posición en ingresos y en calidad ambiental y tiene malos resultados en relaciones sociales, seguridad, vivienda y educación, siendo el país con mayor índice de desigualdad (en el coeficiente de GINI Chile obtiene un 0,52, índice que estaría muy alejado del 0,31 del promedio de los países OCDE). Su gasto social (educación, salud, políticas sociales) es sólo del 16% frente a una media del 27% en los países OCDE. Se cumple así el aserto de aquellos que afirman que un mayor crecimiento económico no siempre supone un mayor desarrollo social y menos aún una disminución de la pobreza.
Además, sociedad y clases dirigentes viajan en vagones separados. En Chile, al igual que en otras sociedades desarrolladas, existe una opinión generalizada sobre la incapacidad/dificultad de los gobiernos y las instituciones públicas para atender con eficacia y eficiencia los nuevos problemas sociales, económicos y políticos que hoy forman parte de la agenda global y de la agenda nacional. Al tiempo, el juego democrático parece vivir en la endogamia y permanecer desactivado al amparo de una constitución que ya nadie siente como suya. Al igual que en otras sociedades se ha abierto una brecha entre las demandas de los ciudadanos y el papel que la clase política cumple en la atención de las mismas. Es una crisis de representación que tiene mucho que ver con el gradualismo adoptado en la implantación de las reformas desde la caída de Pinochet y la falta de sintonía entre demanda y oferta electoral. En todo caso conducirá a una grave desafección si no se restablecen los vínculos entre representantes y representados. No es extraño que la participación en la primera ronda electoral haya sido tan baja.
Pero la Nueva Mayoría no es el proyecto de solo una legislatura, es un proyecto de largo recorrido que trascenderá al mandato temporal de su candidata y que, por ello mismo, requiere metas claras y calendarios precisos, ya que la constante agregación a la agenda de reformas de nuevas y costosas demandas puede llevar a un sumatorio de imposible cumplimiento y, obviamente, a la frustración de las expectativas. Finalmente, la no toma en consideración de la complejidad de algunas reformas y de los extensos tiempos de implementación de muchas de ellas y de la necesidad de articular en paralelo las alianzas políticas para su aprobación, puede crear conflictos de gobernabilidad y de equilibrio en la propia Nueva Mayoría. Por ello no es de menor importancia saber agrupar a los ciudadanos en torno a un proyecto específicamente pensado para crear una mayoría social de respaldo que movilice y mantenga durante un largo tiempo todo el potencial de aspiraciones de cambio hacia la modernidad que se atesora en la sociedad chilena y que tiene una vocación transformadora y no continuista.
La segunda vuelta electoral en Chile obliga a las candidatas Bachelet y Matthei a matizar sus ofertas electorales abriendo el abanico de sus coaliciones para dar cabida a los votantes que han expresado sus diferencias de elección votando a candidatos como Ominami o Franco Parisi, no sólo por su no alineamiento con las dos grandes formaciones electorales sino también como modo de expresarse contra un sistema político complejo, trabado y muchas veces alejado de las preocupaciones de los ciudadanos. Michelle Bachelet tiene la oportunidad y la responsabilidad de incorporar a esos electores que desde ayer meditan sobre la capacidad de ser representados en sus intereses y demandas por la Nueva Mayoría. Una sociedad inclusiva exige una mayoría inclusiva.

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